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Agustín Almodóvar: "Hemos perdido el derecho moral sobre nuestras películas"

  • Recibe el 13 de enero la Medalla de Oro de EGEDA en los Premios Forqué
  • El productor repasa su carrera y la situación actual de la industria

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 Agustín Almodóvar
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En 1985, Agustín Almodóvar (Calzada de Calatrava, 1956) tuvo una intuición: su hermano mayor necesitaba protección para desarrollar su aventura creativa. Fundaron la productora El Deseo, un refugio de libertad del que brotó La ley del deseo e inició la fabulosa internacionalización del cine de Pedro Almodóvar. Un oasis que ha defendido de los los corsés de lo políticamente correcto y las tentaciones de la gran industria cultural, y en el que ha nacido Alex de la Iglesia, y participado Guillermo del Toro (El espinazo del diablo), Isabel Coixet (Mi vida sin mí) o Lucrecia Martel (La niña santa).

Se considera “casi patológicamente tímido” y un intruso en el mundo de la producción. En apenas cuatro años pasó de ser un ayudante para todo a ser cortejado por los estudios de Hollywood. Químico de formación, sigue de soslayo la actualidad científica aunque reconoce que “ahora no aprobaría ni primero de carrera.”

Cuando el pasado octubre Cristóbal Montoro afirmó que los problemas del cine español tenían que ver con la calidad de sus películas, Agustín Almodóvar cambió el perfil de su cuenta de twitter a un irónico “productor prejubilado”. Aunque, al margen de los proyectos de su hermano, la maquinaria de su productora continúa y está, por ejemplo, nominada este año a Mejor documental en los Goya por Con la pata quebrada, de Diego Galán.

Este lunes, 13 de enero, recibe la Medalla de Oro de EGEDA en la gala de los Premios Forqué (20.30 h., en La 2 y RTVE.es).

De la mano de Pedro

Agustín recuerda como su hermano le introdujo en sus aficiones, literalmente, de la mano. “Nunca se lo agradeceré lo suficiente. Siempre tengo esa imagen, premonitoria, de ir los dos mocosos a un cine de verano en pantalón corto”, recuerda. “Y se ha ido repitiendo a medida que hemos ido creciendo: yo llegué a Madrid en 1972 a estudiar el curso que se hacía antes de la universidad y Pedro ya estaba en todas las movidas culturales y undergrounds de la ciudad en el tardofranquismo. También ahí me llevo de la mano. Yo disfrutaba muchísimo con él, porque lo maravilloso de esa época de los 70, de la que no solemos hablar mucho, es que era absolutamente libre, y ninguno de los dos soñábamos que 10 años después estaríamos ejerciendo, él de director y yo de productor”.

La películas amateur en Super 8, y las revisiones disparatadas de la Biblia, se combinaron con sus estudios de Químicas en la Universidad Complutense. “Acabé Químicas en 1979, me gustaba mucho la ciencia, la abstracción y su aventura intelectual. Al mismo tiempo, Pedro había sembrado en mí la semilla del cinéfilo y estábamos viviendo como hermanos una complicidad familiar especial, de hermano mayor que inicia al hermano pequeño en el gusto sofisticado de las artes”, afirma.

Recurre a la química para ilustrar la fuerza de su relación fraternal. “Es el hecho de ser diferentes pero complementarios lo que nos da el poder como equipo. En la química hay una cosa muy misteriosa: los enlaces químicos, que es lo que le da fuerza a las moléculas. Es muy difícil, por ejemplo, disociar el hidrógeno del oxígeno en el agua. Nosotros tenemos esa afinidad siendo, no diré opuestos, sino distintos. Pedro es muy divertido, yo soy casi patológicamente tímido. Él es perfecto para el escenario, a mí me gusta mucho estar detrás de las cámara. No hubiera sido posible un proyecto si yo hubiera sido tan creativo como él”.

"Pedro es muy divertido, yo soy casi patológicamente tímido"

El productor recuerda el humilde origen familiar como explicación lógica. “La fraternidad es algo muy poderoso e irracional. Es algo que a veces no sirve para nada, pero otras hace que las familias sean unidades poderosas y muy potentes para luchar contra las dificultades”.

El nacimiento de El Deseo

Mientras rodaban Matador, en la que Agustín ya ejercía de ayudante de dirección y muchas otras tareas (Pedro le dedicó la película: “A Tinín”), llegó lo que denomina “la llamada de la jungla”. Su hermano era ya célebre, había rodado cuatro películas, pero se desgastaba en su relación con sus productores. “Inevitablemente, intentaban imponerle cosas cuando él es de naturaleza rebelde y no tiene precio: no se le puede comprar, no le puedes seducir con nada material porque trabaja con el impulso del artista, del creador. Tuve una intuición muy poderosa: que Pedro necesitaba un modelo de producción autogestionado a la altura del artista rebelde e inclasificable que es”.

Así fue como dejó su profesión de docente y se embarcó en la producción de La ley del deseo. “No teníamos recursos propios ni familiares, fue empezar desde cero. La ley del deseo era, desde el punto de producción, suicida. Una película de amor entre hombres que iba a ser polémica por la propia forma libérrima de abordar el tema. Era una película para fundar una productora y cerrarla a continuación”, explica. Sin embrago, el mercado internacional, y los distribuidores de cine de autor compraron la película, comenzando la expansión internacional de la “marca Almodóvar”.

