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Franco

Así es el cementerio de Mingorrubio

  • En sus casi 20.000 metros cuadrados de superficie se condensan un gran número de altos cargos del franquismo
  • Junto a la tumba de Carmen Polo se dispuso otra que el dictador siempre creyó que sería para él

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Las mañanas de RNE con Íñigo Alfonso - El cementerio de Mingorrubio

Visitamos el cementerio de Mingorrubio Pequeño, con una pequeña iglesia y encinas centenarias, más de dos 2.000 nichos, sepulturas y panteones y un único trabajador que se encarga de su mantenimiento. Un sitio muy tranquilo al que no acuden al día más de diez personas.

Aquí se reúnen docenas de personalidades de la dictadura. Una maceta preside la tumba del ex presidente del gobierno Carrero Blanco. Un poco más allá la de Arias Navarro. A los flancos hasta seis ministros del franquismo. Y es que en estos casi 20.000 metros cuadrados de superficie se condensan un gran número de altos cargos, comenzando por Carmen Polo cuyos restos descansan en un enorme panteón privado, justo a la entrada.

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Un panteón de 11 millones de pesetas

El panteón es un edificio de granito levantado en 1969, lujoso pero no ostentoso con un interior parco en decoración. Una docena de bancos frente a un pequeño altar y un Cristo de madera bajo una lámpara con forma de corona de espinas. En un lateral, la puerta que conduce a la cripta privada de la familia y allí, junto a la de su esposa, la tumba que se dispuso para Francisco Franco y que el dictador siempre creyó que sería para él.

Para explicar esta historia hay que remontarse en el tiempo. Mientras se gestaba la nominación de Juan Carlos de Borbón como sucesor de Franco se preparaba al tiempo una tumba con el más absoluto sigilo. El lugar era el recién estrenado cementerio de Mingorrubio. Así queda constancia en los documentos que conserva el Archivo de la Villa donde se presenta el proyecto de construcción del panteón por 6,88 millones de pesetas "por orden de la Superioridad". Una cantidad a la que se sumaron otros 4,5 millones en ornamentación, obra de los más afamados artistas de la época.

La construcción reunía las mejores calidades: mármol, granito pulimentado, faroles y rejerías de hierro forjado y presidido por una imagen de la virgen del Carmen. Documentos que prueban la voluntad de Franco de establecer aquí su lugar de reposo aunque al final sus restos terminaran en el Valle de los Caídos. Una cripta que en la actualidad es propiedad directa de Estado después de que el pasado mes de mayo se publicara un decreto que desvincula la concesión de su titular previo, Patrimonio Nacional.

Los otros enterrados en Mingorrubio

Pero Mingorrubio no es sólo el panteón de la familia Franco. Aquí descansan los Fierro, López Madrid, los Alcocer, los Cortina o el dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo. También hay enterrados historiadores como Jover Zamora, el pintor Daniel Vázquez Diaz, el periodista y dramaturgo Joaquín Calvo Sotelo o Francisco Tomás y Valiente. Incluso estuvo aquí Francisco de Asís de Borbón y Martínez Bordiú, hijo del duque de Cádiz que fue trasladado luego al Monasterio de las Descalzas Reales. Muy cerca la tumba de una familia entera. Todos, padres, hijos y abuelos, murieron en un accidente de tráfico.

La policía lo vigila ahora día y noche. A los vecinos de este barrio residencial, una colonia construida en su día para los militares aunque hoy convivan en ella personas de todo tipo, no les gusta hablar del tema y lo único que piden es que todo esto no rompa la armonía. Y es que, aunque de momento todo discurre con tranquilidad, los vecinos temen que pueda convertirse en una peregrinación. Pero al único operario del cementerio no le preocupa el tema de la seguridad. Las familias de los enterrados no cree que pongan impedimentos y los Franco no pasan nunca por aquí, sólo el administrador de la familia, nos cuenta, viene una vez al año a traer unas flores. Además se encuentra apartado del núcleo urbano al que se accede por una única carretera que obliga al visitante a cruzar varios complejos del ejercito y la guardia civil. Serán los primeros días. Luego, dice, todo volverá a la normalidad.​