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La primera victoria de Delgado en el Tour, en Luz Ardiden
Tour de Francia 2011 | Historia

Luz Ardiden: Perico abrió la senda de una montaña muy española

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Luz Saint Sauveur es un pequeño pueblo de 1.100 habitantes, situado en los Pirineos franceses, que ha alcanzado su fama a través del ciclismo y las bondades de su estación de esquí. Es la de Luz Ardiden, que en el Tour de Francia 2011 acogerá un final de etapa, por octava ocasión en la ronda gala desde 1985.

Ciclismo e invierno

Al pie de la zona conocida como circo de Gavarnie, Luz Saint Sauveur supone el fin del descenso del mítico Tourmalet por su cara más abrupta y, casi sin solución de continuidad, da acceso a una carretera estrecha y empinada hasta llegar a la estación de Luz Ardiden.

Desde Sassis, y una vez atravesado el puente de Napoleón, son 14 kilómetros de subida, con una pendiente media del 7,4 % y rampas que llegan a tener  el 9,2 % en su parte más difícil, en el quinto kilómetro de ascenso.

Luz Ardiden y sus alrededores son un auténtico paraíso para el ciclismo y también para los deportes de invierno, en especial esquí y snowboard, con 65 kilómetros de pistas.

Una luz en el desierto

Desde el triunfo de Luis Ocaña en el Tour de 1973, el ciclismo español había pasado como una imagen desdibujada por la ronda gala. Un desierto en el que solo los triunfos de etapa de Vicente López Carril y Miguel Mari Lasa, habían supuesto pequeños oasis, jalonados por los fogonazos de González Linares, Pedro Torres, Nazabal o Viejo.

Con la llegada de los 80, Ángel Arroyo, Eduardo Chozas y Pedro Delgado, le dieron una nueva carta de naturaleza al ciclismo patrio en el Tour. Corredores, auxiliares, directores y periodistas ya comenzaban a pasear con la cabeza más alta por los controles de firma de las etapas.

El 16 de julio de 1985, Pedro Delgado culminó el trabajo de su equipo de entonces, el Seat- Orbea, y escribió en la cima de Luz Ardiden una de sus más bellas páginas.

La jornada tuvo unas condiciones atmosféricas durísimas, casi fatales para el líder, Bernard Hinault. El francés tenía una bronquitis, agravada por una caída días antes, en Saint Etienne, y en la que se rompió la nariz. Sin poder respirar casi, Hinault tuvo en peligro lo que, a la postre fue, su quinto y último Tour.

Una jornada perfecta

Para los 209  kilómetros del día, Txomin Perurena, director del equipo Seat- Orbea y una de las glorias del ciclista español, dispuso un audaz plan de batalla: primero, Pepe del Ramo se iría en el Aspin, a más de 80 kilómetros de la meta; tras él saldría Pello Ruiz Cabestany y se reunirían en el descenso.

A partir de ahí, Cabestany coronaría solo el Tourmalet, en cuyas rampas se destacaría Perico, y el vasco prepararía el terreno para ayudar en lo posible a Delgado, que arrancaría al pie de Luz Ardiden.

Aquel día fue planeado y realizado

Como diría después Delgado:"Cuando uno planifica una táctica y trata de hacerla realidad, casi siempre se rompe y no te sale, pero aquel día fue planeado y realizado".

Así de simple parece lo que, en realidad, exigió el trabajo hasta la extenuación de Del Ramo,  Cabestany y de todo el equipo, en uno de esos esfuerzos generosos que el ciclismo refleja como pocos deportes.

Perico arrancó y sacó un minuto con rapidez, sin embargo se encontró con la oposición del mejor escalador mundial del momento, el colombiano Lucho Herrera. La excepcional progresión de Herrera llegó a poner en peligro las aspiraciones de Pedro: "Este tio me va pasar entre la niebla y no le voy a ver ni el pelo", llegó a pensar el segoviano.

La Luz del ciclismo español

Pero no fue como temió, y Perico, que ese año había ganado la Vuelta a España con su gesta en la etapa de los Puertos, consiguió el triunfo en la primera llegada a Luz Ardiden en la historia del Tour de Francia y la primera de sus victorias en la prueba que habría de ganar tres años después.

Una nueva hazaña del segoviano, que surgió de entre la niebla como un fantasma, para sacar en la meta 25 segundos a Herrera. Hinault llegó a más de cuatro minutos. En la general final de aquel Tour, Pedro quedó sexto y alcanzó uno de sus éxitos más inolvidables.

La cima de Luz Ardiden se ha subido seis veces más en la historia del Tour y en otras tres el éxito ha sonreído a ciclistas españoles. En 1988, triunfó otro de los grandes escaladores nacionales, Laudelino Cubino, quien repitió victoria en la misma cima, pero en la etapa reina de la Vuelta a España de 1992.

En 1990, Miguel Indurain ofreció sobre sus rampas una de sus mejores exhibiciones en montaña ante el mismísimo Greg Lemond, que sería el ganador final. Las rampas de Luz Ardiden vieron, con un año de anticipación, el triunfo del que sería el nuevo rey del ciclismo.

Indurain gana en Luz Ardiden, 1990

Y en 2001, Roberto Laiseka alcanzó la mejor de sus cinco victorias como profesional, en la montaña de Luz Ardiden.

En ella también vivió Lance Armstrong uno de sus momentos inolvidables en 2003. El estadounidense respondió al ataque de Iban Mayo y con los dos se fue Jan Ullrich.

Armstrong enganchó su manillar con la bolsa de un espectador y se fue al suelo, arrastrando en su caída al vasco. Enrabietado, Lance superó a rivales, y fue tanta su fuerza que se le salió el pie de la fijación del pedal y casi se fue al suelo. A pesar de tanto contratiempo Armstrong ganó la etapa.

Armstrong contra las adversidades, en Luz Ardiden 2003

Luz Ardiden también ha sido final de etapa en la  Vuelta a España en dos ocasiones: la del mencionado triunfo de Cubino, en 1992, y la que ganó Laurent Jalabert, en 1995, pero esas son ya otras historias...

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