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Un 'Gran hermano marciano' de 520 días

  • Seleccionan a los componentes de un simulacro de viaje a Marte
  • Permanecerán aislados durante más de 500 días
  • Una misión a Marte podría llevar unos 9 meses

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 Los candidatos se han tenido que someter a diferentes pruebas médicas antes de ser seleccionados para el simulacro.
Los candidatos se han tenido que someter a diferentes pruebas médicas antes de ser seleccionados para el simulacro.

Enviar astronautas a la Luna y traerlos de vuelta sanos y salvos fue una tarea relativamente sencilla, aún con tecnología de hace casi medio siglo, entre otras cosas porque nuestro satélite está, hablando en términos relativos al Sistema Solar, ahí al lado.

Las naves del programa Apolo eran capaces de recorrer los 384.400 kilómetros de distancia media entre la Tierra y la Luna en unos tres días, con lo que apenas era necesario que estas fueran capaces de funcionar algo más de una semana para cumplir con su misión.

Pero Venus y Marte, nuestros vecinos más próximos aparte de la Luna, están bastante más lejos. Aún sólo calculando la diferencia entre las distancias medias al Sol Venus se halla a unos 41 millones de kilómetros de la Tierra, mientras que Marte estaría a casi 80 millones de kilómetros.

La Agencia Espacial Europea ultima los preparativos un posible viaje al planeta rojo. Por eso tres voluntarios rusos, dos europeos y uno chino permanecerán en un módulo científico aislados del mundo durante 520 días, el tiempo del viaje de ida y vuelta a Marte, más una estancia simulada de 30 días en la superficie marciana.

No es posible volar en línea recta entre la Tierra, Venus y Marte

El problema de viajar más allá de la Luna se ve complicado por el hecho de que los tres planetas no están alineados en sus respectivas órbitas, al contrario que la Luna, que está siempre girando alrededor de la Tierra, con lo que no es posible "volar" en línea recta entre ellos.

Además, aún calculando el momento para el lanzamiento de tal forma que se pudiera hacer el recorrido más corto, la tecnología actual tiene limitaciones en cuanto a la cantidad de peso que podemos poner en órbita, con lo que no es ni remotamente posible lanzar un cohete capaz de llevar a los astronautas, sus suministros, y a si mismo con la cantidad de combustible necesario para hacer este recorrido en el menor tiempo posible.

En su lugar habría que utilizar lo que se conoce como una órbita de transferencia de Hohmann, que permite trasladar una nave espacial desde una órbita a otra utilizando dos impulsos de su motor a costa de ser más lenta. Este tipo de órbita puede utilizarse tanto para ir de una órbita mayor a una menor, como por ejemplo de la Tierra a Venus, como para ir de una órbita menor a otra mayor, lo que sería el caso de un viaje a Marte.

De todos modos, teniendo en cuenta que Venus es el planeta con la atmósfera más caliente del sistema solar, con una temperatura media de unos 464 grados centígrados, a pesar de ser sólo el segundo más próximo al Sol, y que a estos extremos de temperatura hay que añadir una presión en la superficie del planeta de unas 92 atmósferas y la presencia en la atmósfera de gases corrosivos como el dióxido de azufre y el ácido sulfúrico, no es de extrañar que el próximo objetivo deseado de una misión tripulada sea Marte.

Allí la atmósfera es mucho más "agradable" y, sobre todo, asequible para nuestra tecnología, con una temperatura media de -46 grados centígrados, una presión atmosférica de aproximadamente la centésima parte de la terrestre, y ningún gas corrosivo que se pueda comer la piel de las naves espaciales y los trajes de los astronautas.

Esto resulta fundamental no solo para dar alguna oportunidad a los astronautas que vayan por allí algún día de sobrevivir, sino porque para poder utilizar una órbita Hohmann para el viaje de vuelta sería necesario pasar como tres meses en Marte para que este y la Tierra volvieran a ocupar unas posiciones relativas en sus respectivas órbitas que lo permitieran.

