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Historia de la Tomatina de Buñol

  • La tomatina comenzó por accidente en 1945, cuando una pelea acabó a tomatazo limpio

  • Los jóvenes del pueblo mantuvieron la tomatina pese a las reticencias del ayuntamiento

  • Un reportaje de Informe Semanal popularizó la fiesta en 1983

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La Tomatina comenzó en 1945 casi por accidente. Aquel último miércoles de agosto de 1945 se organizó un desfile de gigantes y cabezudos al que no faltaron las autoridades de aquel entonces.

Un grupo de jóvenes del pueblo quiso participar en la comitiva festera y, en vista de que se lo prohibieron, empujaron a los participantes. Todo acabó en una multitudinaria pelea que terminó con una batalla campal cuyo arsenal fueron los tomates de un puesto de hortalizas cercano, según relata la web oficial de la fiesta.

Las fuerzas de orden público intervinieron para poner orden y obligaron a los participantes a pagar los desperfectos. Los jóvenes repitieron la batalla el año siguiente, sólo que trajeron consigo los tomates desde casa, y fueron disueltos otra vez por las fuerzas del orden.

Informe Semanal popularizó la fiesta


Fue un programa de esta casa, Informe Semanal, el que popularizó la fiesta en toda España con un reportaje de Javier Basilio allá por 1983.

Esta peculiar batalla se fue repitiendo año tras año, y de alguna forma se mantuvo una tradición que hoy congrega a más de 40.000 personas de todo el mundo, multiplicando por cuatro la población de Buñol.

No todo fueron facilidades. En los años 50 el ayuntamiento prohibió la batalla, algo que no frenó a los participantes. Cada año se congregaban más jóvenes cargados de tomates, dispuestos a lanzarse agua, meterse en la fuente, o lanzar tomatazos a los que sólo querían mirar.

Tanto fue el revuelo que en 1955 se organizó el 'entierro del tomate' con un ataúd con un gran tomate dentro. Durante el cortejo la banda de música local interpretaba marchas fúnebres. El Ayuntamiento claudicó y en 1957 autorizó la fiesta.

Desde los años 80, es la propia corporación local la que compra los tomates, unos 100.000 kilos en la cooperativa castellonense de Chilches.




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