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IV centenario de Cervantes

Los manuscritos de Cervantes y una carta perdida

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'Cervantes escribiendo la dedicatoria de su obra al Conde de Lemos', 1916, Muñoz Degraín.
'Cervantes escribiendo la dedicatoria de su obra al Conde de Lemos', 1916, Muñoz Degraín.

El legado de la pluma de Miguel de Cervantes es universal, pero por desgracia se conservan muy pocos documentos de su puño y letra. Todos los textos originales localizados son administrativos. Ninguno corresponde a sus creaciones literarias.

En total, se guardan doce autógrafos auténticos de Cervantes, que así se denominan este tipo de manuscritos, pergeñados total o parcialmente por el padre de El Quijote.

Nueve de ellos se encuentran en España, y tres en el Rosenbach Museum de Filadelfia (EE.UU.), donde probablemente recalaron fruto del expolio durante la invasión francesa, según mantienen los expertos.

A estos textos se suman varios autógrafos falsos que suplantan al escritor, fruto de la “admiración” que despertaba su figura. Estos documentos pueden disfrutarse junto a los verdaderos cervantinos por primera vez en la gran exposición de la Biblioteca Nacional dedicada al genio (hasta el 22 de mayo).

Quijote impreso en Londres en 1620. BNE.

Con la percha de las conmemoraciones del cuarto centenario de la muerte de Cervantes, el editor Dionisio Redondo decidió abordar el tema de la letra y la escritura del autor complutense. El objetivo: aproximar al público el “único testimonio” auténticamente personal que queda del símbolo de las letras españolas.

Redondo y su equipo de investigadores han reunido en el cuidado facsímil Los autógrafos de Miguel de Cervantes Saavedra,  editado por Círculo Científico. Taberna Libraria, fieles reproducciones de todos los escritos custodiados [Mira con la lupa la letra de Cervantes].

La historia de la carta misteriosa

Al analizar los que se conservan en EE.UU., los especialistas se percataron de que a una de las cartas recopiladas le faltaba un fragmento.

La paleógrafa Elisa Ruiz se puso manos a la obra y halló en el verano de 2015, entre los miles de legajos del Archivo de Simancas (Valladolid), el otro trozo, correspondiente al comienzo del texto, que completaba la misiva perdida.

La labor fue un verdadero rompecabezas. Se conocía la existencia del documento pero la dificultad estribaba en localizarlo. El supuesto ladrón que partió la carta sabía lo que hacía; en el pedazo estadounidense está estampada la firma de Cervantes.

Documento autógrafo de Cervantes de Filadelfia (derecha), y su otra mitad que está en el Archivo de Simancas.|EFE

Dionisio Redondo recuerda a RTVE.es que “inexplicablemente” los documentos que nos han llegado de la mano de Cervantes son muy pocos, sobre todo en comparación con los que existen de otros literatos del Siglo de Oro como Lope de Vega.

El experto atribuye, en parte, esta carestía documental a una supuesta “mano negra”, bajo la que podría enmascararse el Fénix de los Ingenios, con el que el de Alcalá de Henares mantuvo fuerte rivalidad e inquina.

Se cree que Lope podría haber movido los hilos para hacer desaparecer obras de Cervantes, incluso podría estar detrás del Quijote falso de Avellaneda, en palabras del editor.

La cuidada caligrafía de Cervantes

A pesar de que los autógrafos verdaderos son legajos administrativos, correspondientes a la etapa de Cervantes como comisario de abastos y recaudador de impuestos en Andalucía, trasladan valiosas pinceladas sobre las circunstancias profesionales en las que se desenvolvió el autor de Viaje del Parnaso.

Una de las primeras misivas revela cómo un joven Cervantes se dirige al secretario de Felipe II para pedirle una recomendación para ir las Indias a trabajar. Un puesto que nunca consiguió.

Los textos también muestran los problemas de Cervantes con el Estado como recaudador. De hecho, fue acusado de malversación y por este asunto pasó un tiempo en la cárcel.

Hay gotas de su biografía literaria en una carta datada en 1582, en la que el escritor refiere que está escribiendo La Galatea.

La compilación de los escritos también desvela la evolución de la firma de Miguel de Cervantes, que rubricaba con “b” por razón de prestigio, y en la que el apellido Saavedra aparece intermitentemente.

Firma de Cervantes correspondiente a un documento de 1604.

La escritura del Cervantes treintañero es más firme; en las cartas que envía desde la cárcel la caligrafía se vuelve mucho más descuidada. El literato usaba letra bastarda, propia de personas formadas, en vez de la más común redondilla.

La experta Elisa Ruiz ha analizado que la caligrafía del autor es “pausada, cuidada y elegante”, y utiliza a menudo cultismos en su redacción. Cabe recordar que Cervantes escribió muchas de sus obras principales cuando frisaba los 60 años.

“Cervantes es el mejor embajador español con diferencia. Es el mito por excelencia”, afirma Dionisio Redondo, que señala que existen al menos un centenar de documentos con la firma del escritor que aún no han sido hallados.

El editor añade que el verdadero sueño para los cervantistas sería dar con el manuscrito de El Quijote. Es parte del misterio que rodea a un mito fascinante, inalterable 400 años después de su muerte.