Así, y dependiendo de la aceleración que pudiera conseguir el cohete en el que se haga, la duración de un viaje "tipo" a Marte se calcula en hasta 21 meses: Nueve para la ida, tres en Marte explorando y esperando a que los planetas vuelvan a ponerse en su sitio, y otros nueve de vuelta.

Esto supone un enorme desafío desde el punto de vista técnico, pues sería necesario diseñar una nave capaz de proteger a los astronautas durante todo ese tiempo tanto en lo que se refiere a sus necesidades básicas de soporte vital como en lo que se refiere a la protección contra radiaciones, por no hablar de que tendría que tener la capacidad de almacenamiento de víveres, suministros, y material necesaria.

Un viaje  tan largo supone un enorme desafío técnico y humano

En este sentido, y aunque aún falta mucho como para que ninguna agencia espacial, ya sea trabajando por su cuenta o en colaboración con otras, ya hemos aprendido algo de lo complicado que puede ser esto gracias a la construcción de la Estación Espacial Internacional, que está en órbita sólo a unos cientos de kilómetros de la superficie terrestre.

Pero también supone un enorme desafío a la hora de ver cómo funcionaría una tripulación de cuatro o seis astronautas aislada en una nave espacial durante todo este tiempo, fuera del alcance de cualquier tipo de misión de rescate si las cosas se complican, y que tendría que ser capaz de organizarse y buscar la solución a muchos problemas por si misma, pues según la nave se fuera alejando de la Tierra las comunicaciones irían sufriendo un retraso cada vez mayor, que puede variar entre un mínimo de tres minutos cuando la Tierra y Marte están lo más próximos posible hasta un máximo de unos treinta minutos en el peor de los casos.

Un simulacro de 520 días

Con el objetivo de investigar este factor humano de una misión tripulada a Marte el Instituto para Problemas Bio-Médicos de la Federación Rusa puso en marcha ya hace algún tiempo el proyecto Mars-500, que tiene precisamente como objetivo realizar una misión simulada a Marte en la que seis "astronautas" convivirán durante 520 días encerrados en unas instalaciones que pretenden simular las condiciones de vida a bordo de una nave viajando entre ambos planetas, de un aterrizador, y de la propia superficie marciana.

Serían 250 días para el viaje de ida, 30 días en la superficie de Marte, y otros 240 días para el viaje de retorno. Después de dos pruebas en las que sendas tripulaciones estuvieron aisladas durante 14 y 105 días respectivamente la simulación final arrancará este verano, este mismo lunes se presentarán los dos voluntarios escogidos por la Agencia Espacial Europea para participar en ella junto con otros cuatro tripulantes rusos.

Interior de las instalaciones donde permanecerán aislados

Esos dos voluntarios saldrán del grupo de cuatro ya escogido en su momento por la ESA y formado por el belga Jerome Clevers, los franceses Archanmael Gaillard y Romain Charles, y el colombiano-italiano Diego Urbina.

Lo que falta por ver, de todos modos, es qué factor de verosimilitud se le puede otorgar a este experimento cuando en realidad los seis voluntarios saben que en el peor de los casos lo único que tienen que hacer es abrir la escotilla y salir al exterior, enfrentándose más tarde a las consecuencias que esto pueda tener, pero que serán muy diferentes a las de abrir una escotilla que de al espacio.

Aunque todo esto podría quedar obsoleto si el ex astronauta de la NASA Franklin Chang-Díaz y su empresa Ad Astra Rocket Company-Costa Rica consiguen en efecto perfeccionar el motor de magnetoplasma de impulso específico variable (VASIMR) en el que están trabajando. Según sus estimaciones, podría servir para reducir el tiempo de viaje a Marte hasta los 39 días.

Y aunque lo de este motor suene un poco a ciencia ficción, lo que sí que no parece descabellado es lo que dice Chang-Díaz de que quien va a pisar por primera vez el suelo marciano ya está vivo.

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