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Baron Noir

Mujeres que llegaron al poder, como Amélie Dorendeu en 'Baron Noir', y su historia fue llevada a la televisión

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Baron Noir - Temporada 2 - Episodio 1: Gemelas

RTVE Play ha estrenado la segunda temporada de Baron Noir, una tanda de episodios que arranca con un hecho muy importante: Amélie Dorendeu es la primera presidenta de V República Francesa. De esta manera, es la primera mujer en llegar al máximo poder en el país vecino, eso sí, en la ficción. Y es que, la serie que muestra los entresijos de la política francesa, da un papel muy relevante a la mujer en estos 8 nuevos capítulos que ya puedes disfrutar en la nueva plataforma de video on demand.

Amélie Dorendeu pasa de ser la mano derecha de Francis Laugier, presidente de la República, a ser ella candidata al máximo poder francés, puesto que termina ocupando. Un personaje frío, guiado por el barón negro, y genialmente interpretado por Anna Mouglalis. 

Anna Mouglalis (Amélie Dorendeu)

Anna Mouglalis (Amélie Dorendeu) Photo numérique cropper

El papel de la mujer también está reflejado en Véronique Bosso, rol al que da vida Astrid Whettnall. Ya en la primera temporada la vimos como Teniente Alcalde de Dunkerque, y ahora trabaja en el Elíseo mano a mano con Amélie. La posición de ambas siempre tiene detrás a Philippe Rickwaert, que las utiliza a su antojo para beneficio propio. Aun así, llama la atención que una serie muestre cómo la política trata a las mujeres y las ponga en cargos tan altos como es el de Jefa de Estado, algo que no tan habitual de ver en la vida fuera de la ficción. 

Y aunque Amélie Dorendeu no sea un personaje real, ya que todavía no ha habido una primera presidenta francesa, a lo largo de la Historia sí que ha habido mujeres que han llegado a tal lugar, ostentando el máximo poder de su país o su reino. Algunas, han sido tan importantes que han sido llevadas a la televisión.

Repasamos la historia de cinco mujeres que tuvieron el poder en sus manos y de las que has podido ver una producción audiovisual en RTVE.

Isabel la Católica

Desde su niñez a su muerte, Isabel de Castilla estuvo preparada para reinar. Aunque no era la primera en la línea de sucesión, llegó a ponerse la corona tras la muerte de su hermano Enrique, pero su lucha no fue fácil. Casada con Fernando de Aragón, fue ella la que gobernó en Castilla. Una mujer adelantada a su tiempo que no se conformó con ser la mujer del Católico, sino que llevó ella el poder y fue la encargada de impartir justicia. 

Su historia ha dado para 39 episodios repartidos en tres temporadas que puedes ver en una de las mejores series históricas de la televisión españolaIsabel, protagonizada por Michelle Jenner y Rodolfo Sancho. ¡No te la pierdas en Play!

No recomendado para menores de 12 años Capítulo 1 de Isabel
Transcripción completa

(Agoniza).

Majestad, majestad.

¡El rey ha muerto!

¡El rey ha muerto!

¿Qué ha ocurrido? ¿A qué viene tanta prisa, caballeros?

Lo siento, alcaide,

traemos un mensaje para doña Isabel, infanta de Castilla.

¿Sabéis si antes de morir mi hermano dijo algo

o firmó algún documento sobre quién heredaría su corona?

No, alteza.

¿Daréis fe de vuestras palabras?

No tengáis duda de ello.

No hay tiempo que perder; Chacón, preparadlo todo.

Perdón, alteza, hay algo que debéis saber.

Diego Hurtado de Mendoza ha convocado una junta

para dilucidar quién es heredera de la corona:

vos o doña Juana, la hija del difunto rey Enrique.

No hay nada que dilucidar.

Se acabó tener paciencia; ya he tenido bastante.

Alteza, tal vez deberíais esperar la decisión de esa junta.

Al contario, razón de más para darse prisa.

Muchas cosas hemos pedido los Mendoza

y apenas nos dieron migajas.

Pero... No esperaré, Cabrera.

Os ruego que deis a estos caballeros ropa secay comida caliente.

Luego, convocad al comendador, a jueces y a regidores.

Ese es el protocolo, ¿no es cierto?

Portazo

¿Qué os preocupa?

Vuestro marido,

¿qué opinará de no estar presente en la proclamación?

Fernando lo entenderá,

él también ha luchado para que llegara este momento.

¿Y si no lo entiende? ¿No tiene menos carácter que vos?

Entonces, aprenderá algo importante: él mandará en Aragón,

pero quien manda en Castilla soy yo.

¿Malas noticias? El rey Enrique ha muerto.

¿Y a qué viene tanta seriedad? Todo va con nuestros planes.

Hemos ganado la batalla y vos seréis rey de Castilla,

como lo seréis de Aragón.

¿Qué más os cuenta vuestra esposa?

La carta no me la envía Isabel, sino su cronista,

mi amigo Alonso de Palencia.

Ya, ¿y qué os preocupa?

Que quiera proclamarse reina sin mí a su lado.

Dios quiera que no cometa ese error.

Don Rodrigo de Ulloa, contador mayor del reino.

Don Garci Franco, miembro del Consejo Real.

¿Juráis por Dios que el rey, don Enrique,

ha fallecido, que estuvisteis allí para saberlo.

(Los dos): Juro.

¿Dijo el rey en sus últimas palabras, o dejó escrito alguno

que fijara legítimo heredero que reinase en estos reinos?

Juro que ni habló ni escribió sobre el tema.

Así también lo juro.

Apelo al derecho de la infanta Isabel

a suceder en la Corona al rey Enrique como hermana legítima

y heredera universal que es por los Pactos de Guisando.

Y puesto que aquí se halla su alteza

aquí debe ser proclamada, según las leyes de estos reinos.

¿Alguien se opone a ello?

Que así sea.

Bullicio

¡Viva la reina! -(Todos): ¡Viva!

¿Está todo preparado?

Sí, majestad.

Vos id a mi lado, que bien merecido lo tenéis.

Por fin vais a tener vuestra Corona. Y vos vuestra venganza.

¿En que pensáis?

En una niña con la que jugaba al ajedrez.

Isabel,

Isabel, os toca mover pieza.

Pero hay algo que no entiendo de este juego.

¿El qué?

Ser reina es algo muy importante, ¿verdad?

Lo es.

Entonces, ¿por qué solo se mueve de cuadro en cuadro,

si hasta los alfiles y las torres tienen más lustre y movimiento?

Buena pregunta.

¡Mamá!

Hola preciosa.

¿Mi hija juega bien al ajedrez, don Gonzalo?

Aprende rápido, alteza. Ojalá hiciera lo mismo con el latín.

Es hora de ir a rezar.

¿Qué tal ha pasado la noche?

Bien, aunque con ella nunca se sabe.

Está tan feliz, y de repente...

De repente, llama a don Álvaro.

Sí, es como si le viera, como si pudiera hablar con él.

La gente del pueblo ya lo comenta en la plaza.

¿Puedo preguntaros una cosa?

¿Por qué recuerda a don Álvaro y no a su marido?

En todos estos años no la he oído nombrar al rey Juan,

que en paz descanse. Es una larga historia.

¿Se puede saber qué haces cosiendo?

Porque no hay dinero ni para costureras.

El rey Enrique ni responde a mis cartas,

acabo de mandar mensaje de ello al arzobispo Carrillo,

a ver si consigue algo con su influencia.

Pero si Isabel y Alfonso son sus hermanos.

Será que tiene cosas más importantes que hacer.

¿Estáis seguro que este artilugio puede funcionar?

Tendréis un hijo, ya lo veréis, majestad,

he rezado para que así sea.

Mal asunto que la ciencia necesite de oraciones.

No os desaniméis, majestad.

Vuestro problema es el ayuntamiento, nada más.

Si fuese otro, esta cánula no tendría vuestra semilla.

Ahora solo se trata de simular la... -¡Queréis dejar de hablar

y hacer lo que tengáis que hacer, por Dios!

Sí, majestad.

Tranquila, Juana.

Bien parece que dedicáis más tiempo al combate que a los rezos.

Y vos más tiempo a las intrigas que a la espada.

Bien sé que os basta con la palabra

para manejar las cosas a vuestro antojo.

No creáis, ya no tanto, todo va de mal en peor en palacio.

Enrique solo tiene ojos para el advenedizo de Beltrán,

y aún no ha nacido heredero.

Eso me preocupa más, Pacheco.

Si con la segunda esposa tampoco puede,

ya no podrá decir que es víctima de un embrujo.

Hasta la gente del pueblo hace chanzas con eso.

Dicen que es cien veces más fácil estafar a un judío

que el rey tenga un hijo.

Y si no tiene hijos, ya sabemos quién heredaría la Corona.

El infante don Alfonso.

Por supuesto, no iba a ser su hermana Isabel.

¿Una mujer reina de Castilla?

Ruego a Dios que no permita tal barbaridad.

Las mujeres no están hechas para gobernar reinos,

sino para casarse y tener hijos.

Cuando Isabel crezca la casaremos con un príncipe o rey extranjero,

como es costumbre.

Don Alfonso será el heredero.

¿A cazar a Madrid?

¿No podéis hacerme compañía en momentos tan difíciles?

(Alterada): No, claro, preferís ir a vuestra reserva

a hacer compañía a vuestros animales.

Calma, el médico recomendó reposo.

(Grita): No hago más que reposar, Enrique.

Por favor, no quiero estar sola.

No lo estaréis: están vuestras damas.

Y cualquier cosa que necesitéis, Juana, cualquier cosa,

llamad a don Beltrán,

que como mayordomo de la casa real os la conseguirá.

Hay asuntos en los que solo puede ayudar un esposo.

¡No me sigáis, no quiero más sombra que la mía!

Disfrutad de vuestros animales, parece que os place más que yo.

Lo siento, majestad, no os merecéis esas palabras.

Bueno, no le falta razón.

¿Sabéis por qué me gustan más los animales que las personas?

Porque son leales cuando acompañan y nobles cuando luchan;

ellos jamás te traicionan ni te exigen nada.

(Gemidos).

¡Seguid!

Llaman a la puerta

Podéis pasar.

Buenas noches, majestad.

Estáis sola.

Sois muy perspicaz, Beltrán.

Me habéis hecho llamar, ¿en qué puedo serviros?

Majestad, por favor.

El rey ha ordenado que os llamara si necesitaba algo.

¿Me rechazáis?

Jamás haré nada que el rey no me ordene.

Buenas noches, majestad.

¡Qué flores tan bonitas, cómo huelen!

Pues no se hable más.

Beatriz, ¿qué hacéis arrancándolas?

Para vos, majestad.

No me deis ese trato, ya no soy reina.

Para mi lo seréis siempre, señora. -Y para la gente de Arévalo.

Yo no debí ser reina nunca, ¡entendéis!

¡Nunca!

¿Qué le pasa?

(Alucina): Don Álvaro...,

por favor..., tenéis que perdonarme.

(Susurra): Don Álvaro.

(Las dos): Señora, ¿estáis bien?

¡Señora!

Yo solo he cazado uno.

No te quejes, que de latín sabes más que yo.

Pues en la Corte es más útil el latín que cazar conejos.

Ya me gustaría conocer la Corte.

¿Es verdad que ahí se escucha música a todas horas?

¿Y se representan obras de teatro y los poetas leen sus rimas?

Cierto, vuestro hermano en eso es igual que vuestro padre.

Podría invitarnos a visitarla. Todo a su tiempo, Isabel.

¡Mirad!

Esperad aquí.

¿Qué habrá pasado, hermana? No lo sé.

Tenemos que volver a palacio. ¿Qué ocurre?

Nada, pero quiero que cuando lleguemos

os quedéis en vuestros aposentos.

Habéis hecho lo que teníais que hacer.

Estábamos tan asustadas...

(Llora): Hablaba con don Álvaro, como si lo tuviera delante

y nosotras no veíamos a nadie..., de repente se desmayó.

Tranquila, Beatriz, tranquila.

Isabel, ¿qué haces aquí? Es mi madre.

Señora, ahora está descansando... Quiero estar con ella.

Haced lo que os he dicho. Pero...

¡Ahora mismo!

Las órdenes son para obedecerlas.

Pasad, pasad.

Por favor, don Juan, comed con nosotros.

Gracias, señor.

Sabéis que no soy de costumbres morunas.

¿Qué queréis? Hablar con vos.

A solas.

Quieto.

(Suspira): Pacheco, si tenéis que decir algo,

decidlo delante de don Beltrán de la Cueva.

No hablaré delante de este advenedizo.

¿Os atrevéis a insultarme? -¿Acaso no lo sois?

Ocupáis cargos que por linaje, otros merecerían más que vos.

Retiraos, retiraos, retiraos.

Desnudad el torso.

Majestad.

Obedeced a vuestro rey.

¿Veis...

esta cicatriz?

Sí, la veo.

Pero no visteis el espadazo que la causó,

no estabais allí.

Yo sí,

a punto de morir en la frontera mora

y ningún noble hizo nada por evitar mi muerte segura.

Solo Beltrán lo hizo

y estuvo a punto de perder la suya.

Miradla bien, Pacheco, miradla bien,

miradla bien.

Y cada vez que no entendáis porqué le quiero a mi lado,

recordadla.

La recordaré,

pero vos recordad otras muchas cosas.

Hum.

¿Puedo retirarme, majestad?

Por supuesto.

Y vos podéis vestiros.

Con vuestro permiso, majestad.

Sabéis que Pacheco no es santo de mi devoción,

ni yo de la suya,

pero toda Castilla sabe que os ha acompañado hasta el trono.

Pero no sé si lo ha hecho para quedarse con él.

Es una época nueva, Beltrán,

y Castilla necesita hombres nuevos y leales.

Los necesita tanto como yo un hijo, para que cesen rumores y chanzas.

(Indignado): ¿Cómo se atreve a faltarme así?

Y más delante de ese afeminado,

seguro que le gusta más que su esposa, por eso no la preña.

No os creáis los rumores que vos mismo lanzáis.

Recordad que vuestros enemigos decían lo mismo de vos y el rey.

¡No me cambiéis de tema!

He educado a Enrique y he eliminado a todo aquel

que se interponía entre él y la Corona.

(Grita): ¿Y ahora así me paga?

Calmaos, os lo ruego. -¿Por qué habría de hacerlo?

Maldita la necesidad que tenemos de reyes

si son como este.

No le gusta su cargo, todo lo tengo que hacer yo

porque el señor prefiere tocar el laúd,

hablar con poetas

y poblar sus reservas de animales exóticos.

¿Sabéis que le ha regalado el embajador de la India?

¿Oro, especias? No, para qué.

Un leopardo. -¿Un qué?

(Grita): Un leopardo,

una especie de lince pero con menos bigotes.

¿Esto se hunde y a vos os da por reíros?

Tranquilo, aún nos queda una baza importante.

¿Recordáis cuando hablamos de su posible heredero,

el infante Alfonso? -Perfectamente.

He recibido una carta de su tutor, don Gonzalo Chacón, al que conocéis.

De ella se deduce que el rey Enrique no cumple con la retribución pactada

a la muerte de su padre, Juan II,

y que tiene a su madrastra y a sus hermanos Isabel y Alfonso

a dos velas.

Por si algo le pasara a nuestro rey,

tal vez deberíamos ir pensado en el siguiente.

¿Qué planeáis?

He pensado que si vos colaborarais con algún dinero que añadir al mío,

el infante Alfonso y su preceptor Chacón

nos lo agradecerían cara al futuro.

Me parece buena idea.

Yo mismo se lo llevaré. -Preferiría hacerlo yo,

vuestras relaciones con Chacón no son buenas;

no se habrá olvidado de lo que le hicisteis

a su buen amigo don Álvaro de Luna.

El tiempo lo cura casi todo,

y lo que no, lo cura el dinero.

Sí, pero...

Vos sois experto en rezos y con la espada,

dejadme a mí las negociaciones.

Gracias por vuestras atenciones,

hacéis que nuestro viaje sea doblemente agradable.

Primero, porque es grato encontrar a personas tan queridas.

No tenéis nada que agradecer, excelencia,

en esta casa se atiende bien hasta a los mendigos.

¿Qué no íbamos a hacer con quien viene de la Corte?

Gracias, alteza.

Veo que vuestra hija es digna heredera

de la belleza de su madre.

Y vuestro hijo guarda los modales exigidos

a todo maestre de la Orden de Santiago.

Así lo quiso su padre, el rey, en su lecho de muerte.

Y Alfonso hará honor a tal cargo.

Un cargo de riquezas inigualables.

Lástima que esas riquezas tengan que pasar antes por la Corte,

porque aquí no nos llega ninguna.

Me ha informado el arzobispo Carrillo.

He venido a solucionar el problema.

Muy bien, pues sabiendo ya la buena nueva,

creo que será mejor que negocien los hombres.

Hijos, es hora de ir a dormir.

Don Gonzalo, ya sabéis que gozáis de toda mi confianza.

Creo que yo también os dejaré; soy hombre de acción

y las palabras me marean más que el vino.

La de vueltas que da la vida;

otra vez frente a frente.

Espero llevarme mejor recuerdo de esta ocasión

que de la última vez que nos vimos.

Seré sincero con vos:

sé que hay cosas que jamás me perdonaréis.

Es difícil perdonar

a quien instigó la muerte de don Álvaro de Luna,

mi maestro y amigo.

¿Habéis disfrutado del poder que conseguisteis con ello?

El pasado es como la leche derramada,

ya no se puede recoger.

Hay que pensar en el presente, en el bien de Castilla.

Para mí lo primero es el bien de los infantes

y lucharé por ellos, sin que me duela el pasado.

Me alegra oír esas palabras,

puede que nuestros intereses sean pronto los mismos.

Perdonad que os importune, señora.

¿Qué hacéis vos aquí? -Solo quería hablar con vos.

Sé de vuestros problemas económicos,

sé que yo no soy de sangre regia como vos...

Os ruego me dejéis entrar a mi alcoba.

Escuchadme: yo os podría ofrecer seguridad,

no os faltaría de nada, ni a vos ni a vuestros hijos.

Sois tan hermosa... -¡Os ordeno que os retiréis!

¿Por qué chilláis? No os voy a hacer ningún mal.

(Forcejeos).

Retiraos.

Mi tío, el arzobispo de Toledo, y yo hemos dispuesto adelantaros

todo lo que os debe el rey.

Espero que sea suficiente.

Lo es, y sobra.

¿Queréis decir que este dinero no viene del rey Enrique?

No, el rey tiene otras tribulaciones que espero no perjudiquen al reino.

Supongo que querréis algo a cambio.

Que sigáis cuidando de los infantes

y que les hagáis saber a ellos y a su madre

quién les defiende en la Corte.

(Angustiada): Ayuda, ayuda, por favor.

Ya no sois reina, y si lo fuisteis

fue porque os metieron en la cama de un rey como una furcia.

¡Dejadla en paz!

Vaya, la infanta ha salido mandona.

Hija, vuelve a tus aposentos, por favor.

No hasta que se vaya.

¿Y me vas a obligar tú? No, os voy a obligar yo.

¿Qué hacéis, malnacido?

Nadie que me haya dicho eso ha seguido viviendo.

¡Deteneos!

Guardad la espada, hermano.

Ahora mismo.

Señora, siento esta afrenta.

Será mejor que descanséis, señora.

Y vosotros retiraos, os lo ruego.

Si queréis que colaboremos, atad bien corto a vuestro mastín.

¡Se puede saber qué intentabas!

Nada, lo juro, solo estaba siendo amable.

Pero me despreció, me miraba con asco.

¿Quién se cree esta gente que es, Juan?

No son mejores que tú ni que yo.

Tienes que hacer solo que yo te diga.

¿Entiendes, hermano?

