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Como en cualquier conflicto bélico, además de la batalla que se libra sobre el terreno hay otro concepto decisivo, el control del relato. Influir en las percepciones y decisiones resulta determinante en esta estrategia. Lo es para debilitar a un adversario, convencer a los aliados o a la propia población. En esta "guerra cognitiva" juegan un papel imprescindible para seperar propagnads de información las fuentes oficiales y el periodismo.

Las diferentes reacciones a la muerte de Jameneí reflejan lo que ha significado la figura del ayatolá. Para muchos ha muerto el líder religioso antioccidental, símbolo de la resistencia. Para otros, el gran represor que dirigió Irán con mano de hierro durante más de 36 años.

Se labró un fructuoso camino. Primero como diputado, luego como presidente, hasta llegar a ser líder supremo, el sucesor de Jomeini. Lo fue contra todo pronóstico porque, en un principio, no cumplía los requisitos que establecía la Constitución.

Como máxima autoridad política y religiosa del régimen, siempre ha defendido la línea dura. Ha aplacado cualquier intento reformista, ha reprimido a la oposición y ha asumido más control sobre las instituciones y la Guardia Revolucionaria.

En el mismo complejo donde Jameneí ha muerto estaba buena parte de la cúpula del régimen. En una reunión que llegó a oídos de la CIA y que fue decisiva para activar el plan de EE.UU. e Israel.

Trump y Netanyahu aseguran haber eliminado a 40 altos cargos iraníes. Entre ellos, piezas clave: el comandante de la Guardia Revolucionaria, el Jefe del Estado mayor, el ministro de Defensa y el responsable de Inteligencia. El ataque deja descabezado al régimen iraní, que ahora enfrenta un futuro incierto.

Foto: ATTA KENARE/AFP — Iraníes lloran la muerte de Jameneí en una plaza de Teherán

Son imágenes de 1953. Un golpe de Estado orquestado por la CIA y el MI6 británico acabó con el Gobierno —elegido democráticamente— de Mohammed Mosadeq, tras nacionalizar la industria petrolera iraní. Fue la llamada Operación Ajax, que fortaleció al sha de Persia y estableció una política más favorable a Occidente.

EE.UU. e Irán habían sido aliados durante la Guerra Fría, hasta 1979, el año de la revolución islámica. Los iraníes expulsaron al régimen del sah, y al poder llegó el ayatolá Jomeini. Ahí las relaciones se rompieron.

Entre las primeras muestras: la crisis de los rehenes en la embajada estadounidense. 66 estadounidenses retenidos 444 días. O el derribo, por parte de Estados Unidos, de un avión comercial que dejó 290 muertos, lo confundieron, dijeron, con uno militar.

En 1989, con la llegada de Alí Jamenei como sucesor del líder supremo no mejoraron las cosas. Irán formaba parte del "eje del mal". Lo dijo Bush en 2002, tras los atentados del 11-S. La Casa Blanca acusaba a Teherán de fabricar armas nucleares. Algo que ha mantenido estos años.

En 2015, Teherán firmó un acuerdo con el fin de limitar su programa nuclear. A cambio, se levantaron sanciones económicas, pero fue en 2018, en el primer mandato de Donald Trump, cuando Washington rompió con el pacto y declaró a la Guardia Revolucionaria iraní como organización terrorista.

Trump amenazó con destruir Irán tras culparle de atacar dos petroleros en el golfo de Omán. En 2020, autorizó matar a Qasem Soleimaní, comandante de la Guardia Revolucionaria.

Estos años, y tras las reiteradas acusaciones de Israel -de que Irán está fabricando una bomba atómica-, se han tensado aún más las relaciones. Sobre todo, después de la llamada 'guerra de los 12 días', en junio del 25, donde Tel Aviv y Washington atacaron instalaciones clave para el programa nuclear iraní.

Las protestas de principios de año no han hecho más que ahondar la brecha. La Casa Blanca, si cae el régimen, apoyará un futuro gobierno de transición con él a la cabeza: el heredero del sha de Persia.

La respuesta de Irán a la operación militar conjunta de Israel y Estados Unidos no se ha hecho esperar. Tras confirmarse la muerte del ayatolá Jameneí en los bombardeos, Teherán ha atacado diversas bases militares estadounidenses en Oriente Próximo. El país norteamericano tiene entre 40.000 y 50.000 efectivos desplegados en la zona.

