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Materias primas estratégicas: la guerra por los chips y el cobalto

  • La geopolítica ya no gira en torno al petróleo, sino a los materiales que sostienen la economía digital, la seguridad y la lucha contra el cambio climático
  • En ‘Materias primas a sangre y fuego’, con los documentales ‘La guerra de los chips’ y ‘La batalla por el cobalto’
Materias primas estratégicas: la guerra por los chips y el cobalto
Materias primas estratégicas: la guerra por los chips y el cobalto

Los microprocesadores y el cobalto se han convertido en las materias primas más decisivas del siglo XXI, situándose en el centro de una batalla económica, tecnológica y geopolítica que enfrenta a las grandes potencias. Sin chips no hay innovación, defensa, digitalización ni transición ecológica; sin cobalto, no hay baterías para el coche eléctrico que promete reducir las emisiones de CO₂. 'La noche temática' aborda las guerras por el control de las materias primas.

La guerra de los chips

La llamada "guerra de los chips" ha estallado tras décadas de deslocalización industrial hacia Asia. Hoy, Taiwán concentra cerca del 30 % de la producción mundial de microprocesadores y fabrica el 90 % de los chips más avanzados a través de TSMC, una empresa clave para gigantes como Apple, Nvidia o Intel. Esta dependencia convierte a la isla en un pilar indispensable de la economía mundial y en un punto crítico de tensión entre Estados Unidos y China. Pekín considera Taiwán parte de su territorio y no descarta el uso de la fuerza, mientras Washington reafirma su compromiso militar con la isla para proteger una industria estratégica que actúa como un auténtico “escudo de silicio”.

Taiwán concentra cerca del 30 % de la producción mundial de microprocesadores

Taiwán concentra cerca del 30% de la producción mundial de microprocesadores SUSHITSKYI SERHII SUSHITSKYI SERHII

La pandemia de la COVID-19 reveló la fragilidad de las cadenas de suministro: la escasez de chips paralizó fábricas de automóviles, provocó pérdidas multimillonarias y disparó la inflación. Desde entonces, Estados Unidos, China y la Unión Europea han lanzado ambiciosos planes para recuperar soberanía tecnológica. Washington ha aprobado la Ley de Chips y Ciencia, con inversiones públicas sin precedentes para reindustrializar el país y frenar el avance chino, mientras TSMC e Intel construyen mega fábricas en suelo estadounidense y europeo. Bruselas, por su parte, aspira a producir el 20 % de los semiconductores mundiales en 2030, aunque sigue dependiendo en gran medida de empresas extranjeras.

El peligro de extraer cobalto

Paralelamente, la transición hacia el vehículo eléctrico ha intensificado la demanda de cobalto, un mineral esencial para las baterías. Su extracción en la República Democrática del Congo, principal productor mundial, se realiza en condiciones extremadamente peligrosas mediante minería artesanal, con frecuentes derrumbes, inundaciones y explotación laboral. El alto coste humano contrasta con los beneficios de una economía verde que se apoya en recursos obtenidos a sangre y fuego.

La transición hacia el vehículo eléctrico ha intensificado la demanda de cobalto

Cobalto

Ante este panorama, la Unión Europea busca diversificar sus fuentes de suministro y garantizar la trazabilidad de las materias primas. Iniciativas como la Alianza Europea de Baterías pretenden reducir la dependencia exterior, asegurar una producción más sostenible y generar empleo local. Sin embargo, la competencia global se intensifica y revela los límites de la globalización.

La carrera por controlar los chips y el cobalto marca un cambio de era: la geopolítica ya no gira en torno al petróleo, sino alrededor de los materiales que sostienen la economía digital, la seguridad y la lucha contra el cambio climático. La guerra por las materias primas estratégicas no ha hecho más que empezar.