Solo lo que yo te diga.

¿Tres faltas ya? Mi artilugio ha funcionado.

¿Es verdad lo que decís?

Que caiga muerto ahora mismo si no es así, majestad.

La reina está embarazada.

Esto abre un nuevo camino para la medicina

y nadie podrá decir que lo ha conseguido un médico judío.

Podéis marcharos,

os aseguro que seréis pagado con creces.

Gracias, majestad.

(Emocionado): Vamos a tener un hijo.

¿No os alegráis?

Claro, tanto como vos.

Fue la razón por la que me trajisteis a Castilla

y jamás hubiera sido feliz si no os hubiera ayudado él.

Gracias, Juana.

Por eso, me atrevo a pediros un deseo.

¿Cual es?

El futuro de Castilla lo llevo en mi vientre

y nada ha de interponerse entre nuestro hijo y la Corona.

Os he convocado con urgencia, como mis principales que sois,

porque quiero que seáis los primeros en saber la noticia:

la reina está embarazada.

Murmullos

Maravillosa noticia, majestad.

Vuestra felicidad es la nuestra, señor.

Deberíamos festejarlo con el pueblo. No, ya habrá tiempo cuando nazca.

Pero encargaos de difundir la noticia,

estoy harto de rumores e intrigas. Así se hará.

También ordeno otra cosa:

quiero que los infantes Alfonso e Isabel

sean traídos de inmediato; mi esposa así lo desea,

y yo también.

Pero, majestad, la salud de su madre es débil

y apartarles de ella podría traer consecuencias funestas.

Peores consecuencias para ellos y para mi hijo

serían que alguien les quisiera utilizar contra mi persona...

y mi reino.

Me parece una sabia decisión, majestad.

¿Opináis vos lo mismo, Beltrán?

No opino sobre lo que dice mi rey: obedezco.

Curiosa manera de ocultar vuestra falta de ideas.

Rogaría al marqués de Villena que delante de un Mendoza

nadie sea vilipendiado por su fidelidad al rey.

Seguro que no lo ha hecho con esa intención,

¿verdad, Pacheco?

Por supuesto que no, majestad. Menos mal.

Por un momento he llegado a pensar que ni en días tan felices como este

iba a librarme de vuestras disputas.

Os pido la palabra, majestad. Hablad.

Me gustaría ser yo quien traiga a los infantes

doña Isabel y don Alfonso. Concedido.

Señora.

No os llevéis a mis hijos, eminencia, el rey va a tener el hijo que quería,

¿por qué me quita a mí los míos?

Poneos en pie, señora, os lo ruego, poneos en pie.

Ya está todo preparado.

No estés triste, madre.

Solo es un viaje, y por fin vamos a conocer la Corte.

¿Y si no queremos ir?

Si el rey lo manda, tendremos que ir.

Las órdenes hay que obedecerlas, Alfonso.

Estad tranquila, madre.

No sé que va a ser de mí sin vosotros, hija.

Vendremos a veros.

Tenéis que estar contenta; por fin se acuerdan de nosotros.

Si no les importáramos, ¿nos llamarían?

Eso es lo que me preocupa: que les importéis demasiado.

No os preocupéis, seremos cuidadosos y educados

y nunca dejaremos que nadie nos falte a la dignidad y al orgullo

porque somos hijos de reyes

y porque vos nos habéis educado para serlo.

Y dejad de llorar, os lo ruego.

Que no quiero acordarme de mi madre llorando por sus hijos.

Juradme que cuidaréis de ellos.

Con mi vida si fuera necesario, creedme.

Música y bullicio

¡Qué pequeño era Arévalo!

Aquí están.

Isabel, Alfonso, bienvenidos a la Corte.

Gracias, majestad.

Gracias, majestad.

Os presento a don Beltrán de la Cueva,

mayordomo de la casa real, estará atento a vuestras peticiones.

Será un placer serviros, altezas.

¿Dónde está mi hermano, el rey? ¿No viene a recibirnos?

Seguro que su majestad está atendiendo asuntos de gobierno

que no pueden esperar. -Así es, en efecto.

Me han dicho que eres muy piadosa.

Me he permitido colocar

un pequeño altar y un reclinatorio en tu alcoba.

Os lo agradezco de corazón,

así podré rezar por mi madre y me sentiré menos sola.

Estad tranquila,

vuestra alcoba no está lejos de la mía,

por si necesitáis algo a cualquier hora.

Pues, no hay más que decir:

Beltrán, vamos a enseñarles sus aposentos.

Por supuesto, majestad.

Aunque antes pasaremos por la cocina,

seguros que estáis hambrientos del viaje; por aquí.

Golpes

Gemidos

Gemidos

(Reza): "Pater Noster, qui es in caelis,

sanctificétur nomen Tuum,

fiat volúntas tua, sicut in caelo et in terra.

Panem nostrum cotidiánum da nobis hódie,

et dimitte nobis débita nostra".

Gemidos

Gemidos

¡Eminencia!

Eminencia, por favor, abridme.

¡Eminencia!

¿Qué sucede, alteza?

¡Isabel, esperad!

(Solloza).

Isabel, querida, tienes mala cara, ¿dormiste mal anoche?

Me costó un poco al principio,

pero luego pude dormir sin problema.

Buenos días, majestad, ¿puedo pasar?

¿No tenéis que oficiar misa, eminencia?

Venía precisamente para invitar a los infantes a ella.

Señora.

Perdón.

¡No! Que lo limpie él.

Ni se te ocurra hacerlo, Alfonso.

Recuerda lo que nos han enseñado. ¡Limpia lo que has tirado!

Somos hijos de reyes, y mi hermano no va a limpiar nada.

Gracias, pero no es la limpieza tarea de un arzobispo.

Pido permiso para salir de la sala. Lo que gustes.

Así me evitas tener que aguantarte, niña insolente.

Vamos, Alfonso.

¿Sabéis dónde está el rey?

Llevadme donde esté, os lo ruego. Esperadme fuera.

Comprendo vuestra impaciencia por tener un hijo, majestad,

pero todo esto es innecesario.

¿Quién sois vos para decirme lo que es necesario o no, eminencia?

La historia da muchas vueltas, majestad,

y no conviene sembrar vientos porque se recogen tempestades.

¡Ja! ¡Ja, ja, ja, ja!

¡Vino!

Mirad, el rey está practicando con arco.

Sí, estos deben de ser los asuntos de Estado

que le impedían recibirnos.

Ruego perdón por interrumpir vuestra tarea, majestad.

¡Hermanos, qué alegría me da el veros!

No, perdonadme vosotros a mí

por no haberos recibido personalmente

ayer tuve un día muy atareado y hoy..., hoy iba a saludaros...

después de tirar con arco.

¿Qué tal vuestra estancia en la Corte?

Precisamente de eso quería hablaros.

Pues hacedlo con toda confianza, Isabel.

Ruego nos deis permiso

para volver a Arévalo con nuestra madre.

No..., no es tan fácil, hermana.

Entonces, dejad que ella venga a la Corte.

Ella ya reinó la Corte; no es su sitio, Isabel.

¿Por qué nos habéis hecho venir?

Isabel, un rey no tiene por qué dar razones de sus órdenes.

Tranquilo, es mi hermana quien me lo pregunta.

Estáis aquí por vuestra propia seguridad.

Son tiempos convulsos

y cualquier noble sin escrúpulos puede utilizaros de bandera

para intereses mezquinos en contra de la Corona.

Pero nosotros siempre os seremos leales.

Sois muy joven para explicaros todo con detalle,

con el tiempo entenderéis lo que hago.

Y cuando nazca mi hijo podréis volver tranquilos a Arévalo.

¿De verdad? Por supuesto.

Ejercer el poder es muy complicado, tiene sus responsabilidades

y vosotros, como familia del rey,

tenéis que empezar a aprender las vuestras.

Vos, Isabel, sin ir más lejos,

pronto deberéis casaros con quien se os proponga.

Perdonadme, pero yo me casaré con quien quiera.

Cuando llegue ese día, Isabel,

tendréis que mirar por el bien de Castilla

antes que por el vuestro.

Tranquilo, dejadla soñar ahora que puede.

Os voy a proponer algo que creo os gustará.

¿Queréis ser la madrina de mi hijo?

¿Yo la madrina?

Será un honor, Enrique.

Y vos, por la cara que ponéis mirando las dianas,

seguro que estáis deseoso de probar con el arco.

¿Puedo?

¡Por fin habló! (Ríe).

Empezaba a temer que fuerais mudo; claro que podéis.

Tomad. ¡Arco!

Este Enrique nunca dejará de sorprenderme,

es como si fuera dos personas en una.

No recibe a sus hermanos, permite que la reina les humille

y luego les trata con un cariño que emociona verlo.

El rey es capaz de no saludaros un lunes

y acordarse del cumpleaños de vuestros hijos

el miércoles siguiente.

Es peligroso, a veces pienso que algo le falla en su cabeza.

Es el rey.

Esperemos que ahora, con la descendencia, todo se calme.

Por cierto, vos que tenéis tratos con Dios,

preguntadle si el Espíritu Santo ha obrado el milagro

de que se le pusiera dura.

Porque que lo haya logrado

un viejo médico castellano con su ciencia...,

¿quién va a creerse eso?

Prefiero cree en milagros

que en los rumores que por ahí circulan.

Supongo que los conocéis. -¿Que el padre es Beltrán?

Los conozco bien.

Los he propagado yo, ¿quién si no puede haber sido?

Viaja con la reina, la visita en sus aposentos...

Es su obligación: es mayordomo de palacio.

Y al parecer, también el semental.

Y bien pagado.

El rey le ha duplicado sus bienes desde el embarazo de la reina.

Vos seguid de cerca a Alfonso, protegedle.

A él y a su hermana, que sepan que estamos a su lado.

¿Seguís pensando en Alfonso como futuro heredero?

Nunca se sabe.

Si el rey no cambia; algo tendremos que hacer.

(Suspira): Pobres, solo piensan en volver a Arévalo con su madre.

El rey les ha prometido que les dejará partir

en cuanto nazca su hijo.

Exacto:

su hijo.

Porque como sea niña,

que Alfonso e Isabel salgan de esta Corte

será otro milagro.

Tranquila, un poco más.

Un poco más.

Llanto de niño

¿Qué ha sido?

Niña, majestad.

Dejadme que la vea, dejádmela.

Mi niña.

Hola, mi amor.

¿No os acercáis?

¿Acaso la vais a querer menos por ser una niña?

Ya tenéis lo que tanto queríais,

¿podremos volver ahora con nuestra madre?

No es momento de hablar de eso, Isabel.

Laman a la Puerta

Podéis pasar.

¡Hermana!

Tenemos que hablar con Enrique,

tenemos que recordarle su promesa de que en cuanto fuera padre...

¿Qué ocurre?

Que no volveremos a casa, Alfonso.

Pero..., ¿por qué?

Porque es una niña, don Gonzalo, por eso mis hijos no volverán.

Y vos lo sabéis tan bien como yo: un hijo habría asegurado la sucesión.

Una hija casada con un rey extranjero pondría Castilla en manos extrañas.

La vida de mis hijos ya no será la misma

con el nacimiento de esa niña.

No os preocupéis:

moveré Roma con Santiago para protegerles.

Sé que lo haréis,

y que lucharéis, aún sabiendo que tenéis la batalla perdida.

Tengo tanto que agradeceros, don Gonzalo...

Por favor, señora.

Dejadme hablar, por si mañana no puedo.

Vos en vez de odiarme por promover la muerte de don Álvaro,

vuestro maestro,

habéis educado a mis hijos como si fueran vuestros.

Vos no firmasteis su sentencia.

Pero yo... intrigué para que el rey la firmara.

Lo siento tanto.

Por eso... Dios me castiga, don Gonzalo, lo sé.

Por eso hace que me visite el espíritu de don Álvaro,

para recordarme mi pecado.

¿Puedo pediros un favor?

Visitad a mis hijos.

Hacedles saber que su madre los quiere

y los querrá siempre.

Y volved con noticias suyas.

Os juro que lo haré, alteza,

pero antes haré lo que pueda para que vengan a visitaros.

¿Y cómo lo vais a conseguir? Hablaré con los Mendoza.

Solo ellos pueden convencer al rey de que les deje volver.

¿Os gusta?

Temo hablar de arte con su excelencia;

sabéis mucho más que yo.

Siempre tan prudente, Chacón, y hacéis bien

porque esta pintura es peor que el estiércol en una ensalada.

¿Sabéis quién la ha pintado?

No, excelencia. Yo mismo.

Dios mío, soy un pintor desastroso.

Probablemente por eso pago a los buenos pintores,

para que ellos trabajen a su libre albedrío.

Es una forma de equilibrar la balanza, supongo.

Ya sabéis que los Mendoza siempre buscamos el equilibrio.

Y la justicia:

el honor de vuestra familia no admite duda en el reino.

Por eso he acudido a vos.

Gracias por vuestras palabras, pero vuestro esfuerzo es en vano.

¿No vais a hacer nada por los infantes?

No debo.

Vos sois un buen cristiano

y tenéis que saber que su madre está gravemente enferma.

No insistáis,

el rey ha decidido y nuestra misión es obedecer.

No soy un intrigante como Pacheco, que se mueve como una veleta.

Ni queremos ser más reyes que el propio rey,

como quiso serlo vuestro amigo, don Álvaro de Luna.

Nosotros, los Mendoza, debemos ser estables

y no admitimos otras influencias que las del rey.

Y más ahora, que ha tenido a bien

casar a don Beltrán de la Cueva con mi hija Mencía.

Lo siento, don Gonzalo.

Bien,

solo me queda daros las gracias por vuestro tiempo.

No hay de qué,

siempre es un placer hablar con alguien tan culto como vos.

Por cierto,

en unas horas salgo para la Corte a jurar lealtad a la princesa Juana:

si queréis acompañarme...

Iría, pero solo para ver a Isabel y Alfonso

y sé que eso no es posible.

Ya he escrito al rey varias veces sin respuesta.

Eso le pierde a veces a nuestro querido rey:

su falta de elegancia y de cuidado por el detalle.

No os preocupéis, venid conmigo, yo me encargaré de que les veáis.

Os doy mi palabra.

Eso me es suficiente,

nada vale más que la palabra de un Mendoza.

Reunión de nobles con el rey, empieza el teatro.

No hagáis bromas. -¿No veis que todo es una farsa?

Mirad a Beltrán.

¿Qué hace del lado de los Mendoza?

¿No sabéis las últimas noticias?

La hija de don Diego Hurtado de Mendoza

se casará con nuestro amigo Beltrán.

¿Beltrán va a entroncar con los Mendoza?

Y recibirá el condado de Ledesma;

nunca un puto fue pagado tan generosamente.

¿Necesitáis más pruebas?

Bastón de mando

¡Sus majestades los reyes!

Miradlos detrás, como perrillos falderos.

Por fin os dais cuenta de la situación.

¡Tiene la palabra el rey!

Bienvenidos, damas y caballeros.

Estamos hoy aquí reunidos por una sola razón:

jurar lealtad a mi hija Juana como heredera de la Corona.

Podéis comenzar.

Los presentes, según sean nombrados,

jurarán lealtad a la princesa doña Juana

postrándose ante ella.

Doña Isabel de Castilla, infanta del reino.

Don Alfonso de Castilla, infante del reino

y excelentísmo maestre de la Orden de Santiago.

Don Alonso Enrique... -¿Vos queréis?

¡Jurar! No tengo alma de mártir.

Pero, si lo que decís es cierto, algo habrá que hacer.

Y se hará:

venid a verme esta tarde y lo sabréis.

Su excelencia don Alfonso Carrillo de Acuña,

arzobispo de Toledo.

Os toca, mirad la cara de la niña; es igual que su padre.

(Susurra): La llamaremos la Beltraneja.

Tal vez tengamos suerte y nos dejen volver ahora.

No te hagas ilusiones, Alfonso.

Llaman a la Puerta

¡Pasad!

¡Don Gonzalo! Alfonso.

Isabel.

Muchas gracias, excelencia.

No hay de qué, lo que prometo lo cumplo.

Contadnos, ¿cómo está nuestra madre? Con muchas ganas de veros.

Por eso me ha enviado, para que le de noticias vuestras.

Pero, ¿está bien?

Muy bien, ha vuelto a coger el gusto de los paseos por el campo.

Le faltáis vosotros, es lo único que le apena.

¿Qué tal vuestra vida en la Corte?

Mal. No exageres, Alfonso.

Mal, mal, no, nos cuidan.

Echamos de menos vuestras clases y las de nuestra madre

pero no tenemos queja.

Pero si acabamos de hablar... ¡Tonterías!

Un día malo lo tiene cualquiera, Alfonso.

Decidle a nuestra madre que estamos bien

y que no tenemos queja de nada.

A veces no te entiendo, hermana.

¿Por qué no nos damos un paseo por el jardín?

Hace un día precioso. Por mí, encantado.

Alfonso, ¿me dejas un minuto con don Gonzalo?

Quiero darle un mensaje para Beatriz.

Os espero fuera.

Vos diréis.

¿Me concedéis unos minutos para escribirle una carta a Beatriz?

No tardo nada, y así podréis llevarla a Arévalo.

Por supuesto, os espero fuera.

No os dejéis marear por las quejas de mi hermano.

Gracias por el consejo.

Isabel, ¿habéis sido sincera en vuestras palabras?

¿Es verdad que estáis bien en la Corte?

¿Es verdad que mi madre está bien?

Claro, ¿por qué os habría de mentir?

¿Y por qué habría de mentiros yo a vos?

Soy hija de reyes, no mentiría nunca.

Ya veo que os manejáis con la responsabilidad

que debe tener una reina.

Si Dios quiere que llegue a serlo, no dudéis de que estaré preparada

y será gracias a vos.

Por la presente declaro

que se me ha hecho jurar forzado y contra mi voluntad

lealtad a la princesa Juana,

que es hija de la reina, pero no del rey.

¿Estáis seguro de lo que afirmáis?

¿Estáis seguro que queréis seguir trabajando de notario?

Sí, excelencia. -Pues escribid, necio.

¿Queréis también dar fe de este asunto?

No, con vuestro juramento basta.

(Os escribo esta carta a vos, Beatriz,

pero quiero que la leáis en alto delante de don Gonzalo y doña Clara,

a mi madre no, que no quiero que sufra).

Perdonad, don Gonzalo,

por no haber sido clara con vos delante de Alfonso.

Aún no entiende ciertas responsabilidades

que, como familia de reyes, tenemos que asumir.

A veces con pena.

(Decid a mi madre que cada día sus hijos la quieren más

y siempre tenemos presente el día de nuestra despedida).

A vos, don Gonzalo, agradeceros vuestros cuidados y atenciones

que más que las de un tutor han sido las de un padre,

pues padre os podemos llamar.

Porque de los pechos de vuestra esposa,

mi querida Clara, me amamanté.

A vos, Beatriz,

mi mejor amiga,

mi hermana,

deciros que os echo de menos

porque aquí no puedo hablar con nadie

ni divertirme, como lo hacía con vos.

Juro que si algún día Dios me lo permite...

(Haré pagar a quienes me están haciendo vivir este infierno,

porque no pondré la otra mejilla,

sino que cobraré ojo por ojo, diente por diente.

Porque no puedo entender verme aquí presa,

lejos de mi familia, que lo sois.

Os quiere, Isabel).

Isabel.

Isabel.

Perdona, Alfonso, se me había ido el santo al cielo.

Está refrescando, deberíamos volver a palacio.

¿Para qué? No hay nadie allí a quien quiera ver.

¿Sabes por qué vengo aquí?

Miro al cielo y me imagino que estoy en Arévalo

y recuerdo a la gente que quiero y no me dejan ver

desde hace cuatro largos años.

No te vengas abajo, hermana.

