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Tatcher
Visita oficial de Margaret Thatcher a la Moscú, en 1986. AFP

Thatcher transformó el Reino Unido (y ahí se acaba el consenso)

  • Para los críticos, es la responsable del empobrecimiento del norte

  • Tras la guerra de las Malvinas con Argentina fue reelegida dos veces

  • Este lunes la que fue primera ministra ha fallecido, a los 87 años

  • Especial RTVE.es: La vida de Margaret Thatcher

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Margaret Thatcher es la única primera ministra que ha tenido una estatua dedicada en el interior del Parlamento británico en vida. Ahí está su estatua, frente a la de Winston Churchill, desde hace seis años.

Eso da idea de la dimensión que su figura tiene en la política británica. Thatcher ha sido uno de esos raros políticos bajo cuyo mandato (tres) se transforma el país. Thatcher transformó la economía y la sociedad británicas. Y ahí se acaba el consenso entre los británicos.

Unos loan que acabara con una economía basada en la industria y mucha intervención del Estado, con el poder de los sindicatos y con la dependencia de muchos ciudadanos de las subvenciones y los servicios públicos. Una de sus muchas frases célebres fue “no existe eso llamado sociedad”, la idea de que no es un grupo abstracto quien tiene derechos, sino los individuos. Que los individuos no deben confiar en que el Estado les resuelva los problemas, sino buscar soluciones por si mismos. Acabó con el pacto entre Estado y sociedad de postguerra.

Del Estado a los mercados

Para sus críticos Thatcher es la responsable del empobrecimiento del norte industrial y minero y la erosión del Estado del bienestar. La culpable de imponer el individualismo frente a la solidaridad. Bajo su mandato se privatizaron empresas y se liberó la regulación de las prácticas en la banca y los servicios financieros. Fue el Big Bang de la City.

Londres se disparó como capital financiera mundial y aún vive de aquel Big Bang. Sus admiradores destacan esa competitividad y ese liderazgo; sus detractores, el aumento de la distancia entre ricos y pobres, entre norte pobre y sur rico, y lo ven como la simiente de la crisis actual.

Orgullo nacional

La transformación económica y social del Reino Unido no explica la idolatría que despierta Margaret Thatcher en parte de los británicos. En los años 70 la economía no era lo único deprimido en el Reino Unido, también lo estaba el orgullo nacional. El Reino Unido estaba asumiendo que ya no era un imperio (había sufrido la humillación de ser rescatado por el FMI) y en estas llegó “Maggie” en un contexto internacional y una determinación personal que les devolvieron ese orgullo.

El contexto internacional fue la coincidencia en el tiempo y en lo ideológico con Ronald Reagan como presidente de los Estados Unidos en los años de agonía y posterior derrumbe de la URSS y el bloque soviético. Ese ir del brazo de los Estados Unidos les hizo sentir que la “special relationship” (la relación especial con los EEUU) volvía a estar vigente.

El otro escenario internacional donde Thatcher hizo sentir un liderazgo británico fuerte fue en la Comunidad Económica Europea con una actitud sintetizada en otra de sus frases célebres, “quiero que me devuelvan mi dinero”. Y la UE aún hoy le devuelve al Reino Unido parte del dinero que aporta a las arcas comunes.

Y sobre todo, la guerra de Las Malvinas. La contundencia militar con que respondió a la invasión y, por supuesto, la victoria fueron una inyección de orgullo para el país y, para ella, un salvavidas político. En 1981 Thatcher había batido un record de impopularidad con un el apoyo del 25% de los británicos y nadie creía que pudiera ser reelegida. Después de las Malvinas fue reelegida dos veces.

De ama de casa a primera primera ministra

Margaret Thatcher ha sido además el símbolo de la mujer que se impone en un mundo de hombres. Y no sólo una mujer, una mujer que no venía de las élites aristócratas que habían copado la cúpula del partido conservador, sino que era hija de un tendero (casada, eso sí, con un millonario habría que añadir) y llegó a los más alto. Un símbolo de la meritocracia y del avance de las mujeres.

Además de los méritos de Thatcher ese símbolo se vio respaldado por buenos expertos en imagen y la colaboración del incipiente grupo Murdoch, que proyectaron una cuidada imagen de mujer de clase media, de ama de casa que administra el país como administra su hogar. Modelaron su peinado, su vestuario y su timbre de voz. Y ella abrazó las técnicas de marketing televisivo como nadie antes en Europa.

Quienes trataron con ella cuentan que, a pesar de romper esa barrera de poder para las mujeres, no le gustaba trabajar con mujeres y que a menudo era coqueta en su trato con los hombres.

A Thatcher no la echaron de Downing St las urnas, sino su propio partido que llegó a la conclusión en otoño de 1990 de que era hora del relevo. En el momento de glosar su figura todos los líderes políticos británicos han coincidido en destacar que, se compartieran o combatieran sus políticas, fue una política con convicciones y que eso ya es algo que hace de ella una figura singular.

*Anna Bosch es periodista de TVE y entre 2009 y 2012 fue la corresponsal en Londres.

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