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El fiscal Deltan Dallagnol, responsable del caso Petrobras, ha acusado al expresidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva de ser el "comandante máximo" de la red de corrupción en la petrolera estatal, que movió miles de millones de dólares.

Lo ha dicho en una rueda de prensa en la ciudad de Curitiba después de que la Fiscalía de Brasil presentara cargos por corrupción pasiva, fraude documental y lavado de capitales contra el expresidente y su esposa, Marisa Leticia Lula da Silva, en una investigación sobre la propiedad de un apartamento en la playa que los fiscales le atribuyen y que el exgobernante niega poseer.

Los abogados de Lula, en un comunicado, han respondido que los cargos presentados por la Fiscalía "tienen motivación política", carecen de respaldo jurídico y son una "farsa".

El anuncio ha provocado manifestaciones en las calles de varias ciudades brasileñas para apoyar a Lula.

En Venezuela miles de personas se manifiestan en las calles para pedir un referéndum que aparte del poder a Nicolás Maduro. La crisis política en el continente americano alcanza también a Brasil. Trece años de gobierno del Partido de los Trabajadores han tocado fondo cuando el Senado Federal aprobó apartar del cargo a la presidenta Dilma Rousseff por mentir en las cuentas públicas. Informe Semanal analiza el legado del lulismo, sin perder de vista su relación con otros movimientos de izquierda en Sudamérica. Y para ello, entrevista al expresidente y actual ministro brasileño, Lula da Silva, que habla en exclusiva para Informe Semanal, entre otros expertos.

El nombramiento del expresidente de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva como ministro de la Presidencia en el Gobierno de su sucesora, Dilma Rousseff, ha provocado este jueves un nuevo choque entre el poder ejecutivo y el poder judicial, después de que un juez de Brasilia haya ordenado la anulación cautelar su designación como miembro del gabinete, un cargo que le permitiría blindarse ante la justicia ordinaria pese a su implicación en varios casos de corrupción.

Brasil está envuelto en una crisis política al más alto nivel. A la decisión de la presidenta de aforar a su mentor, a José Ignacio Lula da Silva, envuelto en una investigación por presuntos delitos de corrupción, nombrándole jefe de su gabinete, hay que sumar las comprometidas conversaciones entre ambos que se han hecho públicas, en las que Dilma Rouseff trata de evitar la detención de Lula. El terremoto político y social ha sido inmediato. Miles de personas han salido a la calle pidiendo justicia y dimisiones. La Cámara de Diputados ha anunciado que retoma los trámites para un eventual juicio político con miras a la destitución de la presidenta.

La presidenta brasileña, Dilma Rousseff, intervino para intentar evitar una posible detención de su antecesor y padrino político, Luiz Inácio Lula da Silva, según sugiere una grabación de una conversación telefónica entre ambos grabada legalmente por la policía y divulgada hoy por la Justicia.

En la conversación, Rousseff le dice a Lula que le envió con un mensajero un documento con su nombramiento como ministro de la Presidencia para que lo use "en caso de necesidad".

Cientos de personas se han concentrado este miércoles frente a la sede del Gobierno brasileño para protestar contra la decisión de la mandataria Dilma Rousseff de nombrar ministro a su antecesor y padrino político Luiz Inácio Lula da Silva.

El numeroso grupo se ha agolpado frente al Palacio de Planalto con carteles contra la corrupción, contra Rousseff y contra Lula, convocados por algunos de los movimientos que el pasado domingo organizaron las manifestaciones contra el Gobierno que llevaron a las calles de todo el país a cerca de 3,5 millones de personas.