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Provocación surrealista en el Palacio de Gaviria

  • Una exposición en Madrid recorre las obras de surrealistas y dadaístas
  • Duchamp, Dalí, Magritte o Man Ray, representados en esta amplia muestra

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Réplica de la Sala Mae West realizada por el arquitecto Óscar Tusquets para la exposición Jesús Varillas

En el Manifiesto Surrealista, en 1934, André Breton apuntó la siguiente declaración de principios: “Creo en la futura armonización de estos dos estados, aparentemente tan contradictorios como son el sueño y la realidad, en una especie de realidad absoluta, en una surrealidad”.

En este universo onírico y fantástico, iconoclasta y ecléctico, con límites desdibujados entre el arte y la existencia, cabalgan con irreverencia surrealistas y dadaístas.

Dos movimientos nacidos a principios del siglo XX-ante y contra las guerras mundiales- con afán de ruptura del orden establecido y enarbolando la libertad de espíritu por bandera.

En el Palacio de Gaviria de Madrid (c/Arenal,9) se concentran desde este martes los nombres imprescindibles de esta revolución, iniciada hace cien años y que sigue suscitando sorpresa y provocación: Duchamp, Magritte, Dalí, Ernst, Tanguy, Man Ray, Picabia, Calder, Schwitters, Höch, Bulmenfled y Janco, Picasso, Miró….

La exposición Duchamp, Magritte, Dalí (Hasta el 15 de julio) apabulla por la concentración de obras maestras, aunque los artistas abjuraron con ahínco de este término. Lo cierto, es que aquí se puede disfrutar de El castillo de los Pirineos (Magritte, 1959), del Ensayo Surrealista (Dalí, 1934), de numerosos trabajos de Man Ray o de la relación entre la naturaleza y los cuerpos celestes plasmada por Miró, entre otros.

180 piezas que han viajado del Museo de Israel en Jerusalén vía donación por el erudito, poeta y galerista Arturo Schwarz, que mantuvo una estrecha amistad con muchos artistas, entre ellos Duchamp, con el que entablaba enconadas partidas de ajedrez. Schwarz, de 94 años y residente en Milán, atesora una de las mayores colecciones del mundo de arte surrealista y dadaísta. 

"Un sueño bello pero inalcanzable"

Esta exposición también esconde una visita sorpresa dentro del propio itinerario. Se trata de una réplica de la icónica Sala Mae West creada por Dalí y el prestigioso arquitecto catalán Óscar Tusquets en 1975 para el Museo de Figueras [Ver imagen que encabeza la noticia].

En la de Madrid, los visitantes pueden verse reflejados en una pantalla recreando la ilusión de encontrarse en el interior del cuadro, un guiño con el que soñó Dalí.Tusquets, de 77 años, relata con gracia la gestación de un espacio que reproduce la cara de la actriz Mae West representada en una pintura.

El arquitecto señala que ante su propuesta, el genio de Cadaqués se mostró “superentusiasta” y se implicó de lleno realizando los dos cuadros de fondo que muestran dos vistas de París. Es tal el éxito de la Sala que el también diseñador y escritor la ha replicado en París o Roma y es una de las más visitadas de Figueras.

Una vuelta de tuerca surrealista con la que el veterano Tusquets rememora una época de máxima efervescencia creativa. “Fue un momento privilegiado y de una revolución tremenda y esto solo pasa cada cuatro siglos”, apunta a RTVE, y califica la exposición de “extraordinaria” porque están todos los artistas representados.

Una muestra dividida en secciones temáticas a la que se añade el aliciente del contexto del propio Palacio de Gaviria del siglo XIX. Sus frescos en el techo y sus grandes espejos dorados introducen “más surrealismo y añaden esencia”, explica Adina Kamien-Kazhdan, comisaria de la exposición.

En un recorrido laberíntico y circular, el visitante se topa con la sala consagrada al Deseo: la musa y la violencia, pintada en rosa “sexo” e instalada en la capilla del Palacio. En este espacio se sublima el placer erótico y las inhibiciones inconscientes espoleadas por las teorías freudianas sobre la sexualidad, recogidas por artistas como Picasso y donde destaca la intrincada foto Dalí y la calavera (1951) de Philippe Halsman.

El espíritu poético de los objetos 

Una de las secciones más magnéticas es la dedicada a las Yuxtaposiciones maravillosas, donde el dadaísmo explotó los incipientes procesos de fabricación industrial en cadena y los reubicó en material poético. Es el mundo de los collages y montajes.

“Es el principio del arte conceptualista donde se presta más atención a lo que piensa el artista sobre el objeto, más que la mano de obra empleada para realizarlo”, señala Adina Kamien-Kazhdan, también doctora de Arte Moderno del Museo de Israel.

Los ready made de Marcel Duchamp, obras realizadas con objetos de la vida cotidiana, se desmarcan de los dadaístas por la radicalidad de su innovación que ha calado en las vanguardias actuales.

El autor francés crea metáforas visuales tan hermosas como “el encuentro casual entre una máquina de coser y un paraguas en una mesa de operaciones”. De nuevo, la perla es de Breton.

Preside la sala, en un lugar central, la Rueda de bicicleta de Duchamp que combina dos objetos fabricados en serie en un proceso documentado por el artista.

“En 1913 tuve la feliz idea de atar una rueda a un bicicleta un taburete de cocina y verlo girar (…) La obra también era una especie de reductio ab absurdum del deseo futurista de representar el movimiento”, en palabras del creador y maestro de ajedrez.

Percepciones ilusorias

Las excepcionales pinturas de Ives Tanguy que reflejan la naturaleza y se tornan cada vez más lúgubres y fantasmagóricas con la cercanía de la Guerra, sobresalen en Biomorfismo y metamorfosis centrada en lo orgánico y el valor mágico que el surrealismo achacaba a lo híbrido.

También asoma el arte de la escritora y pintora Leonora Carrington, que muestra en sus obras atormentadas escenas con influencias de los cuentos de hadas.

La libertad de la imaginación frente al yugo de la razón es proclamada en Automatismos. En este caldo de cultivo, Man Ray y otros fotógrafos experimentaron con nuevas técnicas como la solarización y los efectos visuales en aras de la ambigüedad.

Y cierra esta crónica, de nuevo, entre el sueño y la realidad. Paisajes oníricos juega con la percepción ilusoria y rinde homenaje a la maestría de Magritte.

Pinturas, aparentemente sencillas, repletas de complejas asociaciones como su monumental El castillo de los Pirineos, donde una gigantesca roca flotante sobre el océano cuestiona el misterio“Es una de las imágenes arquetípicas del surrealismo como sueño bello pero inalcanzable”, concluye la comisaria.

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