La dura confesión de Javier en 'MasterChef 14': "Me detectaron un glaucoma con 15 años"
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La cocina tradicional fue la protagonista de la prueba de eliminación del séptimo programa de MasterChef 14. Con Almudena Gandarias, ganadora de MasterChef Abuelos 2, y Juana García, aspirante de MasterChef 8, como invitadas, los jueces prepararon una cata a ciegas a los aspirantes, donde con los ojos tapados tuvieron que probar siete platos caseros tradicionales y adivinarlos. A Javier no se le dio del todo mal y explicó el porqué: "Pues yo he hecho este ejercicio muchas veces. Porque soy ciego de un ojo".
La confesión dejó a Marta descolocada y Javier dio a conocer algún detalle más: "Me detectaron un glaucoma con 15 años. El ojo malo lo tengo operado, pero para el ojo bueno me medico. Por ejemplo, cuando me pasó, no podía jugar al pádel. Estoy operado dos veces del ojo malo para evitar perderlo, y una vez operado el ojo bueno para no quedarme ciego. Intento ver lo máximo posible para no perderme nada por si algún día llega ese momento".
"Estoy super asustado porque no me quiero ir"
Por segunda semana consecutiva, Javier estuvo en la cuerda floja. Y él es consciente de que tiene que mejorar. Presentó ante los jueces su plato de rabo de toro siendo consciente de que estaba un poco duro: "Se llama 'Hasta el rabo todo es toro'. Se lo voy a dedicar a la tauromaquia en general y a todo el mundo que se dedica al mundo del toro", explicó.
Pero Pepe rápidamente dio con la clave: "No hay cosa peor que presentar el rabo de toro sin la salsa. El rabo tiene que cocinarse en la salsa, para que quede untuoso". Eso sí, Marta destacó el sabor de la salsa. Pero dejar el rabo de toro duro es algo que a estas alturas los jueces no pueden pasar por alto. Javier, en estos instantes de espera, se mostró nervioso y así lo verbalizó: "Estoy super asustado porque no me quiero ir. Sabía que estaba duro, lo tendría que haber metido antes".
Finalmente, la expulsada fue Inma, que preparó un plato diferente al que originalmente le asignaron los jueces. Y Javier pudo respirar tranquilo. Pero sabe que lleva dos semanas al borde de la expulsión y que tiene que ponerse las pilas. Porque como dice el refrán, "tanto va el cántaro a la fuente...".