Rusia lanzó su invasión a gran escala de Ucrania en febrero de 2022. Con unas negociaciones de paz estancadas y bajo la presión constante de Estados Unidos, el país llega exhausto al cuarto aniversario de la guerra. Los ataques son casi diarios.
Rusia ha vuelto a atacar este domingo infraestructuras energéticas ucranianas con drones y misiles, cuando están a punto de cumplirse cuatro años de guerra. Los ataques han provocado al menos un muerto en Kiev y daños en Odesa.
Por otro lado, las autoridades ucranianas investigan como un "atentado terrorista" una explosión en Leópolis (oeste de Ucrania, cerca de la frontera con Polonia), que ha dejado un muerto y 25 heridos.
La bandera rusa ondeará de nuevo en una competición deportiva internacional, en este caso, los Juegos Paralímpicos de Milano-Cortina. Rusia dice adiós a un veto que llegó en 2016 tras un escándalo de dopaje y a la que se unió su suspensión tras la invasión a Ucrania en 2022.
La tercera ronda de negociaciones entre Ucrania y Rusia para un posible final de la guerra, en las que ha mediado Estados Unidos, han concluido en Ginebra (Suiza) tras dos jornadas sin que se hayan registrado avances sustanciales, unas conversaciones que ambas partes han calificado como "difíciles".
Esta semana Steve Witkoff y Jared Kurshner tienen la agenda completa: ayer se reunieron con funcionarios rusos, ucranianos e iraníes en Ginebra y mañana, ya en Washington, asistirán a una reunión de la Junta de Paz para Gaza. Su currículum diplomático tiene una línea principal: la confianza del presidente Donald Trump. Witkoff, promotor inmobiliario, es amigo del presidente y Kushner es familia: es el marido de su hija Ivanka.
Comenzaron a rellenar el apartado de la experiencia en su historial con el alto el fuego en Gaza del pasado octubre. Un logro económico para ellos que tienen intereses multimillonarios en la región, pero un acuerdo político frágil y estancado. La Junta de Paz pretende avanzar en la transición política y en la reconstrucción de Gaza vista como un negocio, sector que sí dominan.
A pesar de las prisas de Trump por seguir pacificando el mundo, sus mediadores no han conseguido cerrar más tratos. Prometió acabar con la guerra de Ucrania en 24 horas, pero la próxima semana llegará a su cuarto año. Witkoff y Kushner se han dado de bruces con las líneas rojas de Putin y Zelensky. Y en el último frente abierto, el de Irán, parece estar más cerca un ataque de Estados Unidos que un acuerdo pacífico. Pero Trump confía en ellos para lograr uno de sus objetivos: el Nobel de la Paz. Lograrlo le pondría, por fin, al mismo nivel que al expresidente Obama.
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