Enrique ha ordenado celebrar fiesta por tu mayoría de edad.

Sí, pero en esa fiesta no estará madre.

(Suspira): Yo también la echo de menos.

Mucho.

Pero hay cosas que mejor no pensar todo el rato en ellas.

Te equivocas, hay que hacerlo.

Yo no olvido, ni olvidaré nunca.

(Suspira): Vamos a palacio.

Si no te importa, preferiría seguir un rato aquí sola.

Me sorprende que pongáis tanta confianza en mí.

Sé que solo vos podéis interceder por nosotros ante el rey, majestad.

Hmm..., me lo pensaré.

Os lo ruego,

es solo una visita a nuestra madre.

Son años los que llevamos años aquí, desde que se nos trajo de Arévalo.

No sabemos nada de ella,

y su salud ya era delicada cuando nos fuimos.

Pensad en ella vos, que sois madre.

¿Qué sentiríais si os apartaran de vuestra hija?

Os lo suplico.

Por mi hermana y por mí.

Dejadnos a solas.

Levantaos, por favor,

sois el maestre de la Orden de Santiago.

Hablaré con mi esposo, el rey.

¡Gracias, majestad!

Pero antes os pediré un favor.

En la celebración del cumpleaños de vuestra hermana

lo sabréis.

Y si queréis volver a vuestra madre, lo aceptaréis sin queja alguna.

¿Os queda claro?

Sí, majestad.

Música cortesana

Perdonadme, tengo asuntos importantes que tratar.

Vuestro hermano tiene claros sus objetivos.

A veces pienso que Dios dispuso

que tuviera el cerebro en la entrepierna.

Mirad a Alfonso, ¿no le veis muy triste?

Muy triste y muy solo, sí.

Parece que en vez del cumpleaños de su hermana

estuviera en un funeral.

¡Atención!

¡Su majestad la reina y la infanta doña Isabel de Castilla!

Hermano, seguid con la dama de antes,

ya tuvimos problemas con la madre, no los tengamos también con la hija.

Estáis bellísima, Isabel.

¿No es cierto, Alfonso?

El vestido es precioso, hermana. Un poco escotado para mi gusto,

pero cuando a la reina se le mete algo entre ceja y ceja...

Todos sabéis

que no me gustan las celebraciones

y que más de dos personas son multitud para mí.

Pero hoy es un gran día:

mi hija, la princesa Juana, crece sana y feliz

y hoy cumple mi querida hermana su mayoría de edad.

Felicidades, Isabel.

Como regalo de cumpleaños

os concedo algo que esperáis hace tiempo

y que os habéis ganado por vuestra perseverancia:

podéis visitar a vuestra madre en Arévalo.

¡Gracias, majestad! ¿Has oído, hermano?

Pero tengo otro motivo más para estar alegre:

os anuncio el próximo nombramiento de mi fiel Beltrán de la Cueva

como maestre de la Orden de Santiago.

Pero si ese es el título que te dejó padre en testamento.

¿Qué has hecho, Alfonso?

¿Has oído eso?

(Iracundo): No estamos sordos,

no aguanto más, es hora de hacer valer mi juramento.

¿Me seguís? -Sin duda.

¡Aaay!

¡Qué alegría poder volver a veros!

Isabel, estáis hecha una mujer.

Sí, pero recordad que sigo siendo vuestra hermana mayor.

¡Beatriz!

¡Alfonso! ¡Qué alegría!

¿Y mi madre?

¿Dónde está nuestra madre?

Os acompañaré a verla.

El almirante don Fadrique, el conde de Benavente,

el conde Manrique; conde de Paredes, Diego Estuña; conde de Miranda,

el arzobispo Carrillo.

¿Estáis seguro, don Diego? Lo estoy, señor.

Todos preparan algo contra vuestra majestad

bajo el mando de Pacheco.

Y aún... hay más.

Ahorradme la lectura, os lo ruego.

Es un acta notarial,

tiene la misma fecha que cuando firmamos lealtad

a vuestra hija doña Juana.

En ella Pacheco da fe de que juró lealtad por la fuerza

y de que...

Es tan grande la infamia, que me cuesta decirla.

¿De qué da fe ese traidor?

De que vuestra hija es hija de la reina,

pero no vuestra, sino de don Beltrán de la Cueva.

(Grita indignado): Hijo de puta.

Ha estado preparando esto durante todo este tiempo.

Alfonso e Isabel serán sus próximas piezas

si no lo evitamos.

Beltrán... ¡Beltrán!

Hay que traerlos a la Corte de inmediato.

(Susurra): Madre,

somos nosotros.

¿Vosotros?

Sí, Isabel y yo, Alfonso.

No..., tu no eres mi hijo.

¿Dónde están mis hijos?

(Llora): ¿Dónde están mis hijos?

Para esto he regalado la Orden de Santiago,

para ver a una madre que ni me reconoce ya.

¿Dónde están mis hijos? Madre.

Portazo

Madre, tranquila.

Tranquila, tranquila.

Vamos, por favor, comed algo,

que sin comer no se llega a ninguna parte.

Gracias, Clara, pero no tenemos mucha hambre.

Yo también voy a tomar el aire. Os ruego que os quedéis, Alfonso.

¿Para qué, Chacón?

¿Vais a decirme la verdad?

¿Vais a decirme que mi madre ya estaba enferma

la última vez que nos visteis en la Corte?

¿Qué hubierais ganado sabiendo la verdad?

¿Tú lo sabías?

Lo supe desde el instante que le vi la cara a don Gonzalo.

¡Me tomáis todos por tonto! ¿Por qué no me lo dijiste?

Porque a veces es más importante la responsabilidad que la verdad.

Siempre tienes palabras para todo, hermana,

pero a veces las palabras no bastan.

¿Qué está pasando, don Gonzalo?

¿Sigue mi madre en sueños llamando a don Álvaro de Luna?

Sí.

Es hora de que me expliquéis todo lo que tenga que saber.

Era mi maestro y mi mejor amigo.

Nunca nadie defendió a vuestro padre como él.

Luchó contra los nobles que hacen de Castilla un avispero

y eso fue su perdición:

Pacheco logró que el rey firmara su sentencia de muerte.

No lo entiendo,

si eran tan amigos...

A veces los reyes son débiles

y aceptan cosas terribles para conservar el poder.

Pero el rey Juan no pudo soportar la pena por lo que había hecho

y murió en un año; vos teníais apenas tres.

Y mi madre empezó con sus delirios.

¿Y por qué quiso mi padre que fuerais vos mi tutor,

el mejor amigo de don Álvaro?

Por mala conciencia y porque sabía que os sería siempre leal,

y quizá porque yo no tengo la ambición de poder de don Álvaro;

no lo sé.

Me limito a cumplir el honor que me concedió.

Y si no tenéis ambición, ¿qué os mueve a seguir luchando?

Quiero que Castilla se quite de encima

los nobles que le chupan la sangre

y que no dudan en asesinar cuando les viene en gana.

Quiero una Castilla con un rey que mande y no se deje mandar.

Sueño con eso todas las noches.

¿Me permitís compartir ese sueño?

Nada me haría más feliz.

Señor, lo siento,

pero traigo órdenes del rey de llevar a los infantes a la Corte.

Alfonso ya está fuera con mis hombres.

¿Qué ocurre?

No es momento para explicaciones, alteza debemos partir de inmediato.

No sin antes despedirnos de nuestra madre.

Algún día haré pagar a Enrique por todo esto.

Cálmate, Alfonso, hay que mantener la calma.

Debemos evitar mostrar dolor o pena porque eso nos hará más débiles.

Ya llegará el día

en el que los que nos alejan de nuestra madre

se arrepientan de haberlo hecho.

¿Y si no llega el día en el que pase eso?

Juro por Dios que llegará;

no haré otra cosa en la vida que luchar por eso.

Niegan que nuestra hija tenga derecho a heredar el trono,

¿qué más tenéis que pensar?

¡Aquí están nuestras exigencias! ¡Habrán de ser aceptadas!

Un Mendoza nunca traiciona a su rey, ni siquiera cuando se equivoca.

El rey negociará, ha convocado una reunión en la Corte.

Para vivir así, no merece la pena ser hijo de rey,

mejor haber nacido campesino.

Castilla está dividida en dos y Alfonso e Isabel están en medio.

No queremos a nadie a nuestro lado. Será el doncel de vuestro hermano.

¿Doncel? Espía, querréis decir.

Aceptaré todas vuestras condiciones, todas excepto una:

no desheredaré a mi hija.

¡Ni se os ocurra!

No os quiero ver cerca de mi hija

o volveré a prohibiros que paseéis libremente por palacio.

Debemos convencer a los nobles que todavía están indecisos:

ofrecerles cargos en el futuro, sobornarles si es preciso.

Si vais a seguirnos, no os acerquéis más de veinte pasos.

Tienen que pensar que negociamos de buena fe,

darles algo importante.

¿El qué? A Beltrán de la Cueva.

¿Cómo es posible que no lo veáis?

Matadme, y la guerra que tanto queréis evitar

empezará mañana mismo.

¿Por qué nos hacen esto?

¡No sabéis lo que se espera de una mujer de la familia real!

Que tenga más dignidad que la vos tenéis.

Todo está preparado,

el arzobispo Carrillo os espera en las caballerizas.

¡Basta! Quieren que el rey firme, ¿verdad?

Si no, nos matarán.

Yo cumplo con mi obligación. -Tenéis un gran futuro, Gonzalo.

Sois el rey, ¿no?, nacisteis para mandar.

Algún día le diré a la reina lo mucho que la odio.

Por Castilla. (Todos): Por Castilla.

Tengo que evitar la guerra.

¿Calculáis las consecuencias de esa decisión?

¡Viva el rey Alfonso! (Todos): ¡Viva!

¿Qué le daremos a cambio? A Isabel.

Hay que evitar esa boda como sea,

si el rey de Portugal pone sus tropas al servicio de Enrique,

todo lo que hemos hecho no servirá para nada.

Los nobles se están dividiendo, sin Pacheco no son nada.

No voy a negociar con el rey, voy a sacarle de palacio y traerle.

¿Pretendéis secuestrarlo?

Si realmente está pasando algo, cuanto menos ruido hagamos, mejor.

¿Qué está pasando aquí?

Subtitulación realizada por Cristina Rivero.

Capítulo 1 de Isabel

Isabel I de Inglaterra y María Estuardo

Otra Isabel, también primera, pero en este caso de Inglaterra. La hija de Enrique VIII con Ana Bolena llegó al poder tras la muerte de su medio hermana, María. De su mandato destaca la rivalidad mantenía con su prima, María Estuardo, reina de Escocia, la cuál fue llevada a la televisión con Reinas, una cooproducción española e inglesa que puedes disfrutar en RTVE Play

No recomendado para menores de 16 años Reinas - Capítulo 1: El regreso - ver ahora
Transcripción completa

Felipe II, el monarca más poderoso del siglo XVI,

luchó denodadamente por mantener el catolicismo en todos sus reinos,

especialmente en Europa,

donde un crecimiento del protestantismo

ponía en peligro su objetivo.

Isabel I de Inglaterra,

la reina virgen con una vida llena de enigmas,

momentos dramáticos y extravagancias,

estuvo muy cerca de casarse con Felipe II,

quien ya había sido Rey de Inglaterra

tras su boda con su hermanastra María Tudor,

apodada "La Sanguinaria".

Su inteligencia y cultura

hicieron que Isabel convirtiera a Inglaterra

en uno de los países más poderosos de Europa.

María Estuardo, reina de Escocia

con derechos sobre el trono de Inglaterra,

católica en un país protestante al que llegó llena de dificultades,

expulsada de Francia cuando enviudó de su primer marido, Francisco II,

y que se convertirá en la reina mártir.

Tres personajes que entrelazaron sus destinos

en la construcción de una nueva Europa.

¿Nerviosa?

Bueno, no sé...

Emocionada tal vez.

Cuando embarqué, me sentía triste

y ahora estoy encantada de regresar a casa.

Ya se ve tierra, majestad.

(Graznido)

(Graznidos)

Cuando me fui de aquí, solo tenía cinco años.

Apenas tengo recuerdos de mi infancia.

Volvéis a Escocia como reina, mi señora.

Y seréis recordada para siempre.

(Murmullos)

¿Es aún bienvenido?

Majestad, la tormenta atrasó nuestra llegada. Sin duda...

Sin duda, esta es una de las muchas dificultades,

pero... gracias de todas formas, mi fiel Melville.

Actúa con completa humanidad.

-Bienvenida, majestad. Levantaos, por favor.

Disculpad... que no hayan venido otros dignatarios a recibiros.

Señor alcalde, no se preocupe.

Nuestra partida desde Francia fue apresurada y la cruzada no ayudó.

Un carruaje os llevará hasta el castillo.

Vuestro hermano y el resto de lores os aguardan.

Prefiero ir a caballo.

Mis doncellas me acompañarán.

Como gustéis.

Gracias, señor alcalde.

No olvidaré su bienvenida.

(Relinchos)

(Relinchos)

(Trinos)

Como podéis ver, no es precisamente la corte de Francia...

No necesito un gran palacio. Prefiero construir un gran reino.

Sed bienvenida, majestad.

Gracias, hermano. Esperaba veros en el puerto.

Caballeros, es un honor estar aquí.

Espero hacerme acreedora de este recibimiento.

Por favor, aceptad

este pequeño obsequio como prueba de nuestro respeto y admiración.

Una Biblia...

Muy oportuno.

Sé que están alarmados porque soy católica,

así que quiero aclarar este asunto cuanto antes.

Majestad, no os preocupéis.

Ya habrá tiempo...

Mi primera resolución como reina de Escocia será no alterar

el estado religioso del país.

-Una resolución muy acertada, majestad.

No he terminado.

Pero demando reciprocidad en dicho acuerdo.

Es decir, tanto yo como mis sirvientes seguiremos

profesando la fe católica sin ningún tipo de inconveniente.

(GRITANDO) ¿Es que acaso pensáis celebrar misa aquí?

Sí, mi vociferante amigo.

En la intimidad de mi palacio.

Si celebráis la misa, seréis culpable de idolatría.

En Escocia, un pecado más grave que el asesinato.

Dejadme adivinar.

No me cabe la menor duda de que estoy hablando con John Knox,

líder de la Reforma protestante. Así es, el mismo.

Conozco vuestros escritos, reverendo.

Me asombró especialmente el que publicasteis

contra las mujeres gobernantes.

Obviamente, no os gustamos.

La monarquía femenina es repugnante.

Una mujer con poder es una aberración de la naturaleza,

y, como tal, debe ser exterminada. El Antiguo Testamento

ofrece el camino a seguir: Jezabel, Athalia...

Decididamente, no os gustan las mujeres.

Solo cuando se salen de su cometido. La Biblia lo dice...

Interpretáis las Sagradas Escrituras a vuestra conveniencia.

Me interrumpís.

Es uno de los privilegios de ser vuestra reina.

Seguro que más de uno de los presentes daría su fortuna

por haceros callar para siempre.

(Risas)

Refrescadme la memoria, hermano.

Si, como dijo San Pablo,

"no hay más poder que el que procede únicamente de Dios

y los poderes vigentes están investidos de Dios",

¿cómo justificáis el asesinato de reyes

que proponéis en vuestros libros?

Cuando el rey no es digno de su pueblo,

el consejo de lores debe tomar el control

en nombre de Nuestro Señor Jesucristo.

Recordadme qué significa "cinismo". Señora, ¿me insultáis?

¡No! Pero no pongáis en duda mi autoridad.

Mi cortesía tiene límites.

Si vuestros súbditos os aceptan como su reina,

tendré entonces que vivir bajo vuestra autoridad.

(SARCÁSTICA) Bien, bien...

Esa actitud os hará gozar de buena salud.

Y ahora, si me disculpáis,

tengo mejores cosas que hacer que discutir con vos.

¡Majestad!

¿Perdón, señora?

Si vivís bajo mi autoridad,

debéis dirigiros a mí como "majestad".

-Estaréis cansada, majestad.

Caballeros,

debemos dejar sola a la reina.

Gracias por su presencia y sus atenciones, caballeros.

Creo que me queda un arduo trabajo por hacer.

¡Amigos,

me alegro mucho de veros!

-¿Su majestad sigue cazando?

-Deben estar a punto de regresar. -Hace tiempo que partieron.

-Seguro que están cobrando buenas piezas.

¡Hermana, qué sorpresa tan agradable!

No os esperaba.

Mateo.

-Majestad,

sabemos que la reina Isabel de Inglaterra

está financiando a Guillermo de Orange.

¿Isabel?

(RÍE)

Está arruinada.

-Precisamente necesita expandirse.

-Eso... se arregla con nuestro ejército.

-Perdonad que discrepe.

Ya ha habido suficiente derramamiento de sangre.

El apoyo de la Santa Sede es básico.

Recordad nuestros tratos con su Santidad.

-Mejor siempre

la diplomacia que las armas.

Tengo que dominar la situación lo antes posible.

Europa está al borde del desastre.

Caballeros, en marcha.

-Majestad, deberíais descansar. Vuestro último ataque de gota...

Lo primero son mis vasallos,

la justicia y mantener el orden en el imperio.

¿Y su salud?

Está en manos de Dios, Él proveerá.

Vamos a palacio, el tiempo apremia.

Querida hermana,

tendrás que cuidar de nuevo al príncipe Carlos.

Él te adora y es pieza fundamental en el futuro de Europa.

-Será un placer, hermano.

¡Su majestad la reina Isabel de Inglaterra!

(Carraspeo)

-Majestad. Estáis más bella que nunca.

Sois muy halagador, "sir" Hawkins. ¿Qué me traéis?

Un grupo de nativos de Sierra Leona.

¿Salvajes?

No exactamente, majestad. Son una raza trabajadora.

Con la disciplina adecuada

pueden ser muy útiles.

(HABLA EN OTRA LENGUA)

Por su tono, no sé si está saludándome o insultándome.

Están felices por encontrarse ante su majestad.

Y desean haceros un regalo.

Es precioso. Gracias.

Si os complace, majestad,

bailarán para mostraros sus capacidades artísticas.

Y mientras tanto, me gustaría hablaros

de mis futuros proyectos.

-Hum...

Que así sea.

(Suena música de percusiones)

(Bailan al compás de la música)

-Majestad, próximamente quiero encabezar

otra expedición a Sierra Leona.

Y deseáis que yo la financie, como si lo viera...

Si me permitís explicaros su objeto...

-¿Importar bailarines?

-Escuchadle, señora.

-Como ya os he dicho,

Sierra Leona es una tierra de hombres fuertes y trabajadores.

Podemos comprar hombres y convertirlos en esclavos.

¿Pretendéis llenar Inglaterra de esclavos desnudos?

Desde luego que no, majestad.

Pero en el Nuevo Mundo los necesitan.

Si compro esclavos en Sierra Leona y los vendo en Santo Domingo,

el beneficio puede ser muy cuantioso.

Esto empieza a interesarme.

Con lo obtenido, traeré productos del Nuevo Mundo

que venderé aquí y multiplicaré los beneficios.

Si todo sale como espero,

podremos crear una ruta comercial que enriquezca tanto

a su majestad como a su siempre colaborador.

¿Qué necesitáis?

Tres barcos y dinero para comprar esclavos.

Os daré tres barcos.

¿Y el dinero?

¿Por qué comprar algo que se puede obtener gratis?

He oído que esos barcos negreros portugueses navegan sin escolta.

Comprendo, majestad.

Lord Cecil, despachad con "sir" Hawkins

los términos del acuerdo.

-Como ordenéis, majestad.

-Brillante y perversa, como siempre.

Todo el mundo cree que nado en la abundancia.

Nada más lejos de la realidad.

Bueno, es mejor así. También creen que eres virgen.

