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El clamor de una nueva generación cambia el mapa del mundo árabe

Ver El mapa de las revueltas árabes en un mapa más grande

  • La revolución en Túnez se extiende a Egipto y se asoma a otros países
  • La juventud de su población y el alto desempleo, claves de lo ocurrido
  • La lentitud o la simple ausencia de reformas precipitan los hechos

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“Cada día, mi madre me dice: Ve a buscar un trabajo, por qué no consigues un trabajo, consigue un trabajo. Yo busco, de verdad. Pero no hay trabajo”.

De esta forma justificaba Sofiene Dhoubi, de 24 años, a un periodista de la revista de Foreign Policy por qué se levantó junto a otros jóvenes en Sidi Bouzid, el corazón de las protestas que acabaron con el presidente Ben Alí en Túnez y se extienden ahora por todo el mundo árabe.

Como Dhoubi en la pequeña localidad del centro de Túnez, otros miles de jóvenes musulmanes han salido durante este mes de enero por las calles de Amán, Sanáa, Argel, El Cairo o Alejandría para expresar su frustración.

Sin embargo, no se trata de una simple rabieta y para comprobarlo solo hay que echar un vistazo al informe que esta misma semana ha publicado el prestigioso Pew Forum sobre la población musulmana en el mundo.

Jóvenes desesperados

En él se detalla que los países de Oriente Medio y el Norte de África cuentan con el mayor porcentaje de población menor de 30 años del mundo: alrededor del 60%.

Mientras, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) daba el dato complementario: el desempleo juvenil en los países de Oriente Medio cuadruplica el de los adultos mientras que en el Magreb ronda el 25%.

El resultado: ambas zonas tienen la mayor tasa de desempleo del mundo, en torno a una media del 10%, siempre según cifras oficiales.

Ese ‘ejército’ de jóvenes, que no tiene empleo ni posibilidad de conseguirlo,  que sufre la nueva subida del precio de los alimentos básicos y que cuenta con el estímulo del nuevo acceso a Internet y a la telefonía móvil que les trasladan al estilo de vida occidental prendieron la chispa de la Revolución de los Jazmines en Túnez y de los levantamientos en Egipto.

Situaciones diferentes

Sin embargo, no todas las protestas tienen el mismo signo ni suponen el mismo riesgo a todos los países del Magreb.

Los más amenazados son los regímenes que permiten una relativa libertad de prensa y acceso a medios de comunicación pese a tener una estructura esclerótica de poder mantenida durante décadas, como ocurrió en Túnez y puede suceder en Egipto.

Justo detrás se sitúan otros regímenes similares, pero con menos libertades y, sobre todo, menor alfabetización y calidad de vida, como Argelia y ArgeliaYemenen los que el apoyo del ejército puede ser clave para que sus líderes se mantengan en el poder.

Les siguen las dos monarquías formalmente parlamentarias árabes, Marruecos y Jordania, aliadas de Estados Unidos y con reyes relativamente jóvenes, que tienen margen para introducir reformas aunque la oposición, sobre todo en Jordania, les exige la caída de sus gobiernos.

Finalmente están Libia y Siria, dictaduras cerradas al extranjero con culto al líder y sistema de partido único que no dan apenas margen de libertad para que los jóvenes o las clases más desfavorecidas eleven su voz por sus malas condiciones económicas.

Países en revuelta: Túnez y Egipto

La caída del presidente Ben Alí tras 23 años en el poder ha sido el auténtico toque de atención para la región.

Tras semanas de protestas, las concentraciones lideradas por jóvenes desempleados pero formados tumbaron al ejecutivo con la complicidad del ejército. Desde entonces, los exaliados de Ben Alí tratan de formar un Gobierno interino que calme los ánimos pero concentraciones diarias les piden su salida.

En el otro lado, desde el pasado 25 de enero, los egipcios salen cada día a la calle para pedir la salida del presidente, Hosni Mubarak.

