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A 100 días para el chupinazo sanferminero Juan Carlos Unzué está en Pamplona apoyando una iniciativa solidaria de dos amigos, César Cruchaga y Patxi Puñal, que han organizado un torneo de padel para recaudar fondos para luchar contra la ELA, la enfermedad que sufre el exportero navarro.

Los Bancos de Alimentos acusan la falta de distribución por la huelda de transportes. Empiezan a escasear los productos básicos, sobre todos los frescos y con emergencias como la guerra de Ucrania también están bajando las donaciones para comprar. Distribuyen 20 productos esenciales, y la mayoría ya no les llega.

FOTO: Un empleado realiza un registro en el Banco de Alimentos de Barcelona en una imagen de archivo. David Zorrakino / Europa Press.

Una cadena de solidaridad que empieza y termina en el deporte está facilitando la llegada a España de las jugadoras de la selección de baloncesto en silla de ruedas de Afganistán. Hablamos con Latifa, la última en llegar y con el entorno de Nilofar, la primera en llegar. Nilofar juega en el club Bidaideak BSR. Entrevistamos al presidente Txema Alonso y al entrenador Adrián Yáñez.

Desde que comenzó la guerra en Ucrania, España ha acogido a unos 25.000 refugiados. Unos 135 llegaron la semana pasada en un convoy de taxistas que los recogieron en Polonia.  Algunos de esos conductores siguen en contacto con ellos y con sus familias de acogida y les ayudan incluso económicamente.

Los conductores les ayudan a hacer gestiones o les compran, por ejemplo, material escolar. Nataly, una de las refugiadas, está muy agradecida con la acogida que le han dado en España,  aunque está preocupada por el futuro de su marido, que sigue en Ucrania.

Desde que ella y su familia dejaron Járkov, uno de los primeros objetivos rusos, han pasado varias semanas. Ahora tienen una nueva casa gracias a los taxistas que les acompañan y les ayudan a olvidarse, un poco, del horror de la guerra.

Foto: un taxista (al fondo) coloca una pegatina con los colores de la bandera de Ucrania en la capilla de su coche antes de partir en caravana con artículos de primera necesidad hacia Polonia, para ayudar a los refugiados ucranianos, este viernes, en la Terminal T4 del aeropuerto de Madrid Barajas Adolfo Suárez. EFE/ Sergio Perez.

En la frontera norte de Rumanía con Ucrania, cientos de ucranianos pasan la noche tras salir de la zona donde hace solo unos días se bombardearon varias bases áreas. Sofía o Víctor son algunos de los hijos de Anna, que cuenta que desde el martes esperan un autobús que los lleve a Portugal. Los niños juegan e intentan evadirse. Llaman la atención sus caras de felicidad entre los juguetes que un grupo de voluntarios ha llevado hasta un hotel de 5 estrellas, reconvertido en centro de acogida. Han estado con ellos los enviados especiales de RNE, Laura Alonso y Sergio Jiménez.

María Tejada, de ACCEM y Margarita de la Rasilla, de ACNUR, organizan la acogida de los ciudadanos ucranianos que están llegando al centro de Pozuelo, en Madrid. Las dos coinciden en que está siendo un trabajo intenso, agotador tanto física como emocionalmente, pero ágil, porque todos los actores implicados están respondiendo muy bien. “Son familias separadas”, dicen, al explicar que llegan mujeres y niños que se han visto obligados a dejar a la mitad de la familia en el territorio de la guerra: “Necesitan que les escuchen (…) Ves el sufrimiento y en sus ojos”. Con respecto al cambio con respecto a la llegada de refugiados de otros conflictos, las dos coinciden en que se pondrá aprender mucho de la experiencia actual: “En menos de 24 horas la gente tiene concedido el permiso temporal. Es una oportunidad para aprender buenas prácticas en otros aspectos en los que hay muchos problemas. Mejor no olvidarnos de que a España llegan muchos refugiados”.

