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Clooney se apropia de la Berlinale con un aventurero "Monuments Men" antinazi

  • Un filme sobre un equipo de historiadores de arte y patriotas soldados
  • El papel que se adjudica Clooney es el del historiador-jefe
  • Clooney dirige, protagoniza, produce y escribe el guion

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George Clooney durante la presentación de su filme en Berlín.
George Clooney durante la presentación de su filme en Berlín.

El actor y director estadounidense George Clonney se ha apropiado de lleno este sábado de la Berlinale con Monuments Men, que convierte en película de aventuras la intervención aliada contra el expolio nazi.

Monuments Men, basada en hechos reales, se centra en un insólito batallón de la Segunda Guerra Mundial al que Franklin D. Roosevelt encomienda la tarea de adentrarse en Alemania para recuperar las obras de arte sustraídas por el Ejército nazi y retornarlas a sus legítimos propietarios.

El estallido de "flashes" y codazos por hacerse con una imagen de  Clooney, que también ha dirigido la película, estaba programado.

"Me interesa la historia, me interesa el arte. Y tuve el privilegio de estar aquí, en Alemania. ¿Qué más se puede pedir?", respondía Clooney, acompañado de un arsenal de actores de su equipo, Matt Damon, Bill Murray, John Goodman y Jean Dujardin, entre otros.

Me interesa la historia. Y tuve el privilegio de estar aquí.

En una conferencia de prensa abarrotada y con Murray haciendo piruetas a su lado, Clooney ha insistido una y otra vez en la palabra "historia", por mucho que su producción la aborda casi como anécdota.

Una película basada en hechos reales

Monuments Men reduce a aventura el oscuro capítulo de la historia alemana del expolio de cinco millones de obras de arte propiedad de museos, la iglesia, coleccionistas privados y familias judías.

Fue un robo organizado por el aparato nazi, fuera para nutrir los fondos museísticos, las arcas del Tercer Reich o las paredes de los comedores militares. Décadas después sigue sin haberse logrado restituir al completo ese tesoro a sus legítimos propietarios, como mostró el hallazgo, unos meses atrás, de 1.500 piezas en casa del anciano muniqués Cornelius Gürlich, cuya existencia se desconocía.

En el film, Clooney y su clan llegan a Normandía días después del histórico desembarco aliado como parte del equipo real que integraron 350 hombres y mujeres, con el objetivo de rescatar lo que los bombardeos no destruyeron ni se llevaron los nazis.

Clooney asume el papel de historiador-jefe

El papel que se adjudica Clooney es el del historiador-jefe. A partir de ahí, reparte por el filme todos los tópicos posibles, desde el viejo avión escondido en el granero al villancico que sus nietos cantan al veterano Murray a distancia.

La banda sonora recuerda deliberadamente a The Bridge on the River Kwailos nazis parecen los malos de Indiana Jones, y Clooney se reserva el privilegio de algún mensaje patriótico: cero sorpresas, como no lo fue el impacto mediático en torno al astro.

"Viene Clooney y acuden todos", había vaticinado el director de la Berlinale, Dieter Kosslick, acerca de un invitado que en ediciones anteriores del festival ya fue aclamado, con o sin película a concurso, y al que se recibe como amigo de la casa.

La Berlinale necesitaba una gran estrella sobre la alfombra roja y la tuvo, mientras algunos desistían de asomarse a ver la película a competición de la jornada, la alemana Die geliebten Schwestern ("Beloved Sisters").

El cine anfitrión llevaba las de perder con ese filme "de época" y 170 minutos de duración, proyectado para la prensa a las 08:30 GMT de un sábado dominado por la presencia de Clooney en la ciudad.

Dominik Graf, su director, retrata una romántica historia del poeta Friedrich Schiller, emparedado entre el amor de dos hermanas, Caroline y Charlotte, una casada y la otra por casar, tan almas gemelas entre sí como hacia él, que pactan convertirse en terceto.

Grandes escenarios en la película anfitriona

Es un filme hermoso, que dejó al público no alemán con la tentación de dejar la película y coger a un tren para visitar Weimar, la ciudad que conocieron Goethe y Schiller, o los bosques del "land" de Turingia, escenarios de la película.

Las actrices tal vez no dan la talla (Hannah Hertzsprung y Henriette Confirius), y a Schiller (Florian Stetter) le falta la garra que debió tener el poeta para desatar la tolerancia triangular de las dos hermanas.

Graf, uno de los representantes del cine anfitrión habituales de la Berlinale, con una asiduidad casi anual, logró por lo menos no provocar una desbandada a mitad de un filme cuya duración se vaticinaba ya como disuasoria.