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Desmontando mitos sobre Cervantes

  • En realidad, se conocen muy pocos datos sobre la vida del escritor
  • En el imaginario colectivo han calado decenas de teorías falsas sobre Cervantes
  • Algunos mitos caídos: se desconoce su físico real y nunca le cortaron el brazo
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Desmontando falsos mitos sobre Cervantes

De Cervantes creemos saberlo casi todo: su faceta de aventurero, de recaudador de impuestos, su cautiverio en Argel, la rivalidad que mantuvo con Lope de Vega, su obsesión por la palabra escrita, su defensa de la libertad en sus obras…

Una existencia agitada, propia de los hijos del Siglo de Oro, que le engrandece como símbolo de las letras españolas en calidad de escritor genial y padre de El Quijote.

Lo cierto, es que a pesar de la magnitud de la figura muy poco se sabe de cómo fue en realidad la vida del autor de Rinconete y Cortadillo. Paradójicamente, tan solo se conservan apenas una decena de legajos administrativos de su puño y letra. Una cantidad irrisoria en comparación con lo que se guarda de otros autores en una época en la que la imprenta comenzaba a despuntar.

Tantas incógnitas alrededor de Cervantes y el interés por un literato de su talla, han generado decenas de falsos mitos, que a fuerza de ser repetidos, han arraigado profundamente en el imaginario colectivo.

A continuación, desmontamos algunas de estas teorías de la mano de José Manuel Lucía Megías, catedrático, experto cervantino y autor de La juventud de Cervantes. Una vida en construcción.

Tenía el brazo inutilizado pero no era manco

En la batalla de Lepanto (1571) Cervantes sufrió tres heridas de arcabuz, que le dejaron inutilizado parcialmente el brazo izquierdo, pero nunca fue manco. Nunca le faltó o le cortaron la mano izquierda. Manco en la época significa inutilizado.

No se sabe exactamente cómo era físicamente

Retrato de Cervantes, atribuido a Juan de Jáuregui. Real Academia Española.

Según se explica en La Juventud de Cervantes, solo contamos con dos descripciones físicas de Miguel de Cervantes. Una de 1580, que aparece en el Libro de redención de los padres trinitarios (bien barbado, mediano de cuerpo y estropeado del brazo y mano izquierda); y la que hace Lope de Vega que aseguraba que Cervantes llevaba unos anteojos que “parecían huevos mal hechos”. El origen del imaginario mítico culmina con el falso retrato del escritor atribuido a Juan de Jaúregui.

Malvivió como recaudador de impuestos en Andalucía

Desde 1587 hasta 1601, Cervantes ocupó diferentes puestos en la administración por tierras andaluzas: comisario general de abastos (para la Armada Invencible y para las galeras de América), recaudador de impuestos, o recaudador de impuestos atrasados. En este último puesto podía ganar el equivalente a unos 3.000 euros al mes, más dietas. No estaba nada mal, detalla José Manuel Lucía.

Era tartamudo

Este mito nace del prólogo de las Novelas ejemplares, en las que dice: "Será forzoso valerme por mi pico, que, aunque tartamudo, no lo seré para decir verdades".

Pero este “tartamudo” no hace referencia a un problema de su habla como a una figura retórica de captatio benevolentiae (recurso literario a través del cual el autor intenta atraerse la buena disposición del público) sobre su expresión literaria.

Tuvo un hijo en Nápoles

Según se dice en el Viaje del Parnaso (1614), se le acerca un joven que era su hijo, Promontorio, pero en realidad este “hijo” al que se refiere, es una expresión típica de la época que en nada indica una relación paterna-filial, apunta el experto.

Mantuvo relaciones homosexuales en Roma o en Argel

Aunque es reconocido que el cardenal Acquaviva era homosexual, así como Dalí Mamí, que fue su amo en Argel, nada justifica pensar que mantuvo con ellos relaciones homosexuales. Los escasos castigos que le dieron en sus últimos intentos de fuga en Argel se justifican por el alto precio de su rescate (500 escudos de oro) y por su posible profesión, la de passeur, persona que ayuda por dinero a otros cautivos a conseguir su libertad

Fue converso

El profesor Megías explica que esta teoría, que defendió sobre todo Américo Castro cuando tuvo que exiliarse a Estados Unidos, y fue mantenida por sus discípulos, no se justifica documentalmente, solo por indicios: el oficio de su padre y la prohibición de ir a América. Pero en este último caso, Cervantes no quiso ir a América sino aspirar a algunos de los puestos allí vacantes, lo que nunca le concedieron.