De Artemis II al arte contemporáneo: viajes, ficciones y órbitas en Metrópolis
En 2026, la misión Artemis II ha escrito un nuevo capítulo en la exploración espacial: es la primera misión tripulada que orbita la Luna desde el programa Apolo. Más de medio siglo después del histórico alunizaje del Apollo 11 en 1969, cuando Neil Armstrong pronunciaba su célebre frase al pisar la superficie lunar, el regreso al satélite se produce en un contexto radicalmente distinto, atravesado por nuevas tensiones geopolíticas, avances tecnológicos y una creciente participación internacional en la carrera espacial.
Si durante la Guerra Fría la Luna fue símbolo de conquista y poder, hoy se redefine como laboratorio científico, plataforma de exploración futura y como territorio simbólico. En este cruce entre historia, tecnología e imaginación, el arte contemporáneo ha desempeñado un papel clave, cuestionando los relatos oficiales, explorando nuevas narrativas y ampliando los límites de lo visible.
Con motivo de este importante hito, Metrópolis propone un recorrido por su archivo a partir de algunas de las obras y artistas que han pasado por el programa y que han abordado la Luna, el espacio y el universo desde distintas perspectivas: del archivo a la ficción, de la ciencia a la especulación.
Ficciones de la conquista: reescribir la Luna
En 1969, las imágenes del Apolo 11 fueron retransmitidas en directo a millones de espectadores en todo el mundo, consolidando la Luna como icono mediático global. Pero, ¿qué ocurre cuando esas imágenes se reescriben?
Larissa Sansour, en A Space Exodus (2009), recrea el alunizaje desde una perspectiva radicalmente distinta. En ella, la artista palestina se apropia de la iconografía de la misión Apolo para construir un relato alternativo en el que es la bandera palestina la que corona la superficie lunar. La pieza, producida con estética cinematográfica, cuestiona las narrativas de conquista y pertenencia, trasladando los conflictos territoriales de la Tierra al espacio exterior.
A Space Exodus (Larissa Sansour, 2009) R
La Luna deja así de ser un territorio neutral para convertirse en un espacio político, donde las imágenes históricas son revisadas y resignificadas.
Archivos, engaños y verdades alternativas
La carrera espacial fue también una carrera mediática, y, como toda construcción mediática, susceptible de ser manipulada. Hoy, en plena era de la desinformación, las imágenes del espacio siguen siendo terreno fértil para la ficción. En esa línea de exploración se sitúa In Event of Moon Disaster (2019), de Halsey Burgund y Francesca Panetta, una pieza que imagina un escenario alternativo en el que la misión Apolo 11 fracasa. Incluida en la exposición Fake News. La fábrica de mentiras en Espacio Fundación Telefónica, esta obra utiliza inteligencia artificial para recrear el hipotético discurso que Richard Nixon habría pronunciado en caso de desastre (un texto que, de hecho, llegó a prepararse), evidenciando cómo la tecnología puede reescribir la historia con una precisión inquietante.
Sputnik (Joan Fontcuberta, 1997)
En este contexto destaca también la obra Sputnik (1997), de Joan Fontcuberta, que construye la historia ficticia de un cosmonauta soviético desaparecido en una misión espacial. A través de fotografías, documentos y material de archivo manipulados, el artista genera un relato verosímil que cuestiona la credibilidad de la imagen documental y la construcción de la verdad histórica. La repercusión mediática de este proyecto en su momento, tomándolo como una historia real, acentúa aún más la urgencia de revisar el valor de las imágenes y su relevancia sociocultural.
Dos formas de reescribir la historia que nos recuerdan que la exploración espacial no solo se juega en el terreno de la ciencia, sino también en el de la imagen.
Más allá de 2001: inteligencia y espacio
La exploración espacial ha estado siempre ligada a la evolución tecnológica. Y pocas obras han captado esa relación como 2001: A Space Odyssey de Stanley Kubrick, que ya en 1968 anticipaba escenarios vinculados a la inteligencia artificial y los viajes espaciales.
AOmega (Mat Collishaw, 2016)
La exposición Más allá de 2001: Odiseas de la inteligencia, en el Espacio Fundación Telefónica, y comisariada por Claudia Giannetti, proponía un recorrido desde el origen de la inteligencia humana hasta las posibilidades de la inteligencia artificial, tomando como hilo conductor la película de Kubrick para plantear preguntas fundamentales sobre el presente y el porvenir.
Aquí, la exploración espacial aparece no solo como conquista física, sino como extensión de la inteligencia humana: una proyección hacia lo desconocido.
El universo como lenguaje
Más allá de la narrativa histórica, algunos artistas han abordado el cosmos como sistema visual y conceptual.
Una imagen de la Luna atravesada por una lluvia de meteoritos sitúa al espectador en un paisaje que remite a lo cósmico. Así comienza Crystalline (2011) el videoclip de Björk, dirigido por Michel Gondry incluido en el programa Música animada. Más que construir un relato sobre el espacio, el vídeo despliega un universo visual centrado en la materia: cristales, estructuras minerales y formaciones geológicas que crecen y se transforman.
