Enlaces accesibilidad

Italia, el país de los mil sistemas electorales y las mil crisis de gobierno

  • La ley electoral, conocida como "cerdada", centra de nuevo las atenciones
  • Se garantiza la mayoría en la Cámara, pero no en el Senado, con igual poder

Por

La sombra del bloqueo

Italia vuelve a enfrentarse a unas elecciones con el temor a que la composición de las nuevas cámaras complique la formación de un gobierno.

Los sondeos predicen una victoria de la coalición liderada por el Partido Democrático (centro-izquierda) en la Cámara, pero no en el Senado, donde tendría que buscar el apoyo de alguna otra fuerza. En ese sentido, las coaliciones conservadoras, tanto la que lidera Mario Monti como la de Silvio Berlusconi, esperan condicionar el escenario confiados en los escaños que obtendrás en esta cámara, especialmente la del magnate en las pobladas regiones septentrionales, donde se presenta con la xenófoba Liga Norte.

Desde la Segunda Guerra Mundial, Italia ha tenido casi 40 primeros ministros (con una vida media de menos de dos años) y solo uno agotó una legislatura. Ante la nueva cita con las urnas, la pregunta es obligada: ¿Habrá un Ejecutivo estable? ¿Por qué es tan difícil la gobernabilidad en el país?

No será por falta de conocimiento técnico. Italia es denominado por algunos expertos como el país de los mil sistemas electorales. Sin ir más lejos, en el Senado los escaños se asignan con arreglo a diferentes sistemas en las distintas regiones. Y es precisamente en esta cámara donde se teme que se repita la situación de bloqueo institucional.

Italia tiene dos cámaras con un equilibrio casi total de poderes. La actividad principal se realiza en la Cámara de Diputados, pero si el Senado rechaza una medida, esta no sale adelante. Y aunque desde la reforma electoral de 2005 en la primera está garantizada una mayoría para el partido o coalición que gane, en la otra cámara no.

Umbrales y premio

Los aspirantes a diputados se presentan en listas cerradas por partidos, con una única circunscripción que abarca todo el país, y los escaños se reparten proporcionalmente a los votos. Pero hay dos grandes factores de corrección de esa proporcionalidad. En primer lugar, los umbrales mínimos que excluyen a los partidos que obtengan menos del 4% de los votos (el 2% si se presentan en coaliciones electorales) en todo el territorio italiano. Solo hay una excepción a este punto, y se refiere a las formaciones que representan a minorías lingüísticas, que pueden obtener escaños con el 20% de los votos en la región de esa lengua.

Pero sobre todo, hay una segunda medida que puede alterar el reparto proporcional. Si ninguna lista o coalición alcanza una mayoría absoluta del 54%, a la más votada se le da un premio para asegurarle esa cantidad de escaños, es decir, 340 sobre 630.

Aunque un sistema electoral solo puede evaluarse globalmente, para comprender la distorsión que puede implicar este punto, aquí van unos ejemplos de hipotéticos resultados simplificados:

ESCENARIO 1
Candidatura Votos % Escaños % Desvío
Lista A 16.000.000 40% 340 54% 14%
Lista B 15.999.000 39,997% 193 31% -9%
Lista C 8.001.000 20,003% 97 15% -5%
Total 40.000.000 100% 630
ESCENARIO 2
Candidatura Votos % Escaños % Desvío
Lista A 21.600.000 54% 340 54% 0%
Lista B 10.400.000 26% 164 26% 0%
Lista C 8.000.000 20% 126 20% 0%
Total 40.000.000 100% 630

En el Senado también hay existe el mismo plus a la lista más votada (el 54% de los escaños) pero a nivel regional, lo que no garantiza una mayoría absoluta en el conjunto de la cámara. Además, algunas regiones tienen métodos particulares para repartir los escaños que corresponden a cada una. Sí son comunes los umbrales mínimos, que también existen en el Senado y que se elevan a nada menos que el 8% (el 3% si son integrantes de una coalición).

La ruptura de las coaliciones

Para evitar la fragmentación del Parlamento, la ley electoral fomenta que los partidos se presenten ante los electores en coaliciones con acuerdos programáticos y candidato común a la presidencia del gobierno. Pero en la práctica, esos pactos pueden pasar al olvido poco después de la cita con las urnas y es frecuente que las coaliciones se rompan.

Además, el jefe del Ejecutivo electo por los diputados no tiene que ser forzosamente ninguno de los candidatos designados por los partidos o coaliciones. Solo hace falta que sea diputado o senador.  Y el último, Mario Monti, ni siquiera se había presentado a las anteriores elecciones y fue designado senador vitalicio por el presidente de la República unos días antes de que le propusiera gobernar.

Con todo, la coalición es la herramienta ideal tanto para los pequeños partidos, que pueden superar así más fácilmente los umbrales mínimos; como para los grandes, en busca del premio a la mayoría. Por eso, la formación de esas coaliciones suele ocupar gran parte de las precampañas y no solo a nivel estatal, sino regional, lo que deriva en complejas estrategias y negociaciones a varias bandas.

Ninguna novedad en un país acostumbrado a amplias coaliciones de gobierno... y numerosas crisis políticas con largos periodos de interinidad.

- · -

El eterno debate

Italia es un país en búsqueda permanente de un sistema electoral ideal. Tras muchos intentos y debates, en 1993 se aprobó una profunda reforma de la ley, aunque sus resultados no fueron los esperados. En 1999 se aprobó otra reforma, pero no se llevó a la práctica porque el referéndum no alcanzó el quórum necesario.

Es en 2005 cuando se lleva a cabo la última reforma, poco antes de las elecciones en las que Berlusconi optaba a la reelección tras completar por primera vez en la historia moderna de la república un mandato (2001-2006). El resulado fue que la coalición de centro-izquierda, por un escaso margen de 25.000 votos, obtuvo el control de la cámara baja, pero a duras penas el del Senado. A la vista de los resultados, el autor de la reforma electoral, el exministro conservador Roberto Calderoli, reconoció que era una "mierda" y desde entonces se la conoce como “ley cerdada”.

Finalmente, el margen de Prodi en el Senado resultó insuficiente para que siguiera gobernando cuando un pequeño partido de los 14 que formaban su coalición le retiró la confianza y en 2008 hubo nuevas elecciones.

De esa convocatoria, y pese a las intenciones del legislador, ha habido hasta siete grupos propios en la Cámara y uno mixto. Este empezó con un par de formaciones minoritarias y ha acabado con 70 diputados disidentes que han formado numerosas escisiones de sus partidos. En el Senado han convivido una decena de grupos. Es decir, que la fragmentación persiste.

En esta legislatura también fracasó otro referéndum (2009) para cambiar una vez más el sistema electoral. Y Monti ya ha anunciado que si gana, hará de este tema una prioridad. Pero más allá, está la cultura política de los italianos, que no se cambia con leyes...

Noticias

anterior siguiente