Mubarak lleva en el poder desde 1981 y solo a partir de 2005 se sometió a unas elecciones, aunque ganó de calle.

La oposición denunció un fraude electoral masivo en las pasadas elecciones legislativas de noviembre, algo que fue constatado por los observadores internacionales.

Tras las protestas tunecinas, movimientos de jóvenes como 6 de abril, que durante dos años habían tratado sin éxito llevar sus quejas a la primera línea política, vieron la oportunidad de expresar su frustración y por primera vez en décadas los manifestantes en Egipto superaron de largo el número de policías.

Argelia y Yemen: polvorines con el terrorismo de fondo

Argelia está gobernada con mano de hierro por Abdelaziz Buteflika desde 1999. Buteflika es también primer ministro, ha abolido la limitación de mandatos y fue reelegido con más del 90% de los votos en 2009.

La estabilidad en Argelia es clave para muchos países occidentales, entre ellos de España, porque sus reservas de gas y petróleo les nutren y también por la presencia de grupos como Al Qaeda en el Magreb Islámico.

Buteflika cuenta con el apoyo incondicional del ejército, al menos hasta ahora, y ha tratado de calmar las protestas anunciando la compra de trigo para bajar el precio de los alimentos básicos.

Por su parte, Ali Abdulá Saleh gobierna en Yemen del norte desde 1978 y desde 1990 en todo el país tras la reunificación.

Es un estrecho aliado de Occidente debido a la alta actividad en la zona de Al Qaeda pero, a cambio, controla con mano de hierro el país más pobre de Oriente Medio y con la población más joven, lo que convierte a Yemen en un polvorín.

Marruecos y Jordania: Monarquías con desencanto

Mohamed VI reina desde 1999 en Marruecos y es el absoluto dominador de la escena política de su país. El primer ministro de su Gobierno es elegido tras las elecciones legislativas pero es nombrado por el monarca, al igual que el Consejo de Ministros. Desde 2007 es Abás el Fassi.

En la economía, Marrruecos tiene acuerdos comerciales preferentes con Estados Unidos y la Unión Europea, pero eso no ha reducido la brecha entre ricos y pobres, con problemas comunes a la región como el desempleo juvenil.

Con todo, el Gobierno de Rabat se ha apresurado a elogiar la revolución tunecina y ha urgido a sus vecinos a tomar nota. Además, ha comprado cereales para tratar de abaratar los precios, tal y como ha hecho su vecino argelino.

Jordania tiene una situación similar a Marruecos: una monarquía con apoyo en la población pero que domina la esfera política sin darle hueco a la oposición.

El rey Abdulá II gobierna desde 1999 y es un aliado clave de Estados Unidos. Su país es muy dependiente de la ayuda exterior y sufre una alta pobreza y desempleo.

Durante las dos últimas semanas se han venido produciendo protestas contra el Gobierno por el alto precio de los alimentos que, unido a la falta de libertades y al contraste con el lujo en el que viven los miembros del ejecutivo ha aumentado la indignación.

El monarca ha prometido reformas y reducir el precio de los alimentos básicos para calmar los ánimos pero no está claro que vaya a conseguirlo.

Libia y Siria: tranquilidad en el régimen

El régimen de Gadafi por ahora solo ha sufrido tímidas protestas.

El general no tiene cargo oficial pero gobierna el país desde 1969. Pese a pasar buena parte de su mandato bajo aislamiento internacional, su apertura al comercio de hidrocarburos y la ayuda contra la inmigración ilegal ha hecho que su régimen sea mejor visto.

Con todo, ya ha mostrado su temor de que la caída de Ben Alí en Túnez-que ha atribuido a Wikileaks- sea aprovechada por el mundo occidental.

Por último, en Siria gobierna Bachar el Assad desde 2000 tras suceder a su padre en un sistema de partido único, sin oposición permitida y con un estricto control de libertades y del acceso a medios de comunicación, incluido Internet.