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"Cualquiera puede denunciar maltrato, pero al final lo tiene que ratificar la víctima"

  • Solo el 1,51% de las denuncias por maltrato las ponen familiares de las víctimas
  • La justicia ofrece garantías para proteger a los denunciantes de maltrato
  • Víctimas y familiares deben ir de la mano contra la violencia de género
  • El 016 es el número de atención a las víctimas de violencia de género

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Romper el silencio es el primer objetivo en la lucha contra la violencia de género.
Romper el silencio es el primer objetivo en la lucha contra la violencia de género. Getty Images/iStockphoto THINKSTOCK

En la lucha contra la violencia de género las estadísticas muestran que la denuncia pone fin a la situación de malos tratos en más de la mitad de los casos. En siete de cada diez ocasiones, ese paso crucial es obra de la propia víctima. Sorprende más en comparación el bajo número de denuncias puestas por el entorno de la mujer maltratada, en especial familiares, pero también vecinos, conocidos o testigos.

En el segundo trimestre de 2013, de las 31.494 denuncias que los juzgados recibieron de violencia sobre la mujer, solo el 1,51% fueron puestas por familiares de las víctimas, una proporción que se mantiene regularmente y que apenas se incrementa hasta un 3,19% si se suman las denuncias puestas por servicios de asistencia y terceros en general, según datos del Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género.

La presidenta de este Observatorio dependiente del Consejo General del Poder Judicial, Inmaculada Montalbán, ve varios factores en ello, que afectan en general a la percepción de la violencia contra la mujer.

Uno es que “la cultura en la que vivimos todavía ve como normales las relaciones amorosas marcadas por la sumisión y la dependencia de las mujeres. Aún persiste la idea de que la mujer debe ocupar una posición de sumisión en aras del bien de la familia y que ello a veces comporta aceptar determinada violencia, lo que es incompatible con cualquier sociedad civilizada”.

Otro, no menos importante, tiene que ver con “el cliché que reduce la violencia de género a la muerte o las lesiones físicas y normaliza la violencia psicológica, que es auténticamente depredadora, anula por completo la dignidad y la autoestima de las mujeres”.

Siendo más específicos, el pequeño porcentaje de denuncias por parte de personas del entorno se atribuye al carácter privado que en muchos casos manifiesta la violencia contra la mujer, como una cuestión particular de un hogar o una pareja en la que es mejor no entrometerse.

“El entorno de la víctima solo tiene conocimiento de la violencia cuando esta tiene un cierto grado de gravedad”, razona Ángela Cerrillos, presidenta de la asociación de mujeres juristas Themis. “La violencia 'menor' no sale de las cuatro paredes de la casa, a no ser que haya señales físicas de la violencia, se oigan gritos, la agresión sea pública, etc”.

Conseguir que la mujer maltratada dé un paso al frente

Para lograr una lucha eficaz contra la violencia de género, las víctimas del maltrato y sus familiares han de ir de la mano, casi en un sentido literal. Pero la realidad es que en algunos casos las víctimas no encuentran el apoyo de sus familias y en otros son estas las que no consiguen la implicación de la mujer agredida.

La mayoría de las mujeres ha encontrado el respaldo de su familia cuando se ha decidido a presentar una denuncia, pero aún una de cada cinco mujeres no ha podido contar con él, bien porque su familia le ha llegado a recriminar su actitud (9,2%), no han querido o no se han atrevido a contar a su familiaque sufren maltrato (7,8%) o incluso esta le ha recomendado que diera otra oportunidad a su agresor (3,6%), según refleja una macroencuesta sobre la violencia de género realizada en 2011.

En ocasiones las mujeres no encuentran el respaldo de su familia y en otras ocurre al contrario

Sea como sea, para las asociaciones que trabajan con mujeres que sufren violencia de género, el centro de gravedad para salir de la violencia se sitúa en la propia mujer.

“No hago nada si denuncio al novio de mi hija y ella lo va a negar diciendo que su madre es una exagerada. Denunciar el maltrato puede hacerlo cualquiera, pero al final lo tiene que ratificar la víctima”, sostiene convencida Sagrario Mateo, presidenta de la Asociación Pro Derechos de la Mujer Maltratada (Aprodemm), con sede en Navarra.

“La que se tiene que dar cuenta es la víctima y por lo general es la última en darse cuenta de ello, porque no está preparada psicológicamente para asumir que es una mujer maltratada”.

Y más allá de acompañarla a un juzgado o una comisaría, aboga por que la familia brinde otro tipo de apoyo. “La mejor manera de ayudar a una mujer maltratada es llevarla a un psicólogo que le haga tomar conciencia de la realidad que le está sucediendo, de modo que gane fuerzas no tanto para poner una denuncia sino para que sepa dar una contestación válida para el resto de la vida”.

