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Cinco años de Poetry Slam en Madrid: de movimiento poético a "tic nervioso"

  • El Poetry Slam cumple cinco años de poesía en Madrid
  • Es un torneo mensual en el que la poesía se mezcla con la performance
  • Llegó a España en 2009 y ya se extiende por más de 12 ciudades

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El poeta Lizántropo fue el campeón de la noche con dos obras cargadas de humor afilado.
El poeta Lizántropo fue el campeón de la noche con dos obras cargadas de humor afilado. J.G.H.

Mientras el Real Madrid y el Atlético se batían en el Bernabéu por ir a la final de la Copa del Rey en la ciudad se celebraba otro torneo, menos multitudinario, menos mediático, pero igual de interesante. El Poetry Slam celebraba su quinto aniversario en la capital como cada mes, con 12 poetas peleando en verso por meterse en la final nacional que este año se celebrará en Palma de Mallorca.

“Lo que empezó como un movimiento poético se ha convertido en un tic nervioso”, explica el presentador del recital-concurso que se celebra cada primer miércoles de mes en el Intruso Bar, en la céntrica calle de Augusto Figueroa.

La gente, botellín en mano, atiende en silencio, “un silencio especial, que no se consigue ni en los mejores recitales”, explica Pablo Cortina, slamer y presidente de la asociación Poetry Slam que se encarga de coordinar este certamen poético que ya se extiende por más de una docena de ciudades de toda España y participa en competiciones internacionales a nivel europeo.

De Chicago al resto del mundo

El Poetry Slam llegó a nuestro país en 2009 de la mano de Instituto Goethe, pero cuando la institución alemana dejó de celebrarlo los propios poetas se hicieron cargo del evento.

Sin embargo, la historia de este movimiento es bastante más prolongada. Sus orígenes se remontan a 1985 en Chicago, donde el poeta Marc Smith desahogaba sus largas horas de trabajo en la construcción con recitales en un club de jazz. De allí se extendió a medio mundo y países tan dispares como Irlanda, Alemania, Francia, Suecia, Israel, India, Grecia, México o Corea del Sur llevan años celebrando este torneo.

Un recital pequeño, con alma de gran torneo

Lo especial del Poetry, explica Cortina, es “la mezcla de la declamación con la performance” y la competición, “que en realidad no importa tanto”, es lo que añade la sal a este singular evento.

Esto marca la diferencia con otros países. “En Alemania el Slam es muy popular, allí van 3.000 personas a ver una final”, cuenta la poeta Silvia Nieva, miembro de la asociación desde su fundación y campeona de varios torneos de slam. “En otros países la gente sabe lo que es y aparece en televisión, incluso hay gente que vive de ello, pero aquí falta mucho para conocerlo”, explica.

“De momento somos pequeños pero eso tiene sus ventajas”, dice. Nieva sostiene que en la pequeñez del evento reside su heterogeneidad. “Cada noche tenemos poetas más cómicos, más sociales, líricos, hay de todo. Sin embargo, en países donde está más institucionalizado, los poetas quieren ganar y casi todos siguen el mismo estilo para conseguirlo”.

Dicho esto, Nieva se alegra de la buena acogida que tienen en Madrid: “Pasamos de la Calle Libertad al teatro Alfil y ahora llevamos ya un año en El Intruso. Es un lugar perfecto, muy parecido a donde nació el Slam, en Chicago, y cada noche vienen unas 80 o 90 personas. Una cifra muy buena para ser un miércoles”.

Esta noche parece que el fútbol les ha ganado la partida, pero aun así el local estaba considerablemente lleno, el público muy participativo y los poetas ciertamente inspirados. Al amor, tema por antonomasia de la poesía universal, se han unido el la tecnología, el paro, la crisis, el aborto, el IVA o la violencia policial en unas interpretaciones cargadas de humor, sensibilidad, sentimientos y, ante todo, pasión.

El público elige sus poesías favoritas

“Las redes sociales son otro de nuestros grandes aliados”, comenta Nieva. Facebook es su principal recipiente. Allí cuelgan las convocatorias, vídeos de las actuaciones, fotografías y pequeños poemas. “Yo llevo viniendo desde que empecé la carrera y ya estoy en cuarto”, explica Celia, una de las asistentes. “Vi un vídeo en su canal de Youtube y en él reconocía al amigo de un amigo y desde entonces vengo cada mes”, dice.

El papel del público en el Poetry Slam es muy importante, cuenta Nieva, “se establece un acuerdo tácito con ellos: yo recito tres minutos y tú me escuchas tres minutos”. Además, tras la actuación, son ellos los que deciden quién es el ganador de la noche.

El mecanismo de voto es sencillo. Al comienzo de la velada el presentador lanza cinco pelotas al público y el azar es el que decide quiénes son los jueces. Tras cada poesía, que no puede durar más de tres minutos, el jurado escribe una puntuación de uno a 10 en sus pizarras. Para hacerlo más equitativo, se eliminan la más alta y la más baja y la suma de las tres intermedias ofrece la puntuación del slamer. Por último, las mejores puntuaciones se baten en la final y el ganador se elige por la intensidad de los aplausos del público.

Cualquiera puede participar. Solo hay que hacerles llegar la solicitud y acercarse al torneo con tres o cuatro textos, por si se queda finalista, que pueden mezclar idiomas y temáticas con la única condición de que sean versos originales. 

El ganador, que esta noche ha sido el poema sobre el paro y el frikismo de Lizántropo, recibe un premio simbólico, esta noche ha sido un libro, y el reconocimiento de la comunidad poética como slamer del mes.

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