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De Dalí a Antonio López: Oscar Tusquets y el arte como conversación

De Dalí a Antonio López: Oscar Tusquets y el arte como conversación
Oscar Tusquets Blanca y Salvador Dalí en una imagen de 1973 Archivo OTB - © Berenguer

El documental Dios lo ve, dirigido por Alex Guimerà y Guillem Ventura, no es solo un retrato de Oscar Tusquets Blanca. Es también un viaje coral por la cultura española de las últimas décadas, a través de las relaciones, los proyectos y las conversaciones que el arquitecto y diseñador ha mantenido con figuras clave como Salvador Dalí, Miquel Barceló y Antonio López.

Con Salvador Dalí, Tusquets compartió una colaboración decisiva que marcaría su trayectoria. El documental rescata ese vínculo a través del proyecto de la Sala Mae West en el Teatro-Museo Dalí. La idea surgió del propio Tusquets, al imaginar cómo convertir el retrato de Mae West en un espacio tridimensional que, visto desde un punto concreto, recreara la imagen surrealista. Dalí acogió la propuesta con entusiasmo, y a partir de ahí, el arquitecto desarrolló el diseño del icónico salón, donde el rostro de la actriz se convierte en una habitación. Aquella experiencia consolidó en Tusquets una forma de crear libre, transversal y ajena a jerarquías entre disciplinas.

Oscar Tusquets y Salvador Dalí en el Hotel Meurice de Paris, 1973. Archivo OTB

Oscar Tusquets y Salvador Dalí en el Hotel Meurice de Paris, 1973. Archivo OTB © Berenguer

Décadas más tarde, el diálogo continúa con artistas de su generación y posteriores. Uno de los momentos más reveladores del documental es la conversación con Miquel Barceló, en la que ambos confrontan sus distintas miradas sobre el arte abstracto y el arte figurativo. Mientras Barceló no establece una frontera clara entre ambos conceptos, para Tusquets el arte abstracto aparece cuando, tanto en la pintura como en el diseño, se rompe la conexión con lo real o con la función: cuando ya no existe una relación reconocible entre realidad y representación, o entre diseño y utilidad.

Otro encuentro clave es el que mantiene con Antonio López, en una conversación íntima y profundamente reflexiva sobre el acto de crear, el paso del tiempo y la mirada del artista. Hablan de Tiziano, de Velázquez, de cómo la pintura envejece con quien la pinta. López explica la diferencia radical entre trabajar a partir de una fotografía y hacerlo del natural. Frente a la imagen fija —que ofrece una falsa sensación de control y permanencia—, la realidad exige una atención constante y una entrega a lo imprevisible. Al echar la vista atrás, el pintor reconoce cómo entonces trabajaba sin una conciencia clara del tiempo, algo que hoy, siente haber perdido: “soy otra persona”, afirma, subrayando cómo la edad transforma no solo la técnica, sino también la relación emocional con la obra.

El diálogo avanza entre matices y desacuerdos que, lejos de separarles, refuerzan su complicidad intelectual. “Estar con Oscar es estar todo el rato discutiendo”, confiesa Antonio López, “pero solo se discute con una persona a la que se estima”, añade.

Oscar Tusquets y Antonio López para el documental 'Dios lo ve'

Oscar Tusquets Blanca conversa con el pintor Antonio López sobre la mirada del artista maduro y la representación de la realidad en sus obras Frame de la película DIOS LO VE - © Hic&Nunc Filmworks

Estar con Oscar es estar todo el rato discutiendo, pero solo se discute con una persona a la que estimas

Una Barcelona sin etiquetas

El documental sitúa también a Tusquets en el contexto de la Barcelona de los años 60 y 70, una ciudad que fue laboratorio de formas y pensamiento. Allí confluyeron diseñadores, escritores, arquitectos y artistas plásticos que no entendían de jerarquías entre disciplinas. Fue cofundador de BD Barcelona, un proyecto donde, como él mismo explica, “lo que diseñamos partía de un problema real”.

Lo que diseñamos partía de un problema real

Ese entorno estimulante, junto a su voluntad constante de no encasillarse, ha hecho de Oscar Tusquets un creador transversal. A sus 84 años, sigue pintando, escribiendo y observando el mundo con la mezcla de ironía y rigor que lo ha definido siempre. Dios lo ve da testimonio de esa trayectoria, pero también de una forma de estar en el mundo: la del artista que nunca deja de dialogar con su tiempo, con sus referentes y con quienes vienen detrás.