Nada más lejos de la realidad.

(Sigue la música de percusiones)

(GRITAN)

(ENFADADO) ¿Reinar?

¡Por encima de mi cadáver!

-Fue coronada reina de Escocia

cuando apenas tenía unos meses, hace 18 años.

Para ser una potencia europea, alguien debe llevar nuestra corona.

-Pero no una mujer..., y mucho menos católica.

Si le damos el poder, nos arrastrará a la perdición, como hizo Jezabel

en Israel. -Cálmese, reverendo.

Que lleve puesta la corona... no significa que tenga el poder.

Aquí está bien. Sigamos.

A ver...

Me encanta, muy bien.

Esas cortinas quedarán perfecta aquí.

¿Está todo a vuestro gusto, majestad?

Por favor, en la intimidad tratadme como lo que soy.

Vuestra hermana.

Es un honor serviros, querida hermana.

Creo que juntos haremos grandes cosas.

No dudo en que me serviréis bien, hermano.

Quiero presentaros a David Rizzio, mi consejero particular.

¿Consejero? Creí que solo erais un músico.

Tengo la suerte de que mis consejos suenan a música

en los oídos de la Reina.

Él es lord Maitland, mi mano derecha.

-A su servicio, majestad.

Señor Rizzio...

Hermano, es bien sabido por vos

que abandoné este país siendo una niña.

Así que os necesitaré para ayudarme

a gobernarlo. -Será un honor.

En Francia

me asegurasteis que no ambicionáis mi corona. Por eso quiero apoyarme

plenamente en vos.

Los bastardos no tenemos ese tipo de ambiciones.

No nos podemos permitir

tal lujo.

¿Y qué otras ambiciones se pueden permitir los bastardos, señor?

Supongo que las mismas que vos, Rizzio.

Que mi hermana sea feliz

en el país que le ha tocado reinar. No dudo que seré feliz...

Y ahora, si me disculpan, estoy agotada del viaje.

Quiero descansar antes de la cena. Muchas gracias por todo, hermano.

¿Qué opináis?

-Es inteligente, segura de sí misma...

-Muy atractiva, y creo que ambiciosa.

Tiene la fuerza de los Estuardo.

-Son nuestros genes.

-¿Será controlable? -Soy el regente.

Y su hermanastro.

Está estrenando juguete, démosle tiempo.

-El que me preocupa es ese tal Rizzio.

-Demasiada confianza con la reina. -Bueno, es su consejero.

-En la intimidad, puede.

Pero tengo entendido que es un espía de la Santa Sede.

-¿Un tentáculo del papa?

¿Por qué en Escocia?

-Pura ambición.

Así tendría España, Francia y Escocia

bajo su influencia católica.

-Claro. Si María afianza su reinado católico,

Isabel estará rodeada.

-Una alianza y algo de dinero bien invertido,

y los ingleses pueden verse borrados del mapa.

-¿Y eso nos conviene? No me gustaría ver a la Santa Inquisición

asesinando gente por los prados escoceses.

-Bueno...

No adelantemos acontecimientos. Aquí puede pasar de todo.

-Desde luego.

Últimamente, los reyes caen como moscas.

(Caballos al trote)

(AZUZA AL CABALLO)

(AZUZA DE NUEVO)

(RÍE SATISFECHA)

Una vez más, la yegua gana al semental.

Eres imprudente. No es una buena cualidad para una reina.

Y tú, demasiado lento.

Buena cualidad para un amante, pero mala para un jinete.

¿Otra carrera hasta las caballerizas?

Eres incansable.

¿Quieres acabar conmigo?

Todavía no, es que me encanta... cabalgar.

(Golpes y voces de espadachines)

Lord Cecil os está esperando.

-"Eso es imposible".

María no firmará el tratado según está redactado.

-No podemos tener dos reinas en la misma isla.

¿Me habéis llamado para conspirar?

-Vaya, ¿os escandalizáis? Creía natural la traición en vos.

-Solo si el fin lo requiere.

De vos se dice que eliminaríais a vuestro propio padre

si os sintierais amenazado. -¿Lo creéis así?

-Sí, ¿por qué?

-Nunca haría eso.

¿Tanto queréis a vuestro padre?

-Considero que son más peligrosos los hijos.

-¿Entonces qué pretendéis?

-Una de las dos sobra. -No os andáis por las ramas.

-Nuestra verdadera amenaza son España y Francia,

y dos reinas nos debilitan.

-Y por tanto...

-Me parece que enfrentarlas

es la solución. -Y que gane la mejor, ¿verdad?

-No. La peor será la que gane.

Es lo más conveniente.

(Gemidos)

Qué placer.

Qué sensación.

Sí, bastante mejor que cuando nos encerraron en la Torre de Londres.

Si nos hubieran encarcelado juntos, habría sido más morboso.

Para nada, querido.

Sin duda tu morbo se multiplica ahora

por dejarte hacerlo con tu reina.

Que puede perderme en cualquier momento

si no me convierte en su rey.

Los hombres, insaciable Robert, para lo único que valéis

es para copular, y, sinceramente, no todos con el mismo acierto.

Por lo tanto...

Insinúas que no siempre te satisfago...

Digo que los hombres tenéis fácil sustitución.

Cómo te gusta dominar...

Por nosotros.

Por que dure.

Cualquier día

te poseo por donde Dios manda...,

te dejo preñada...

y no tendrás más remedio que hacerme rey.

Te aseguro que Dios no se mete en semejantes intimidades.

Y no necesito un rey, sino un amante.

Y el trono, y un heredero.

¿Mío? Eso ni loca. Terminan convirtiéndose

en la mortaja de sus padres.

A la pareja le dan razón de ser sus hijos.

No insistas más. Nunca me casaré, ni tendré un heredero

que me asesine por la noche mientras duermo.

Yo te protegería. ¿Cómo?

¿Igual que protegiste a tu esposa?

Eres cruel.

Sabes que la quería

y que no estaba a su lado cuando sufrió el accidente.

Ella fue muy oportuna, y tú fuiste muy hábil.

La mejor virtud de las mujeres de mis amantes

es saberse morir a tiempo.

¿Cuántos ha habido

antes que yo? Me ofendéis, "sir" Dudley.

¿Olvidáis acaso que aún soy virgen?

-Majestad, lord Cecil

desea hablar con vos. Decidle que voy enseguida.

Buenos días, majestad.

¿Recordáis que os he hablado

de lord Maitland, del consejo escocés?

Desde luego.

-Majestad.

Acabo de cumplir uno de mis más fervientes deseos.

Gracias. Nunca esperaría tal refinamiento

de un escocés. Debería conocernos mejor.

De quien me gustaría conocer

hasta el último detalle es de mi prima, vuestra reina.

-Dicen que es especialmente hermosa.

¿Y eso a quién le importa? El físico no gobierna.

-En el caso de vuestra prima sí.

No os entiendo.

Con su belleza,

despliega tal encanto natural

que tiene totalmente fascinado a su pueblo.

-No tiene nada que ver, los súbditos ingleses adoran a nuestra reina.

¿Estáis llamándome fea?

-El talento y la personalidad

no necesitan estética.

Cada vez os siento menos escocés.

-Y cuanto más lo conozcáis,

más útil lo veréis para nuestra causa.

Es la mano derecha de Moray,

hermanastro y hombre de confianza de vuestra prima.

Buen aliado, lord Cecil. Siempre adelantándoos al futuro.

¿Puntos débiles? Ninguno.

Excepto... ligeros trastornos de salud...

Ah, bueno, y la persecución implacable de John Knox.

¿Mi prima continúa celebrando misas?

-Todos los domingos.

Podría decirse que está convirtiendo su capilla privada

en un centro de conspiración contra su majestad.

-Peligroso. Hay que atajar eso cuanto antes.

En cuanto firme el tratado de Edimburgo.

-Eso no lo hará jamás.

-¿Por qué estáis tan seguro, lord Maitland?

-¡Dudley, amigo mío!

Qué sorpresa, no esperaba veros aquí.

¿Os conocíais de antes?

-"Sir" Dudley tiene la habilidad de aparecer en cualquier sitio,

incluso donde no se le espera. Cuide sus descortesías.

Nunca estuve de acuerdo con ese tratado,

pero ahora nos puede venir bien.

Prácticamente nos habían invadido los franceses.

-Y Escocia era la entrada del catolicismo.

-Con María al frente, se renueva la situación de emergencia.

-He oído que proliferan las misas por el norte.

Mi prima puede no ser peligrosa por sí misma,

pero me temo que la utilizarla contra mí.

La religión fortalece a los pobres y a los fanáticos.

-Su consejero privado, David Rizzio,

es en realidad un espía del Santo Padre.

-Si ese bastardo del papa interviene, nos estrangulará.

-Obliguemos a María a que se convierta a la fe protestante.

La describís como encantadora y presumida.

Eso coincide con frívola.

No esperará quitarme el trono, ¿verdad, Cecil?

-Casada y con un heredero, eso sería imposible sin una guerra.

-Eso mismo la digo yo constantemente.

-Con alguien que tenga nivel para ser rey de Inglaterra.

Quiero reunirme con mi prima.

Voy a hacerle entender, que, si no firma,

en vez de su prima, me convertiré en su peor pesadilla.

¡Dudley!

Más grande, señor Bautista. Ha de ser más grande.

Este monasterio es un reconocimiento a los beneficios

que nos ha otorgado Dios. Y han sido muchos.

Como deseéis, majestad.

-Majestad, hemos recibido noticias de Escocia.

La reina María envía parabienes y espera reestablecer

el comercio con nuestro país y el intercambio de embajadores.

Nos alegramos de su retorno a Escocia.

Su catolicismo pondrá en su sitio a esa hereje de Isabel.

-Nos convendría firmar una alianza con ella.

-Eso pondría en pie de guerra a Inglaterra. Y tal vez a Francia.

-No tememos a nadie.

Poseemos el mejor ejército. Caballeros,

por favor...

María tiene una cualidad que nos interesa.

-Por supuesto. Que es católica. Y que es viuda...

Y el príncipe está soltero.

-Majestad, el príncipe es demasiado joven.

Tiene 16 años. Los mismos tenía yo

cuando me casé con mi primera esposa.

Visión de futuro, caballeros.

Se lo he dicho muchas veces.

Majestad, permitidme que os presente al hermano Rodrigo López de Segura.

Desea haceros un regalo.

"Libro de la invención liberal y arte del juego del ajedrez".

¿Lo habéis escrito vos?

-Así es, majestad.

No me convence este juego.

El rey no hace apenas nada.

Es la reina quien ostenta todo el poder.

Al contrario, majestad.

Es un juego de estrategia.

El rey tiene la inteligencia. La reina solo es su instrumento.

Son como los leones.

La hembra caza para el macho, que es el dueño de la manada.

Y a veces es... sacrificada para la supervivencia del rey.

Esto es demasiado peligroso, majestad.

Este bosque es conocido sobre todo por sus ladrones.

-Lord Cecil,

dejad de temblar como una novicia.

Quiero que el encuentro sea lo más discreto posible.

-Discreto sí, pero no temerario.

Por nuestro bien habría sido mejor que nos acompañase la guardia.

Habríamos llamado la atención

y todo el mundo sabría que estamos aquí.

No es esa mi intención.

Este lugar es indigno

de una reina.

A mí me encanta. Lo he elegido yo.

¿Vos, hermana?

Le parecía misterioso y romántico.

Ellos nos pidieron el encuentro

y yo he decidido el sitio.

Me muero por ver la cara de mi prima cuando entre aquí.

¿No os preocupa que vuestra prima

no os haya hecho una invitación oficial

y este encuentro sea un tanto irregular?

O bien lo ha querido hacer más íntimo

o se está protegiendo de un posible desencuentro.

Sed prudente.

Isabel puede ser peligrosa.

Tranquilo, hermano.

Somos dos primas que lo único que quieren es conocerse personalmente.

Eso es todo.

Eso y que el hecho de que seáis católica

choca frontalmente con el Tratado de Edimburgo.

Que pretende obligaros a ratificar.

¿Y renunciar al catolicismo? Jamás.

No es solo vuestra fe. Un matrimonio con un francés o español

y peligraría la soberanía de Inglaterra.

Todos países católicos. Es una buena idea.

Solo me casaré por amor.

Y si es un príncipe católico, muchísimo mejor.

Insisto, guardaos bien de Isabel.

Las mujeres son más civilizadas que los hombres,

incluso en Inglaterra.

Conducidme a vuestra mejor habitación.

Mary, ya sabes lo que tienes que hacer.

Ya han llegado.

¿Dónde está mi prima?

Aquí.

Lord Maitland, es mucho más bella

de como me la describisteis.

Querida prima,

ardía en deseos de conocerte.

Después de tanta correspondencia, es como si te conociera

de toda la vida. Eres tan bella,

tan...

Tan angelical.

Y tú prodigas tanta seguridad y personalidad.

Ya me habían ponderado tu inteligencia

y tu capacidad de gobierno.

Espero no defraudarte.

Quiero presentarte a mis consejeros, lord Cecil y "sir" Robert Dudley.

Ah, "sir" Dudley, he oído hablar mucho de vos...

Debéis ser un gran consejero.

Majestad, nada me da más placer que servir bien a mi reina.

Dejadme que os presente a mi trovador particular.

A falta de un mejor consejero,

tengo un magnífico músico a mi lado.

Mi fiel... Rizzio.

-Majestad, como verá,

no le falta sentido del humor.

Espero que me recuerde.

Soy el conde de Moray, regente de Escocia

y hermano de la reina. ¿Cómo poder olvidaros?

Fuisteis pieza fundamental en la firma de nuestro Tratado

de Edimburgo. Prima, te traigo un obsequio.

Mi retrato.

Es precioso.

Me tienes que presentar al pintor.

¿No tienes un buen retratista?

Me gustan más los paisajes.

Se dice que al último pintor que la retrató lo mandó decapitar.

Toma, el mío. A ver qué te parece.

¡Oh!

¡Un anillo!

Es maravilloso.

-Majestades, tal vez podríamos tomar un refrigerio

mientras hablamos del tema que nos ha reunido aquí.

¿A qué os referís?

Yo he venido a conocer a mi prima.

Por supuesto, y yo también. Pero el tiempo es oro y, como sabes,

tu condición de católica, que yo respeto,

hace imprescindible que ratifiques nuestro tratado.

¿Ese es el motivo?

Me parece un tema bastante delicado. Se firmó en mi ausencia

y sin mi consentimiento. Para que, entre otras cosas,

pudieras tener un país en paz donde reinar.

Un país donde reino. ¿Cuál es el problema?

Como católica, podéis concertar alianzas

que perjudiquen a nuestro país. -¿Por qué haría una cosa así?

¿Para apropiarse de mi reino, por ejemplo?

Soy descendiente de Enrique VII

y, por tanto, heredera al trono de Inglaterra. No tengo necesidad

de quedarme con nada que realmente

ya me pertenece. -¿Veis a lo que me refiero?

Puedes estar tranquila.

Nunca haría tal reclamación mientras estés viva.

Hay una obsesión patológica a mi alrededor sobre mi sucesión.

El que no me quiere ver casada y preñada,

me quiere ver muerta.

-¿Muerta?

Eso no ocurrirá mientras yo viva.

Tranquilo, querido amigo. Tengo la intención de sobreviviros

a todos. Ojalá pudiera decir lo mismo.

-¿Os sentís amenazada?

-De ninguna manera, goza del cariño y del respeto de todos sus súbditos.

Pues...

como no queremos perder nuestros reinos,

mejor unidas que enfrentadas por un tratado.

Completamente de acuerdo. Olvidémoslo.

Pero debes renunciar formalmente al trono de Inglaterra.

¿Bromeas?

Ni puedo ni quiero renunciar a un derecho divino.

¿Derecho divino?

¡Qué estupidez!

No tenemos alternativa. O estás conmigo

o estás contra mí.

-Majestades... ¿Me amenazas?

Tu existencia amenaza la paz de Inglaterra.

Y la tuya me priva de la corona.

Pero, tranquila, que no soy tan ambiciosa y sabré esperar.

Testadura e ilusa como tu madre.

Mejor ser testadura

que ejecutada por adulterio y brujería como la tuya.

He venido aquí como prima y amiga

para reforzar nuestros reinos con una alianza.

¿Qué alianza? Es una imposición en la que solo puedo perder.

Te creía más inteligente. Y yo a ti, menos autoritaria.

-Creo que es mejor dar por terminado el encuentro.

-Estoy de acuerdo.

Tendrás noticias mías. Sí, por favor, mándame tu retrato.

Soldados, acompañadles a la frontera.

Sois responsables de su seguridad.

(Campanadas)

Como sabréis, me he propuesto retomar el Concilio de Trento.

Gran idea, santidad. Contáis con todo mi apoyo.

Las ideas reformistas de Lutero y Calvino

nos están haciendo muchísimo daño. No dejan de ser meros teólogos.

Herejes, sí, pero teólogos.

Me preocupan más quienes les sustentan desde el poder.

Isabel.

Santidad, si queremos que el mundo siga siendo católico,

debemos eliminar a Isabel.

Si no, el protestantismo se extenderá por el Nuevo Mundo

y entonces ya no habrá remedio.

Duras palabras las vuestras.

Sobre todo, pronunciadas entre estas cuatro paredes.

Los herejes deben ser eliminados de la faz de la tierra.

Aunque lleven corona.

Estoy de acuerdo con vos.

Vuestra Santa Inquisición ha demostrado ser todo un acierto.

Una de las conclusiones del concilio

ha de ser extenderla a Italia y Francia.

Muy acertado, santidad.

Pero acabar con un pecador de Castilla

no es lo mismo que acabar con la reina de Inglaterra.

Santidad...

¿Puedo ser directo con vos? Desde luego.

Vuestro predecesor me tenía una inquina extrema.

Nunca me perdonó mis posesiones en Nápoles,

de donde era originario. Eso es agua pasada.

Nuestros enemigos aprovecharon esas malas relaciones.

Vos también pactasteis con Isabel cuando os convino.

Era la única forma de que abandonara el continente.

En este juego hay tres participantes,

y la mayoría de las veces

Francia se acuesta como aliada y se levanta como enemiga.

Es lo natural de un francés.

¿Y Flandes? ¿Y Escocia?

No os preocupéis por Flandes.

Y en cuanto a Escocia, vuelve a ser católica, sí.

Que haya una católica en el trono

no significa que todo el país lo sea.

Escuchadme.

Si conseguimos hacernos con Escocia, entraremos en Inglaterra.

Francia ya lo pretendió... y le salió muy mal.

España no es Francia.

¿Qué sugerís?

Sugiero convencer a María

de la conveniencia de contraer matrimonio con mi hijo,

el príncipe Carlos.

Excelente disparo, majestad.

Tenéis una puntería magnífica. ¿Cómo lo hacéis?

Es fácil.

Imagino la cara de mi prima en lugar de la diana.

(Risas)

¿Es tan fea como dicen? Horrorosa.

Pero tiene aún más fea el alma.

Otro estupendo disparo, majestad.

Continuad vosotras.

Demos un paseo, Rizzio.

Aquí no, Rizzio, pueden vernos.

Es que no soporto verte así... Tan... preocupada.

No estoy preocupada, sino decepcionada.

Creí que Isabel sería más razonable. Te envidia.

Por tu inteligencia, pero sobre todo... por tu belleza...

¿Hasta dónde crees que sería capaz de llegar mi prima?

Hasta donde le permitamos. Deberíamos reforzar tu seguridad.

Acabas de preocuparme. No exageres. Nunca llegaría a tanto.

Teme por su trono y económicamente no puede permitirse una guerra.

Podrías ser su principal objetivo.

Dame soluciones.

De sobra sabes que solo tienes una solución.

¿Cuál? Viene tu hermano.

