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Lisboa se llena de claveles rojos y gritos contra la política de austeridad

  • Se cumple el 39 aniversario de la Revolución de los Claveles
  • Decenas de miles de personas han acudido a la manifestación
  • Han cantado "Grandola Vila Morena" recordando que "el pueblo manda"
  • Además de partidos y sindicatos, han acudido asociaciones cívicas

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Decenas de miles de portugueses celebran el 39 aniversario de la Revolución de los Claveles

El 39 aniversario de la revolución que trajo la democracia a Portugal ha llenado Lisboa de claveles rojos y gritos contra la política de austeridad del Gobierno conservador, cuya renuncia han pedido decenas de miles de manifestantes.

La marcha, encabezada por dirigentes de la izquierda y algunos de los capitanes que se sublevaron en 1974 tras cuarenta años de dictadura, ha desfilado por la avenida Liberdade de la capital lusa con pancartas y lemas contra el primer ministro Pedro Passos Coelho y la troika.

"El pueblo es quien más manda", han recordado muchos de los manifestantes, que exhibían esa frase en sus carteles o la resaltaban al entonarla en la letra de "Grandola Vila Morena", la canción que se convirtió en el himno de la Revolución.

Además de los partidos de izquierda y los dos grandes sindicatos lusos, la CGTP (Confederación General de Trabajadores de Portugal) y la UGT (Unión General de Trabajadores), se han sumado a la marcha decenas de entidades cívicas y profesionales, los indignados y el movimiento "Que se lixe a troika" (que se fastidie la troika) que ha organizado dos de las mayores protestas lusas de los últimos años.

La asociación de los antiguos Capitanes de Abril, que organiza los desfiles conmemorativos en las principales ciudades, ha hecho en esta ocasión críticas muy duras a la situación económica y social y la destrucción de los valores y los logros democráticos de la Revolución.

El coronel José Luís Villalobos Filipe, que ha hablado al final de la marcha en la tribuna de honor en nombre de la asociación, ha afirmado que Portugal vive "una emergencia nacional" y ha apelado a que todas las fuerzas políticas hagan frente común para resolver los problemas del país.

El líder de la UGT, Carlos Silva, ha recordado que en Portugal (de 10,5 millones de habitantes) hay un millón de desempleados, muchos jóvenes que emigran y mucha pobreza por la política "asesina" de Passos Coelho.

También el secretario general de la CGTP, Arménio Carlos, ha proclamado el "fracaso" de las políticas de austeridad y la necesidad de cambiar un Gobierno -con mayoría absoluta parlamentaria- "que no tiene el apoyo del pueblo".

Una participante en la marcha, Fernanda Gomes, que llevaba a su hija de 12 años para mostrarle "el espíritu de abril" ha declarado a Efe que "este año parece haber más gente, parece que hay más personas que sienten las dificultades".

Lemas contra el presidente y la troika

Tanto entre los lemas coreados por los participantes en la marcha como en los discursos de los líderes políticos, sindicales y de los ex militares revolucionarios se han escuchado duros reproches al presidente de Portugal, el conservador Aníbal Cavaco Silva, por su discurso en el Parlamento durante la conmemoración oficial del aniversario.

Cavaco respaldó la política de Passos Coelho, consideró inevitables nuevos sacrificios y se mostró contrario a celebrar elecciones anticipadas, aunque reconoció los problemas sociales causados por las políticas de austeridad y los fallos de las previsiones del programa de ajuste de Portugal.

La marcha del 25 de Abril ha avanzado por la principal arteria de Lisboa en un ambiente festivo y reivindicativo al ritmo de comparsas, bandas de música, gaitas y tambores de asociaciones de barrio.

Las pancartas de los movimientos ciudadanos y los sindicatos reclamaban atención a la salud, la educación, la cultura y el empleo y criticaban los recortes aplicados por el Ejecutivo a los servicios públicos por tercer año consecutivo.

Pocos de los manifestantes se han olvidado de llevar el clavel rojo de la Revolución, y algunos regateaban el pago, de un euro por flor, con los vendedores ambulantes.

"Nos están robando lo que conquistamos.  Caminábamos hacia delante pero ahora vivimos un gran retroceso", afirma Rui, padre de dos hijos que han emigrado por no poder sobrevivir en su propio país.