Alberto Tomba, la leyenda que se forjó en Cortina d'Ampezzo
- Recordamos la figura del mítico esquiador italiano, que cumple este viernes 59 años
- Juegos Olímpicos de Milano-Cortina d'Ampezzo 2026, en directo del 6 al 22 de febrero de 2026 en RTVE
Su nombre te lleva directamente a la década de los noventa, cuando sin saber muy bien por qué, podías acabar hablando de esquí en un país donde solo los Fernández Ochoa consiguieron un espacio de atención sobre los deportes de nieve. El nombre de Alberto Tomba fue, en aquellos años, un emblema mediático, deportivo... y extradeportivo.
Deportista magnético desde sus inicios, brillante en las pistas y perseguido por la prensa de todos los colores fuera de ella, Alberto Tomba pasa por ser uno de los esquiadores más grandes de todos los tiempos, y probablemente el más famoso. Tricampeón olímpico y dos veces campeón del mundo, Tomba dio sus primeros pasos sobre la nieve en Cortina d'Ampezzo, sede de los próximos Juegos Olímpicos de Invierno de 2026.
Nacido en Bolonia hace exactamente hoy 59 años, Alberto Tomba siempre ha resaltado la importancia de la familia y de sus padres, los primeros que llevaron a las alturas de Cortina d'Ampezzo a un niño que destacaba en todos los deportes que practicaba en la ciudad. Pronto se convertiría en una estrella mundial y quemaría las ruedas de su Ferrari Testarossa por las calles de su ciudad natal. Con solo 21 años ganó el bronce en el eslalon gigante del Mundial de Crans-Montana. Un año después explotó en los Juegos de Calgary '88.
Explotó 'La bomba' Tomba. El apodo pronto adquirió tintes sexuales en unos años en los que los rumores por su agitada vida nocturna no tardaron en dispararse. "Alberto Tomba no dice que no a las visitas femeninas en su hotel (...) está, según su entrenador, algo despistado y no muy concentrado para obtener la medalla de oro que es su objetivo en estos Juegos", se informaba en el programa resumen de TVE de las primeras mangas en Calgary. Tomba salió de Canadá con dos medallas de oro, en eslalon y eslalon gigante, y una cita con la patinadora alemana Katarina Witt. El primero, por cierto, tras comerse un pedazo de 'panettone' entre manga y manga. Cuatro años después, repetiría oro olímpico en el eslalon gigante de Albertville, donde también fue subcampeón olímpico en eslalon; y cerró su carrera olímpica con una nueva lata en eslalon en Lillehamer '94.
¿Sierra Nevada en Marruecos?
Serían años de éxito absoluto para Tomba. Nunca dejó de ganar. A sus triunfos olímpicos se le sumaron dos oros mundiales en Sierra Nevada en 1996, curiosamente silbado por el público español por unas polémicas declaraciones en las que el italiano apuntó que Sierra Nevada estaba cerca de Marruecos. El esquiador siempre aseguró que aquellas palabras se sacaron de contexto. Pese a todo, volvió a triunfar sobre la nieve.
Para los que reducían a Tomba a un mero producto mediático objetivo de las revistas del corazón, el boloñés se empeñó en dejar altísimos sus registros deportivos. Tomba alcanzó 50 victorias en la Copa del Mundo y 88 podios, siendo el cuarto esquiador en el ranking histórico masculino, por detrás de Ingemar Stenmark (86), Marcel Hirscher y Hermann Maier (54), e igualado desde este mismo jueves por el suizo Marco Odermatt, que alcanzó el medio centenar de victorias en Val Gardena. Mientras, eso sí, su vida privada tampoco dejó de dar titulares. El más grande fue su breve matrimonio con Martina Colombari, Miss Italia 1991 en un concurso en el que el propio Tomba formaba parte del jurado.
Pero la presión mediática y una relación de amor-odio con su deporte, desembocó en una retirada prematura. Lo dejó en la cumbre, como uno de los esquiadores del momento y con una nueva medalla mundial conseguida en casa y con fiebre, un bronce en eslalon en el Mundial de Sestriere de 1997, diez años después del conseguido en Crans-Montana, cuando se dio a conocer al mundo. Alargó su carrera sobre la nieve hasta 1998, cerrando una década explosiva, tan intensa, que fundió mentalmente a un esquiador que ya fue legendario en activo. Hoy cumple 59 años, intentando alejarse de los grandes focos, siempre cerca de la montaña y muy recordado por una Italia que recuerda a menudo cómo se llegó a cortar la emisión de un festival de San Remo para verle descender sobre la nieve con su impactante estilo, técnico y agresivo a partes iguales.