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Oppenheimer sume a Venecia en el silencio del genocidio indonesio

  • La mirada del silencio es el único documental que compite por el León de Oro
  • Continúa el relato del genocidio indonesio iniciado con El acto de matar (2012)
  • Los protagonistas y miembros indonesios del equipo preservan el anonimato
  • Oppenheimer ha sido declarado persona non grata en Indonesia

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Adi Rukun, el director Joshua Oppenheimer y la productora Byrge Sorensen, en Venecia
Adi Rukun, el director Joshua Oppenheimer y la productora Byrge Sorensen, posan durante la presentación de la película "La mirada del silencio" en Venecia. AFP TIZIANA FABI

Tras el grito de las masacres se impone el silencio del terror. El realizador estadounidense Joshua Oppenheimer vuelve a retratar el genocidio indonesio de 1965 en The Look of Silence (La mirada del silencio, 2014), el único documental que compite por el León de Oro en la 71 Mostra de Venecia, pero esta vez pone el foco en las víctimas.

Si The Act of Killing (El acto de matar, 2012), finalista a los Óscar en 2013, estremeció a medio mundo con los grotescos testimonios de los autores materiales del pogromo comunista que dejó en las cunetas a un millón de indonesios, The Look of Silence ofrece la otra cara de la moneda, la de los supervivientes traumatizados para siempre.

Uno de ellos, Adi Rukun, protagonista del filme, asistió hoy a la presentación en el Festival de Venecia, acompañando a su director.

Revivir el pasado

Rukun se enfrenta cara a cara en la película, y sin perder la calma ni un instante, a varios líderes de los escuadrones de la muerte, incluido el que mató salvajemente a su hermano cuando él aún no había nacido.

"Esta película no puede curar a mi familia después de lo que ha sufrido", ha dicho Rukun, que trabaja en su país vendiendo gafas puerta a puerta. "Para los que estamos vivos, sólo la muerte acabará con nuestro trauma (...) Pero sí puede servir a mis hijos y a generaciones futuras", añadió.

Rukun se ha mudado a otro punto de Indonesia antes de que se estrene el documental, por razones de seguridad. El resto del equipo nativo que ha participado en la filmación, permanece en el anonimato, al igual que en The Act of Killing.

"Sólo quería que los asesinos supieran y admitieran que lo que hicieron estuvo mal, para ser capaces de perdonarnos, de vivir juntos" y "acabar con esos sentimientos de miedo y sospecha mutua entre vecinos con los que vivimos", ha asegurado.

El miedo y el trauma de callar

Ambicioso propósito en un país donde hablar del pasado es tabú, y donde nunca hubo juicios ni comités de la verdad, tal y como cuenta el documental.

"Quería sumergir al espectador en el silencio impuesto a los supervivientes", ha explicado Oppenheimer. "Sus vidas están destrozadas por el miedo que sigue a toda atrocidad, y sobre todo cuando no se hace justicia".

A raíz de la repercusión internacional de su anterior trabajo, que obtuvo, entre otros, el premio BAFTA al mejor documental y el de la Academia del Cine Europeo, Oppenheimer ha sido declarado persona non grata en Indonesia. No puede volver al país asiático.

De hecho, The Look of Silence (La mirada del silencio) se rodó principalmente en 2012, cuando terminaron de editar The Act of Killing. "Sabíamos que no sería seguro regresar más tarde", ha comentado.

También hay escenas rodadas entre 2003 y 2005. En total, el director ha trabajado durante diez años con ambos proyectos.

"El tema me atrapó, en realidad no lo busqué. Es ahora cuando empieza a irse. Echaré de menos Indonesia y al equipo, que es mi familia, pero ahora espero poder mover ficha hacia un contexto totalmente distinto", ha avanzado, sin querer entrar en detalles.

Y por otro lado... el ataud de Chaplin

La otra película que centró este jueves la competición oficial en la segunda jornada del Festival Venecia ha sido La rançon de la gloire (El precio de la fama, 2014), de Xavier Beauvois, que en 2010 obtuvo el Gran Premio del Jurado en Cannes con De dioses y hombres (2010), basada en la historia real de unos monjes en la guerra civil argelina.

El director francés ha vuelto a recurrir a hechos verídicos en esta historia de dos humildes inmigrantes en Suiza que en 1978 robaron el ataúd de Charles Chaplin para tratar de obtener un rescate.

El tono es mucho más ligero que el de De dioses y hombres, aunque no acaba de cuajar, en parte por el pomposo protagonismo de la banda sonora de Michel Legrand, que intenta ser un homenaje a las películas mudas.

Beauvois explicó este jueves en Venecia que la idea se le ocurrió al ver por enésima vez Candilejas y después descubrir en la prensa esta "historia loca e increíble". "Para mi Chaplin es el cine, lo ha inventado todo", ha señalado.

Al mismo tiempo, quiso contar la evolución de un personaje -interpretado por Benoit Poelvoorde- "que sale de la oscuridad (de la cárcel) y va hacia la luz".

Chiara Mastroianni, Roschdy Zem y Nadine Labaki completan un reparto en el que también aparecen Eugene y Dolores Chaplin, hijo y nieta respectivamente del cómico y cineasta.

 

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