FOTO: U.S. Navy/Handout via REUTERS

Es el momento clave de la operación que Estados Unidos ha bautizado como 'Furia Épica', el ataque del ejército israelí a la residencia del ayatolá Alí Jamenéi. Durante meses, Washington y Tel Aviv han planificado la estrategia de esta operación conjunta en Irán. Un ataque que, lejos de centrarse en instalaciones nucleares, tenía como objetivo derrocar el núcleo de poder de Irán. El factor sorpresa y el juego psicológico han sido clave en este operativo.

FOTO: Daniel Torok/The White House via AP

China es uno de los máximos interesados en la situación del Ártico. El deshielo permite abrir nuevas rutas marítimas y ya ha estrenado la llamada 'Ruta Polar de la Seda', que le permite llegar a Europa por barco en apenas 20 días. El país asiático considera que la política imperialista de Estados Unidos está beneficiándole, acercando a más países a una nueva relación comercial con China.

FOTO: REUTERS/Evelyn Hockstein

No es fácil ser oposición cuando el régimen mata o encarcela a todo el que discrepa. Por eso en Irán la mayoría de los disidentes están fuera, en el exilio. Eso, a su vez, les aleja de su pueblo. En esa difícil dinámica, los distintos grupos tratan de liderar un cambio que no termina de llegar.

Hanif Asyabani: "Sí que puede ser el momento del cambio del régimen, pero eso no es automático, tenemos que luchar y hay todavía un camino por andar". Habla desde Bruselas, allí trata de explicar a Europa que su presión sobre Irán suma, y mucho. Forma parte del Consejo Nacional de Resistencia iraní, que lidera una mujer: Marian Rajavi. Tienen grupos de resistencia dentro del país, grupos de jóvenes de entre 18 y 30 años en cada barrio.

Esa es una de las diferencias con la otra cabeza visible de la oposición. Reza Pahlavi es el heredero, el hijo del último sah iraní. Vive en Estados Unidos y apuesta por la intervención exterior para lograr que el ayatolá caiga. Su nombre ha cobrado fuerza con las protestas y él ya ha dejado claro que está dispuesto a volver, dice que es el único que garantiza una transición estable. El reinado de su padre no fue ajeno a la corrupción o a las violaciones de derechos humanos. Pero en un Irán con una población mayoritariamente joven, pesa más el desgaste de casi medio siglo de revolución islámica que los desmanes del último sah.

Hay más grupos disidentes, pero ninguno con un liderazgo contundente. En ese contexto, la oposición sí coincide en algo: que el régimen iraní está más débil que nunca y el cambio, más cerca.

Hasta que nombren a un sucesor del fallecido Alí Jameneí, hay tres hombres que llevarán las riendas de Irán. Son el presidente, el jefe del Poder Judicial y el representante de los clérigos: el ayatolá Arafi, de 67 años, forma parte del organismo que desempeñará las funciones del líder supremo.

"Es un tipo alineado con la línea dura del régimen, un miembro del círculo de confianza del líder supremo, una persona que le ha representado en diversas instituciones educativas y luego, sobre todo, había ocupado hasta este momento cargos tanto en el Consejo de Guardianes como en la Asamblea de Expertos", explica Ángeles Espinosal, excorresponsal de El País en Irán.

Está compuesta por 88 clérigos que designan al líder supremo. Son elegidos en las urnas, la última vez en 2024, aunque —como siempre en Irán— con filtro previo: solo permiten presentarse a los leales al régimen. Es un proceso opaco, solo hay un precedente, en el 89, entonces nombraron a Jameneí aunque no cumplía los requisitos religiosos que marcaba la constitución.

"Lo que ocurrió cuando murió Jomeini y se puso encima de la mesa al candidato Jameneí buscaba la estabilidad y la continuidad de la República Islámica. Ahora bien, ahora estamos en un escenario de supervivencia y en la supervivencia los Pasdarán van a reclamar su poder", señala el analista Daniel Bashandeh.

Los pasdarán, la Guardia Revolucionaria, han ido ganando influencia en las últimas décadas hasta controlar el poder militar, económico y político de Irán. Por eso el escenario es muy diferente ahora. También porque el régimen está más cuestionado que nunca por su propia población. La teocracia intenta sobrevivir mientras Estados Unidos e Israel se muestran implacables.

Foto: EFE/EPA/ABEDIN TAHERKENAREH

Celebraciones y derribo de estatuas del régimen frente a escenas de duelo y clamor de venganza. Así de divididos han reaccionado los iraníes ante la muerte del hombre que ha dirigido su país durante casi 40 años.

