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Gyanendra, el último monarca hindú

  • Se hizo con el poder en 2001, tras el regicidio en el que murió su hermano mayor
  • Muchos nepalíes creen que fue el que planeó de los asesinatos
  • Hasta su llegada, en Nepal se veneraba al rey como un Dios

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Un guarda real, en la puerta del Palacio real nepalí.
Un guarda real, en la puerta del Palacio real nepalí. REUTERS REUTERS

El último monarca hindú del mundo, Gyanendra, nunca gozó del cariño de sus súbditos, que sellaron su destino con un voto a favor de la República en Nepal.

Aunque Gyanendra haya sido destronado hoy oficialmente, ya carecía de todo poder en virtud del acuerdo de paz que el Gobierno firmó con la guerrilla en noviembre de 2006.

La decisión de la Asamblea pone fin a una Monarquía de 240 años, a cuyo titular los hindúes nepalíes reverenciaban como a un dios, pero cuyo declive fue manifiesto tras ascender al trono Gyanendra después del regicidio de 2001.

Rey con tres años

Nacido en Katmandú el 7 de julio de 1947, Gyanendra Bir Bikran Shah Dev fue el segundo hijo varón del rey Mahendra y la princesa Indra, pero fue criado por otros parientes porque el astrólogo real dictaminó que el niño atraía la mala suerte.

Con tan sólo tres años, fue proclamado rey y ostentó el trono dos meses, durante un breve exilio por razones políticas de su padre y su abuelo, el rey Tribhuwan, en la India.

Gyanendra cursó estudios secundarios en la India y universitarios en Nepal, participó en programas de conservación del medioambiente, escribió poemas y se dedicó a los negocios, entre otras actividades, antes de volver a la política en 2001.

El regicidio cambió su futuro

Fue el 1 de junio de 2001 cuando su hermano mayor y entonces rey, Birendra, murió junto a ocho miembros de la familia en su Palacio. Según la versión oficial, el autor del regicidio fue el príncipe heredero, Dipendra, quien estaba enajenado por la oposición de su familia a su elección de novia y se suicidó después de matarlos.

Gyanendra, ausente aquel día de Katmandú, fue proclamado rey de Nepal el 4 de junio de 2001, en medio de violentos disturbios de manifestantes que reclamaban saber la verdad sobre el regicidio.

En Nepal, muchos siguen creyendo que Gyanendra planeó el regicidio y recuerdan que su hijo Paras se salvó de la muerte pese a estar presente en la sala en la que ocurrieron los asesinatos.

Impopular desde el primer día

Desde su llegada al poder, en plena guerra con los maoístas, Gyanendra tomó decisiones que lo fueron haciendo cada vez más impopular entre sus súbditos.

Nepal se había convertido en una Monarquía constitucional sólo en noviembre de 1990 y celebrado tres elecciones en democracia. Dos veces, en octubre de 2002 y febrero de 2005, el rey se hizo con el poder tras disolver el Parlamento y, en la segunda ocasión, optó por posponer "sine die" las elecciones previstas ese año y retornar al absolutismo.

Pero en abril de 2006 los nepalíes protagonizaron una revuelta que su Ejército no logró reprimir, pese a la muerte de una veintena de personas en tres semanas, y que le obligó a devolver los poderes al Parlamento.

El nuevo Gobierno de Girija Prasad Koirala emprendió negociaciones con la guerrilla al mes siguiente, que dieron como fruto los acuerdos de paz de noviembre de 2006.

En negociaciones posteriores y tras intentar infructuosamente que el odiado Gyanendra abdicara para salvar la Monarquía, el partido conservador de Koirala dio un giro político y apostó también por la República.

Los acuerdos de paz privaron al rey de todo poder y éste quedó recluido en su Palacio en Katmandú y dejó de aparecer en los múltiples actos oficiales o religiosos que solía presidir, como la aparición anual ante los fieles de la niña-diosa o "kumari".

"Es un criminal, no la reencarnación de un dios"

En agosto de 2007, sus palacios fueron nacionalizados y al mes siguiente su rostro desapareció de los billetes de rupia. Amparado por la victoria en las urnas, aspira a sucederlo como jefe del Estado el ex guerrillero Prachanda.

Prachanda ha ofrecido al rey la opción de vivir como un "ciudadano corriente", dedicado a sus negocios, si no quiere arriesgarse a un "duro castigo". No en vano, una comisión de investigación consideró a Gyanendra culpable de las muertes durante la revuelta de abril de 2006.

Para el líder maoísta, fue Dipendra el que dio el tiro de gracia a la Monarquía nepalí. "Después de la masacre real, incluso los sectores más atrasados y tradicionales de las masas de Nepal comprendieron que el rey no es la reencarnación de un dios sino un criminal, supieron que lo que decíamos los maoístas era correcto".

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