Desde la reunión con Isabel está tenso y agresivo.

No me fío de él. Pero ¿te fías de alguien?

Solo de ti, majestad.

Buenos días, majestad. Buenos días, hermano.

Por muy temprano que venga a ver a mi hermana,

siempre os encuentro a su lado.

Para mí, los asuntos de la reina no descansan.

Y vos tampoco. Le pedía consejo

sobre cómo actuar ante la actitud de mi prima.

Y yo iba a decirle que debe contraer matrimonio.

Me sorprendéis, Rizzio.

Por su egolatría, Isabel ni quiere casarse ni tener descendencia.

¿Adónde queréis llegar?

Si María se casa, los ingleses la verán como una reina responsable

capaz de garantizar el futuro de su país.

Eso no es tan fácil. Escoceses e ingleses tienen

grandes diferencias. Deja que termine.

Si termináis casándoos con un príncipe católico,

español o francés,

tendréis fuerza para optar al trono de Inglaterra

e imponer vuestra religión en ambos países.

Isabel no lo permitirá.

Será la guerra. A eso mismo

me refiero.

Habláis así porque no será la sangre de vuestro pueblo

la que corra en el campo de batalla. No me hagáis reír.

Masacrasteis a vuestros compatriotas aliados

con los franceses sin parpadear. ¡Miserable!

¡Retirad esas palabras ahora mismo! ¡Basta!

¿Desenvaináis ante mí? Discutiendo no arreglaremos nada.

Tenéis razón, majestad.

Creo que aquí estoy de más. Con su permiso.

Adelante.

Cuida tus provocaciones. No siempre podré defenderte.

Es mejor tener un enemigo fuerte que un aliado débil.

Con tu llegada ha perdido todo su poder.

Tendremos que andar con cuidado.

Necesito a Moray para controlar a los lores.

No nos queda más remedio que acudir

a Maitland.

No me gusta Maitland. Siempre es demasiado amable.

Corre el rumor de que nos espía para Isabel.

Puestos a tener un traidor,

mejor que ese traidor sea de los nuestros.

Ese encuentro con María ha sido un completo error.

Está inquieta, furiosa...

-Eres su amiga, le pudiste aconsejar no hacerlo.

-Y tú eres su amante, y a ninguno nos hace maldito caso.

-No olvides que, antes de amiga o mujer, es reina.

-Bueno, es reina por accidente.

Parece que María no tardó en restregárselo

y recordarle que la reina de Inglaterra y de Escocia era ella

por sucesión y por designio... divino.

-Sí, bueno, María es el problema.

¿Dónde estabais?

Cuidando tu baño.

Si para eso hacen falta dos personas, no quiero imaginar

lo que necesitaríais para gobernar.

-Tranquilízate. Si fuera por él, viviría cosido a tu falda.

Sí. Siempre que esa falda condujese a un trono.

-¿Por qué...? ¿Por qué me haces pagar tus tensiones?

¿Qué te pareció mi prima?

¿Puedo ser sincero?

Ya has dicho bastante.

¿Cómo se puede ser tan estúpido?

Mi prima tiene la agresividad de los débiles.

Pero, sin control, puede ser un peligro.

-¿Y cómo viste a su hermanastro, el regente Moray?

Sobornable,

adulador... y nada de fiar.

-Isabel, no tienes nada que temer de María.

Es hermosa...

y, al parecer, hace con los hombres lo que le apetece.

Isabel, realmente no entiendo lo que quieres decir.

Decide de qué lado estás antes de cometer un error irreparable.

(CON RABIA) Si ella pretende inquietarme,

yo haré que no pueda dormir.

No estáis comiendo nada, majestad.

Es desagradable, fría, calculadora y ambiciosa.

Olvidadla.

-Al menos mientras cenáis.

-Ya sabéis que los disgustos os afectan al estómago.

Y mi prima me corta la respiración.

Esta carta es un nuevo insulto.

Insiste en que abrace la Reforma protestante.

-Os lo pido, majestad, comed algo.

Y por si fuera poco, ahora también he de preocuparme por mi hermano.

Majestad, señoras...

Se supone que cenábamos en el gran salón.

No estoy de humor.

¿Es que... pasa algo?

Dejadnos un momento. Os llamaré más tarde.

Estás infinitamente mejor desnuda.

Eres un cínico.

¿A qué viene eso?

Dices que me deseas,

pero me obligas a ofrecerme como esposa a toda Europa.

Me siento como mercancía. ¿Tan pronto te has cansado de mí?

Tu matrimonio no tiene nada que ver con nuestra pasión.

Es una cuestión de estado.

¿Qué? ¿El matrimonio o nuestra pasión?

El matrimonio.

Creía que los romanos erais más románticos.

Y yo, que las escocesas erais más frígidas.

Cualquier príncipe católico nos vale.

Incluso un infante.

Lo dicho, eres el romanticismo personificado.

Siento... ser tan pragmático.

¿Cómo me perdonarás?

Tú sabrás...

Oh, Rizzio.

Esta pasión me está volviendo loca.

¿Quieres que pare?

Si se te ocurre parar, haré que te corten... la cabeza.

Si mi prima es realmente virgen, no sabe lo que se pierde.

¿Por qué paras?

Tienes unas manchas muy extrañas en la espalda.

¿Qué dices?

Y en la cara también.

(Puerta abriéndose)

Varicela.

-¿Es grave?

-Bueno, en los niños, no.

Pero en los adultos puede provocar incluso la muerte.

-¿Quién lo sabe?

-Aparte de nosotros, sus cuidadoras.

-Que no salgan de aquí.

Nadie debe conocer la enfermedad de la reina.

Nuestro futuro puede depender de ello.

-No os preocupéis, lord Cecil.

-Esto confirma mis temores.

Si la reina muere sin descendencia, puede ser nuestro final.

-Me he ofrecido mil veces a ser su esposo.

-No insistáis, Dudley.

Ella no os considera digno de ser su rey.

-No hablamos de dignidad. Estamos hablando de descendencia.

-Ya hemos tenido suficientes bastardos en nuestro trono.

-Pues no nos ha ido nada mal.

¿Deseabais verme, majestad?

Sí, lord Maitland. Iré directamente al grano.

¿Qué os parecería si os hiciera mi hombre de confianza?

Esta proposición me pilla por sorpresa, majestad.

Ya lo veo, os estáis ruborizando.

No sabía que entre vuestras virtudes estuviera la falta

de ambición. ¿Qué decís?

¿Os interesa el cargo, Maitland?

Desde luego, majestad.

Muy honrado.

Con una condición. Decidme.

Debéis dejar inmediatamente de espiarme

para lord Cecil.

Majestad, no tengo palabras...

Me temo

que os hemos pillado in fraganti y ahora tenéis que cambiar de bando.

Otra vez.

Estáis ofendiéndome. Tranquilo.

Olvidaré vuestras indiscreciones si a partir de ahora me sois leal.

Contad con ello, majestad.

Vuestra primera misión consistirá en viajar a España.

Quiero que tratéis la propuesta

de matrimonio con el príncipe Carlos.

¿El hijo del rey?

Apenas es un niño y goza de poca salud.

El clima escocés le sentará bien.

Partid inmediatamente y mantenedme informada de las negociaciones.

¿Qué va a hacer tu hermano cuando vea que ha sido sustituido?

¿Sustituido?

Sigue siendo muy útil. No admitirá su pérdida de poder.

Siempre tan suspicaz...

Iniciará una batalla.

Pues... le combatiremos juntos.

(Pasos a lo lejos)

Majestad...

Hacemos todo lo que está en nuestras manos,

pero la fiebre no remite.

Y las heridas por la caída no terminan de cicatrizar.

En esta inmunda ciudad de agua corrompida

y repleta de enfermedades.

Creí buena idea trasladar la corte a Madrid,

pero empiezo a dudarlo seriamente.

-La ciudad está creciendo.

Muy pronto será el reflejo de nuestro imperio.

Madrid no representa nuestro imperio, que se sustenta en la fe.

Tengo pensado un lugar más digno

y que reflejará la gloria de nuestro Señor.

Así que lo habéis intentado todo...

-Así es, majestad.

Todo no, mi buen amigo.

¿Qué es esto, majestad?

Es la momia de fray Diego de Alcalá.

Fue un santo en vida y también lo es ahora.

Ayudará a sanar a mi hijo.

(Grito de terror)

Ya empieza a surtir efecto.

(GRITA ATERRADO)

Su cara es lo que me preocupa. Tiene muchas pústulas.

-"El ataque fue fuerte. -Mejor el desprecio"

que el aislamiento. ¿O has olvidado los meses encarcelados?

-Ya pagarán por ello.

Lo juro.

-No puedo controlar a todos.

A mí por supuesto.

Lo contrario es sublevación.

-No creo que a vuestra reina le gustase si se enterara.

¿Qué estamos buscando? "Un marido".

Quiero casarme contigo.

"Dinero es poder".

"Y si Felipe acumula más poder, será nuestra perdición".

No podemos permitirlo.

"Las murmuraciones que llegan a mis oídos"

son traición.

¡Puedo ver en vuestro rostro el de Jezabel!

Siempre igual. ¡Fuera! -"La reina María os considerará"

un insulto. -¡Maldito bastardo!

¡Quietos! -"Es una batalla,"

no un juego de damas. Dad la orden.

¡Por María!

-"María ya tiene

un pretendiente. Como vos deseabais, un lord inglés".

¡Jamás!

Reinas - Capítulo 1: El regreso - ver ahora

Inés Suárez de Plasencia

Inés Suárez viajó a las Américas en busca de su marido. Una vez allí descubre está muerto, pero la vida le tenía preparado un camino largo. Junto a Pedro de Valdivia se encamina en la expedición de conquistar Chile. En las largas ausencias del español, era la de Plasencia la que actuaba como Gobernadora, cargo que ocupó en solitario, pero también cuando contrajo matrimonio con Rodrigo Quiroga. Ella era la que tomaba las decisiones más importantes de la ciudad de Santiago de Nueva Extremadura, e incluso llegó a defenderla subida en un caballo. 

Su increíble historia fue llevabada a la literatura con la novela Inés del alma mía, de Isabel Allende, para más tarde convertirse en una producción audiovisual.

Ángela Merkel

En 2005 Alemania elegía a su primera canciller femenina: Angela Merkel. Cuatro mandatos, 16 años, en los que la política alemana se ha mantenido en el máximo poder, también en el europeo. No ha sido hasta el 2021 cuando ha decidido retirarse y por primera vez en unas elecciones no estará su nombre. Su retiro ha marcado un antes y un después en la historia de Europa, una historia que conocíamos gracias a un Documentos TV que puedes ver en RTVE Play.

No recomendado para menores de 7 años Documentos TV - Canciller Merkel - Ver ahora
Transcripción completa

(Música dramática)

Pragmática, camaleónica,

austera, reflexiva,

estoica, racional,

negociadora incansable,

gestora de crisis, enigmática.

Tras Konrad Adenauer, Ludwig Erhard,

Kurt Georg Kissinger,

Billy Brandt, Helmut Smith,

Helmut Kohl y Gerhard Schröder,

la diputada Angela Merkel

ha sido elegida primera canciller

de la República Federal de Alemania.

¿Acepta usted la elección?

Señor presidente, la acepto.

Es usted la primera mujer jefa de gobierno

en Alemania elegida democráticamente.

Es una poderosa señal para muchas mujeres

y seguro que también para algunos hombres.

-"Angela Merkel es una personalidad muy interesante y compleja.

Es cautelosa,

pero cuando tiene confianza

es muy, muy abierta".

Esta precaución proviene, por supuesto,

de su experiencia en la dictadura.

Creo que Merkel

ha garantizado la estabilidad

y la confianza de los ciudadanos en Alemania.

Es muy rápida.

Tiene mucho humor.

Lo que no se percibe cuando la ves en televisión.

Inteligente,

íntima, traviesa,

pero a veces obstinada.

Es una política muy obsesionada con el poder.

También se beneficia de la debilidad de los demás.

Tiene un aura muy tranquila.

Justa en la discusión, dura en la decisión.

Estaba más metida en los temas

de lo que algunos podían imaginar.

Y era, por supuesto, una enorme trabajadora.

Estabilidad por un lado

y por otro inestabilidad y errores

que tendrán consecuencias durante mucho tiempo

y serán una hipoteca a largo plazo.

Ella es una profunda europeísta,

que ha ido creciendo en europeísmo

y que ha jalonado el europeísmo

con los intereses de su país.

Existe la necesidad de aprender siempre

algo nuevo sobre ella

y también la suposición

que tiene que haber algo más detrás.

(Música dramática)

Si se quiere conocer a Angela Merkel,

se tiene que haber estado en Templin.

Hay que saber cómo creció Angela Merkel.

Angela Dorothea Kasner

nació el 17 de julio de 1954 en Hamburgo,

en la República Federal.

Llegó a Templin a muy corta edad

porque su padre, un pastor luterano,

decidió trasladarse a la República Democrática

para ejercer su pastorado.

No vivía en el centro de la ciudad,

sino en un complejo a las afueras llamado Waldhof.

Allí también residían y trabajaban

personas con discapacidad.

"Era una isla en la RDA.

Una isla para la educación,

para la empatía y para la solidaridad.

Y parte de la normalidad en esa vida consistía"

en que el que es fuerte ayuda al que es más débil,

porque este no puede arreglárselas solo.

Eso ella lo mamó de bebé.

Angela Merkel creció sabiendo que había dos estados alemanes.

"La familia estaba dividida, separada por el muro.

Por supuesto, Angela Merkel

está marcada por la dictadura de la RDA.

En este sentido la liberad es un motivo importante

y grande para todas sus políticas".

-"La señora Merkel aprendió a leer y a escribir aquí.

Angela Merkel siempre fue una muy buena alumna.

Siempre fue una de las mejores de la clase".

Pero también participaba en las pequeñas bromas

y travesuras con sus compañeros.

No era una aguafiestas.

¿Cuál era su asignatura favorita cuando era pequeña

y qué tipo de deporte le gusta hacer en su tiempo libre?

Mi asignatura favorita...

A veces el alemán, también el ruso.

Me gustaba aprender lenguas extranjeras, ruso e inglés,

y las matemáticas.

"Crecí en Brandeburgo, en Templin,

en la región de Uckermark.

y siempre me gustó ir a nadar allí, y todavía lo hago.

La futura canciller vivió hasta los 35 años

bajo un régimen comunista

y estudió física.

Como hija de un pastor protestante

no podía dedicarse a profesiones que pudieran tener

un impacto en la sociedad.

Su verdadera aspiración personal era ser profesora.

Su padre fue uno de los que intentó llevarse bien con el sistema.

Sus padres eran más bien de izquierdas.

Su padre era pastor.

Pero un izquierdista que se adaptó al sistema.

Hay quien ha querido ver la postura de su padre

y la pertenencia de Merkel a la FDJ,

la Organización Juvenil Comunista,

como muestra de apoyo al régimen de la RDA.

Fue secretaria de agitación y propaganda de la FDJ.

Nunca dijo exactamente lo que hizo allí.

Lo dejó abierto.

Así que siguió la corriente.

Por decirlo brevemente,

en la RDA fue más bien una oportunista.

Ni estaba en la oposición ni con el sistema.

Ella siguió el juego.

-Más del 99 o 98 %

de los jóvenes de la RDA estaban en la FDJ.

-Si no hubiera estado en la FDJ,

nunca habría podido estudiar después de hacer la selectividad.

Angela Merkel no es comunista ni lo fue.

Esta organización estaba en todos los ámbitos de la vida.

En principio siempre lo escondió bajo la alfombra.

Porque a la CDU, la Unión Cristiano Demócrata,

no le habría venido muy bien tener una presidenta

que se había adaptado al sistema en la RDA,

y que, en realidad, ni siquiera fue parte de los activistas

de los derechos civiles o disidentes,

sino que se subió al carro al final

y de alguna manera fue hacia delante.

Eso es lo realmente increíble.

No suelo hacer juicios de valor en retrospectiva.

Hay muchas situaciones muy discutibles

de Angela Merkel en tiempos de la RDA

en las que hubiera deseado

un poco más de distancia.

(Música dramática)

-"Angela Merkel suele estar con frecuencia en Templin

los fines de semana.

También tiene aquí una casa".

La ciudad de Templin decidió otorgar la ciudadanía honorífica

a nuestra hija más famosa.

Es la única ciudadanía honorífica que tiene.

"Dijo algo que me conmovió mucho.

Dijo que su ciudad natal es Templin

y que aquí es donde se siente en casa".

(Música dramática)

Angela Merkel es hija de nuestra región

con las características clásicas.

Algo tímida, quizás un poco reservada.

Pero cuando empiezas a hablar con ella

es muy cálida.

Quizás un poco fría al principio,

siempre esperando y pensando las cosas.

Creo que en nosotros también hay algo de minuciosidad prusiana.

¿De dónde sacó esa voluntad de poder?

¿Es también una huella de los primeros años

el que sea muy reservada, muy cautelosa,

que nunca enseñe sus cartas?

-En realidad, la sorpresa es

que alguien de la Academia de Ciencias

decidiera, de repente, pasarse a la política en 1989.

Es bastante sorprendente.

El apellido Merkel lo tomó de su primer marido.

Después, en la Academia de Ciencias

conoció al actual, Joaquim Sauer.

Un investigador de física cuántica con dos hijos.

Les gusta disfrutar de la naturaleza,

de la ópera y de la música clásica.

¿Cuál ha sido su experiencia más bonita en la vida?

Por ejemplo conocer a mi marido.

¡Oh!

(Música dramática)

El 9 de noviembre de 1989

la caída del Muro de Berlín cambió su vida.

El de la Bornholmer Strasse

fue el primer paso que se abrió aquella noche de euforia.

Angela Merkel cuando oyó la noticia

llamó a su madre.

Pero siguió con su rutina de los jueves y se fue a la sauna.

Al salir se acercó a este puente

por el que la gente estaba pasando al Oeste

e hizo lo propio.

Tomó una cerveza,

nunca ha dicho con quién y regresó a casa.

Al día siguiente fue con completa normalidad

a trabajar a la Academia de Ciencias.

Pero para Angela Merkel se abría una nueva etapa en su vida.

La caída del Muro de Berlín nos demostró que los sueños

pueden hacerse realidad.

Nada tiene que permanecer como está

por muy altos que sean los obstáculos.

Tuvo la suerte de que el muro cayó cuando estaba

en una edad en la que todavía podía marcar la diferencia.

Aprovechó la oportunidad inmediatamente.

-"La conocí por primera vez

a finales del otoño de 1989".

cuando vino a nuestra ofician provisional

del Despertar Democrático.

Un partido que yo mismo cofundé

para cambiar la RDA.

"Un día apareció por allí esta mujer

y dijo que le gustaría unirse a nosotros.

No era una persona como yo, por ejemplo,

que se había mostrado en contra del sistema

durante años.

Así que nunca dirá que fue una heroína en la RDA".

Éramos ciudadanos que teníamos nuestros trabajos normales

"y nos alegrábamos cuando alguien venía y decía: 'Quiero unirme'".

Había partidos nuevos

y entré en uno, el Despertar Democrático.

Y, de repente, hubo gente que dijo:

"Ah, la unificación alemana

debería venir un poco más despacio".

Y ni siquiera habíamos pensado en si la RDA

iba a desaparecer durante nuestra época.

En las elecciones de marzo de 1990,

las primeras libres en la antigua RDA,

el Despertar Democrático se presentó en alianza

con la CDU del Este,

que lideraba Lothar de Maizière.

Ganaron.

De Maizière se convirtió en jefe del primer

y último gobierno democrático germano oriental.

Le dije: "Te propongo que pongas a Angela Merkel

como portavoz del gobierno".

"Bueno", me dijo, "no puedo hacer eso".