Entre lágrimas confirmaban su muerte en la televisión oficial. Medios estadounidenses revelan más detalles del ataque: la CIA localizó una reunión de Jameneí el sábado por la mañana e Israel apretó el gatillo. En el bombardeo mataron también a la hija, la nieta y el yerno del líder supremo.

El Ejército israelí dice haber eliminado a 40 altos cargos iraníes, incluidos el jefe del Estado Mayor, el ministro de Defensa, el comandante de la Guardia Revolucionaria o el responsable de inteligencia.

El régimen iraní anuncia 40 días de luto y promete represalias. Si lo hacen, Donald Trump amenaza con una respuesta militar sin precedentes.

Aunque la mayoría son interceptados, misiles y drones de Irán siguen golpeando la región. Esta es la destrucción que dejan en un barrio de Tel Aviv. Además de Israel, ha habido explosiones en ciudades como Riad, Doha y Dubái. Emiratos confirma varios muertos y decenas de heridos. Según el régimen iraní, han golpeado 27 bases americanas en la región. Los daños, insiste el Pentágono, son mínimos.

El secretario general de la ONU pide el cese inmediato de las hostilidades. Anoche, ante el Consejo de Seguridad, Irán denunció agresión y crímenes de guerra por parte de Israel y Estados Unidos, que defienden su actuación. China y Rusia condenan el golpe, pero no parecen dispuestos a una implicación directa.

Foto: EFE/EPA/ABIR SULTAN

Los expertos esperan una subida del precio del petróleo inmediata. Sería un efecto puntual y volvería donde está de forma muy rápida. Pero para que esto sea así deben pasar varias cosas: que el conflicto no escale más, que no se vean afectadas las instalaciones petroleras y que no impacte en el Estrecho de Ormuz, controlado en parte por Irán.

Pero esa subida del petróleo tendría un efecto dominó. Afectaría a los costes de producción de otros bienes, al transporte, el turismo. No hay que olvidar que por el Estrecho de Ormuz pasan muchas exportaciones de gas natural licuado.

Según lo que vaya pasando, las consecuencias económicas como inflación o estancamiento pueden ser muy graves.

Foto: Dado Ruvic/Illustration/REUTERS

El Ejército israelí ha proseguido este domingo con la Operación 'Rugido del León' y ha atacado el corazón de Teherán, con edificios oficiales como objetivo. Una zona donde se ubican sedes de instituciones y ministerios iraníes ha sido especialmente dañada, mientras que las sedes de la televisión iraní y de la Media Luna Roja también han sido alcanzadas.

El régimen iraní sigue contestando con el lanzamiento de misiles a distintas zonas de Israel, donde las defensas están mitigando el daño.

El ayatolá Alí Jamenei, el líder supremo de Irán, ha muerto tras un fuerte bombardeo sobre el edificio donde se encontraba. Tenía 86 años y ha dirigido los destinos del país durante casi cuatro décadas. Era el sucesor de Jomeini. El Gobierno iraní ha decretado 40 días de luto y el presentador de la televisión iraní ha anunciado su fallecimiento entre lágrimas.

Era la máxima autoridad política y religiosa del régimen iraní, y su cara más visible desde hacía décadas. Alí Hoseiní Jameneí nació en Mashad en una familia de clérigos chiíes y él mismo siguió esa estela desde joven.

Se formó en las ciudades santas chiíes de Najaf en Irak y Qom en Irán, donde fue discípulo de Jomeini. De la mano del Gran Ayatolá inició su activismo político contra el sah y estuvo encarcelado en varias ocasiones. Pero con el triunfo de la revolución se convirtió en una figura relevante: primero diputado, luego presidente durante dos legislaturas y, aunque su nombre no estaba entre los favoritos, fue elegido sucesor de Jomeini, para sorpresa de muchos.

Fue ascendido al rango religioso de ayatolá y desde entonces comenzó a fortalecer su posición. Amplió su control sobre las instituciones y sobre la Guardia Revolucionaria y limitó la influencia de las corrientes reformistas.

Bajo su mandato, Irán apostó por la influencia regional. Primero, desarrollando dos programas clave: el de misiles balísticos y el nuclear, pero también, impulsando al llamado Eje de la resistencia, una red de alianzas con regímenes como el de la Siria de los Asad y con grupos como Hizbulá, los hutíes o Hamás.

Jameneí ejerció su poder con mano de hierro reprimiendo a los movimientos opositores. Entre los últimos ejemplos, la represión de las protestas de 2022 tras la muerte de la joven Mahsa Amini, lo que solo aumentó la desafección con el régimen.