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Alfredo Pérez Rubalcaba

Adiós a la política para recuperar la química

  • Rubalcaba dejará en septiembre su escaño y volverá a la universidad
  • Se despide tras 21 años como diputado y cuatro décadas en las filas del PSOE
  • A sus 63 años, esperará la jubilación impartiendo lecciones de Química

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Alfredo Pérez Rubalcaba cruza una puerta en el Congreso tras su anuncio de que dejará la vida política
Alfredo Pérez Rubalcaba cruza una puerta en el Congreso tras su anuncio de que dejará la vida política REUTERS REUTERS

Alfredo Pérez Rubalcaba (Solares, Cantabria, 1951), ha dicho dos veces adiós a la política en apenas un mes. Después del varapalo electoral que encajó el PSOE en las últimas elecciones europeas, el que ha sido ministro con dos presidentes socialistas, vicepresidente, candidato a las generales y líder de la oposicón dimitió como secretario general socialista. Este jueves ha anunciado que dejará su escaño en el Congreso y que en septiembre volverá a la universidad. Dos entregas para el adiós a la política de alguien que lleva más de media vida dedicado a ella.

Como últimos servicios al Estado y a su partido, en estas últimas semanas Rubalcaba ha servido como lubricante político para facilitar el proceso de sucesión en la Corona y también el que supondrá su propio relevo en la familia socialista.

Ahora que se acabó su química personal con la política y llegan nuevos tiempos, vuelve a la química a secas de su pasado. "Vuelvo a la Universidad", ha dicho en una escueta declaración ante la prensa en el Congreso de los Diputados.

Conocido como joven atleta en sus años jóvenes (velocista en la pista, corredor de fondo en la política), era sabido en su entorno desde hace tiempo, como él mismo ha dicho, que afrontaba los últimos metros de su carrera política, agotadas las fuerzas al servicio de un partido que, acuciado por los últimos resultados y la inminencia de un maratón electoral en 2015, demanda una regeneración en sus contenidos y en sus rostros.

Habiendo formado parte de varios gobiernos como ministro y vicepresidente, Rubalcaba no disfrutará de la retirada típica de un expresidente del Gobierno. Renuncia a instituciones políticas de cualquier tipo o, por el momento, a los famosos consejos de administración.

Retrocede por voluntad propia a posiciones muy anteriores en su currículo, de los tiempos en los que era profesor titular de Química Orgánica en la Universidad Complutense de Madrid -pasó estancias en Constanza (Alemania) y Montpellier (Francia)-.

Así, a sus casi 63 años pretende dejar el despacho del político por la bata del académico y sustituir la retórica parlamentaria, que dominaba, por la didáctica y quizá la investigación ocasional, al menos hasta que llegue su jubilación definitiva.

Figura clave del PSOE durante 40 años

Alfredo Pérez Rubalcaba sido diputado socialista durante las últimas cinco legislaturas, saltando por las circunscripciones de Toledo, Madrid, Cantabria y Cádiz, un cargo que ha homenajeado en su penúltimo saludo al escenario al considerar que no hay otro puesto "más importante, relevante y gratificante".

Aunque terminó en política, sus aspiraciones eran otras bien distintas. Rubalcaba es doctor en Química, formación que comparte con su mujer, Pilar Goya, directora del Instituto de Química Médica e investigadora del CSIC.

Ingresó en el PSOE en 1974, cuando contaba 23 años, y ocupó su primer cargo público con Felipe González, como director general de Enseñanza Universitaria en 1985. Pasó rápidamente a ocupar la Secretaría General de Educación y en 1992 se convirtió en ministro del ramo.

Como máximo responsable de Educación, promovió algunas leyes educativas como la Ley de Reforma Universitaria (LRU), la Ley Orgánica de Ordenación del Sistema Educativo (LOSE) y la Ley de Ordenación General del Sistema Educativo (LOGSE)

En 1996 sumó al Ministerio de Educación el cargo de ministro de la Presidencia y el de portavoz del Gobierno.

Con la llegada de Aznar al Gobierno, el PSOE le designó portavoz en el Congreso de los Diputados y se convirtió en cabeza visible de la oposición.

Siendo un político de acusado y reconocido olfato político, en 2000, en pleno proceso de transformación socialista con la elección como líder nacional de un entonces desconocido José Luis Rodríguez Zapatero, puso sus fichas en la casilla de José Bono, que compitió en primarias con Zapatero para hacerse con el control del PSOE.

Hombre fuerte con Zapatero

Pero, a pesar de no estar en el grupo que aupó a aquel joven desconocido a lo más alto del partido, Rubalcaba, lejos del destierro, se convirtió en pieza clave para Zapatero. Entró en el Comité Federal del partido y en el Comité Electoral y se convirtió en uno de los artífices de la victoria socialista en las elecciones de 2004.

Zapatero le nombró en la primera legislatura portavoz en el Congreso de los Diputados y después ministro de Interior, en 2006. Fue Rubalcaba el ministro que gestionó el alto el fuego de ETA decretado el 22 de marzo de ese mismo año y que saltó por los aires con la bomba de la T4 del aeropuerto de Barajas.

En el segundo mandato, le dio medio timón para convertirlo en su mano derecha. Rubalcaba ocupó los cargos de vicepresidente primero, portavoz del Gobierno y ministro de Interior.

De nuevo en la carrera, como candidato a la presidencia

Como hombre fuerte del Gobierno y cuando las quinielas le situaban como posible sucesor de Zapatero, Rubalcaba dijo en varias ocasiones que estaba más cerca del final de su carrera que en posiciones de salida. "El partido me lo ha pedido y no puedo negarme", dijo entonces. Se remangó y se puso manos a la obra, en un momento el que la estela del PP era más ascendente.

El resultado fue tres años después una derrota estrepitosa en las elecciones generales que dio lugar a la actual mayoría absoluta del PP, la mayor de la historia del PSOE, que se quedó con 110 diputados.

Lejos de consumirse por la sangría de escaños y los movimientos internos que le disputaron el liderazgo del partido -su candidatura a la secretaría general ganó por un estrecho margen de 22 votos ante Carme Chacón-, Rubalcaba contemporizó la transición que se le demandaba. Se rehizo como capitán de la nave y logró imponer su intención de posponer el proceso hasta que pasaran las elecciones europeas del pasado 25 de mayo.

Sin embargo, las urnas europeas finiquitaron su capital político con la pérdida de 2,5 millones de votos respecto a 2009 y el retroceso de nueve escaños que además sirvieron para engordar a su competencia a la izquierda y sembrar las dudas sobre el proyecto presente y futuro del PSOE.

Esa gota ha colmado el vaso. El resultado de los comicios ha vaciado las reservas de Alfredo Pérez Rubalcaba, que ha decidido entregar el testigo como líder del partido a un sucesor que supondrá un cambio generacional y político en toda regla en el socialismo español.

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