"Ya ofrecí ese puesto a alguien de mi partido, la CDU,

y ha dicho que sí".

"Pero puedo hacerla viceportavoz".

Y luego Angela Merkel tuvo

mucha suerte en su carrera posterior.

El portavoz del gobierno tenía miedo a volar.

Es decir,

en todas las grandes reuniones políticas

que tuvo Lothar de Maizière en Moscú,

en Washington, en París, en Londres,

no era el portavoz del gobierno el que se sentaba a su lado,

sino la portavoz adjunta del gobierno.

Lo que todos sentimos en común en Alemania

somos un pueblo.

-Querría preguntar por qué eligió entonces a la CDU.

Estaba a favor de que la unidad alemana

llegara relativamente rápido.

Pensaba que el entonces canciller Helmut Kohl

lo había hecho relativamente bien y en cuanto al orden económico,

estaba a favor de que quien quisiera

pudiera ser independiente y crear empresas.

Me gustaba mucho la economía social de mercado

y lo veía mejor anclado en la CDU.

(Música suave)

En las primeras elecciones de la Alemania Unificada,

en diciembre de 1990,

gana la CDU de Helmut Kohl.

Kohl quería tener en su gabinete una adecuada representación

del Este, quería una mujer,

y del Este e inteligente.

Y solo se me ocurrió una,

y esa era Angela.

-"En los gabinetes

de la Alemania Unidad de Helmut Kohl,

como mujer de Alemania del Este,

que además era protestante y joven,

era enormemente adecuada para cubrir bastantes facetas".

En los nuevos estados federados...

En los nuevos estados federados tenemos que entender

que la libertad es más que la ausencia

de coacción y opresión.

Siempre fue increíblemente decidida y ambiciosa.

Y perseguía sus objetivos con gran precisión,

planificando con mucha antelación.

Creo que aprovechó sus primeros años

en la República Federal

para conocer bien la política y aprender cómo funciona.

La CDU-CSU es

un partido extremadamente conservador.

Y Angela Merkel básicamente solo pudo llegar,

o solo pudo ser aupada a la cima

gracias al apoyo de Helmut Kohl, diría yo.

¿Ha entendido usted realmente

que esta cuestión se refiere menos a mis convicciones básicas

que a lo que tengo que hacer según la ley

y el orden?

Ministra de la Mujer y de la Familia,

después de Medio Ambiente.

Cuentan que lloró en un consejo de ministros

porque no le dejaban hacer su política.

Pero cuando estalló el escándalo

de las cuentas secretas de Helmut Kohl,

dio un paso al frente.

Lamento que la consecuencia de este proceder

sea la falta de transparencia y de control

e incluso posiblemente violaciones

de las disposiciones de la ley de partidos.

No era mi intención,

solo quería servir a mi partido.

Cuando quedó más claro es cuando dijo públicamente

a Helmut Kohl, el icono de la CDU,

"Has cometido un grave error

que nunca deberías haber cometido como canciller".

Se atrevió a hacer algo que Schauble, por ejemplo,

no se atrevió a hacer en ese momento.

Corrió un riesgo enorme.

A partir de ese momento

podría haber estado muerta para la CDU, pero no ocurrió.

Fue un paso muy valiente, pero también fue decisivo

que como secretaria general escribiera el famoso artículo

en el "Frankfurter Allgemeine Zeitung"

en el que dejaba muy claro que eso no se podía hacer.

Se desmarcó claramente.

Nadie la habría creído capaz de eso.

Y muchos, ni siquiera hoy, la creen capaz de esa dureza.

Es parte del secreto de Merkel,

que no se deja pillar en el ejercicio del poder.

Entre bastidores es muy dura.

El hecho de que Angela Merkel no haya crecido en la política

de Alemania Occidental,

siempre ha sido una ventaja, porque era independiente.

Eso ha sido muy, muy decisivo para su carrera.

No estaba en deuda con nadie.

Podía actuar libremente.

Para las bases del partido

se convierte en la tabla de salvación.

Lo peor ha pasado.

Lo hemos esclarecido.

Y podemos estar orgullosos porque lo hemos hecho

nosotros mismos.

Es la gran esperanza de la CDU.

En el congreso de abril del 2000

rinde homenaje a Kohl

y advierte a sus rivales políticos.

La obra de Kohl, su obra, Helmut Kohl,

sigue siendo históricamente impresionante.

Queremos ser la fuerza motriz en Alemania,

volver a ser el número uno y tenemos un objetivo claro:

el triunfo electoral en 2002.

Para eso, queridos amigos,

hay que trabajar y entusiasmar a la gente.

Que se prepare el gobierno rojiverde

porque ahora volveremos a la carga.

-Cuando Angela Merkel

se convirtió en la líder del partido en el año 2000,

muchos creyeron que era por un corto período de tiempo,

que era solo una transición, una transición de Helmut Kohl.

-Por supuesto eso quiere decir algo,

cuando derribas a tu propio mentor de esa manera.

Hay que tener instinto de poder.

Sus competidores, los hombres de la CDU,

la subestimaron.

Y los apartó a todos uno tras otro.

-Tenía un enfoque diferente, un lenguaje muy diferente.

Recuerdo el primer discurso ante el bloque parlamentario.

Todos pensamos: "Bueno, ahora viene algo completamente diferente".

Pero no teníamos claro hacia dónde iba.

En 2002, el ultraconservador Edmund Stoiber,

del partido hermano bávaro CSU,

se impone como candidato a la cancillería.

pero pierde ante el socialdemócrata Gerhard Schröder.

Merkel espera.

Tres años después ella será la candidata.

Las direcciones de los partidos CDU y CSU

han nominado hoy a Angela Merkel

como la candidata a la cancillería de los partidos de la unión

para las elecciones parlamentarias de este otoño.

(Aplausos)

Quiero servir a Alemania.

Alemania puede hacerlo y juntos lo haremos.

Angela Merkel

nunca dejé entrever que tuviera alguna ambición política,

sino que ella es convincente.

No perdía mucho tiempo en discusiones ideológicas,

en cuestiones demagógicas.

-Vimos que se convirtió en canciller en poco tiempo.

Fue en 2005, tres años después.

Y eso fue una sorpresa para algunos.

Los rojiverdes han sido destituidos en Alemania

y eso es una buena noticia.

La campaña electoral ha terminado

y ahora se trata de formar un gobierno estable

para el pueblo de Alemania.

Gana por escaso margen, pero gana.

El perdedor, Gerhard Schröder, se resiste a reconocer su derrota.

Recuerdo muy bien esa noche,

aquel famoso debate televisivo con Gerhard Schröder,

ya estaba algo borracho y le dijo cosas realmente inaceptables.

¿Cree usted seriamente

que mi partido aceptaría una oferta

de conversaciones de la señora Merkel

en esta situación

en la que dice que le gustaría ser canciller?

No logrará una coalición bajo su liderazgo

con mi partido socialdemócrata.

Eso está claro, no se engañe.

Ella mantuvo la compostura.

No pestañeó y pensé: "Bueno, se acabó".

Pero ella solo pensó en cómo lo hago ahora

y al final lo logró.

En primer lugar los rojiverdes han perdido las elecciones,

ya no tienen mayoría.

Estamos dispuestos a aceptar el resultado electoral

tal y como es.

Si somos la fuerza más fuerte en el Bundestag,

entonces somos la fuerza más fuerte.

Esa ha sido la voluntad de los votantes.

Poco más de dos meses después

Merkel inicia una nueva etapa en su vida

tras llegar a un acuerdo de gran coalición

con los socialdemócratas.

Señora Merkel, ¿qué va a hacer ahora?

¿Va a ser canciller de Alemania?

¿Cómo se encuentra?

Bueno...

pues me encuentro... estoy bien.

El 22 de noviembre de 2005

Angela Merkel se convierte

en la primera mujer canciller de Alemania.

Me va muy bien

y estoy muy satisfecha. Estoy feliz.

Me eligió para su primer gobierno en 2005.

Estuve en sus gobiernos durante 14 años.

Y debo decir que la relación de trabajo

se ha convertido desde entonces en una amistad,

lo que es bastante raro en política.

A lo largo de los años he podido observar

cómo ha crecido en estatura política.

No se la tomó en serio.

Por un lado porque la mujer del Este

era ajena a la sociedad de la Alemania Occidental.

Y porque la sociedad de Alemania Occidental

por muy tolerante que se crea

tampoco estaba acostumbrada

a que una mujer pudiera estar al frente del gobierno.

La gente era realmente muy escéptica

respecto a Angela Merkel y se reía de ella.

Siguió adelante sin inmutarse.

Nunca fue una canciller glamurosa y natural.

Ensayó durante mucho tiempo,

porque se dio cuenta de que las mujeres

cuando quieren parecer enérgicas suelen levantar la voz.

Y eso suena histérico, chirriante y poco potente.

Por eso intenta bajar la voz durante los discursos.

16 discursos de Año Nuevo

y uno a la nación por la pandemia.

Innumerables comparecencias en el parlamento

y otras instituciones,

sintiéndose cada vez más cómoda en el cargo.

Victoria en cuatro elecciones generales consecutivas

y formación después, con más o menos dificultades,

de coaliciones de gobierno,

tres con los socialdemócratas y una con los liberales.

Ella siempre la canciller indiscutible.

Mi idea era y es

que quiero ser la canciller de todos los alemanes.

Por supuesto también escucha mucho lo que ocurre en la población.

Utiliza el poder porque tiene un objetivo,

pero nunca he tenido la impresión de que esté completamente preocupada

por sí misma o que busque el poder por el poder,

sino, por supuesto, para conseguir algo para el país,

para impulsar una causa.

-Tiene una forma increíblemente tenaz de reunir conocimientos,

de resolver problemas.

Por lo que está muy orientada a los hechos.

Y ese será el secreto de su éxito al final.

Tengo un dicho que me ha acompañado durante toda mi vida

y es la fuerza está en la calma.

Ha dado estabilidad y seguridad.

Bienes muy preciados para los alemanes.

Nadie sabe realmente cuál es su secreto,

el método para permanecer tanto tiempo en el poder.

Me conoce y saben lo que quiero abordar

y cómo lo hago.

Cuando negocia...

es muy precisa, muy dura,

pero siempre se asegura de que su socio negociador

no pierda la cara,

de que al final pueda salir y también pueda defender

la solución.

A la hora de la verdad

como persona perseguida, como persona atacada,

podrías contar con ella.

El antisemitismo, el racismo,

son cosas contra las que nunca se puede hacer lo suficiente.

La frontera se cruza cuando se predica el odio,

se agitan los prejuicios

o se acepta la violencia y el terrorismo

como instrumentos.

En nuestro país

todo el mundo de poder vivir libremente y con seguridad,

independientemente de su religión u origen.

Nunca más.

Es exigente como jefa.

Y es alguien

en quien puedes confiar cuando se ha acorado algo.

Entonces también lo defiende.

Y todo eso no es algo natural en la política.

También ha sido muy leal a su personal.

Siempre nos ha apoyado cuando estábamos bajo presión.

Se escudriñan sus gestos, sus palabras,

hasta sus chaquetas y la forma de colocar las manos.

Ella calla, no desvela nada que no quiera desvelar.

No tiene vanidad en el sentido de necesitar joyas caras

o trajes caros o puros como Gerhard Schröder.

Siempre va de forma modesta sin más.

-Ahora lleva una especie de uniforme

y lo encuentro absolutamente comprensible,

porque creo que no tiene ningún interés

en pensar qué ponerse cada día.

-Ha conseguido imponerse en las reuniones visualmente

con solo llevar unas americanas de colores.

En contraste con todos los trajes grises que llevan los hombres.

Recuerdo la inauguración de la Ópera de Oslo.

Llevaba un vestido con un escote pronunciado

y fue inmediatamente comentado.

Era casi como si Alemania se sobresaltara

al descubrir que después de todo había una mujer en ella.

Es un nuevo tipo de modelo a seguir.

Ha inventado un nuevo tipo de mujer pública.

Es bien sabido que la señora Merkel

no se considera feminista.

¿Se considera usted feminista?

Es una reacción.

La historia del feminismo es una historia

con la que tengo coincidencias,

pero también diferencias.

Y no me gustaría ponerme una etiqueta que no tengo.

Alice Schwartz y otras muchas mujeres

han luchado muy duro.

Y ahora llego yo, me aprovecho de los éxitos y digo:

"Sí, soy feminista". Es genial.

¿Quién aquí se considera feminista?

Solo quiero que todas las mujeres tengan libertad de elección,

que tengan oportunidades, que puedan aprovecharlas

y que puedan sentirse iguales en todas partes,

y estar realmente orgullosas y felices de sí mismas.

Si esto es ser feminista, lo soy.

Entonces yo también.

-Siempre ha prestado mucha atención a la promoción de la mujer

y al apoyo a las mujeres.

Observé al principio de su época como líder de la oposición

y luego como joven canciller

que muchos hombres intentaban ser dominantes,

hasta el punto de ser insolentes,

muy agresivos.

-La vida de Merkel es puro feminismo.

No tiene que decir: "Soy feminista".

Ahora las generaciones de niños están creciendo

y para ellos es normal que se trate de una mujer canciller.

Puede que ni siquiera imaginen que pueda ser un hombre.

He escuchado a los amigos pequeños de mis amigos

y conocidos y también de otros que ya preguntan:

"Mamá, pero ¿puede un hombre llegar a ser canciller federal?".

Desde el punto de vista feminista debería haber hecho mucho más.

-Si pudiera ser otra persona por un día, ¿quién sería y por qué?

Tengo que ser honesta y decir que si no tuviera que entrenar,

si no tuviera que hacer todo eso,

me gustaría ser una astronauta

para volar una vez alrededor del mundo

y verlo todo desde arriba.

16 años de continuidad.

16 años de realmente muchísimos problemas.

Una crisis tras otra.

La crisis del euro, la crisis monetaria,

los refugiados, el populismo,

Donald Trump, Ucrania.

De hecho también se ha presentado como un salvavidas.

Siempre ha dado la sensación a la gente,

incluso en las grandes crisis,

de que intenta ahorrarles problemas en su vida cotidiana.

Y eso le ha valido la alta popularidad hasta hoy.

Ha conducido un tren cargado de retos sin estrellarse.

Continuó con reformas drásticas

para hacer frente a la crisis interna.

Después vino la crisis financiera mundial

y la del euro.

En esta situación

es de vital importancia recuperar

la confianza en el funcionamiento de los mercados financieros

de forma rápida y decisiva.

Primó el interés alemán,

el interés económico alemán

a los intereses del conjunto de la Unión.

Y ahí sí que hubo un sufrimiento

por parte de algunos países,

que con otras políticas económicas

no hubiese existido.

La imposición de duras recetas de austeridad y reformas

provocó el desencuentro con sus socios más débiles.

Para Merkel se trataba de solidaridad

con responsabilidad.

La crisis a punto estuvo de acabar con Grecia fuera del euro,

pero se evitó lo peor.

Cuando el euro estaba paralizado,

fue importante que nuestro principio de combinar

la responsabilidad individual de los países afectados

con la solidaridad,

fuera exactamente el camino correcto para salvar el euro.

Esa es la manera de hacerlo y eso es lo que hicimos.

Porque si el euro fracasa, Europa fracasa.

Es realmente desagradable

ver como otros pueden disfrutar de la vida

y uno mismo no puede disfrutarla.

Reem Sabwil, una niña refugiada palestina,

le cuenta a Merkel que su sueño es permanecer en Alemania.

Su situación es difícil porque su familia

podría ser deportada.

La canciller le dice que no todos los refugiados

pueden quedarse

y que algunos tendrán que regresar a sus lugares de origen.

Lo has hecho genial.

-No creo que se trate de hacerlo genial,

sino que se trata de una situación estresante.

Sé que es una situación estresante.

Por eso quiero acariciarla una vez.

(Música dramática)

Solo unas semanas después

su política de puertas abiertas,

en la crisis de refugiados de 2015,

mostró una Merkel desconocida para muchos.

Alabada por unos y criticada por otros.

Y digo que Alemania es un país fuerte.

Y la forma en la que abordamos estas cosas

debe ser "hemos conseguido mucho, podemos hacerlo".

Fue un momento de gran solidaridad.

No tuvo oportunidad de reaccionar de otra manera.

No se podía disparar a la gente,

ni devolverla a la frontera, ni echarle cañones de agua.

Eso no habría funcionado. Habría sido terrible.

-Su error, creo, fue que después dejó las fronteras abiertas

durante demasiado tiempo y fue demasiado ingenua.

Apenas se controló a la gente que venía.

Y, sobre todo,

que ella no contribuyó

a una política fuerte y decisiva de integración.

La polarización en la sociedad sigue siendo palpable.

Uno de los errores más graves es hacer que una sociedad,

que no quiere ser multicultural por sí misma,

se enfrente a una ola de migración por razones políticas.

Tengo que decir con toda franqueza

si ahora tenemos que disculparnos por mostrar una cara amable

en situaciones de emergencia,

entonces este no es mi país.

Eso dice mucho de su actitud y de su personalidad,

der amable, pero no en el sentido de complacer a todo el mundo.

Es una actitud básica de amabilidad de apertura,

algo... casi lo llamaría humanista.

No había otra alternativa que aceptar a los refugiados.

Pero habría que haber tomado medidas para contrarrestarlo mucho antes.

-Actualmente estudio en la universidad

y trabajo como cajero en un supermercado en Edeka.

Tengo una vida normal aquí y sigo teniendo sueños.

Este es el selfie que cambió mi vida.

Ella sonríe. Fue un momento muy, muy hermoso.

Al principio no la conocí porque parece diferente en persona.

Yo era muy nuevo aquí en el país y ella vino de visita.

Pensé que era una actriz famosa.

Tenía el móvil en la mano y la cámara encendida.

Hice el selfie.

Luego pregunté a los hombres que estaban allí

y que hablaban árabe

y me dijeron que era la canciller federal.

Y uno dijo que era mamá Merkel.

El 19 de diciembre de 2016

12 personas mueren en un atentado

del autodenominado Estado Islámico en Berlín.

Y en la peor de las pesadillas para la canciller

el terrorista resulta ser un refugiado tunecino.

Este es un día muy difícil.

Al igual que millones de personas en Alemania,

estoy horrorizada, conmocionada

y profundamente triste por lo ocurrido anoche

en Berlín.

No queremos vivir con el miedo al mal paralizándonos.

Encontraremos la fuerza para vivir la vida como queremos en Alemania.

Libres, juntos y abiertos.

Lo más razonable es reaccionar de forma moderada y adecuada.

Y ese es, por supuesto, su punto fuerte.

No se deja llevar por las emociones, aunque sean comprensibles.

Sus críticos la acusa de haber contribuido a la polarización

y al crecimiento de la populista y ultraderechista

Alternativa para Alemania.

Merkel ha modernizado la CDU

en el sentido de que la ha desplazado

gradualmente hacia el centro e incluso hacia el centro izquierda.

Pero eso dejó un gran vacío en la derecha.

Y un nuevo partido ocupó ese espacio y ahora está establecido.

-Alternativa por Alemania, la AFD,

no vive de los migrantes de la CDU.

Ha absorbido todo el potencial de la derecha radical.

El segundo grupo que ha emigrado a la AFD

son los no votantes que rechazan el sistema democrático

y que, por tanto, no acudían a las urnas,

pero que ahora pueden votar a la AFD.

-El gran error fue que en un par de crisis

gobernó casi con un pánico muy ad hoc.

Pienso en la transición energética, en Fukushima

y en el abandono de la energía nuclear.

En Fukushima hemos tenido que reconocer que los riesgos

de la energía nuclear

no puedan controlarse de forma segura

ni en un país altamente tecnológico como Japón.

Quien lo reconozca

debe extraer las consecuencias necesarias.

