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El nuevo rostro de la 'yihad' tras Bin Laden

       
  • Las amenazas terroristas persisten pese a la muerte del líder de Al Qaeda
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  • El atentado de Boston ha demostrado el potencial de los "lobos solitarios"
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  • La prevención y la cooperación internacional, claves para reducir los riesgos

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Las células individuales son una de las grandes amenazas terroristas en suelo occidental.
Las células individuales son una de las grandes amenazas terroristas en suelo occidental. AFP Mario Tama/Getty Images/AFP

“La muerte de Bin Laden marca el logro más significativo hasta la fecha en el esfuerzo de nuestra nación para derrotar a Al Qaeda (…) No hay duda de que Al Qaeda continuará con los ataques contra nosotros. Por lo que debemos –y lo haremos– mantener la alerta en el país y el extranjero”.

Este es un fragmento del discurso con el que Barack Obama anunció la muerte de Osama bin Laden. Se cumplen dos años desde que EE.UU. abatiera a su enemigo número 1, pero hace apenas 15 días el atentado de la maratón de Boston revivió la amenaza de un ataque terrorista en suelo norteamericano. ¿Es hoy el mundo un lugar más seguro?

“Efectivamente existen menos posibilidades de atentar en el país norteamericano. Europa ha progresado también en términos de seguridad y prevención del terrorismo, pero la seguridad nunca puede estar garantizada al cien por cien”, señala a RTVE.es Hristina Hristova, investigadora especializada en terrorismo y extremismos violentos.

Al peligro que representan Al Qaeda, sus franquicias, y organizaciones afines como Boko Haram en Nigeria, Al Shabab en Somalia o Therik e Taliban en Pakistán, hay un enemigo escurridizo que ha cobrado protagonismo tras el ataque de Boston. Desde el 11-S, Bin Laden fue la pesadilla de EE.UU. Hoy, el terror tiene hoy un nuevo rostro, el de los lobos solitarios.

Retrato robot de los 'lobos solitarios'

Ni son tan nuevos, ni tan lobos, ni, muchas veces, tan solitarios. En el caso de Boston "operaban a modo de célula, si bien constituida por hermanos”, apunta el investigador principal de Terrorismo Internacional del Real Instituto Elcano, Fernando Reinares.

No es fácil hacer un retrato de  estos yihadistas individuales, pero los analistas coinciden en que  suelen ser jóvenes varones, en ocasiones nacidos o criados en los países  en los que atentan, que no ven cumplidas sus expectativas sociales o  económicas. No son miembros en sentido estricto de un grupo terrorista,  pero se radicalizan en una ideología -ya sean supremacistas blancos o islamistas-  y perpetran atentados de escaso  alcance y relativa baja letalidad a menudo sirviéndose de contenidos  obtenidos en Internet.

De hecho, los tiroteos, como el de Newtown, son el verdadero terror cotidiano de los estadounidenses. Según el FBIen 2011 se produjeron 9.903 víctimas  mortales en actos criminales por arma de fuego.  Mueren más estadounidenses por este motivo que en las guerras que libra  su país en el exterior. Pero el impacto del atentado de Boston es mayor porque tiene el poder de golpear la vulnerabilidad y la confianza de toda una sociedad.

Las armas de los terroristas individuales suelen ser artefactos explosivos caseros. Consultan páginas webs en las que se explica paso a paso "cómo hacer una bomba en la cocina de tu madre", por ejemplo con una olla a presión, como las que estallaron en Boston. Es el caso de la publicación Inspire, una revista asociada a Al Qaeda en el Península Arábiga que se ha convertida en la principal fuente del terrorismo individual.

Las motivaciones para actuar, señala Reinares, son “racionales, emocionales o de identidad”, según los casos. Por un lado, el salafismo yihadista proporciona una justificación a la yihad. “Los adeptos a estas actitudes y creencias pueden estar convencidos de que, con sus actos de violencia, contribuyen a avanzar causas islámicas en otros lugares del mundo donde se desarrollan conflictos armados", observa Reinares. Pero, además, suelen ser individuos que sufren una crisis de identidad. En muchos casos, los motivos son más sociológicos o psicológicos que religiosos.

