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El motín contra Esquilache, mucho más que capas y sombreros

  • Las normas de vestimenta fueron el detonante de la revuelta, pero en el trasfondo latía la asfixia de las clases humildes y el descontento con los ministros italianos de Carlos III
  • Recordaremos este decisivo episodio histórico a las 0 horas del lunes 20 en Documentos RNE
Una litografía coloreada de Eusebio Zarza representa una escena del siglo XVIII donde hombres son obligados a usar capas cortas y tricornios en una plaza, recreando un momento histórico.
"Imposición de la capa corta y el tricornio", litografía de Eusebio Zarza. Coloreada a partir de original en blanco y negro.
DOCUMENTOS RNE

El napolitano Leopoldo de Gregorio, marqués de Esquilache, es uno de los ministros más recordados de Carlos III. En parte por el poder que llegó a acumular y en parte por su abrupta destitución tras una revuelta popular en Madrid, aunque oficialmente cesó a petición propia. El conflicto suele simplificarse como un asunto de capas y sombreros, pues la chispa que lo detonó fue un bando que obligaba a los madrileños a acortar la longitud de sus capas y a doblar en tres picos sus sombreros redondos de ala ancha o chambergos. Pero la cuestión tuvo más calado que la simple defensa de una vestimenta tradicional frente a una supuesta moda impuesta por un extranjero.

En el descontento popular fue decisiva la creciente presión que sufría la población más humilde, sobre la que repercutieron de forma directa o indirecta las reformas urbanísticas de la Corte impulsadas por Esquilache: instalación de faroles para el alumbrado nocturno, empedrado de las calles, construcción de fosas sépticas para que los residuos no se acumularan en las calzadas... Una carga económica difícilmente asumible en una coyuntura, además, de fuerte carestía de productos tan básicos como el trigo. La crisis alimentaria se vio agravada con la inédita libertad del comercio de granos decretada en 1765, que sometía a las leyes del mercado el precio de los cereales.

Sobre la revuelta, los historiadores barajan dos teorías. Para unos se trató de una insurrección en la que el pueblo de Madrid fue solo el instrumento de ciertas élites para dar un golpe de Estado. Para otros, el estallido popular tuvo sus propias causas, con independencia de que algunas clases dominantes intentaran aprovecharse de él a posteriori en su propio beneficio. Las políticas reformistas que desarrollaron los ministros de Carlos III habían perjudicado a los intereses pecuniarios de determinados nobles y eclesiásticos, estamentos privilegiados en el Antiguo Régimen. También frustraron aspiraciones de poder al otorgar el monarca importantes cargos a muchos italianos llegados desde Nápoles, donde había reinado 25 años antes de asumir la corona española.

Retratos del marqués de Esquilache (obra de Giuseppe Bonito) y de Carlos III (por Anton Raphael Mengs).

Impresionado por la magnitud de la revuelta, Carlos III huyó a Aranjuez con su familia y no volvió a la ciudad hasta nueve meses después, cuando el nuevo hombre fuerte del país, el conde de Aranda, pudo garantizar su seguridad. El levantamiento triunfó porque los insurrectos obtuvieron buena parte de sus reivindicaciones más importantes, aunque el rey intentó revertir la mayoría, más sobre el papel que en la práctica. El destierro de Esquilache fue, en efecto, lo primero que pidieron los madrileños amotinados el 23 de marzo de 1766. Pero entre sus demandas había otras que afectaban a aspectos económicos, sociales e incluso simbólicos de la vida diaria.

Durante las décadas siguientes nada volvió a ser igual en la capital. Desde el poder se desarrolló hacia el vulgo la política del palo y la zanahoria: se satisficieron algunas de sus demandas, pero al mismo tiempo aumentó la represión, sobre todo de los pobres y vagabundos, a quienes se acusó de ser los principales protagonistas del motín. Pero los grandes chivos expiatorios, como colectivo, fueron los jesuitas, señalados como inductores. En realidad esa imputación fue el pretexto con el que Carlos III dictó la expulsión de España a la Compañía de Jesús, en sintonía con lo que venía ocurriendo en otras naciones al implantar el despotismo ilustrado.

Colegio Imperial de la Compañía de Jesús, próximo a algunos de los focos del motín. Luis García (CC BY-SA 3.0)

En "El motín contra Esquilache, mucho más que un asunto de capas y sombreros", documental sonoro escrito por Luis Zaragoza y realizado por Mayca Aguilera, participan los historiadores José Miguel López García, autor del libro El motín contra Esquilache: crisis y protesta popular en el Madrid del siglo XVIII; José Andrés-Gallego, autor de El motín de Esquilache, América y Europa; Carlos Martínez Shaw y Roberto Fernández, especialistas en historia moderna de España; y José Antolín Nieto Sánchez y José Ubaldo Bernardos Sanz, expertos en la historia económica y social del Antiguo Régimen en Castilla y, en especial, en Madrid.

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