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50 aniversario de la llegada la Luna

América contra la Luna del hombre blanco

  • Entre el 55% y 60% estadounidenses no apoyaban el gasto de la carrera espacial en los años 60
  • Artistas y escritores reflejaron ese descontento en sus creaciones

Por
Gil Scott-Heron, considerado el padrino del rap y autor de "Whitey on the moon"

Tan pronto como Neil Armstrong holló la superficie, el polvo lunar lo ocultó todo. El éxito científicola victoria política, y el impacto mediático, enardeció a los ciudadanos. El hombre estaba en la Luna. Misión cumplida. Pero, ¿se vivía el mismo entusiasmo durante la carrera espacial previa al alunizaje?

La respuesta es, sencillamente, no. Y mayoritariamente.  A lo largo de los años 60, las encuestas reflejaban que entre el 55% y 60% de los estadounidenses pensaban que el esfuerzo no merecía la pena y que el gasto era excesivo. Las cifras son estas: en 1963, de cada tres dólares que el gobierno gastaba en ciencia e investigación, uno iba para gasto militar, otro para la NASA y otro para todo lo demás, incluyendo investigaciones médicas. Y, durante cinco años, el presupuesto espacial se multiplicó por diez.

En 1962, JFK pronunció uno de sus históricos discursos ("We choose to go the moon"). Pero cinco años después, el país era otro, uno más turbulento: magnicidios, los muertos de Vietnam, la lucha por los derechos civiles y, en medio, un programa millonario que fundía dinero público sin medida. El pie de Armstrong sepultó una pregunta que, en realidad, todavía tiene sentido: ¿A quién beneficiaban las costosas misiones de la NASA?

El activismo afroamericano fue una de las puntas de lanza contra la carrera. Gil Scott-Heron, poeta, música y padrino del rap, grabó en 1970 Whitey on the moon, la canción que puede considerarse el himno de la oposición.

“Una rata mordió a mi hermana Nell, y el hombre blanco está en la Luna/ No puedo pagar las facturas del médico, pero el hombre blanco está en la Luna”. Los poderosos versos del tema fueron rescatados el año pasado por Damien Chazelle en First man, su película sobre la epopeya de Armstrong, para recordar que no todo fueron celebraciones.

Cuando 200 manifestantes afroamericanos marcharon a Cabo Cañaveral para protestar por el lanzamiento del Apollo 14, un líder proclamó: "América envía vagos chicos blancos porque lo único que hacen es mirar rocas lunares. Si hubiera trabajo que hacer, mandarían a negros".

Un "acto nihilista" y "un fracaso de la razón"

Escritores e intelectuales mostraron su descontento. Un autor de ciencia ficción tan renombrado como Stanislaw Lem escribió: “No tenemos necesidad de otros mundos. Necesitamos espejos. No sabemos qué hacer con otros mundos. Un solo mundo, el nuestro, nos basta; pero no podemos aceptarlo por lo que es”.

El siempre polémico Norman Mailer consideraba el proyecto como “el más profundo de los actos nihilistas, porque no sabemos por qué lo hacemos”. Solo tres días antes del lanzamiento del Apolo 11, Kurt Vonnegut escribió un artículo en The New York Times que el dinero empleado debería haber sido usado “para limpiar nuestras sucias colonias aquí en la Tierra”.

Los golpes contra no venían solo de la izquierda. También la comunidad científica protestaba. El Nobel de Física Max Born calificó el programa Apolo como un “triunfo del intelecto, pero un trágico fracaso de la razón”.

Pero la historia nunca termina de escribirse. En una encuesta de Gallup de 1989, veinte años después del viaje del Apolo 11, el 77% de los estadounidenses celebraban el esfuerzo económico que supuso. Y el porcentaje no ha hecho sino aumentar. Cincuenta años después, la bandera y las huellas permanecen en el satélite terrestre; la historia de su oposición, casi está olvidada. 

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