arriba Ir arriba

Desde que hace ya casi 70 años EE.UU. frustrara los intentos del entonces comunista coreano Kim Il-sung de apoderarse desde el Norte de toda la península de Corea, el odio irracional ha sido la única sílaba en la relación entre Pyongyang, el refugio de los derrotados norcoreanos, y Washington, los valedores del Sur. Imágenes en blanco y negro quedan en una memoria épica fabricada por los descendientes Kim, convertidos en dinastía, Kim Jong-il y el actual Kim Jong-un, protagonista este martes junto al estadounidense Donald Trump del primer encuentro entre ambas naciones, enemigas acérrimas y mutuamente demonizadas. /0 años que podrían concluir con esta puesta en escena a todo color y cargada de esperanzas, sobre todo la de la desnuclearización de Corea del Norte. Paradójicamente, fueron las armas nucleares de Kim Jong-un, fabricadas en una carrera contrarreloj, la llave de estas voluntades, activadas para desactivar a su vez esta capcidad de exterminio. Otro capítulo será la apertura y la reintegración de la población norcoreana a la realidad ordinaria del mundo moderno, y su redención económica. Durante un tiempo, cuando la URSS reinaba en el Este, Corea del Norte fue tierra de promisión por su desarrollo aparente. Desaparecida la unión de los soviets, queda, como un fósil, aplastada ante el despegue económico de sus hermanos del Sur y su desarrollo. Quizás en un hábil giro de estrategia política, y quizás en un último aliento, unas bombas atómicas han perfilado lo que podría ser una salida digna.

El presidente estadounidense, Donald Trump, y el líder norcoreano, Kim Jong-un, han mantenido este martes en Singapur una cumbre histórica que pone fin a 70 años de hostilidades y podría abrir la puerta a la desnuclearización de Corea.

A falta aún de un comunicado oficial y tras tres horas y media de encuentros, en privado y con las respectivas delegaciones, ambos mandatarios se han mostrado satisfechos. "Fantástica, mejor de lo que cualquiera podría haber imaginado", ha respondido Trump a las preguntas de los periodistas sobre el resultado de las conversaciones, que han comenzado con un apretón de manos.