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David Grossman: "El ciudadano israelí está programado para la guerra"

  • El intelectual israelí presenta para TVE la novela La vida entera
  • "Las cien caras de Israel", el domingo 14 a las 22.00 horas en La 2

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Mundo 24H - Entrevista a David Grossman

Ofer tiene 20 años cuando participa en una operación militar especial del Ejército israelí. Su madre decide que no se quedará en casa esperando a que vuelva. Por ello cruzará a pie el territorio de Israel para evitar el peor de sus temores: recibir la noticia de que su hijo ha muerto.

La historia que narra La vida entera, la última novela del intelectual israelí David Grossman, resultó tristemente profética cuando Uri, su hijo, murió luchando en la guerra del Líbano, en 2006. Ahora, Lumen publica la traducción al español.

El equipo de En portada estuvo recientemente en Jerusalén para entrevistar al escritor. La entrevista que aquí se ofrece es parte del reportaje "Las cien caras de Israel", que se emite el domingo 14 de marzo a las 22.00 horas en La 2.

  • P: En La vida entera trata sobre el miedo de una madre a perder a su hijo. Parece autobiográfico después de la muerte de su hijo en la guerra del Líbano, en 2006...

R: Todo lo que escribo es autobiográfico, pero creo que, en este caso, la historia que escribí es muy típica para muchos miles o incluso millones de israelíes que viven en estos conflictos y que intentan incluso mantener una especie de normalidad o de vida cotidiana, de intimidad familiar en el corazón de la brutalidad en la que estamos inmersos.

  • P: Había empezado el libro antes de la muerte de su hijo. ¿Pensó en dejarlo cuando sucedió?

R: Empecé a escribir el libro en el 2003 y perdimos a nuestro hijo en agosto del 2006. Y, por supuesto, seguí escribiendo el libro, porque la escritura es siempre mi manera de estar en esta vida. Y era también una manera de estar con él y con su pérdida y aun así elegir la vida, porque si uno escribe una historia, si crea, si uno imagina e infunde vida a los personajes y situaciones está eligiendo la vida.

  • P: Además de escritor, es un activista por la paz y uno de los intelectuales de referencia. ¿Por qué esa participación tan activa en el debate político y por qué manifestarla a través de la literatura?

Necesitaba dar mis nombres privados a la realidad que me rodea

R: No sé, probablemente porque me tomo todo muy en serio y personalmente. Cuando veo cómo este conflicto está afectando e infectando mi vida y nuestra vida y cuando veo el terrible precio que pagamos todos, siento la necesidad de encontrar mi lugar en esta realidad. Por ello tenía que crear mi propio espacio y dar mis descripciones y mis nombres privados a la realidad exterior, porque lo primero que manipulan el gobierno, el ejército, la religión, en una situación tan distorsionada como la guerra, es el lenguaje.

  • P: ¿Cómo describiría a la sociedad israelí? ¿Es posible hablar de una sociedad uniforme?

R: Se trata de una sociedad sumamente interesante, empecemos por ahí. Se compone de mentalidades, psicologías, formas de pensar diferentes y contradictorias. Es vital, es fuerte, hay energías muy fuertes en la gente, existe esa alta tensión emocional en las personas, de inmediato se acercan a ti y te hablan directamente. Siempre hay una oportunidad de vivir una vida muy significativa aquí. Y, aun así, por debajo de toda esa vitalidad, está la silenciosa corriente actual de la desesperación, de la total falta de confianza en la posibilidad de que Israel siga existiendo.

Lo que estoy diciendo aquí es terrible, porque después de 62 años de existencia de Israel como estado, todavía no estamos seguros de que vayamos a tener un futuro aquí. Israel es todavía el único país del mundo cuya existencia no es realmente reconocida por otros pueblos y religiones. Me parece escandaloso, creo que refleja algo muy profundo sobre la actitud de los demás hacia Israel.

  • P: ¿Pueden los extranjeros entender a la sociedad israelí?

R: Pueden. Lo que creo que no pueden sentir es que hay algo único en este país, la mezcla del pasado, una historia muy fuerte, la historia trágica que hemos tenido y el hecho de que los israelíes fueran capaces de levantarse realmente de entre las cenizas y crear aquí un lugar que, con todas las críticas que hago de la situación política, de la ocupación, de la forma en que nuestros gobiernos tratan a otras personas, especialmente a los palestinos, a pesar de todo no olvido por un momento lo que hemos creado aquí. Es demasiado fácil dejarlo pasar y decir esto no es nada. No, es algo.

Hemos creado una democracia frágil, no estoy seguro de que todos disfruten de los beneficios de la democracia, pero si se la compara con países de nuestro entorno y con muchos otros países en el mundo, todavía es una democracia. Además, Israel ha creado aquí una cultura con el idioma hebreo y el idioma hebreo fue un idioma inactivo durante 1800 años.

  • P: ¿Es quizás imposible entender la sociedad israelí porque no hay una identidad israelí única?

R: O quizás eso es Israel, exactamente esa identidad, esa identidad muy complicada y contradictoria interiormente. Las contradicciones, los enfrentamientos, los desacuerdos, las disputas, las formas distintas de ver la realidad, de mirarnos a nosotros mismos, es lo que hace que el país sea tan difícil de gobernar. Nunca he envidiado al primer ministro de Israel, porque tiene seis millones de personas en la oposición, cada uno aquí tiene una idea muy concreta de lo que debe ser Israel y cómo debe comportarse, pero nadie estará de acuerdo con el otro.

No entendiendo cómo es Israel, entiendo algo

Esto es un volcán de ideas, de mentalidades, de impulsos y deseos, así es como debemos mirar a Israel y ésta es la única manera de intentar empezar a decodificar Israel. Incluso yo que nací aquí, que he vivido aquí toda mi vida, que hablo hebreo, no puedo decir que realmente lo entienda y lo decodifico a través del hecho de que no entendiendo, entiendo algo.

