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Dilma Rousseff califica de "golpe" el proceso para destituirla como presidenta de Brasil

  • Asegura que el objetivo es revertir los planes sociales de su Gobierno
  • La Cámara de Diputados juzgará si incurrió en un delito en las cuentas públicas
  • Los seguidores de Rousseff han coreado "No habrá golpe" y "Temer golpista"

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La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff
La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff.

La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, ha calificado este miércoles de "golpe" el juicio político impulsado por la oposición brasileña en la Cámara de Diputados y ha asegurado que el objetivo es revertir los planes sociales de su Gobierno, que acaba de perder su principal respaldo parlamentario.

"Tenemos que estar atentos, porque quien no tiene razones para sacar a un Gobierno con base en la Constitución quiere sacarlo para golpear los derechos conquistados por la población", ha señalado Rousseff en un acto sobre el programa de construcción de viviendas sociales celebrado en el Palacio de Planalto, en Brasilia.

Rousseff incluso ha sugerido que, si eso ocurre con una presidenta elegida democráticamente,  "qué no harán contra el pueblo" aquellos que, en su opinión, "no aceptaron nunca" los programas sociales que han beneficiado a millones de brasileños en los últimos años.

Durante el acto,  decenas de activistas de movimientos sociales han arropado a la presidenta con gritos de "No habrá golpe", que se repite en cada manifestación en favor de Rousseff y que este miércoles ha resonado en el palacio presidencial de Planalto.

La presidenta niega haber incurrido en un delito fiscal

La mandataria brasileña debe afrontar en los próximos meses un juicio político impulsado por la oposición que evaluará si incurrió en un "delito de responsabilidad" al avalar unas maniobras contables para, supuestamente, maquillar los resultados del Gobierno en 2014 y 2015.

En ese caso,  la Constitución prevé la destitución del jefe del Estado, aunque Rousseff ha reiterado que la modificación de las cuentas públicas "no es un delito de responsabilidad". Asimismo, ha remarcado que las cuentas que pueden ser juzgadas son solo las de 2014, ya que las de 2015 aún no han sido siquiera recibidas por el Congreso, que las debe aprobar o rechazar cada año.

La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, asegura que no va a renunciar a su cargo pese a las presiones por la corrupción.

Sobre ese año concreto, la presidenta argumenta que las cuentas corresponden a su anterior mandato, pues fue reelegida ese mismo año, y señala que, según diversos juristas, los "delitos de responsabilidad" que pueden llevar a la destitución deben haber sido cometidos en el período presidencial en curso.

La debilidad de Rousseff se ve agravada por las acusaciones de corrupción contra su predecesor en el cargo y mentor político, Luiz Inácio Lula da Silva, vinculado con al menos dos causas en el marco del caso Petrobras y que ha sido nombrado ministro de Presidencia para esquivar a la justicia ordinaria.

Cánticos contra el vicepresidente, Michel Temer

Mientras se dilucidan todos estos casos, Rousseff trata de legitimar su acción de Gobierno y este miércoles ha anunciado el propósito de construir en los próximos tres años unas dos millones de viviendas de interés social, que se sumarán a las 2,2 millones ya entregadas desde 2011. "Eso es lo que les quieren quitar", ha subarayado dirigiéndose a los militantes de los movimientos sociales.

Los activistas también han citado en sus cánticos a Michel Temer, vicepresidente del país y líder del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), que este martes anunció su ruptura con la coalición de Gobierno. "Temer golpista", se ha escuchado por momentos en Planalto.

Rousseff, aunque ha llegado a unirse alguna vez al grito de "no habrá golpe", ha mantenido un discreto silencio cada vez que el coro ha citado al vicepresidente, que sería el encargado de sustituirla al frente de Brasil si prospera el juicio político y ella pierde el cargo.

La semana pasada, Rousseff ya denunció una "conjura" contra la "estabilidad democrática" del país y recalcaba su intención de mantenerse en el cargo, en alusión a las manifestaciones en su contra y a las peticiones de dimisiójn por parte de la oposición: "Si es necesario movilizar a la sociedad en una campaña por la legalidad", que "quede claro que me sobran energías, disposición y respeto a la democracia para el enfrentamiento necesario a la conjura que amenaza la estabilidad institucional y democrática", aseguró la presidenta de Brasil.