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Ciclismo | Vuelta a España 2020

Brillo sin diamantes

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Contador (d) se hace una foto con un aficionado en la presentación de La Vuelta
Contador (d) se hace una foto con un aficionado en la presentación de La Vuelta

En el hall del hotel donde a menudo se citan las estrellas del cine español para festejar sus premios, un barullo de gente hacía acto de presencia. Había hombrecillos con pinta de que les da el sol en la cara, brazos y piernas, durante su jornada laboral (o de entrenamiento) y había también quienes prefieren verlos por la tele. Todos mezclados, como si la presentación de la Vuelta fuese un plato de espaguetis con la que aderezar a base de una buena salsa. Abundante, eso sí, porque la organización de la prueba no se esperaba tal afluencia de personas.

[Vuelta a España 2020 en directo

Un aforo de unas 1.500 personas abarrotaba el precioso decorado. El atrezzo estaba acicalado con una bonita iluminación en la que los colores rojo, amarillo y azul predominaban sobre el resto. Como una especie de simbología secreta, los colores de la bandera española daban paso al azul de los lunares del maillot de la montaña. Todo eran claves. Como lo era la música de Norah Jones durante el periodo previo a la conexión con Teledeporte. ‘Come away with me’ se titulaba la canción que ponía el toque –realmente– elegante a la gala. In the night proseguía la canción. Todo eran claves[#EnLista: Las diferencias entre Tour, Giro y Vuelta 2020

Los rumores habían avanzado un territorio norteño e internacional que comenzaba en los Países Bajos. Desde los Países Bajos se desplazaron las autoridades neerlandesas –no en bicicleta como podían presumir en los tiempos de la crisis climática– para recordarnos que nuestra carrera, nuestra tierra, es una zona cálida. Tal vez no sean conscientes de la que está cayendo ahora mismo en el norte de España y de lo que puede caer, si se pone a ello, por los terrenos comanches de Euskadi, Galicia y Asturias aunque sea finales de agosto. Gota fría, gota caliente.

Todo vale en un terreno montañoso, sinuoso y sombrío para armar la marimorena en cualquier recodo. ¡Ah! También hubo un recuerdo –como es típico de estos eventos– hacia lo que hace 400 años fue una contienda armada y que ahora se ve como algo cercano a un hermanamiento, La Rendición de Breda pintada por Velázquez. Bueno, un toque edulcorado tenía que tener la salsa. No todo va a ser picante.

El Tourmalet es la gran apuesta

Los aspectos meramente deportivos de la gala comenzaron con un guiño al friki del ciclismo, en palabras de Perico, especialmente ingenioso en alguno de sus habituales saltos de protocolo. Un video de 30 segundos nos enseñaba por dentro lo que tantas veces ha pasado desapercibido en el Tour de Francia: el bar de la cima del Tourmalet, el cofre del tesoro. Allí donde todo aquel que no tiene prisa por llegar a la meta disfruta como un bendito; refrescos, cafés con leche normal, desnatada o de soja, los más pro de avena o, yo qué sé, crepes de chocolate. Porque los hay y están muy buenos.

La Vuelta volverá a la mítica cima francesa 25 años después de que Virenque se llevase un saco de puntos a 2.115 m de altitud, el techo de La Vuelta, por cierto. Una pena que el recorrido fuese filtrado 24 horas antes. A veces, la sorpresa merece una corta espera.

Presentado el recorrido de la 75ª edición de la Vuelta Ciclista a España 2020

Antes de que una de las incertidumbres de la velada hicieran presencia por el pabellón y se materializaran, como por arte de magia, ya se habían desvelado dos misterios: uno, el Tourmalet; el otro, que Mathieu Van der Poel tiene complicado –si no imposible– participar en la ronda española. Su actual equipo, en palabras de Javier Guillén, no va a ser invitado y quien podía tener interés deportivo y comercial en hacerse con sus servicios aseverara: “Me gustaría tenerlo con nosotros, pero no, es imposible. Son elucubraciones”.

Y es que, la incertidumbre, el runrún que sonaba entre bambalinas como si fuese ‘El Fantasma de la Ópera’ era que La Vuelta había invitado al evento (ergo, también blanqueado, que ahora está de moda) a Roberto Heras, cuádruple ganador de la ronda que fue desposeído por dopaje pero vuelto a habilitar por defecto de forma durante el proceso etc… a la vez que proyectaban videos de Chris Froome como vencedor de la edición de 2011 en detrimento de Juanjo Cobo. Bueno un lío.

El caso es que Heras, bejarano, fue recibido con aplausos y sonoros pitos en una enumeración de viejas glorias del ciclismo (también Valverde fue ovacionado) que homenajeaban los 75 años de la añeja carrera española. Joop Zoetemelk, ganador en 1979 compartió escenario con Sean Kelly, Perico, Indurain, Contador –el que más vítores recibió–, Mauri, Ángel Casero o Valverde entre otros. Llegaron, les aplaudieron y, casi todos, se fueron.

El Aubisque, el Tourmalet o La Farrapona mitigan la magia del Angliru

Indurain, Contador y Valverde se quedaron para comentar las etapas que empezaban a ser desveladas. Miguel presentó una bonita etapa que discurrirá por su Navarra natal; Contador hizo lo propio con su Angliru y Valverde con su… es Valverde, ¡qué más da! Es el ciclista español en activo más importante. Mikel Landa estaba con su equipo en Croacia mientras llegaba el momento en desvelar la decimonovena etapa –qué difíciles de pronunciar son los números ordinales–, esa cuyo final pasará por el pueblo de Roberto Heras.

Podría suponerse saldría a la palestra para narrarnos las bondades del puerto final –juez de la carrera por su lugar en los 3.245 km de recorrido de la Vuelta a España 2020– pero no. No sucedió. Ya había suficiente salsa en un recorrido duro y equilibrado para ser final de año y no se necesitaba más. Ni siquiera el Angliru, tan duro e imponente que, con la competencia del Tourmalet y el Aubisque, se queda sin magia, se hace un poquito más pequeño.

Como lo hace el mundo cuando llueve y ruge el viento, como las nubes y la lluvia fina lo hicieron durante todo el día en Madrid y que, a buen, seguro cubrirán parte del recorrido. No obstante, si el paisaje durante la prueba parece sombrío, recordemos las rubias cabelleras del séquito neerlandés y sus rojos mofletes que brillaron durante la gala. Rojo, amarillo y rojo, como la estética de la Vuelta pero con una vuelta –valga la redundancia– de tuerca hacia algo menos manido. El norte es cálido pero no garantiza sol.