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Contaminación en un atardecer en Barcelona.
Contaminación en un atardecer en Barcelona. Getty Images/Hemera Thinkstockphotos

La contaminación atmosférica de los cruceros se extiende a 400 km de Barcelona

  • Usan fueloil pesado y provoca una alta concentración de partículas

  • La contaminación llega a Pirineos, Aragón y Comunidad Valenciana

  • Los cruceros deberían usar gas, pero solo existe un barco que lo haga

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Los grandes cruceros que llegan al puerto de Barcelona contaminan el aire hasta 400 kilómetros más allá de la ciudad condal. Así la contaminación llega hasta los Pirineos, Aragón y Comunidad Valenciana, según han denunciado este martes organizaciones ecologistas y vecinos.

De las mediciones de la calidad del aire llevadas a cabo en el puerto de Barcelona, se desprende que hay concentraciones de hasta 428.000 partículas ultrafinas por centímetro cúbico cerca de las terminales de cruceros del puerto, que en la mañana del martes albergaba cinco cruceros y esperaba un sexto para la tarde.

Es uno de los datos expuestos en rueda de prensa por María García, de Ecologistas en Acción de Cataluña; el doctor Axel Friedrich, de la Unión para la conservación de la Naturaleza y la Biodiversidad (Alemania), y el presidente de la Federación de Asociaciones de Vecinos de Barcelona, Lluís Rabell.

Según el estudio, estos niveles superan, "muy de largo", la concentración de partículas que se pueden dar en una calle con un alto nivel de circulación de vehículos, como la avenida Meridiana de Barcelona, con entre 20.000 y 30.000 partículas, ha explicado Friedrich.

En cambio, una ciudad como Berlín (Alemania) registra en el centro una concentración de unas 6.000 partículas en suspensión, ha precisado el experto alemán.

Los cruceros usan fueloil

Esta denuncia se ha hecho pública coincidiendo con el inicio del Congreso GreenPort en Barcelona, donde se analizarán las repercusiones medioambientales de los cruceros y otros transportes marítimos de las ciudades portuarias, entre otros aspectos.

El responsable de Medio Ambiente del Puerto Autónomo de Barcelona, Jordi Vila, ha asegurado a los periodistas, por su parte, que esta institución estudia desde 2006 las dos alternativas más viables para que los cruceros no contaminen el aire cuando están atracados: su conexión a la red eléctrica o cambiar el combustible de gasoil a gas.

Según Vila, la mejor opción es la utilización de gas, ya que el puerto de Barcelona cuenta con grandes depósitos de este combustible, aunque por el momento sería difícil de aplicar porque solo un barco de cruceros, en el Mar Báltico, está preparado para funcionar con gas.

Los cruceros y otras embarcaciones que operan en el puerto barcelonés utilizan fueloil pesado, que contiene hasta 3.500 veces más azufre que el diésel que usan los automóviles y camiones, ha indicado García, que ha añadido que, al quemarse, ese tipo de combustible emite altas cantidades de contaminantes tóxicos en el aire, como el dióxido de nitrógeno, partículas, dióxido de sulfuro y otros hidrocarburos peligrosos.

Consecuencias de la contaminación

Estas emisiones afectan a la salud humana, a la agricultura, los ecosistemas y contribuyen al cambio climático, ha precisado la ecologista, que ha añadido que los barcos cruceristas mantienen sus motores en marcha continuamente para mantener todos sus sistemas eléctricos funcionando mientras están atracados en el puerto.

Los barrios cercanos al puerto de Barcelona son los más afectados por esta contaminación del aire, si bien se ha constatado que las emisiones llegan hasta unos 400 kilómetros más allá e incluso hasta los Pirineos.

Jordi Vila ha afirmado que los barcos atracados en Barcelona solo pueden consumir gasoil, según una directiva de la UE del año 2010, lo que ha hecho descender las emisiones en el puerto, aunque ha reconocido que las partículas y el óxido de nitrógeno son "un problema".

Rabell ha considerado, por su parte, que estos datos deberían preocupar a los responsables políticos y ha opinado que "es inaceptable" la exposición a la contaminación a la cual se somete a los habitantes de Barcelona, especialmente a los barrios más próximos al puerto. "Nuestra salud no se puede poner en juego", ha rematado.

Las organizaciones ecologistas y vecinales denuncian también la falta de regulación, evaluación y control ambiental que existe sobre los cruceros, que a veces transportan una población similar a la de una pequeña ciudad, pero que no deben cumplir las mismas exigencias ambientales.

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