Maider López, el arte como acción colectiva en 'Metrópolis'
Metrópolis
- Maider López presenta en San Sebastián UKITU una doble exposición
- Metrópolis dedica su emisión a la artista el próximo 12 de enero en La 2
Desde hace más de veinte años, Maider López (San Sebastián, 1975) desarrolla una práctica artística que transforma el espacio a partir de la acción colectiva, el cuerpo y la participación. Con motivo de UKITU, la doble exposición que hasta el 1 de febrero presenta simultáneamente en Tabakalera y Kubo Kutxa (San Sebastián), Metrópolis repasa la trayectoria de esta artista cuya obra se centra en la relación entre personas, arquitectura y entorno.
Desde intervenciones mínimas hasta acciones a gran escala, su práctica se sitúa en un territorio híbrido entre la escultura expandida, la performance y el arte público, donde el espectador deja de ser un observador pasivo para convertirse en parte esencial de la obra.
Arte, espacio y participación
En la obra de Maider López, el arte no se limita a un objeto ni a un espacio expositivo tradicional. Sus proyectos se activan a través de gestos colectivos, desplazamientos, instrucciones sencillas o acciones compartidas que modifican temporalmente la percepción de un lugar. Playas, carreteras, museos, paisajes naturales o entornos urbanos se convierten en escenarios donde lo cotidiano se ve alterado y adquiere un nuevo significado. Ataskoa (2005), una de sus piezas más representativa, es una acción colectiva en la montaña de Aralar en la que decenas de vehículos provocaron un atasco en un lugar donde nunca lo hay. Una obra que, con un gesto tan simple como contundente, cuestiona los hábitos de movilidad, la ocupación del territorio y la lógica del progreso.
Ataskoa (2005) 5
En algunas piezas como Personaje (2021) cuestiona la repetición, la presencia y la relación entre identidad y entorno urbano. Para esta acción, una persona fue “infiltrada” en un barrio de Bilbao: cada día, a la misma hora y recorriendo el mismo trayecto, portaba una planta durante un mes, generando imágenes que documentan ese ritual cotidiano. En Moving Garden (2022), sin embargo, participaron 750 personas caminaron por una ciudad portando plantas, creando una suerte de “jardín en movimiento” que cuestionaba la separación entre lo público y lo doméstico, subrayando cómo los cuerpos y los elementos naturales pueden reconfigurar colectivamente un paisaje urbano.
Moving Garden (2022) JAN FELBER JAN FELBER
UKITU: tocar, activar, habitar
La doble exposición UKITU, comisariada por Aimar Arriola, supone un recorrido de más de dos décadas de trabajo en las que la artista ha investigado cómo los gestos colectivos, por mínimos que sean, pueden alterar nuestra percepción de lo cotidiano. Repartida entre Tabakalera y Kubo Kutxa, la muestra reúne obras históricas, documentación de acciones y nuevas piezas que subrayan la importancia del contacto, la presencia y la experiencia física en su trabajo. Uno de los aspectos más relevantes de esta muestra es su capacidad para conectar obras de diferentes épocas bajo una misma pregunta: cómo habitamos los espacios que compartimos.
En la obra de Maider López el espacio se entiende como un lugar en constante negociación y el arte como una herramienta para activar relaciones, generar relatos y repensar la manera en que habitamos lo común. La pieza Suelo (2001–2025) da la bienvenida al espacio de Tabakalera, una instalación en la que tablas de madera sueltas cubren el piso de la sala. Al caminar sobre ellas, los visitantes activan la obra, pues sus pasos las mueven y generan sonido, subrayando la idea de que el espacio sólo existe si se habita.
“Ukitu”, que en euskera significa tocar, remite tanto a la experiencia corporal como a la capacidad del arte para afectar, modificar y activar los espacios y a quienes los habitan. Más que una retrospectiva al uso, esta muestra propone una lectura transversal de su trayectoria, articulada en torno a una de las ideas clave de su práctica: el contacto (físico, social y simbólico) como forma de conocimiento y de relación con el entorno. En base a esta idea, destaca la pieza Contours (2024), una acción performativa en la que grupos de personas reproducen con sus manos los límites y contornos de paisajes naturales o urbanos. Este gesto tan simple de tocar pone en evidencia cómo el cuerpo y el movimiento configuran territorios y la percepción del entorno a través de la acción colectiva.