“Si la víctima no está fuerte psicológicamente, no se va a atrever a dar ese paso. Muchas dan el paso de poner la denuncia y luego la quitan porque sus energías son limitadas”, insiste Sagrario Mateo. Y las estadísticas confirman su argumento: en el segundo trimestre de 2013, el 12,58% de las mujeres retiraron la denuncia contra su agresor.

Y esa es otra de las causas que hace que los esfuerzos de la familia en la que hay violencia de género no fructifiquen, señala Ángela Cerrillos. “El entorno a veces no quiere implicarse porque la víctima se reconcilia con el agresor y el que denuncia se queda con el pie cambiado”.

Garantías judiciales para víctimas y entorno

La duración de los procesos judiciales, tan criticada frecuentemente, no se ve en este caso como una razón que frene las denuncias de maltrato. “Los juicios rápidos ayudan, porque así la mujer se puede liberar antes del proceso judicial, aunque pueden ser malos si aún no está preparada para enfrentarse al juicio y explicar todo lo que se le ha hecho”, afirma la presidenta de Aprodemm.

La presidenta del Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género tampoco ve un problema en la seguridad de los testigos. “Hoy se presentan con normalidad en los juzgados y, si alguno quiere, se pueden articular medidas de protección”.

No es habitual que se pida protección para los testigos, pero puede hacerse

“La ley de protección de testigos se puede poner en marcha en el momento en que se advierta que hay riesgo ante el testimonio. En el proceso judicial no figuran su identidad y domicilio, solo una clave judicial para identificarlo, puede pedir acompañamiento y se puede declarar con una mampara”, recuerda Montalbán, al tiempo que aclara que “no es habitual que se pida entre los testigos este tipo de protección”.

La crítica en este apartado viene en otro sentido, en opinión de la presidenta de la Asociación de Mujeres Juristas Themis. “No es tanto la duración de los procesos, sino la respuesta judicial a una mujer que se decide a poner una denuncia después de todas las barreras personales que tiene que saltar. Ángela Cerrillos señala que en los últimos tiempos “las órdenes de protección y medidas cautelares bajan” porque, ante la falta de recursos en la Justicia, “no se investiga suficientemente”.

El proceso emocional de los familiares

Antes de llegar al periplo judicial, hay que considerar que las familias pasan por un proceso emocional paralelo al de las víctimas. En Aprodemm conocen bien los casos de familiares que acuden a su asociación en busca de ayuda cuando ya no saben qué hacer.

“Sufren como si se tratara de ellas mismas porque han visto durante años que su familiar ha sido maltratada. Están desesperadas porque la ven agotada, baja de autoestima, que llora mucho, que no es la misma, que ya no se arregla, que está como anulada, y el comportamiento de él, que la trata fatal, que por lo general siempre está sola y tiene que hacerse cargo de todo sin ayuda”, describe su presidenta.

Y, salvo en casos de agresión severa, se deciden a denunciar una vez transcurrido un período de reflexión, señala Inmaculada Montalbán. “Cuando los familiares dan el paso es después de muchos días sin dormir, de pensarlo, de ver los pros y los contras, como en el caso de las propias mujeres que denuncian”.

Alerta de una sensibilización en descenso

Todo esto desemboca en la importancia de una sensibilización que, a juicio de los agentes implicados, se traslada gracias a campañas públicas y en los medios de comunicación, que lleguen a las víctimas y a su entorno.

“Estamos en una época en la que puede bajar la sensibilización en esta materia”, alerta la presidenta del Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género, a la vista de las estadísticas que muestran un descenso de un 4,2% de las denuncias en la primera mitad de 2013 respecto al mismo período de 2012.

Los familiares de una mujer maltratada han de escuchar sin juzgar y lograr que no se sienta sola

“En el contexto actual de la crisis económica, las noticias sobre la situación económica de las familias reducen el tratamiento de la violencia de género como una cuestión pública, al margen de fechas puntuales como el 25 de noviembre, día internacional de lucha contra la violencia de género. Es necesario mantener una alerta y atención informativa de la violencia de género como algo peligroso que afecta a los derechos humanos y no como una cuestión privada de la mujer”.

En la distancia corta, en Aprodemm aconsejan a los familiares de una mujer que sufre maltrato “que la escuchen, que no la juzguen, y que estén el máximo tiempo posible con ella, vayan de compras, a tomar un café... Que no se sienta sola, porque el maltratador intenta aislar a la mujer de sus amigos y familia, para que no tenga apoyos para escapar de su influencia”.

“No hace falta decirle que sabemos qué le está pasando. Estando ahí con ella puede llegar el momento de que salga la verdad y de que confirme lo que eran sospechas y, a partir de ahí buscar ayuda”. Romper el silencio, que a la postre es cómplice del maltrato, es el primer objetivo.

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