“Es probable que los Tsarnaev estuvieran guiados por un odio hacia EE.UU. suficiente para culpar a este país de sus frustraciones personales y las desgracias de su comunidad de referencia (probablemente la chechena)”, indica también Hristova que, añade, que hay otros elementos definitorios de su radicalización, entre el deseo de pertenencia a un grupo social o el deseo de aprobación.

'Manadas' en países occidentales

Antes que los Tsarnaev, los hermanos chechenos acusados de matar en Boston a tres personas y herir a casi 300, ha habido otros. Algunos lo intentaron sin éxito como Faisal Shahzad, el americano-paquistaní de 32 años que puso un coche-bomba en Times Square, en Nueva York, en un ataque frustrado en 2010, similar al cometido en la víspera de Navidad meses antes por Abdul Farauk Abdulmutallab. Otros sí lo lograron. Es el caso del atentado de Oklahoma City en 1995 o el ocurrido durante los Juegos de Atlanta en 1966.

Omar Sheikh fue uno de los primeros en abrazar la yihad global en Reino Unido. Jugaba al ajedrez y se metía en peleas en los pubs de Londres. Hijo de un comerciante paquistaní, estaba obsesionado con el éxito académico y estudiar en Harvard. En 2002 secuestró y mató al corresponsal del Wall Street Journal en Karachi, Daniel Pearl.

Mohammed Merah procedía de un hogar desestructurado. Al mecánico argelino de 23 años, le gustaban el fútbol y las motos y frecuentaba más los clubs de alterne que las mezquitas. Disparó a bocajarro a siete personas, entre ellas tres niños, en un colegio judío en la ciudad francesa de Toulouse.

En España, la policía detuvo hace unos días en Zaragoza y Murcia a dos presuntos terroristas islamistas, acusados de colaborar con Al Qaeda en el Magreb Islámico. Otros cuatro “lobos solitarios” fueron arrestados en el último año.

Prevención y cooperación internacional

La falta de conexiones con grupos radicales los hace prácticamente indetectables por las agencias de inteligencia. No comparten sus planes con amigos ni familiares y resulta difícil seguirles la pista porque usan artefactos muy rudimentarios. Sin embargo, en el caso de los Tsarnaev, el hermano mayor había sido interrogado por el FBI y estaba incluido en una lista de sospechosos de terrorismo. Merah estaba fichado por la policía gala como un delincuente común. Sus viajes a Afganistán y Pakistán, donde fue entrenado por los talibanes, pasaron desapercibidos.

Fernando Reinares, sobre el atentado de Boston: "Algo ha fallado en la protección y la prevención"

Reinares destaca que, a corto y medio plazo, es fundamental la labor de inteligencia, unida a un adecuado tratamiento judicial y a la cooperación internacional. “Sin una adecuada combinación de estos elementos no es posible detener terroristas, desmantelar sus estructuras cada vez más elusivas y transnacionales o desbaratar sus tramas de financiación”, apunta.

Las autoridades de Massachusetts, donde residía Tamerlán desde hace diez años, no estaban al tanto de que el joven de 26 años había sido investigado por la policía federal.

Y a largo plazo, prevenir la incitación al odio y el adoctrinamiento, la "radicalización de jóvenes que, por sus especificidades personales o de su entorno social inmediato, se encuentren en situación objetiva de riesgo", subraya Reinares.

Sin embargo, la detección de potenciales terroristas individuales es un terreno muy resbaladizo. ¿Visitar una página de internet sobre radicalismo islámico te convierte en un posible 'lobo solitario'?, ¿y colgar comentarios extremistas en redes sociales?. "Presenta un gran problema porque no se puede perseguir a la gente asumiendo que sus creencias los hacen personas violentas", advierte a la BBC el experto en terrorismo de la Universidad de Georgetown, Christopher Swift.

Atentados como los del 11-S en Nueva York o el 7-J en Londres son más difíciles de organizar, por eso desde Al Qaeda se han esforzado por enviar este mensaje: "si puedes hacer algo así, está bien, pero si no, cualquier ataque, de cualquier tipo, también será útil".

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