Hemos decidido eliminar la energía nuclear

y no preveo que ningún gobierno federal futuro

cambie esta decisión.

Gracias, señora Merkel.

Has aprendido bien alemán. -Sí.

Me gustaría tocarle la mano una vez.

Creo que todos haremos lo posible por intentarlo,

pero es demasiado pronto para decir si se alcanzará un acuerdo.

-Cuando en diciembre de 2005

vino a Bruselas

a su primera reunión del Consejo Europeo.

Era la gran figura nueva

en medio de figuras bastante relevantes

o muy relevantes.

Desde Jacques Chirac, Tony Blair...

Era impensable en ese momento imaginar

que esa mujer iba a tener un papel tan determinante

en la construcción europea

y en lo que es ahora la Unión Europea.

En primer lugar Alemania tiene que defender sus propios intereses

y como gran contribuyente neto,

naturalmente, queremos ser ahorrativos con el dinero.

Y en segundo lugar también tenemos nuestras demandas.

Fue precisamente cuando vino al Parlamento Europeo

en el 2007

a presentar la presidencia alemana de la Unión,

cuando ella confesó que en fondo

ella había descubierto la Unión Europea

cuando ya tenía 35 años.

Había vivido en Alemania del Este,

donde Europa, lo que nosotros entendemos por Europa

no se conocía.

Cuando se trata de Europa, vemos y todos sentimos

que muchos de los grandes problemas

de la humanidad no pueden ser resueltos

por un solo país.

Ni siquiera por un gran país como Alemania.

Para ello necesitamos a Europa.

Una Europa que comparta los mismos valores

y que actúe conjuntamente.

Por supuesto, también ha ejercido su poder más allá de las fronteras

de Alemania.

También ha dado forma a Europa.

Ha conseguido unir a Europa.

Tenemos que ver que incluso el Brexit, el voto británico

para abandonar la Unión Europea

también fue causado entre otras cosas

por la crisis migratoria.

Así que ahora vemos una Europa diferente

y la señora Merkel ha contribuido

a darle forma para bien o para mal.

Europa es más fuerte

ahora gracias a que ella

ha sabido actuar en momentos decisivos.

Ahora es una Europa probablemente

más de tono alemán

de lo que hubiese sido sin ella.

Ha sido portada de publicaciones de todo el mundo.

En 2015

fue la persona del año para la revista "Time".

Y ha encabezado varios años

la lista Forbes de las 100 mujeres más poderosas del mundo.

A veces los medios de comunicación

la llamaban la defensora del occidente libre

en la época de Trump.

Alemania es demasiado débil para eso

en términos de política exterior y militar.

Alemania es realmente impotente

en el sentido político global.

En todas sus conversaciones defiende el modo de vida

y la vida liberal occidental.

Participé en muchas conversaciones.

También con jefes de gobierno de carácter más autocrático

en las que siempre recordaba los derechos humanos,

las libertades, los derechos civiles,

los derechos de la mujer.

Creo que al menos los alemanes la ven como alguien

que ha podido hablar con hombres difíciles,

ya sea Trump o Putin.

Como si hubiera dejado clara su posición.

Merkel siempre lo ha dejado claro.

Ese tipo de machismo es un poco ridículo.

Sí, ya no está en consonancia con los tiempos.

No impresiona.

-Se la escucha como a nadie, cuando habla

se apagan los Iphone

y todos los líderes prestan total atención.

Es una mujer tenaz.

Y los argumentos persiste en ellos.

Y, por tanto, es y ha sido

una líder que ha sido imposible evitar.

Afganistán ha sido uno de los conflictos

que la ha perseguido hasta el final.

Sus visitas al país asiático

nunca estuvieron exentas de riesgos.

También estaba muy relajada y tranquila

en estas situaciones críticas.

Estábamos dando un paseo por la ciudad,

visitando el centro,

cuando hubo una detonación en la zona.

Y el consejo de las autoridades de seguridad

fue interrumpirlo inmediatamente para volver al cuartel.

Pero ella continuó el paseo con la observación.

Si se exige valentía políticamente,

también hay que dar ejemplo.

Eso me causó una profunda impresión.

Me alegro de haber podido venir hoy aquí.

En primer lugar

para agradecerles el trabajo que están haciendo.

Cuando se produjo la llegada al poder de los talibanes

y el colapso de Afganistán,

Angela Merkel reconoció sin ambages

el fracaso de los países occidentales.

Es terrible para los millones de afganos

que han trabajado para una sociedad más libre.

Con el apoyo de la comunidad, estados occidentales

se concentraron en la democracia, educación

y los derechos de las mujeres.

Y también han logrado importantes avances.

Llevamos casi 20 años en Afganistán.

Durante este tiempo no hemos tenido éxito.

En este sentido,

hay que decir que estos esfuerzos han fracasado

y que hay que aprender las lecciones.

Es probablemente la líder mundial

que ha asistido a más cumbres,

reuniones bilaterales o multilaterales.

Unión Europea, G-7,

G-20, OTAN, ONU.

Se ha codeado con dirigentes de todo el mundo.

Que desaparecieron de la escena política

mientras ella seguía.

Nada de masajes.

De EE. UU. ha conocido a cuatro presidentes.

Dos republicanos, George Bush y Donald Trump,

y dos demócratas, Joe Biden y Barack Obama.

Obama le pasó el testigo de la defensa

de los valores occidentales cuando Trump fue elegido.

Queremos rendir homenaje a una líder extraordinaria

que encarna estos valores

y que está inspirando a millones de personas

en todo el mundo, incluso a mí.

Es mi amiga, la canciller Merkel.

Señora Merkel... Ah, bien.

Gracias, presidente.

Te identifiqué inmediatamente.

La buena sintonía a punto estuvo de irse al traste

cuando Merkel se enteró

de que los servicios secretos estadounidenses

escuchaban sus conversaciones telefónicas.

El espionaje entre amigos no es aceptable.

Necesitamos tener confianza entre los aliados y los socios

y esa confianza debe restablecerse ahora.

Con el populista y misógino Trump

la relación no fue fácil.

Yo tengo... tengo sangre alemana. Así es.

Ha sido interlocutora privilegiada de Vladimir Putin.

Aunque este, en 2007,

le hizo pasar un mal rato.

Dejó pasearse a su perro durante la rueda de prensa

conjunta, a sabiendas de que Merkel

tiene miedo a los canes desde que uno le mordió

hace años.

A pesar de todas las tensiones sobre diversos asuntos,

Putin siempre la ha considerado al menos una interlocutora adecuada

y la ha tomado muy en serio.

Y ella muy a menudo le ha leído la cartilla

cuando había que hacerlo.

¿Cuál es su país favorito?

En realidad Alemania.

Pero me gustaría mucho hacer un viaje largo por América,

por las Montañas Rocosas.

Y luego realizar otro con el ferrocarril Transiberiano

a través de Rusia.

Siempre he deseado y decidido llevar

mis cargos políticos y estatales

y de partido con dignidad

y dejarlos con dignidad algún día.

Una vez dije que no había nacido para ser canciller

y nunca lo he olvidado.

Este cuarto mandato es el último como canciller

de la República Federal de Alemania.

No volveré a presentarme como candidata

de la Unión como canciller

a las elecciones al Bundestag de 2021,

ni me presentaré de nuevo al Parlamento alemán.

Solo quiero dejar constancia de ello.

No me presentaré a ningún otro cargo político.

El 29 de octubre de 2018

Angela Merkel anunciaba por sorpresa

su retirada de la vida política

al acabar su cuarto mandato.

Es la primera canciller que realmente ha renunciado,

que prácticamente ha determinado su propio final,

que no ha sido expulsada del cargo

o que no ha sido abandonada por su propio partido.

Y lo hace con mucha coherencia como todo lo que ha hecho.

El ambiente en el partido ya era... ya es suficiente.

Y se dio cuenta de eso y se dijo que prefería

irse ahora con dignidad que perder unas elecciones.

Se va con la cabeza alta.

No la echan como a otros de sus predecesores,

sino que se va.

Además ha realizado un gran trabajo.

Pero como buena canciller de las crisis

la de la pandemia del coronavirus la acompaña en la recta final.

Para ayudar a sus socios europeos

rompe con uno de los dogmas alemanes

y accede a la mutualización de la deuda en la Unión.

Fue muy útil en la pandemia

que nos conociéramos y pudiéramos confiar la una en la otra.

Angela Merkel estaba muy centrada

en que Europa en su conjunto

se mantuviera unida durante esta fase.

Angela sabía exactamente

que si queríamos salir juntos de esta crisis

teníamos que fortalecer a todos.

Y eso requería subvenciones.

Y es típico de Angela Merkel

no estar obsesionada con un dogma,

sino que quiere alcanzar el objetivo.

Su actitud de hacer frente a esta crisis

fue una actitud de aquí salimos todos juntos

y hay que utilizar todos los recursos.

Yo creo que es un momento decisivo de construcción europea,

de solidaridad, donde su actitud

ha sido determinante.

Su gestión de la pandemia fue alabada al principio.

Su explicación clara y didáctica de la curva de contagios

se hizo viral.

Después, con los fallos llegaron también las críticas

como con la falta de dosis de la vacuna.

No se cansó de advertir a sus ciudadanos

sobre la gravedad de la situación.

Desde la Segunda Guerra Mundial

no había habido un desafío a nuestro país

que dependiera tanto

de nuestra acción solidaria conjunta.

Creo firmemente que saldremos airosos de esta prueba

si realmente todos los ciudadanos y todas las ciudadanas

lo comprende como su propia tarea.

Esta es una tarea histórica y solo la podemos superar unidos.

Si tenemos demasiados contactos ahora, antes de la Navidad,

y después resulta que fue la última Navidad con los abuelos,

habremos perdido algo. No deberíamos hacerlo.

Su gestión del coronavirus no ha ido tan bien como se pensaba.

Esperaba que la bonificación por esa gestión

le permitiera dejar de lado el tema de los refugiados.

No tuvo éxito.

Pero siempre ha tenido una gran reputación internacional.

Eso se mantendrá.

En su último verano como canciller

las terribles inundaciones al este del país

mostraron de nuevo la cara más emotiva

y solidaria de Merkel.

Es terrible.

Diría que no hay ninguna palabra en el idioma alemán

para describir esta devastación.

Sin embargo,

lo que he presenciado, y es increíblemente reconfortante,

es como la gene se une,

cómo se ayudan unos a otros, la solidaridad que hay.

Las lecciones no son otras que las que ya sabíamos.

Tenemos que darnos prisa.

Tenemos que ir más rápido en nuestra lucha

contra el cambio climático.

Su fortaleza en la recta final

ha echo olvidar la fragilidad que mostró

al sufrir una serie de temblores

sobre los que nunca se explicaron las causas.

Estoy muy bien y no hay nada de qué preocuparse.

En la hora de hacer balance

nadie sabe qué hará la que ha sido durante años

la mujer más poderosa del mundo.

Si se presentara de nuevo, volvería a ser elegida.

La ironía es que una jefa de gobierno

conservadora haya impulsado muchas reformas

de izquierdas, muchos proyectos de izquierdas.

La eliminación de la energía nuclear,

la supresión del servicio militar obligatorio,

el matrimonio homosexual, la deuda común gradual en Europa

en la crisis del euro, la migración o las fronteras abiertas.

Angela Merkel es una camaleón.

Es una mujer que ha pasado por la vida política

con mucha paciencia

y con mucha fuerza.

Y con ello se ha ganado el respeto.

Incluso el respeto de los que no están

de acuerdo con ella.

El legado de Merkel para Alemania es,

por supuesto, que ahora deja mucho por hacer.

Deja cosas que no están terminadas en absoluto.

La transición energética,

la integración de más de 1,5 millones de refugiados,

migrantes,

la modernización de las infraestructuras,

la digitalización.

Están lejos de estar terminadas.

-El punto fuerte de Angela Merkel es esa sencillez,

esa humildad.

Esa modestia a veces ostentosa

y en cierto modo sencilla.

Pero combinado con la brillantez intelectual,

con la competencia, con la pericia,

con el conocimiento de los detalles

y con una diligencia superior, con una alta laboriosidad.

Pasará a la historia como una gran canciller.

Se sentirá muy aliviada

cuando ya no tenga que estar disponible

las 24 horas del día,

ni tenga que estar en vacaciones en la misma zona horaria.

Primero tiene que llegar al punto de que...

ya no es la canciller,

para que pueda tener una idea de cómo se siente.

Pero no sé lo que hará.

Las historias,

las anécdotas que podría contarnos Angela Merkel

probablemente seguirían sorprendiéndonos.

Entonces, ya no tendré tantos compromisos.

Dormiré un poco y pasearé por la naturaleza

y pensaré qué es exactamente lo que quiero hacer.

(Música dramática)

Documentos TV - Canciller Merkel - Ver ahora

Juana de Castilla, la mujer a la que no dejaron gobernar porque pensaban que estaba loca

Hemos querido terminar esta noticia con una mujer que, aunque tenía el título como Reina de España, nunca gobernó. No la dejaron. La creyeron por loca, pero en realidad era la hija de los Reyes Católicos mejor preparada para gobernar en Castilla y Aragón. Primero fue su marido, Felipe el Hermoso; después su propio padre, Fernando el Católico. Más tarde su hijo, el que sería Carlos I de España y V de Alemania. Todos ellos antepusieron su poder a la verdadera titular de la corona: Juana de Castilla.

Su dura historia ha sido llevada al cine en dos ocasiones. La primera por Vicente Aranda, en Juana, la loca, protagonizada por Pilar López de Ayala y que puedes ver en RTVE Play

Somos cine - Juana la Loca - Ver ahora

También en Play puedes encontrar el segundo film que se hizo sobre una de las mujeres más maltratadas de la historia española. Para hacer enlace entre la serie Isabel y Carlos Rey Emperador, Jordi Frades dirigió La corona partida, película que muestra cómo el Hermoso y el Católico se disputan una corona que no les pertenecía.

No recomendado para menores de 12 años Somos cine - La corona partida - Ver ahora
Transcripción completa

No han sido pocos los reinos

que han sucumbido al morir sus reyes.

Quiera Dios evitarnos tan amargo trance.

Por ello es indispensable que conozcáis la verdad.

El momento parece propicio,

pues vuestro abuelo Fernando,

agoniza al otro lado del muro,

y se avecinan tiempos de incertidumbre.

Pero en nada quedan, comparados con los vividos

tras la muerte de Su Católica Majestad.

Música

(REZAN)

(REZAN)

Llaman

Pasad.

Majestad, vuestra esposa dispuso en sus últimas voluntades

que fueran pagadas todas sus deudas.

Así habrá de hacerse.

Temo que falten los dineros necesarios.

Reunid en Toro los bienes de la reina

y poned en marcha una almoneda.

Lo que se recaude bastará.

Nada quedará de su patrimonio.

Que así sea.

Mal habremos de exigir a otros que respeten el testamento,

si nosotros no lo hacemos.

Las cancillerías siguen enviando sus condolencias.

Celebran que todo siga su curso en Castilla.

Es lo que pretendíamos.

Sin embargo, la misiva de Flandes se ha demorado.

¿Acaso la noticia tardó más de lo razonable?

Conociendo los usos del archiduque Felipe,

a saber cuándo ha tenido a bien comunicársela a doña Juana.

Pensará que de tal guisa nos perjudica,

cuando en realidad nos favorece.

Majadero.

Cuanto más postergue la vuelta de mi hija a Castilla,

más tiempo nos concederá para afianzar nuestra gobernanza.

Si vuestro yerno no se ha echado a la mar a toda prisa,

será porque algo estorba a su ansia por coronarse.

Id a Flandes.

Averiguad cuál es la disposición de mi hija hacia la Corona...

Y hacia su esposo.

Sea cuale fuere,

procurad retrasar su viaje.

Chacón, aguardad.

Necesitamos a Cisneros.

Música

Eminencia,

sed bienvenido a la villa de Toro.

Acompañadme.

Gracias, Chacón.

Vos, que sois hombre austero,

apreciaréis sin duda la estancia en este palacio...

Bien me conocéis. Por tanto, ahorradme los preámbulos.

¿Para qué me habéis hecho venir?

No soy santo de vuestra devoción.

Por mi parte, en no pocas ocasiones os hubiese preferido

encerrado en Alcalá,

dedicado a vuestra universidad.

No hallaríais condena que me agradara más.

(RÍE)

Lo sé, lo sé.

Pero con ello ambos traicionaríamos la voluntad de Isabel.

Es mucho lo que nos separa,

pero su memoria nos une.

Tanto como el deseo de que el poder permanezca en manos de la Corona

y no en las de los grandes.

Dais por hecho que vuestra hija Juana es incapaz de gobernar.

Conocéis sus arrebatos...

Y la veneración que siente por su esposo.

Tanta que nubla su maltrecho juicio.

Mi yerno no dudará en traicionarnos si es en beneficio propio.

¿Cómo estar seguros de que Juana no refrendará sus maniobras?

Y para evitarlo, hemos de entregaros el reino

y cerrar los ojos ante vuestras propias ambiciones.

No bendeciré actos y decisiones que me repugnan.

No necesito vuestra bendición,

sino vuestro auxilio.

Vayamos juntos en esto, no enfrentados.

¿Acaso contáis con otro...

...que pueda cumplir los designios de mi difunta esposa?

Isabel quiso dejar en mis manos el gobierno de Castilla.

Graves son los trances que me aguardan.

Invocando su nombre,

os ruego que estéis a mi lado.

Música

Señor de Belmonte,

¿he de entender vuestro regreso...

...como el reconocimiento de un fracaso?

No ha de inquietaros mi presencia aquí, señor

sino lo que vuestro suegro está fraguando contra vos.

Os he conseguido el apoyo de los nobles más poderosos de Castilla.

Ellos, como vos, quieren desalojar al aragonés del gobierno del reino.

¿Los grandes están de mi parte?

No todos, a decir verdad. Mas es cuestión de tiempo.

Y de dinero, supongo.

Los vientos os son favorables,

pero habéis de actuar con presteza.

Veyré,

viajaréis a las Españas.

Completaréis la tarea que don Juan Manuel ha iniciado.

Tanto o más que el apoyo de los poderosos,

necesitáis a vuestra esposa serena y de vuestra parte.

Señor, el testamento de la reina entrega las riendas de Castilla

a vuestro suegro si doña Juana no quiere o no puede gobernar.

¡Maldita sea!

¿Acaso su alteza no puede demostrar...

...tanto su capacidad como su voluntad de reinar?

Se han convocado Cortes en Castilla sin la presencia de vuestra esposa

Temo que el rey de Aragón las aproveche

para declarar incapaz a la legítima heredera.

Si los que me son leales no pueden evitarlo,

entonces, ¿qué puedo hacer yo?

Anticipaos:

tomad ejemplo de vuestra difunta suegra

y proclamaos rey cuanto antes.

¿Sin el beneplácito de Juana?

Eso es lo primero que debéis lograr.

No os he mandado llamar.

¿Acaso vuestro esposo ha de pedir audiencia?

No deseo ver a nadie. Y menos a vos.

Todo lo hago por vuestro bien.

Pero, en ocasiones,

mis buenos propósitos me llevan a cometer errores.

¡Mentís!

No,

no lo hago.

Y me entristece esta separación entre ambos,

que ya dura más de lo que la decencia aconseja.

Se me antoja un rencor infundado.

Más aún cuando hemos de afrontar nuestro destino de la mano.

No debemos demorar nuestra proclamación como reyes de Castilla.

¿Queréis emprender el viaje en pleno invierno?

No.

Pensaba que podría tener lugar aquí, en santa Gúdula.

Castilla ha alzado pendones por vos.

¿Por qué esperar?

Muy conveniente,

sin duda.

Pero no.

Solo las Cortes de Castilla habrán de jurarme como su reina.