Ana y Elias viven desde hace unos días en Madrid con Lili y su madre Hanna, dos mujeres que salieron huyendo de Járkov hace casi un mes. Las han acogido en su casa y dicen estar encantados: “Son de la familia”. Lili estaba de vacaciones en Ucrania, en su país, cuando estalló la guerra. Consiguió sacar a su madre, recién operada. “Ella no quería venir, prefería morir en su país que salir de él”, nos cuenta Elias, que ahora intenta ayudar a Lili a hacer todos los trámites para que residan con todos los papeles en regla en España. “Cuando las acogimos, su madre estaba sobre unos palés, porque no puede moverse”, relata Ana. Su acogida se ha puesto en marcha de una forma rápida a través de una ONG. Ana y Elias dicen que sus hijos ya viven por su cuenta y que esta ha sido la mejor decisión para ayudar a quienes han tenido que dejar su hogar por culpa de la guerra. Ha estado con ellos Minerva Oso.

Miriam Benterrak es directora general de Programas de Protección y Atención Humanitaria. Nos cuenta en el Centro de Refugiados de Pozuelo que ahora mismo hay allí 340 personas, un 35% de ellas son niños. La mayoría son núcleos familiares. Los hombres no han podido salir de Ucrania y esto cambia las circunstancias habituales de los refugiados de otros conflictos: “Es importante pensar que eso es una dificultad añadida. Son núcleos familiares donde hay que poner la mirada en que son personas solas con niños a cargo. Hay que pensar muy bien en la escolarización y en el apoyo para su incorporación a la sociedad. Hay que pensar en su conciliación”. Añade Benterrak que el sistema de acogida necesita refuerzos para cubrir todos esos huecos. También habla del cansancio con el que llegan las refugiadas: “Cada vez nos encontramos con personas más cansadas, que han pasado por un proceso más complicado”. La gran mayoría quiere volver a su país y muchos cuentan con redes de apoyo en España y saben dónde quieren dirigirse cuando dejen este centro de acogida.

En la frontera entre Rumania y Moldavia, a solo unos kilómetros de Ucrania, ya no se observan las colas de hace un mes, cuando miles de personas huían de las primeras horas de guerra. Ahora encontramos a mujeres que vuelven por unas horas a sus ciudades en Ucrania, para recoger enseres de su casa o visitar a sus maridos. Son las historias de Tatiana o de Nasha, que han estado con nuestros enviados especiales a la zona, Laura Alonso y Sergio Jiménez.

  • La Asociación Española de Emprendimiento Rural y Sostenible (AEERS) ha lanzado la idea en la red social LinkedIn
  • Esta operación solidaria ha traído hasta España a 38 mujeres y niños que se han instalado en Bilbao, Gijón y Somiedo
  • El programa Emprende se emite los miércoles a las 01:30 horas en RTVE Play y en el Canal 24h
  • Guerra Rusia-Ucrania, sigue la última hora en directo

En el paso fronterizo de Medyka, el más multitudinario de Polonia, es fácil encontrar cooperantes y voluntarios españoles. El castellano es uno de los muchos idiomas internacionales que suenan en el ir y venir de personas y entre los tenderetes humanitarios que forman un pasillo desde el acceso de la frontera hasta el lugar donde los ucranianos cogen los autobuses. En uno de esos puestos conocemos a Paco Cervera, un voluntario español que trabaja con tres fundaciones. Han estado con él los enviados especiales de RNE, Fernando Martínez y Juan Miguel Sanz.

Dębica es un municipio de 66.000 habitantes al sureste de Polonia y capital de la comarca del mismo nombre. Adam Pieniążek es el vicepresidente de la comarca de Dębica. Nos cuenta que la región en la que se integran aún tiene margen para acoger a más refugiados ucranianos. "En el voivodato de Subcarpacia viven casi dos millones de polacos. Ellos tienen sus corazones abiertos y pueden acoger más gente", nos dice. Echa de menos más implicación de la UE y confía en que la situación cambie si Polonia se ve sobrepasada por la llegada de mujeres y niños desde Ucrania. Han estado con él los enviados especiales de RNE a la frontera, Fernando Martínez y Juan Miguel Sanz.