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Los secretos del arte transparente que esconde el Museo del Prado

  • "Arte Transparente" exhibe tallas únicas esculpidas en cristal de roca
  • Son obras cargadas de simbolismo que invitan a un juego de ingenio

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'Vaso en forma de dragón o caquesseitão', Milán, taller de los Miseroni (1550)

Cada cristal guarda un secreto y reta al espectador a desentrañarlo en una suerte de juego intelectual similar al de las cajas chinas, y casi, tan adictivo.

Este ingrediente de misterio, unido a su exquisita artesanía, rareza y altísimo valor, son algunos de los múltiples incentivos que ofrecen las veinte piezas de Arte Transparente, la muestra de esculturas de cristal de roca que exhibe el Museo del Prado (Del 14 de octubre al 10 de enero de 2016).

La talla en cristal de roca o cuarzo hialino alcanzó su máximo brillo con el trabajo de los artistas milaneses en la segunda mitad del siglo XVI.

En los talleres renacentistas, con los Misseroni y los Sarachi como principales maestros, familias enteras se especializaban en una labor colectiva tan minuciosa como exclusiva, que alumbraba obras de arte únicas, aunque destinadas al uso, que ornamentaban las mesas de príncipes y reyes, de ahí, su incalculable precio.

'Arte Transparente', en el Museo del Prado

'Arte Transparente', en el Museo del Prado

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  • 'Fuente con la historia de Hermafrodito y camafeos de los Doce Césares'Taller de los Sarachi

    'Fuente con la historia de Hermafrodito y camafeos de los Doce Césares'Taller de los Sarachi

    Cristal de roca, plata dorada, oro esmaltado, perlas y lapislázuli, 3,9 x 38,6 x 32,6 cm (alto x ancho x
    fondo). Milán, 1570-1580 (cristal). Madrid, Museo Nacional del Prado.

  • 'Vaso de la Montería'. Francesco Tortorino (1512-1572)

    'Vaso de la Montería'. Francesco Tortorino (1512-1572)

    Cristal de roca, 20,5 x 13,8 cm (alto x diámetro). Milán, Tercer cuarto del siglo XVI. Madrid, Museo Nacional del Prado.

De hecho, las creaciones fueron tan apreciadas que eran valoradas económicamente muy por encima de joyas pictóricas como los cuadros de autores consagrados como Tiziano, explica la comisaria de la muestra, Letizia Arbeteta, que añade que hay tallas que tardaron en rematarse más de una década.

“Los vasos se destinaban a las grandes solemnidades como los banquetes, que eran la fiesta de los cinco sentidos. Cuando había un invitado importante era una gran deferencia hacia él usar una de estas piezas porque podía romperse”, señala Arbeteta a RTVE.es.

Rarezas cargadas de simbolismo

Pero el cristal de roca, denominado por los griegos “nieve helada”, esconde en su interior enigmas vinculados a su propio origen marcado por la leyenda.

Esta gema mineral estaba considerada símbolo celestial de pureza en la Edad Media, y se reverenciaba como materia mágica con la que se invocaba la protección contra el mal de ojo.

Este carácter esotérico se aprecia en las obras expuestas en la pinacoteca madrileña. Son llamadas bizzarrie o creaciones ingeniosas-y ciertamente bizarras- cargadas de referencias neoplatónicas y continente de un universo simbólico en el que criaturas mitológicas como los dragones adquieren gran protagonismo.

Es la exposición de este tipo más hermosa de Europa

Las singulares creaciones representan el mundo de la Antigüedad clásica y dan como resultado un arte transgresor, dicen que el pensamiento del propio Leonardo da Vinci inspiró a los milaneses, que inclusive retó el ideario de la Contrarreforma mostrando imágenes paganas de desnudos.

La exposición del Museo del Prado quiere familiarizar al público con una expresión artística excepcional, antaño solo disfrutada por la nobleza, y en la que el asombrado espectador debe aguzar el ingenio para captar las metáforas esculpidas con fineza en el cristal.

“En la pieza Copa con escena marina, una capa es la barandilla de un estanque, luego está el mar con los dragones, y si se llenara de agua tendríamos el océano dentro de una copa”, describe la comisaria sobre esta "caja china" acuática.

Un juego para el espectador

En el museo madrileño se ha cuidado con mimo la puesta en escena para que se desvelen los detalles, a veces diminutos, ya que cada obra se encuentra en un pedestal a la altura de los ojos del público e iluminada en una sala en penumbra, en la que a su vez se juega con la interacción entre las esculturas con los reflejos.

“Estas obras nunca se han visto así en otra parte del mundo. Es la exposición de este tipo más hermosa de Europa en estos momentos”, subraya la experta Letizia Arbeteta.

'Vaso con la historia de Noé', segunda mitad del siglo XVI.

'Vaso con la historia de Noé', segunda mitad del siglo XVI.

La procedencia de las joyas también demuestra el ámbito excepcional de la exposición. Catorce esculturas forman parte del llamado “Tesoro del Delfín”, perteneciente a la herencia del rey Felipe V, y que se conserva en el Prado; otras vienen de colecciones florentinas de los Médicis o son préstamos excepcionales como la extraordinaria Vaso con la historia de Noé, una pieza principal de cristal de roca jalonada con oro esmaltado, rubíes y un diamante, que ha viajado desde el parisino Museo del Louvre.

Un arte tan mágico como inclasificable, tal y como reseñó el historiador Paolo Morigia (1595): “Son rarezas maravillosas que asombran a los inteligentes que las contemplan”.

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