Lula, proclamado como candidato del Partido de los Trabajadores para un cuarto mandato
- Se presenta como el bastión del progresismo en Latinoamérica tras el pendulazo derechista
- Finaliza su tercer mandato con la pobreza y el desempleo en mínimos, pero con la deuda en alza
El Partido de los Trabajadores (PT) de Brasil ha oficializado este domingo la candidatura del mandatario Luiz Inácio Lula da Silva para las elecciones presidenciales del próximo mes de octubre, en las que buscará un histórico cuarto mandato no consecutivo, con la mayoría de las encuestas a su favor.
"Quiero decir para toda la militancia de los partidos que están aquí: homologamos, oficializamos ahora. Lula, presidente; (Gerardo) Alckmin, vice", ha afirmado el presidente del PT, Edinho Silva, en la ceremonia de proclamación, celebrada en el centro de convenciones Expo Center Norte, en São Paulo, el mayor colegio electoral del país.
Con 80 años, Lula se presenta como el principal bastión del progresismo en Latinoamérica, que en los últimos años ha vivido un pendulazo hacia el conservadurismo.
Promete invertir más en defensa
Durante el discurso del lanzamiento de su candidatura, ha prometido que invertirá más en defensa, si gana las elecciones de octubre, para que "nadie invada el país y se lleve al presidente", en una clara referencia a lo que ocurrió en Venezuela en enero, cuando Nicolás Maduro fue capturado. "Quiero estar preparado para la paz, no para la guerra", ha afirmado Lula.
En este contexto, ha pedido a la militancia de izquierdas que deje de pensar en la defensa como una "tontería" de la que "no hay que preocuparse": "Quiero estar preparado para que nadie se atreva a tomarnos por tontos. ¿Está claro? Por eso es importante saber que necesitamos invertir en la defensa", ha subrayado
El jefe de Estado de Brasil, quien ya criticó en el pasado el aumento del gasto en defensa de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), ha mencionado que países como Inglaterra, Alemania y Japón están fortaleciendo sus industrias militares y que él "pretende hacer lo mismo".
Lula, antagonista del bolsonarismo
Lula busca extender su Gobierno hasta 2030. Para entonces, es posible que haya prosperado un proyecto de ley que propone acabar con la reelección, lo que lo consolidaría como el último presidente de Brasil en gobernar durante dos mandatos consecutivos.
Antiguo líder sindical, el presidente es originario de Vargem Grande, municipio del estado nororiental de Pernambuco. Era el séptimo de ocho hermanos e hijo de una pareja de labradores. Desde bien joven, con apenas 12 años, trabajó en numerosos empleos, como limpiabotas, tintorero o vendedor ambulante. Fue en una metalúrgica donde se inició en el sindicalismo y la militancia en contra del régimen militar de la época.
En 1972 fue elegido director del Departamento de Protección Social del sindicato, para años más tarde ser elevado a la presidencia, lo que le hacía representante de más de 100.000 trabajadores. En 1980, tras instigar una huelga, en una época en las que estaban prohibidas en los sectores considerados "esenciales", un tribunal militar lo condenó a tres años y medio de prisión, si bien la sentencia fue anulada en apelación.
Volvió la democracia al país en 1986, y con ella la creación del Partido de los Trabajadores, formado por sindicalistas de Sao Paulo. Tres años después, Lula, uno de los fundadores del partido se presentaría por primera vez como candidato en las presidenciales, aunque fue derrotado por el conservador Fernando Collor de Mello. Tras otros dos intentos sin éxito en la década de los noventa, Lula da Silva alcanzó la Presidencia de Brasil por primera vez en el 2002 con el 61% de los votos, cuando popularizó el lema "sin miedo a ser feliz". Cuando finalizó su primer mandato, contaba con un 87% de aceptación por parte de los brasileños.
Su administración se caracterizó por las medidas redistributivas, sin salirse de la lógica de la economía de mercado. Multiplicó el PIB y en una década sacó de la pobreza a 30 millones de personas. Tras reelección en 2006, realzó el país convirtiéndolo en la sexta economía mundial, y lo consiguió alinear con otros gigantes internacionales, los llamados BRICS, (Brasil, Rusia, India y China).
El destino del presidente cambió cuando fue detenido en 2016 por corrupción y blanqueo de capitales. Una investigación sobre la trama de la petrolera estatal Petrobras que salpicaba a varios miembros del PT. Acabó ingresado en prisión y, dos años más tarde, condenado, lo que le sacó de la carrera presidencial que finalmente ganaría Bolsonaro. En 2019, el Tribunal Supremo revocó todas las condenas alegando que no se habían respetado los derechos de Lula, que finalmente salió de prisión y desbancó a Jair en 2022.