"La ley del deseo era suicida, para abrir una productora y cerrarla a continuación"

“Ese es el éxito y la intuición de Pedro: saber conectar con el subconsciente, con necesidades no explíciatas de la industria, saber encontrar un nicho que él ha llenado durante muchísimos años”, apunta.

En 1988, con Mujeres al borde de un ataque de nervios, llega el frenesí y nominación al Oscar a mejor película de habla no inglesa incluida. “Tuvimos una experiencia maravillosa en Hollywood que le pasa a todos los nominados. Todos los estudios te seducen. Eres como una doncella y vas de uno en uno a ver cuál te gusta más: Warner, Paramount, Universal. Me acuerdo especialmente de Warner, que nos decían: 'aquí los artistas pueden trabajar, y me enseñaban el despacho de Clint Eastwood”, dice mientras ríe. “Retrospectivamente fue muy emocionante, aunque a mí no me interesaba lo más mínimo. Seguía muy apegado a Pedro y al sentimiento de que lo mejor que tenemos es la libertad, asumir con riesgos nuestros proyectos”.

Paradójicamente, el éxito en EE.UU. abrió las puertas del mercado europeo. “El éxito en Francia empezó después de estar nominado en Hollywood. Muchas veces se llega a Europa a través del Atlántico. Si entras en EE.UU, que es una mercado blindado, donde la cuota no americana es del 3 % , en Europa empiezan a tenerte en cuenta”.

Intruso y autodidacta

“Siempre lo digo: en esta profesión en cierta medida soy un intruso. No he pasado por una escuela, he aprendido cine al hacerlo. Me descubro ante los productores que, como el fallecido Querejeta, de verdad gestan el proyecto desde una idea y contratan a las personas adecuadas. Lo más difícil de la producción es el material humano”.

Su modestia oculta, por ejemplo, que la primera producción de otro director de El Deseo fue Acción Mutante, el debut de Alex de la Iglesia. Una cinta pionera en España por género y producción. “Todavía no se hacían películas de efectos especiales mecánicos ni de maquillaje y nos trajimos al equipo de Delicatessen. Ahora se hacen películas como Lo imposible, con efectos de categoría mundial, y el terror español está incluso de moda, pero ahí fuimos pioneros en hacer ciencia ficción y terror irónico, con un artista del talento y la singularidad de Alex”, reconoce.

Agustín destaca la oportunidad que han brindado a artistas “indomables, con el espíritu de Pedro”, como Isabel Coixet o Lucrecia Martel. Y lamenta que cintas como la propia Acción mutante o El espinazo del diablo, de Guillermo del Toro, merecían haber tenido más éxito. “Tampoco lo digo con mucha amargura, lo que nos gusta es la aventura y el riesgo”.

Productor 'prejubilado'

Después de 30 años de carrera, la producción cinematográfica nunca ha estado más amenazada como en la actualidad. Paralelamente al reconocimiento mundial de las pelíuclas de su hermano, las dificultades cada vez son mayores. “Vivimos una anomalía muy grave. Se consume más imagen que nunca, se busca más contenidos que nunca, y en cambio toda la cadena de valor de la industria está quebrada”, explica. Alerta de la situación de las salas amenazadas por la reconversión digital, crítica la subida del IVA cultural, y denuncia la indefensión ante el consumo cultural gratuito en internet. “Las películas se pueden consumir alegalmente, no me gusta decir ilegalmente ni llamar a la gente pirata. Es tan sencillo como buscar una película en Google. Es un situación de indefensión, es un fracaso del Estado de derecho que debe garantizar los derechos de los empresarios”.

"Las películas se pueden consumir alegalmente, no me gusta llamar pirata a la gente"

El productor suma, a las pérdidas en derechos económicos y patrimoniales, “uno que vamos a tardar tiempo en recuperar: el derecho moral, el derecho a la integridad de nuestras creaciones”. Rememora como la Ley de Propiedad Intelectual protegía la condiciones técnicas en las que se comercializaban las películas. Un pasado sepultado por la facilidad con la que las películas se comparten en la red sin ningún control sobre la calidad. “El control de la calidad es una deriva del derecho moral. En el momento en que he perdido ese poder de controlar la calidad, se está infravalorando mi producto”, afirma.

Hace dos años, en la misma gala que de los Forqué que premia este año a Agustín Almodóvar, José Ignacio Wert se presentó como ministro de Cultura con una frase: “Soy uno de los vuestros”.

“Se estaba apuntando a  la fiesta, pero no es uno de los nuestros. Todavía le oigo hablar de Ley de Mecenazgo. ¿Mecenazgo? Nosotros somos una industria y tenemos ánimo de lucro como cualquier empresario. Yo lo que quiero es que la película funcione, mantener mi estructura, e invertir en nuevos proyectos. Considero casi insultante la palabra mecenazgo en una situación industrial: el mecenazgo es para aquella actividad inviables en un mercado. Su misión ha sido la LOMCE y en cultura no podemos estar más huérfanos, cuando no atacados”, sostiene.