Crystalline (Björk, 2011. Dir. Michel Gondry) R
Este viaje hacia el interior de la materia funciona como reverso del viaje espacial: no se trata de abandonar la Tierra, sino de descubrir en ella otros mundos posibles.
En esa exploración del cosmos como lenguaje, Eugènia Balcells aborda la relación entre ciencia, imagen y percepción. Su trabajo, vinculado a la luz y al análisis del espectro electromagnético, convierte el universo en un lenguaje visual, donde los elementos químicos, las estrellas o la radiación se transforman en materia artística.
Años Luz ( Eugènia Balcells)
Aquí la Luna ya no es un destino ni un símbolo político, sino parte de un sistema más amplio: un campo de fuerzas, energías y correspondencias que conectan lo microscópico con lo cósmico.
Lo micro y lo macro se conectan también en la serie Cuerpos celestes de Glenda León, donde un universo emerge de lo casi invisible. Materiales frágiles, como el polvo de alas de mariposa, se transforman en imágenes que evocan galaxias.
Y si el universo puede leerse como un lenguaje, también puede escucharse. En Escuchando la Luna (2020) y Escuchando las estrellas (2019) el cosmos se desplaza del ámbito visual al sonoro. La Luna deja de ser algo que simplemente se observa: también se construye, se percibe… e incluso se escucha.
Otros mundos, otras órbitas
En el programa especial de Metrópolis dedicado a Pacific Standard Time: LA/LA (2017), la exposición Mundos alternos: arte y ciencia ficción en las Américas proponía una mirada crítica sobre el imaginario espacial. Frente a la narrativa dominante de la conquista, las obras reunidas en la muestra abordaban la Luna y el universo desde perspectivas atravesadas por la identidad, el colonialismo y la migración.
En Coconauts in Space (1994–2016), Adál situaba un sujeto portorriqueño en el centro de la misión espacial, cuestionando quién tiene derecho a ocupar el espacio (y la Tierra) y desplazando la épica del astronauta hacia territorios marcados por la historia colonial.
Esa misma tensión aparece en Alien Toy (La ranfla cósmica) (1997), de Rubén Ortiz Torres, donde un coche lowrider se transforma en nave espacial; o en Tropical Mercury Capsule (2010), de Simón Vega, que recrea una cápsula espacial con materiales reciclados.
Aquí, la figura del alien adquiere una dimensión política: no sólo como extraterrestre, sino como lo ajeno, el otro. El espacio exterior se convierte así en un espejo de las dinámicas terrestres, donde se proyectan las tensiones en torno a la pertenencia, la identidad y los límites.
Gravedad, cuerpo y desplazamiento
Las cuestiones espaciales también han llamado la atención de los creadores más jóvenes. En el programa dedicado a las Ayudas INJUVE a la Creación Joven en 2016, aparecía Perpetuamente lejos de casa de Julia Llerena, una investigación sobre el espacio, la materia y el equilibrio.
La pieza plantea una reflexión sobre la distancia, el desplazamiento y la relación del cuerpo con el entorno, evocando, de forma indirecta, la experiencia de ingravidez o desarraigo asociada a los viajes espaciales. En este caso, la Luna funciona como horizonte conceptual: un lugar lejano que redefine nuestra percepción del espacio y del propio cuerpo.
Más allá del universo de la IA
Durante décadas, la exploración espacial ha sido también un ejercicio de imaginación. Fenómenos imperceptibles, como los rayos cósmicos, se reinterpretan hoy a través de la inteligencia artificial. Proyectos como AVA V2, del colectivo Ouchhh, transforman datos científicos en experiencias visuales. El universo deja de ser solo una representación: se procesa, se traduce en datos… y se convierte en imagen.
AVA V2, del colectivo Ouchhh
Toda imagen del espacio es también una interpretación. En Galaxy Gates, Thomas Blanchard construye paisajes que remiten al cosmos a partir de materiales cotidianos como pintura, aceite o jabón. Galaxias, órbitas, cuerpos en movimiento: lo que vemos no es el espacio, sino la materia en transformación.
Galaxy Gates (Thomas Blanchard) R
Ya instalados en el terreno de la especulación, encontramos la cinemática del videojuego Anno 2205 (Ubisoft), donde la Luna aparece como un territorio habitable: ciudades, infraestructuras, vida organizada más allá de la Tierra. Un futuro proyectado desde la tecnología y la industria cultural, donde la conquista del espacio se convierte en promesa de progreso.
Órbitas cruzadas
Desde las imágenes del Apolo 11 hasta las simulaciones generadas por inteligencia artificial, la Luna ha sido tanto un destino como un relato, un espacio en permanente construcción, donde se cruzan la ciencia y la imaginación, la tecnología y la percepción.
En este recorrido por obras emitidas en Metrópolis, la Luna aparece como un espacio de proyección donde convergen ficción, ciencia, política y memoria. Un territorio en el que cada imagen, real o construida, redefine nuestra relación con lo desconocido.
Hoy, mientras nuevas misiones vuelven a situarla en el centro de la exploración espacial, estas obras nos recuerdan que mirar la Luna es también una forma de mirarnos a nosotros mismos.
Porque quizá la verdadera exploración no consista en llegar más lejos, sino en aprender a mirar más allá.
Metrópolis