Naturaleza y arquitectura van de la mano en esta ciudad, la de los cien campanarios. El mejor ejemplo es el Oratorio de St. Joseph, que tiene una de las cúpulas más grande del mundo acariciando la roca de la montaña. Ahí es nada. Es la segunda villa francófona más importante del planeta y está en Norteamérica, reivindicando su historia y su diferencia a base de cultura y más cultura. Su legislación, la revolución tranquila y su carácter mestizo han hecho de Montreal uno de los enclaves más liberales del continente.
Su historia es de novela. Estando en Timor Oriental con una misión de paz de la Guardia Civil conoció a una policía montada canadiense...
Se conocieron por carta, estuvieron 10 años escribiéndose y se casaron. Eso fue hace casi 40 años, y hasta hoy.
Estudió comunicación audiovisual pero en Madrid no encontraba trabajo. Se fue a Canadá a probar videojuegos y cobrando por ello.
Dos días después de llegar a Montreal ya tenía trabajo... Ahora, cuenta, no sería posible, ni con papeles...
Empapada de españolidad a pesar de haber llegado a Montreal con sólo 5 años, Cristina, ha ido y ha vuelto varias veces.
Es arquitecto y ha reformado las entrañas de Montreal: la ciudad subterránea, una curiosidad urbanística para sobrellevar el invierno.
Entre Brasil, Málaga y Montreal pasa su vida Hernando. Llegó por amor hace muchos años pero sigue echando de menos su tierra, su pescaíto y al Real Madrid.
Cambió su vida cuando conoció a Chantal. Dejó Tarragona y se fue a Montreal, dejó el banco y se convirtió en profesor de historia.
Cantaor de flamenco conquense en Montreal. Y esto no es nada, antes fue pastelero, instalador de aire acondicionado y... futbolista.