Actualmente, el mandatario es el blanco de críticas de sus adversarios más radicales. Tal fue el caso de la áspera ofensiva discursiva del mandatario argentino, Javier Milei, que aprovechó su discurso durante el mitin del principal candidato opositor brasileño, Flávio Bolsonaro, hijo mayor del exgobernante ultra Jair Bolsonaro, para llamar a Lula "ladrón", entre otros agravios. Frente a este calificativo, el dirigente progresista llamó a consultas a su embajador en Buenos Aires y convocó al embajador argentino en Brasilia.
Nuevamente, el vicepresidente moderado Geraldo Alckmin, del Partido Socialista Brasileño (PSB) será su compañero de fórmula. El que fuera rival de Lula en las elecciones de 2006, mantiene una postura más neoliberal y pro mercado, aunque en 2022, tras una dura derrota electoral contra Bolsonaro, cambió de partido y se presentó como vicepresidente de Brasil en la fórmula presidencial de Lula.
Desempleo en mínimos, pero la deuda al alza
Aunque los índices de pobreza y desempleo han tocado mínimos históricos, Brasil soporta el peso de las altas tasas de interés, actualmente en un 14,25 % anual, producto de las presiones inflacionarias y de los conflictos internacionales. A esto se le suma una evidente desaceleración económica: el Producto Interior Bruto (PIB) de Brasil creció un 2,3 % en 2025, ante el 3,4 % registrado en 2024, y las previsiones para este año electoral proyectan un 2 %.
Entre otros desafíos, la salud financiera del país se convierte en el gran campo de batalla de la campaña, en la que Lula deberá defender la continuidad de su modelo frente a los reclamos de extrema disciplina fiscal. El deterioro de las cuentas públicas se perfila como el flanco más vulnerable para sus aspiraciones de reelección y uno de los principales argumentos de ataque para la oposición, junto con la seguridad. A pesar de las promesas del mandatario de alcanzar el equilibrio el déficit fiscal, que roza el 10 % del PIB, y la deuda pública, ya en el 82 % del PIB, amenazan con empañar los logros sociales de su gestión.
En el otro lado del tablero electoral, hay división
La derecha ha perdido a su máxima referencia, tras la inhabilitación y condena de Jair Bolsonaro, quien cumple prisión domiciliaria tras ser sentenciado a 27 años de cárcel por intento de golpe de Estado contra Lula tras perder los comicios de 2022. El panorama de la oposición continúa dividido de cara a las elecciones presidenciales del 4 de octubre, a diferencia de la unidad que exhibe el oficialismo.
El principal adversario del actual presidente, y contra el que previsiblemente se medirá en la segunda vuelta, es Flávio Bolsonaro, que parte con una leve desventaja frente a su rival debido a sus problemas internos: sus disputas con su madrastra Michelle Bolsonaro, con un papel fuerte dentro del partido; y sus vínculos con un banquero en prisión preventiva por presunto fraude. Se cataloga a sí mismo como un "Bolsonaro más centrado", aunque ideológicamente no se distancia mucho de su padre. Su discurso está especialmente centrado, al igual que la mayoría de los líderes conservadores que han emergido en América Latina en los últimos años, en la seguridad.
El resto de candidatos conservadores se reparten entre el conservadurismo moderado y la derecha antisistema. Ronaldo Caiado, exgobernador de Goiás de 76 años, es un adversario histórico de Lula, con el que se enfrentó en las elecciones de 1989. Representará al Partido Social Democrático (PSD) que, ideológicamente, se posiciona en una postura más centrista que el PL.
Por otro lado, Romeu Zema, exgobernador del estado de Minas Gerais, el segundo más poblado del país, y representante del Partido Novo. Captará una parte del voto liberal por su cercanía al sector privado. Su familia es dueña del conglomerado empresarial Grupo Zema.
Por último, el agitador ultra Renan Santos, del Partido Misión. Es una suerte de De la Spriella colombiano, que ha captado un gran apoyo a través de redes sociales y que se autodefine como un "antiestablishment". Entre sus medidas más polémicas, propone eliminar ayudas sociales a los desfavorecidos y acabar con las cuotas raciales en la educación.
La única bandera común de estas corrientes son el repudio hacia Lula y el PT. Según los sondeos, ninguno de estos tres obtendría más del 5% del apoyo en las elecciones. Sin embargo, el apoyo de sus votantes será fundamental de cara a una previsible segunda vuelta entre Bolsonaro y Lula.