La crisis de vivienda golpea a los jubilados: los mayores tienen que destinar el 60% de su pensión a pagar el alquiler
- Las subidas de los alquileres abocan a los mayores que no tienen casa en propiedad a "un desahucio invisible"
- El miedo a no encontrar vivienda provoca que muchos sénior se queden en lugares que no se adecuan a sus necesidades
El alquiler residencial para personas mayores se ha convertido en un foco de vulnerabilidad invisible en España. Los hogares sénior en ciudades con especial tensionamiento de precios como Madrid o Barcelona tienen que destinar más del 60% de sus ingresos netos a la renta según señala la Fundación Más Sénior con datos del Banco de España.
La brecha entre el coste de la vivienda y los ingresos de los pensionistas se ha ampliado de manera crítica en la última década en España.
Entre 2016 y 2025, el precio medio del alquiler se disparó casi un 90%. Según el portal inmobiliario Idealista, ha pasado de 7,60 €/m² a 14,40 €/m²; mientras que el precio de compraventa escaló más de un 76% hasta los 2.725 €/m². Una evolución que contrasta drásticamente con la revalorización de las pensiones en el mismo periodo: mientras que la pensión media subió casi un 44% hasta los 1.512,73 euros, la pensión más habitual -aquella que percibe el grueso de la población sénior- creció menos del 30% hasta situarse en 1.375 euros en septiembre de este año, según datos de la Seguridad Social.
En un momento en el que el debate se centra en la dificultad de acceso a la vivienda para los jóvenes, el informe "El nuevo paradigma de la vivienda para los sénior", subraya que miles de personas mayores afrontan "una creciente inseguridad habitacional" por el encarecimiento de los alquileres, la dificultad para encontrar una nueva vivienda y la falta de alternativas residenciales adaptadas a sus demandas.
"Esta situación de inestabilidad se ve agravada por el edadismo inmobiliario y financiero, que dificulta el acceso a nuevos contratos de alquiler y la obtención de créditos para adaptar los hogares a las necesidades de la vejez", señala la fundación.
Llum, de 71 años, decidió mudarse a Mallorca desde Barcelona al jubilarse. Contaba hace unos meses para el especial de vivienda Para entrar a vivir que estaba siendo un suplicio encontrar un lugar donde vivir. "No es complicado, es imposible". "Desde que empecé a mirar habitaciones, me di cuenta de que por la edad no entraba en los requisitos de la gente que se anuncia a través de Idealista", explicaba a un equipo de RTVE Noticias.
Aunque según el Instituto Nacional de Estadística, la mayoría de personas mayores viven en pisos en propiedad (más del 73%), existe casi un 17% que viven en alquileres a precio de mercado, y ahí es donde está el grueso de la vulnerabilidad.
El informe pone el acento en los hogares en los que viven personas mayores con ingresos ajustados: "Para un jubilado con una pensión media, que en 2026 ronda los 1.250 euros mensuales, una subida de 300 euros en una zona tensionada, supone la expulsión inmediata, es un desahucio invisible", considera Sonia Catalán, directora general de la Fundación Más Sénior.
Pero también existe otro caso, el de que aquellos mayores que tienen unos ingresos medios regulares, pero que no tienen un acceso fácil a una vivienda que se adapte a sus necesidades por miedo a que cambiar de casa los deje en un callejón sin salida: "El temor a no poder asumir un nuevo alquiler puede llevar a los mayores a permanecer en viviendas que no cumplen con los requisitos que necesitan porque carecen de ascensor, presentan barreras arquitectónicas...", destaca Catalán.
Arturo y Asunción son dos mayores que viven en el barrio barcelonés de Poble Sec. Contaban a RTVE que sufrieron un caso de acoso inmobiliario por parte del fondo de inversión que compró su edificio. Ellos y resto de vecinos y los sindicatos el Sindicat de Llogateres y el Col·lectiu Ronda terminaron por interponer una demanda colectiva contra el propietario porque el propietario pretendía expulsar a los inquilinos. El ascensor del edificio, por ejemplo, estuvo 50 días inutilizado y Asunción, que tiene problemas de salud y movilidad reducida, tuvo que quedarse recluida en casa. "Cada vez que se marchaba él, me ponía a llorar yo. ¿Por qué no puedo bajar?, ¿por qué no puedo bajar?", explicaba.
Comprar una casa: otro callejón sin salida
Los jubilados se enfrentan a serios problemas para comprar una vivienda debido al edadismo financiero y las políticas de riesgo de los bancos. Aunque dispongan de ahorros, las entidades bancarias imponen restricciones estrictas basadas principalmente en la edad y el tipo de ingresos. Los bancos exigen que el préstamo hipotecario esté totalmente pagado antes de que el titular cumpla entre los 70 y 75 años e imponen una serie de vinculaciones, como la contratación de seguros de vida, con unas condiciones completamente leoninas.
Además, aunque la pensión pública sea un ingreso estable, se considera un ingreso fijo no escalable: los bancos penalizan la falta de capacidad para generar ingresos extra o nuevos negocios en el futuro.
Incluso si los mayores consiguen comprar una vivienda con sus ahorros, si necesitan financiación adicional para adaptarla, por ejemplo instalar ascensores, eliminar barreras arquitectónicas..., sufren las mismas restricciones de crédito por el edadismo: "Cuando la edad se convierte en un criterio que limita el acceso al crédito, no solo estamos dificultando a un sénior que acceda a una vivienda, también estamos reduciendo su capacidad para adaptar la que ya tiene a las necesidades de esta etapa de la vida".
El informe de la Fundación Más Sénior señala, por último un importante apunte. Y es que una vivienda para una persona mayor no solo es un activo económico, "es un espacio de autonomía, relaciones sociales, seguridad y pertenencia".