"Considero casi insultante la palabra mecenazgo en una situación industrial"

Unas críticas al Gobierno que extiende al ministro de Hacienda. “El día que Montoro dijo que el problema del cine español es que había baja calidad, pensé 'esto se ha acabado'. ¿Cómo puede un ministro de Hacienda atacar a un sector concreto de la industria en lugar de fomentarlo? Porque hay que pensar que lo audiovisual aporta mucha riqueza al estado. Un 3 % del PIB sale de la industria cultural”.

¿Modelo francés o estadounidense?

A la espera de la Ley de Mecenazgo, ¿cuál sería el modelo ideal para Agustín Almodóvar? “Berlanga decía que no necesitamos una ley, necesitamos un traductor. Me gusta muchísimo el modelo francés pero he llegado la convicción que para tener el modelo francés hay que ser francés. Hay que querer lo propio. Se sienten culturalmente aislados en el mundo y protegen muchísimo sus creaciones, independientemente de la ideología. Eso es inviable en España”, explica.

“Aquí se piensa que en EE.UU no hay ayudas, pero hay muchísimas: en cada estado te devuelven mucho de lo que gastas en ayudas. O el tax relief (alivio fiscal), que son deducciones porque es una industria que mueve mucha economía y que promociona mucho. Y que la gente se traga sin pensar porque viene envuelto en entretenimiento y diversión. Estamos consumiendo subliminalmente su cultura”.

El futuro de la producción

En una situación de desamparo para la industria cultural tradicional ¿quién tomará el relevo en la producción y distribución de contenidos que son combustible básico para internet?

“Ahora todos quieren ser distribuidores de contenidos y, a continuación, productores. Te cuento una cosa muy interesante: En China, donde hay una enorme censura y es un país que crece a saltos, estamos empezando a hacer contratos de distribución online para una clase media que quiere tener acceso convencional a contenidos de pago. En el futuro va a ser mucha más fácil distribuir por Internet y probablemente nacerán compañías muy grandes que empiecen a crear sus propios contenidos. La forma va a volverá a repetirse: las mismas compañías que distribuyen los contenidos descubrirán que hay una demanda y querrán ser productores”.

La devaluación del diamante cinematográfico

Agustín Almodóvar no se siente especialmente nostálgico en la vorágine transformadora del cine, aunque “emocionalmente es un pérdida”. Destaca la contradicción entre el esfuerzo de calidad para producir y la facilidad con la que se transforma en la red.

“No te puedes imaginar la cantidad de esfuerzo que ponemos para que nuestro producto pueda verse en 20 metros de pantalla. Creamos un especie de diamante que luego el poder de ampliarse. Es muy metafórico, los nuevos medios técnicos te permiten lo contrario: comprimir todo eso para que pese poco y circule”, lamenta.

"Yo sigo siendo espectador del siglo XX"

Las implicaciones de la pérdida del aura sagrada que el arte ha tenido en el siglo pasado están todavía por medir. “El arte ha perdido influencia. Nuestros iconos siguen siendo los del siglo XX. Antes la relación del público con el cine era de lo microscópico a lo enorme; ahora hay una sobreoferta: cojo lo que quiero, lo trituro, hago una broma y la envío a mis amigos. Yo sigo siendo espectador del siglo XX. No soy nada nostálgico pero sí hay una sensación de perdida”.

La escalada infinita de Pedro Almodóvar

El propio Pedro Almodóvar declaraba el año pasado pensar en historias ligeras para colgar directamente en Internet. “Pedro tiene un problema, eso que llaman el listón en cada nueva película. Lleva 20 años cosechando muchísimo éxito y el propio consumidor de Pedro le exige tanto como la anterior película”, dice su hermano. “A veces le pesa mucha a la hora de abordar temas ligeros o gamberros y, ahí, piensa en la red, en formatos menos comprometidos. Pedro es muy prolífico, tiene muchas historias fuera de formato, que durarían 30 o 40 minutos, y en eso desgraciadamente la industria te condiciona”.

Haciendo balance, ese rechazo del peaje reaccionario de la industria, es uno de los mayores logros de El Deseo. “Tenemos una enorme falta de respeto al dinero. Ni nos influye a la hora de hacer proyectos, ni lo buscamos, ni lo perseguimos. Buscamos otras fuerzas que al final convocan dinero pero somos absolutamente irrespetuosos”.

"Tenemos una enorme falta de respeto al dinero"

Con todo, no han podido librarse del más difícil todavía, de la sensación de que si el nuevo filme de Almodóvar no es una obra maestra, es un fracaso. “Nos hemos emancipado de la industria y nos hemos rodeado de una serie de distribuidores internacionales muy sensibles con la carrera de Pedro, pero no nos hemos podido liberar de escalar más arriba después de 30 años haciendo un película tras otra luchando por la originalidad. En el fondo nos sentimos muy afortunados de cómo nos ha tratado la vida y lo bien que lo estamos pasando siendo responsables de nuestra historia, que es lo realmente importante, que no sean otros”.

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