  • P: Parece que fuera de Israel se estuviese buscando una identidad post-sionista.

P: Bien, no puedo hablarle sobre fuera. Le puedo hablar sobre lo que yo quiero. Creo que sólo cuando tengamos paz podremos empezarnos a sentir seguros acerca de nuestro futuro y sobre nuestras posibilidades de sobrevivir aquí. Pero no sólo quiero sobrevivir. La supervivencia es esencial cuando se está en un completo peligro existencial en un campo de exterminio, pero cuando se tiene el mayor ejército en la región, no es suficiente con que toda la esperanza sea sólo sobrevivir de una catástrofe a otra.

Todavía no se han fijado las fronteras de Israel. ¿Se puede imaginar un estado de 62 años en el que no se han fijado las fronteras? No se han fijado las fronteras porque cada década, cada guerra, cada conflicto provocaba un cambio de fronteras. Es como vivir toda la vida en un hogar cuyas paredes son móviles, se están moviendo continuamente, nunca se sabe dónde acaba uno y donde empieza su vecino. Todo esto crea tentaciones en los otros para que nos invadan y en nosotros de reaccionar con una agresión excesiva ante cada amenaza.

Cuando mira a Israel desde el exterior, cuando nos ve en la pantalla del televisor, ve como una bestia militar. Somos muy duros y muy fuertes, pero en lo más profundo, cada israelí se siente muy frágil, muy inseguro respecto a nuestras posibilidades de estar aquí, de ser aceptados aquí y no es paranoia.

  • P: ¿Reside el problema en el fondo en el hecho de que los israelíes se ven como víctimas?

R: Es posible, porque nuestra mentalidad como pueblo a lo largo de nuestra historia y aún más después de la Shoa es la psique de un pueblo que se considera a sí mismo como una víctima y es difícil discutir esto. Hemos sido víctimas durante muchos años, es muy difícil olvidarlo. Después de todo, la identidad de uno se ha formado en torno a esta idea, es muy difícil empezar a crear una nueva identidad que dé fe a todos y se desarme a sí misma y no esté siempre en alerta a la espera del próximo golpe.

Lo que deseo es que actuemos en contra de esa victimización, realmente debemos comprender que somos lo suficientemente fuertes para empezar a crear un nuevo programa en Oriente Medio.

  • P: ¿No son los israelíes quizás prisioneros o rehenes del llamado "ritual de la guerra" y del "culto del poder"?

R: Supongo que tiene razón. Cuando nacemos, cuando desde hace tres generaciones hay una guerra aquí, no sólo uno se acostumbra a ella, sino que está programado para ella y no es capaz de detectar ningún nuevo signo, ni nuevas esperanzas a su alrededor, ya que le han enseñado a leer el texto de la realidad con un diccionario muy estrecho sobre la lucha: las alertas, las sospechas. Estoy describiendo algo que rompe mi corazón y al mismo tiempo hay que conocer los antecedentes. La salida es neutralizar los explosivos que generan esta situación.

Si todo depende del poder en Oriente Medio, nunca habrá paz

Los israelíes tendremos que cambiar, debemos cambiar si queremos ser capaces de ir a nuestros vecinos y ofrecerles un acuerdo justo, tienen que superar estos temores, tenemos que superar la tendencia a considerar el poder como la única manera de existir en esta área. Tenemos que ser fuertes, como he dicho. No podemos dejar que el ejército se vaya a casa y olvidarnos, es una región impredecible y poco fiable. Pero si sólo se depende del poder, nunca habrá paz ni vida aquí.

  • P: En los noventa parecía que el pacifismo era mayoritario entre los israelíes, pero luego esa tendencia pareció truncarse con el asesinato de Rabin...

R: No sólo con el asesinato de Rabin. También con los ataques terroristas suicidas de 1995 y 1996. Causaron 100 víctimas inocentes en Israel. En España saben exactamente qué significa ser sujetos o víctimas de atentados suicidas, de bombas, del terror. Es muy difícil ir y confiar en el enemigo cuando la realidad inmediata es tan brutal y violenta. Uno realmente tiene que superar algunos de sus instintos.

  • P: ¿Por qué les resulta tan difícil a los políticos y a la sociedad israelí acabar con los asentamientos, dar igualdad de derechos a los árabes israelíes y evitar otra serie de actitudes que complican y obstaculizan cada vez más un posible acuerdo de paz?

R: ¡Es tan típico, tanto para individuos como para sociedades, fallar exactamente en aquellos puntos que son necesarios para salvarse! Hay mucho de autodestrucción en ambos lados en este conflicto, en Israel y en los palestinos. Sabemos lo que hay que hacer, las líneas para llegar a una solución. Y a pesar de eso, estamos como paralizados frente a la verdad, frente a lo que debemos hacer. Veo cómo nuestros líderes una y otra vez son incapaces de hacer lo que saben que se tiene que hacer, cómo no tienen el coraje o la sabiduría.

No estamos bendecidos por un liderazgo con coraje

Está muy claro que no lo podemos solucionar por nosotros mismos, ni nosotros, ni los palestinos. No estamos bendecidos con un liderazgo con coraje, valiente, más bien lo contrario, nuestro liderazgo durante años ha inflamado los miedos, las ansiedades, de la gente. Es la forma de salir elegido en Israel. Necesitamos de forma desesperada ayuda del exterior. Esta ayuda exterior debe ser muy responsable. Nuestro conflicto no es un partido de fútbol en el que se debe apoyar a un equipo y odiar al otro. Si realmente queremos resolver la situación, se ha de apoyar a ambos equipos.

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