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"Mantenemos viva la música", es el clarificador eslogan del sello discográfico español Rama Lama Music, por el que sentimos verdadera devoción, y del que estamos muy pendientes de cada nuevo lanzamiento, prácticamente desde su creación, hace ya muchos años.Y Rama Lama Music nos proporciona otra grata noticia, porque acaba de publicar un fenomenal recopilatorio de Conchita Velasco, la veteranísima actriz española, que también hizo sus pinitos en la música a lo largo de su extensa y reconocida trayectoria en el mundo del cine y el teatro.Este nuevo recopilatorio de Conchita Velasco, recoge su gran éxito "La chica ye-yé" y sus grabaciones para la desaparecida compañía discográfica Belter. Entre las rarezas de esta colección, mencionamos el americanizado "Las Vegas", y dos adaptaciones muy divertidas de sendos clásicos de la copla: "El moreno de mi copla", en vez de "La morena...", y, en lugar de "Me debes un beso", inolvidable canción grabada a dúo por Carmen Morell y Pepe Blanco, esta impagable adaptación registrada junto al inmortal Manolo Escobar, con el que, al parecer, Conchita vivió un auténtico "affaire" amoroso, según las crónicas rosas, grabación que se incluyó en la banda sonora de una película de 1971, y que se tituló "Me debes un muerto". Su vertiente musical más desconocida.Nuevo recopilatorio "La chica ye-yé", con Conchita Velasco.

La actriz Concha Velasco ha regresado al teatro romano de Mérida representando la obra clásica Las Metamorfosis, de Ovidio. Esta representación es la que más días estará sobre el escenario y en ella también actúan Belén Cuesta y Pepe Viyuela. La directora teatral, Mary Zimmerman, seleccionó algunos de los mitos de Las Metamorfosis, que ahora ha sido adaptada por David Serrano.

Es uno de los personajes más interesantes de la historia española. Una reina maltratada por su marido, Felipe el Hermoso, por su padre, Fernando el Católico, y finalmente por su hijo Carlos V. Juana, una loca para unos, una víctima atormentada para otros. La historia de esta reina, vista a través de su última noche de vida, llena el Teatro de la Abadía con texto de Ernesto Caballero y como protagonista Concha Velasco que lleva casi dos años muriendose cada noche bajo la dirección de Gerardo Vera. "Lo que más me duele de su historia es que la primera que la odiaba era su madre. Juana era superdotada e Isabel la Católica la tenía una manía enorme porque hacía preguntas ¿a quién se le ocurre a una mujer hacer preguntas?", ha asegurado la actriz en Las mañanas de RNE. Es una función muy desgastadora en lo físico, ha afirmado, un papel muy exigente para el que Concha Velasco se prepara a conciencia "con ejercicios físicos y mentales" para concentrarse. "Antes de salir me meto en situación y levito".

Con 12 años Concha Velasco bailaba la tragedia Hécuba con música de tchaikosvsky a las órdenes de un particular profesor de ballet que le metió dentro el amor por esa madre justiciera. Por eso, mucho tiempo después persiguió un papel en el que muchos no la veían pero resultó que sí estaba a la altura del teatro de Mérida y de las grandes intérpretes de tragedia griega. Anoche se lo reconocieron con el premio Valle Inclán de teatro y esta mañana seguía emocionada.

Concha Velasco ha regresado al teatro con Olivia y Eugenio. La historia cuenta la situación que vive la protagonista al ser diagnosticada de un cáncer terminal y sentirse desbordada por ser madre de un hijo con síndrome de Down. La actriz se siente feliz con este personaje y matiza que nunca se ha ido porque durante su enfermedad estuvo estudiando esta obra (14/01/15).

 La actriz Concha Velasco se está enfrentando todos los días en el teatro a una terrible coincidencia. El personaje que interpreta, Olivia, pasa por un trance vital parecido al que la actriz ha estado padeciendo en los últimos meses: una grave enfermedad y un duro tratamiento. 

La vocación de Concha

La hemos invitado a plató para que nos hable de este último trabajo teatral que tantas cosas remueve, de su vocación, de los sentimientos que maneja sobre el escenario… “Olivia y Eugenio”, así se titula el texto de Herbert Morote, tiene como punto de partida la experiencia del autor. 

Con un hijo con síndrome de down, Morote plantea una cuestión: qué pasa con esos chavales cuando sus padres fallecen, qué puede ser de ellos, qué hacer con ellos.