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Un hogar habla en primera persona en 'Una casa sola', de Selva Almada

  • La escritora argentina Selva Almada, finalista del premio Booker, presenta su novela Una casa sola
  • La narradora de la novela es la propia casa, que ha sido abandonada y espera solitaria en el monte
Página Dos - Una familia deja 'Una casa sola' en la nueva novela de Selva Almada
Marta Dominguez

La escritora argentina Selva Almada (Entre Ríos, 1973), traducida a más de veinte lenguas y finalista del International Booker Prize en 2024, presenta en Página Dos su nueva novela, Una casa sola (Random House). El libro es una fábula sensible e inquietante sobre las casas que se habitan y se dejan atrás. La protagonista y narradora de la historia es la propia casa, que cuenta su pasado y su desconcierto del presente: la familia que vivía allí se ha marchado apresuradamente, como si huyera. Las raíces van entrando en la casa. Las gallinas despistadas se buscan alimento como pueden en los restos de la alacena. Los perros se enroscan en las sábanas de las camas. Pero Lucero, su esposa y los cuatro pequeños no regresan.

La casa está en un monte. De noche, los soldados de distintas guerras la acechan, sin llegar a entrar. El progresivo deterioro del hogar abandonado se narra de una forma poética, con puntuales anacronismos. Selva Almada logra la hazaña de volver audible el transcurrir del tiempo y sensible la obcecación de la naturaleza por recuperar lo que los hombres tomaron siglos atrás. Por momentos la novela transcurre al margen del tiempo, en un devenir solo conectado con los ciclos de las estaciones. La casa es la voz de los que habitan el territorio, de los dueños y los esclavos, de aquellos a los que echaron, los que vagan sin rumbo y los que ya no están.

El vínculo entre el monte y la casa

La novela se inicia con una observación a los árboles que rodean la casa, como el tala vecino, que ha visto crecer. «Lo conozco desde chiquito. Vino semilla en los intestinos de un pirincho. Esperó posada en la superficie, abrigada por la mierda del pájaro, hasta la primera lluvia gorda de ese año. En primavera reapareció hecha brote. Lo pastoreé día tras día, un tallo que iba ganando altura, echando cuerpo. Entonces yo tampoco era una casa. Más bien un refugio, un reparo. Cuatro paredes de adobe y un techo de ramas».

La novela La casa (1954), de Manuel Mújica Láinez, también empleó en su día el recurso narrativo del objeto inanimado que habla. Cuenta su apogeo y decadencia, que no es solo el de ella, sino también el de la clase alta argentina del siglo XIX. Autobiografía de un pañuelo de bolsillo (1843), es una obra de sátira social escrita por James Fenimore Cooper. La narración en primera persona parte esta vez de un pañuelo de encaje fino que observa la vanidad y las costumbres de la alta sociedad en París y Nueva York durante la década de 1830. En The Adventures of a Guinea (1760), de Charles Johnstone, quien habla es una moneda de oro que circula por todos los estratos sociales, desde los bolsillos de criminales hasta los de reyes, y ofrece una panorámica cínica de la corrupción humana.

No puedo imaginar mi vida sin leer

«No puedo imaginar mi vida sin leer, sin escribir tal vez sí. Yo antes que nada fui lectora», cuenta la escritora en su entrevista con Página Dos. Selva Almada muestra al lector Una casa sola que lleva diez años sin habitarse. Un equipo de antropólogos, comandados por una mujer, llegarán al campo para dilucidar qué pasó con la familia desaparecida que vivía en la casa. Un relato fascinante, en la línea poética con toques de realismo mágico que la autora ya exploró en No es un río (2020), Los inocentes (2019), El mono en el remolino. Notas del rodaje de Zama de Lucrecia Martel (2017), El desapego es una manera de querernos (2015), Chicas muertas (2014), Ladrilleros (2013) y El viento que arrasa (2012).