Pablo Carbonell confiesa a Broncano su peor temor de la infancia, "el vagón de los borregos" de su madre | La Revuelta
- El actor y cantante gaditano considera que "tenemos un drama con los chavales" por la falta de lectura
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Pablo Carbonell lleva más de 40 años de trayectoria entre el cine, la música y el teatro, y su primera visita a La Revuelta ha servido para presentar el nuevo disco de su banda, Los Toreros Muertos, con ironía y humildad a partes iguales, titulado 100.000 copias vendidas en una semana, pero a la venta únicamente en una tienda del madrileño barrio de Carabanchel. Y el artista gaditano que formó parte de La bola de cristal presenta también nueva obra de teatro, Género de dudas, que se estrena el 25 de abril y en la que comparte elenco, entre otras, con Pastora Vega. “Encantado de estar” en un programa que ve a diario, el polifacético humorista ha reflexionado también sobre las nuevas generaciones y sobre la “adicción” a los aplausos, y ha confesado a Broncano cuál era su mayor miedo en la infancia.
Un regalo por el día del padre
Pablo Carbonell es padre de dos hijas de dos matrimonios diferentes, y ha aprovechado el Día del Padre para pedir al público de La Revuelta un regalo que le hacía mucha ilusión: “Me gustaría llegar a los 200.000 seguidores en Instagram”, donde le siguen 137.000 usuarios. La pequeña de sus hijas, Mafalda, acaba de hacer a sus 17 años su primera película como protagonista, Todos los colores, en la que se aborda el amplio abanico de dificultades transitadas a lo largo de la adolescencia. Una generación que, en opinión de Carbonell, no lee tanto como la suya: “Igual es que no han encontrado su libro”, reflexionaba, opinando que “tenemos un drama con los chavales”, aunque subrayaba que “la imaginación que general la lectura de un libro no la genera la televisión”.
La adicción a los aplausos y el mayor miedo de su infancia
Primo de la actriz Aitana Sánchez-Gijón, a quien ha calificado de “persona estupenda, muy involucrada en cuestiones sociales, y una dama del teatro”, Pablo Carbonell lleva más de cuatro décadas dedicándose al arte y el espectáculo. “Me encantan los aplausos”, reconocía en su entrevista con Broncano, matizando que es preferible caer en la adicción al reconocimiento del público que “estar en esta profesión por el dinero”. En este sentido, se considera afortunado porque “todo lo que he hecho en la vida me ha ido bien”, y quizá por ello se defina como una persona feliz. “Hemos tenido mucha suerte de nacer después de dos bombas atómicas y en España, que es un país fantástico”, sostenía. Sin embargo, ha explicado que a lo largo de su infancia arrastró el terrible temor al “vagón de los borregos”, a donde su madre amenazaba con mandar a los hermanos si se portaban mal: “Nunca supe lo que era, pero le funcionaba”.