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 Eduaro Laporte, en Torrespaña.
Eduardo Laporte, en Torrespaña.

'Luz de noviembre, por la tarde', un libro íntimo que habla de la muerte sin tapujos

  • Eduardo Laporte narra los últimos días de sus padres

  • Lo escribió para superar su propio drama y poder sentirse "en paz"

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Eduardo Laporte (Pamplona, 1979) es periodista especializado en Cultura y colabora con algunos de los suplementos culturales de nuestro país. De padre francés y de madre navarra, Luz de noviembre, por la tarde es su primera obra literaria. En la mente tiene ahora publicar un libro de viajes sobre Cuba y una novela sobre el mundo del periodismo conservador en España.

Eduardo Laporte tenía 21 años cuando sus padres fallecieron. Era el año 2000. Ambos perdieron la batalla contra el cáncer; su padre, 9 meses después que su madre.

La vida de Laporte, periodista y escritor, cambió radicalmente en aquel tiempo de inicio de siglo, y para poder superar su drama se empeñó, años después, en plasmar en una libreta lo que aquella experiencia había supuesto para él.

En 2005, Luz de noviembre, por la tarde (Demipage) pasaba de ser una simple libreta repleta de recuerdos para empezar a convertise en una obra literaria. Ahora, en 2011, sale a la venta este libro que, en palabras de Laporte, “leerán sobre todo los valientes, porque trata del último tema tabú de la sociedad, la muerte, de la que nadie apenas habla porque la gente cree que eres un aguafiestas si lo haces”.

Puede que sean valientes los que lo compren, pero no será fácil superarle a él, porque Laporte, apenas recién salido de la adolescencia, supo despedir a sus padres con madurez, con serenidad y con entereza. Y lo que es mucho peor, a sabiendas de que había muchas cosas de ellos que él, aun siendo su hijo, no sabía ni iba a saber ya.

    “¿Para qué saber? Mejor pasar de largo, comprar el periódico y leer otro artículo más, otro día más, sobre el Estatut. Huimos de las propias comisiones de investigación, sobrevivimos con esas versiones parciales, incompletas, con esa escasa documentación, con esos cuatro datos sin contrastar, y la historia de lo nuestro no nos interesa ni a nosotros” (Extracto de Luz de noviembre, por la tarde)

"Sabemos más de Churchill que de nuestros padres"

Convencido de que muchos “sabemos más de Churchill que de nuestros padres”, Laporte explica a RTVE.es que necesitó escribir el libro para poder superar su muerte. “Fue un 15 de marzo, el día que acabé el libro, cuando les dejé morir en paz y cuando yo alcancé también la paz”, admite.

“Ahora, 11 años después de morir, los echo de menos cuando, por ejemplo, tengo que tomar alguna decisión”, añade.

Preguntado por su relación con su guitarra, a la que cita en el libro, Laporte reconoce que era y sigue siendo su amante fiel. “Es una relación muy fiel, sin adulterio”, cuenta, “y aquello de tocar el RE de manera obsesiva me ayudaba a relajarme aquellos días”.

En efecto, la música embelleció muchas de las escenas de su vida, porque, como afirma, “los enfermos parece que no te escuchan, pero yo creo que algo les llega. Un día le puse a mi padre You’ve got a friend, de Carole King, y me puse a llorar porque era consciente de ello”.

“Sin embargo, creo que el deporte es malo (se ríe). Yo intento correr, pero al día siguiente me encuentro fatal. La educación musical es la que yo creo que debería ser obligatoria”, dice convencido.

Sobre la reacción de sus familiares ante la publicación de la obra, el autor admite que "tiene que ser difícil ver en la contraportada de un libro que encuentras en una tienda la intimidad de tu familia", pero mucha carga de conciencia parece que no tiene al soltar poco después, entre risas, eso de que “el escritor es el elemento tóxico de una familia”.

“Hay que mirar al retrovisor con cierta frecuencia”

Cuando se le pregunta por las vueltas que le da al pasado, Laporte contesta: “Hay que remover el pasado hasta que te deje en paz. Si tienes ciertos sueños, puede que no hayas superado algunas cosas. Y yo, la verdad, tengo tendencia a analizarlo todo, pero mirar al pasado de frente es bueno. Hay que mirar con cierta frecuencia el retrovisor”.

Imposible resulta no preguntar a un joven que es capaz de escribir una autografía así, con tanta dulzura y templanza, sobre la madurez. La respuesta parece ensayada: “La madurez es la capacidad para estar solo y para valorar ciertas cosas. También consiste en relativizar.”

No tiene que estar muy lejos de una buena definición cuando cuenta que, con 5 años, estaba un día frotando una piedra contra otra y sus tíos le preguntaron que qué hacía. La respuesta le salió del alma: “Aburrirme, porque así el tiempo transcurre más despacio y el verano va más lento”.

   "Nadie me avisó entonces de que los días sin clase son siempre felices, quizá los únicos, y que ser mayor era esto, alejarse sin clemencia de ese domingo extra de verano en octubre, en la playa suave y francesa, con mi padres, mis hermanos, con ese vitalismo de principio de curso, de vida programada, con retos a nuestra altura que vamos venciendo"  (Extracto de Luz de noviembre, por la tarde)

“Quisiera que mis lectores pensaran en darme un abrazo”

Los escritores que más le gustan a Laporte son aquellos de los que querría ser su amigo. “Y yo quisiera ser también amigo de la gente que me lee. Me gustaría que los que leen lo que escribo quisieran darme un abrazo o invitarme a una caña tras leer mis libros”, explica.

“¿Y con quién te pasa a ti eso?”, preguntamos. Pues “me pasa con Pedro Juan Gutiérrez, con Alberto Fuguet o con Iñaki Uriarte. Con todos esos escritores que son, además, buenas personas”.

“Ser una buena persona es la mejor estrategia de marketing”

Y aquí es cuando llega la pregunta que para muchos está cantada: “¿Y crees que hay muchas buenas personas?”. A lo que responde: “No lo sé, pero quizás no lo demuestren. Y, además de ser bueno, hay también que demostrarlo. La gente tiene normalmente mucho miedo. Y de tanto miedo se pone rancia..."

"En los ambientes de trabajo, por ejemplo, el sentirnos menos que otra persona hace que vayamos “encaraos”, que estemos todo el tiempo a la defensiva. Y eso es un error. Creo que siendo buena persona estás aplicando la mejor estrategia de marketing”, termina.

Ahí queda eso.

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