La división de la muestra en dos sedes no responde únicamente a una cuestión espacial, sino que refuerza una idea central en la obra de Maider López: el espacio nunca es neutro ni único, sino que se construye a partir de usos, recorridos y relaciones. En Tabakalera, se concentran obras que dialogan con la arquitectura, el desplazamiento y la experiencia del cuerpo en el interior de los espacios. En Kubo Kutxa, la exposición pone el acento en la dimensión más pública y relacional de su trabajo, con proyectos que nacen del contacto directo con la ciudad y sus habitantes.
El agua como elemento vivo
El agua, como materia y símbolo de vida, es un hilo conductor en varias piezas presentes en la muestra como Agua limpia al río (2024–2025), que parte de una acción colectiva en Costa Rica donde se recogió agua de lluvia en azoteas para verterla en un río contaminado, un gesto de cuidado ecológico y acción comunitaria alrededor de los ciclos del agua.
Agua limpia al río (2024–2025)
Otras piezas, como Mimicking the birds, Mimicking the waves (2021) o Archipiélago (2019) reflexionan sobre la relación entre individuo, colectividad y el entorno natural, en constante transformación por el movimiento del agua.
Tocar el color
El color en relación con el espacio es uno de los aspectos que llaman la atención al entrar en la sala Kubo Kutxa. Como ejemplo, 327 × 1383 (2001/2025), la instalación cromática originalmente vista en la Bienal de Venecia 2005, en la que cada plano del espacio lleva inscritas sus propias medidas y colores invitando a percibir el espacio en términos de escala, color y proporción.
Otra pieza marcada por el color es Caja de 120 lápices de colores (2017–2025) que está basada en un proceso de dibujo continuado durante nueve años en los que Maider López dibujó hasta agotar cada lápiz, generando 1.292 dibujos que se exhiben como una gran composición cromática.
Caja de 120 lápices de colores (2017–2025)
En este mismo espacio se encuentra Telón (2015), una gran instalación con cortinas teatrales de colores brillantes que ocupan el centro de la sala. Esta “obra sin actores” convierte el telón mismo y el gesto de desplegarlo en protagonistas. En la exposición Ukitu es la primera vez que estos telones se muestran fuera de su contexto original, generando un diálogo entre materialidades y tiempos diferentes.
Habitar, percibir, transformar
En muchas de las piezas presentes, la obra no existe sin la participación de otras personas: ciudadanos convocados para caminar juntos modificando el entorno (Hierba en movimiento, 2021), repensar un espacio (Zoom in, 2016), ocupar un lugar de forma inusual (Playa, 2005), cuestionar la institución del museo (Señalética, 2003-2015/ Cuestionar el museo, 2024) o seguir una serie de instrucciones sencillas, como en Aquí, ahí, allí (2023) donde combina acción y observación.
Playa (2005)
Este enfoque participativo no busca el espectáculo ni la espectacularidad, sino generar situaciones de atención y conciencia, donde lo habitual se vuelve extraño y lo invisible se hace visible. En ese sentido, la exposición muestra cómo Maider López ha trabajado recurrentemente con elementos cotidianos para cuestionar normas de comportamiento, usos del espacio público o dinámicas sociales asumidas como naturales.
Otros proyectos
En el especial de Metrópolis dedicado a Maider López se completa con algunas piezas fuera de exposición como Arnasa (2020), una intervención lumínica en el Museo de Bellas Artes de Bilbao realizada durante la pandemia global de la COVID19, donde, con el museo cerrado al público, la obra se dirigía hacia el exterior, convirtiendo el edificio en un organismo que “respira” y estableciendo un vínculo simbólico con la ciudad en un momento de aislamiento colectivo. Otro ejemplo es AdosAdos (2007), realizada en el Guggenheim Bilbao con motivo de su décimo aniversario, donde amplió simbólicamente la arquitectura del museo poniendo en cuestión la autoría y el papel del público en la construcción del relato institucional.