Y ahora si no os importa,

os ruego que me permitáis continuar con mi lectura.

Será preciso recabar la mayor cantidad de apoyos posible.

Echar al aragonés incumbe a toda la nobleza castellana.

Muchos que hoy titubean

tomarán partido cuando los grandes alcen su voz.

Veyré,

organizad un funeral por el alma de mi suegra.

Aprovechando la ceremonia,

voy a proclamarme rey de Castilla,

esté de acuerdo mi esposa o no.

(JADEOS)

¿Dónde están todos?

¡Decid!

Música

Ordeno y mando

que cuando la Princesa mi hija no estuviere en estos mis Reinos,

o estando en ellos,

no quisiere o no pudiere entender en la gobernación de los mismos,

que en cualquiera de estos casos

el Rey mi señor rija,

gobierne,

y administre mis Reinos y Señoríos,

hasta que el Infante don Carlos

mi nieto

sea de edad legítima,

a lo menos de veinte años cumplidos,

para regirlos y gobernarlos.

¿Juráis, por tanto, a doña Juana como reina verdadera

legítima sucesora

y señora natural propietaria de estos reinos y señoríos,

y a don Felipe como su legítimo marido?

(TODOS) ¡Sí, juramos!

¡Deteneos!

¿Os parece la casa de Dios

lugar apropiado para una farsa?

Yo soy la reina de Castilla.

Esta ceremonia carece de sentido sin mí.

¡Seguid!

Según lo dispuesto en el testamento de doña Isabel,

¿recibís a su Católica Majestad, don Fernando de Aragón,

como gobernador y administrador

de los reinos de Castilla, León y Granada?

Señores,

no es mi intención cometer desacato contra la voluntad de la reina

Mas, según nuestras leyes,

¿no corresponde la administración

de los estados y señoríos de doña Juana

a su legítimo esposo, antes que a su padre?

¿Preferís, señor mío,

poner el gobierno de estos reinos en manos extranjeras?

¡Solo apelo a las leyes de Castilla,

pues tan extranjero es el uno como el otro!

Murmullos

¡Señores, señores!

Yo fui el primero en reconocer a mi hija sucesora al morir la reina.

Pero habéis de saber

que la honestidad y el dolor de mi esposa

la llevaron a ocultar las verdaderas razones de su decisión.

Mucho antes de fallecer, la reina nuestra señora,

supo y conoció de la enfermedad que sobrevino a doña Juana.

Este documento, elaborado por orden de su esposo,

recopila las pasiones e impedimentos que tienen a la reina

fuera de su libre albedrío.

La enfermedad es tal que no puede gobernar.

Insisto, eminencia,

¿qué impide que lo haga en su nombre don Felipe, nuestro rey?

El consorte de doña Juana es una incógnita

que solo su presencia en estos reinos resolverá.

Por este doble motivo, su difunta madre quiso asegurar

el buen gobierno de sus dominios, entregándolo a su esposo.

¡Obedezcamos la voluntad de nuestra reina

y seamos tan leales con ella

como lo fuimos en vida!

Música

En nada mejorará la relación con vuestro suegro

saber que os habéis proclamado en Bruselas.

He seguido el ejemplo de su difunta esposa, la Reina Isabel.

No conviene que los reyes de Castilla emprendan viaje en pleno invierno.

¿Por qué demorar su proclamación?

¡Incluso un traidor como vos

sabe que corresponde a las Cortes jurar a sus reyes!

¡Y así lo han hecho en Toro!

(GRITA) ¡Las Cortes!

¡Ante las que mi suegro no ha dudado en airear

los trastornos de su hija,

para asegurarse el gobierno con malas artes!

¿Llamáis malas artes a mostrar la relación de pasiones que la aquejan,

la que vos tuvisteis a bien entregarme?

¡Por la honra de sus hijos y de sus nietos, hubiera debido ocultarla!

Ah, admitís entonces que es auténtica

y que demuestra, por desgracia, ¡que es incapaz de gobernar!

¡Basta!

¡Fuera de mi vista! ¡Exijo ver a la reina!

¡Jamás!

¡Y en lo sucesivo, no oséis poner los pies en palacio!

¿Os atrevéis a negar el acceso a un enviado de la Corona?

(GRITA) ¡Yo soy el rey de Castilla!

¡Y no recuerdo haberos enviado a lugar alguno!

¡Echadlo de aquí!

¡Os trata de loca en las cortes!

¡Vuestro propio padre! ¡Ante vuestros vasallos!

¿Acaso no veis lo que ambiciona?

Locura fue confiar en mi esposo y no en mis padres,

que vieron en vos al traidor que sois.

¡Jamás he pretendido despojaros de lo que os pertenece,

como hace mi suegro, sino compartirlo!

Vuestros actos suelen contradecir vuestras palabras tan a menudo.

¡Que sean entonces las vuestras,

de puño y letra, las que desmientan tamaña infamia!

¡Solo vuestro amor hacia mí perturba vuestro juicio!

¡El afán por saberme vuestro! ¡Los celos! ¡Ponedlo por escrito!

¡Que vuestro padre sepa que es esa, y no otra,

la causa de vuestras pasiones!

No contéis con ello.

¿A pesar de lo que os ha hecho?

¡Jamás os aceptarán en el trono de Castilla si no demostráis cordura!

Lo hacen,

acatando la voluntad de mi madre.

Preocupaos de que os acepten a vos,

aquí podéis organizar cuantas farsas queráis...

Pero en Castilla

la reina soy yo.

Miradme bien.

Pues si no os avenís,

no volveréis a verme en mucho tiempo.

Mis hombres de armas guardarán vuestra puerta.

Nadie os visitará sin mi permiso.

En Castilla seréis reina,

(GRITA) ¡Pero aquí sois mi prisionera!

¡Guardias!

¡Guardias!

¡Guardias!

¡Que nadie entre ni salga de esa alcoba sin mi permiso!

¡Cinco veces se ha negado esa perra a escribir la carta!

Calmaos.

La escribiremos nosotros.

El conde de Benavente.

Uno de nuestros partidarios más leales.

Al condestable, por el contrario,

costará más convencerlo.

Dejadlo de mi cuenta.

Bien aprovecha el rey de Aragón el oro que proporciona

la lana de Castilla, las cosechas de vuestros campos...

Mas, a cambio, ¿qué siembra?

¡Nada, salvo discordia! ¡Aquí y en Bruselas,

donde sus maniobras escandalizan no solo a su yerno,

sino hasta a su propia hija!

Escuchad, si no me creéis,

la misiva que ella me ha hecho llegar, escrita de su puño y letra.

Allá me juzgan que tengo falta de seso.

Bien sé que el Rey Felipe, mi señor esposo,

escribió por justificarse a mi padre quejándose de mí,

pero esto no debiera salir de entre padres e hijos.

Si en algo yo usé de pasión

y dejé de tener el estado que convenía a mi dignidad,

notorio es que no fue otra causa sino celos.

¡Celos, caballeros! ¡Celos, y no enfermedad!

¿Son palabras de loca?

¡No, señores!

¡Escuchad y decid si no parece bien cuerda!

No había yo de quitar al Rey Felipe, mi señor mi marido,

la gobernación de esos Reinos

y de todos los del mundo que fuesen míos,

ni le dejaría de dar todos los poderes que yo pudiese,

así por el amor que le tengo como por lo que conozco de Su Alteza.

Y espero en Dios que muy presto seremos en Castilla,

donde me verán con mucho placer mis buenos súbditos y servidores.

Así sea.

En efecto, verla entre nosotros despejaría nuestras dudas

y acallaría rumores y sospechas.

¿Cuándo vendrá?

Tan pronto como sea posible, espero.

¿Acaso es de justicia que se le haya usurpado el gobierno de Castilla

tratándola de incapaz ante las Cortes?

No lo es.

Y creo hablar en nombre de todos.

Entre tanto, don Felipe, mi señor,

no piensa más que en allanar el camino a su esposa.

Los intereses de don Felipe y los nuestros

están llamados a encontrarse.

Mi señor es de la misma opinión.

Y las compensaciones que recibirán quienes lo apoyen

demostrarán su gratitud y generosidad.

(GRITA) ¡Soltadme!

¡Miserables!

No podéis hacedme esto.

No tenéis derecho.

¡Juro por esta cruz que os haré matar a todos!

(GRITA)

¡Soltadme!

¡Por favor, ayudadme, por favor!

(GRITA)

¡Soltadme!

¡Miserables!

¡Soltadme!

¡No podéis hacerme esto!

Ensillad mi caballo. ¡Rápido!

Música

Mi yerno atribuye los trastornos de mi hija a los celos.

¡Achaca su falta de entendimiento a la perversidad de Juana!

Él, que mantiene a la reina de Castilla bajo custodia.

Y tiene el valor de exigirme que regrese a Aragón

y le deje el camino libre. ¡Maldito puerco!

No va a ceder.

No. Y cada vez son más los descontentos que se le arriman.

¿Descontentos?

¡Los enemigos de la Corona, querréis decir!

Temo que no baste con mantener a Juana en Flandes.

No.

Pero un poder firmado por Juana

acallaría muchas bocas.

Salvo que fuera a favor de su esposo.

¡Eso jamás!

¡He de tener acceso a mi hija como sea!

Fuensalida no es capaz. Dudo que otro...

¡Pues habrá de hacerlo!

Escribiré a Felipe.

Protestaré para que devuelva la libertad a Juana.

Pero Fuensalida ha de conseguir ese poder,

¡cueste lo que cueste!

Música

¿Sucede algo, alteza?

Mi padre.

Mi niña.

¡Os agradezco que hayáis acudido a mi llamada, padre!

No logro que los príncipes alemanes me obedezcan

¿Y pretendéis que medie en una disputa conyugal?

¡Me sobreestimáis!

No se trata de una simple querella entre esposos, padre mío.

Temo que esté en juego el futuro del Imperio.

Su majestad imperial.

Majestad.

Quiero ver a mi nuera.

Me pregunto quién ha perdido la cordura

si vuestra esposa o vos. Regresad a palacio.

¡Regresad, os digo! ¡Bastante habéis errado!

¡Abrid esa puerta, por el amor de Dios!

¡Padre!

Alzaos... Alzaos.

¡Hija mía,

qué os habéis hecho!

Perdonadme, por favor.

Guardad las súplicas para vuestro capellán,

yo he venido a hablar como padre e hija.

No se ha quebrado mi corazón al veros de esta guisa,

pues venía quebrado

por haber conocido que entre mi hijo y vos

existen tan graves desavenencias.

Mi señor, os juro que yo... En verdad no es el amor

lo que une a las gentes de nuestro rango.

Pero su ausencia

no ha de permitir que se instale el odio.

Yo amo a vuestro hijo.

Y llegué a pensar que él a mí también.

(LLORA) A pesar de...

A pesar de todo...

Dios os ha impuesto una misión que debéis cumplir juntos.

No podéis darle la espalda a Dios.

Y tampoco a vuestra madre.

Pensad en ella.

Pensad en lo que siempre quiso para vos.

Para sus reinos.

Mis reinos no me necesitan.

¡Mi esposo no me necesita! ¡Ni mis hijos!

¡A nadie le importo!

¡Ni siquiera a mi padre!

Cuán equivocada estáis hija mía,

¿qué sombras os mantienen en semejante ceguera?

No es ceguera, señor,

sino certeza.

Oídme bien,

vais a abandonar este encierro.

Pero es vuestro hijo quien...

¡Mi hijo hará lo que yo diga!

Adecentad vuestro aspecto.

Si no queréis hacerlo por vos,

¡hacedlo por la memoria de vuestra madre,

bendita sea!

Demostrad al mundo quién sois,

y el mundo os demostrará cuánta falta le hacéis.

Y cuánto os ha echado de menos.

Música

No sé cómo lo habéis logrado, pero gracias.

No lo he hecho por vos, sino por mi nieto.

¡Insensato!

Un marido puede perder a su esposa.

¡Pero un archiduque no puede perder a una reina!

¡Sed astuto,

ya que no sabéis ser humilde!

La necesitáis a vuestro lado.

En cualquier caso, gracias.

En realidad, he venido por otro motivo:

el rey Luis de Francia acepta ratificar nuestros acuerdos.

Debéis acompañarme a Haguenau sin demora.

Antes de que se eche atrás y nos quedemos sin la Borgoña.

Y ahora,

danzad con vuestra esposa.

(JADEOS)

Me alegra que os hayáis animado a acompañarme.

Hacía tanto tiempo que no tomaba el aire.

Esperdad aquí, vamos a dar un paseo.

¿Confiais en mí?

Claro.

Seguidme.

Mi señora.

¡Amigo mío!

¡Os creía en las Españas!

No, mi señora, hace semanas que trato de llegar a vos.

¿Venís a indisponerme contra mi esposo?

No, alteza, vengo a advertiros del peligro

que se cierne sobre vuestros reinos.

Y a suplicaros en nombre de mi señor que actuéis para conjurarlo.

Mi padre me ha hecho pasar por loca ante mis vasallos.

Comprendo vuestro dolor

y no os faltan motivos para desoír mis ruegos.

Pero os juro que solo procura dar cumplimiento

al mandato de doña Isabel. ¿A costa de mi deshonor?

No, a costa de cercenar las ansias de vuestro esposo,

pues si logra el favor de los grandes y llega a gobernar...

La Corona padecerá como en tiempos del rey Enrique,

¿creéis que no lo pienso?

Convendréis entonces en que para evitar tales desmanes

nadie mejor que vuestro padre.

¿Qué quiere de mí?

Que aprobéis su gobernanza con un poder firmado por vos.

Lo haré.

Pero le pediré algo a cambio.

No ha de abandonar Castilla.

Pues, si lo hace,

también me habrá abandonado a mí.

Música

¿Dónde lo guardáis?

¿El honor?

En mi pecho lo encontraréis.

(RÍE)

Con gusto os abriré en canal para comprobarlo.

Lástima.

No ha hecho falta.

Encerradlo.

Música

Alteza, temo que la reina y Fuensalida

han aprovechado vuestra ausencia para urdir una trama contra vos.

(GRITA)

Este es el castigo por vuestra traición.

Dad gracias al aragonés, porque de no ser su servidor.

(GRITA)

Soltadlo.

He fracasado, mi señor,

y ello me causa más dolor

que los tormentos padecidos.

No digáis tal cosa.

Os encomendé una misión que no podíais cumplir.

Mía es la culpa de lo sucedido.

Os ruego que me perdonéis.

Id y reponeos.

Pero sabed que esos miserables

pagarán por lo que os han hecho.

¡Lo juro!

Música

Juana está más vigilada que nunca.

Y fuera de mi alcance.

Pero firmó el poder.

Por tanto, no está de parte de su esposo.

Y es consciente de sus intrigas. Quizá más de lo que pensábamos.

De poco me sirve.

Majestad... El duque todavía aguarda.

Hacedle pasar.

Señor,

contáis con el afecto de la casa de Alba...

Pero solo la lealtad a la Corona justifica que delate a mis pares.

Buena parte de los grandes de Castilla van a exigiros

que reclaméis la venida de la reina doña Juana. Y de vuestro yerno,

que no pocas prebendas anda prometiendo

de palacio en palacio y de villa en villa.

Gracias, amigo mío.

Tan solo espero que no tarden en presentarse ante mí.

Música

Venimos ante vos con un único propósito.

Y yo os recibo con el respeto que merece vuestro linaje,

cuya sangre ha regado las fértiles tierras de Castilla.

Castilla no necesita más sangre,

sino a su legítima reina.

Un sentimiento que comparto,

pues no pasa hora sin que recuerde a mi esposa, vuestra señora.

Nos referimos a vuestra hija,

cuya ausencia de estos sus reinos solo tiene una explicación.

El capricho de su esposo.

No, señor mío:

vuestro afán por arrebatarle la gobernanza

a quien por derecho debe ejercerla.

No tengo ningún afán por cargar con tarea tan ingrata.

Así se lo he hecho saber a mi yerno.

En la misma misiva en la que reclamo, como vos,

la presencia en Castilla de su reina legítima.

Pronto llegará el mensaje a sus manos.

Majestad, me alegra comprobar que en eso

estamos de acuerdo.

Les he rogado que no demoren el viaje más allá de lo prudente,

pues nada deseo más que tener cerca a mis hijos bien amados.

Solo aguardan la llegada de mi yerno para cobrar su recompensa.

Perros.

Me he equivocado.

No podré aplastar al borgoñón mientras esté lejos.

He de atraérmelo.

Ofrecedle el poder

y correrá presto a tomarlo de vuestras manos.

Pero dudo que acepte compartirlo.

No, no lo hará.

No mientras me sepa aislado y débil.

Mi fuerza está en Aragón.

Allí habré de recobrarla antes de negociar.

Eminencia, cumpliré la voluntad de Isabel:

mi nieto Carlos reinará en Castilla, os lo aseguro.

Y cuento con vuestra ayuda para que así sea.

Pero he de tener las manos libres en mis reinos.

¿A qué os referís?

A poner Aragón, Nápoles y Sicilia a salvo de extranjeros.

¿A costa de privar de ellos a vuestro nieto?

Siempre lo han mantenido apartado de mí.

No es menos extranjero que su padre.

Es mi nieto, sí,

pero también hijo de un traidor

y de una loca, que Dios me perdone.

¿He de resignarme a entregárselos?

¿Estáis pensando

en otro heredero?

Estoy pensando en salvaguardar mi legado

Aragón y Castilla, dándose de nuevo la espalda.

No es lo que vos y vuestra esposa imaginasteis.

Eminencia, el marido de mi hija no solo pretende gobernar,

¡quiere hacerse con Castilla! ¡Arrebatársela a Juana!

¡Y para ello no escatima vilezas ni traiciones!

Primero salvaré mis reinos.

Después,

si ese infame

logra sus propósitos,

¡juro que pagará por ello!

¿Hasta dónde estáis dispuesto a llegar?

Hasta dónde sea necesario.

¿Cuento con vuestra ayuda?

Voy a negociar con mi yerno

y lo haré en persona.

Le he propuesto que venga a Castilla cuanto antes.

¿Negociaríais con él, mientras la reina permanece en Flandes?

Mi hija,

no ha de ser impedimento para que su esposo y yo

pongamos fin a nuestras desavenencias.

Pero tampoco desdeñaré la oportunidad de arrebatarle un aliado.

Y acabar de una vez por todas con la guerra en Nápoles.

Ando en conversaciones con el rey Luis

y estoy seguro de que habrá acuerdo entre Francia y Aragón.

Majestad,

conocéis bien al francés,

¿cuánto tardará en incumplir sus compromisos?

Creedme,

conseguiré las mejores garantías.

Si el fiel Gonzalo Chacón hubiera vislumbrado lo que iba a suceder.

Tras largos años guerreando, vuestro abuelo y Luis de Francia

llegaron a un acuerdo que beneficiaba a ambos.

Con que cesara la sangría, ya podrían.

Mi querido Fernando. ¡Para el rey de Aragón no bastaba!

Día a día veía mermado su poder en Castilla,

pero logró convertirse en árbitro de lo que acaeciera en Italia.

Todo a costa

de dar al traste con el sueño que había compartido con su esposa,

la reina Isabel.

Habéis oído bien:

el rey de Aragón desposará a la sobrina del rey de Francia,

doña Germana de Foix.

¡No hace ni un año que falleció la reina!

Pero esa joven... Si le diera un hijo...

Como sin duda es su intención.

El infante Carlos no heredaría la Corona aragonesa.

Los reinos de las Españas, de nuevo separados.

Todo cuanto soñó Isabel...

Todo aquello por lo que se sacrificó.

¡Con lo que tuvo que soportar!

¿Dónde queda la lealtad?

¿Y las promesas?

Al parecer, enterradas en Granada,

con su destinataria.

Sosegaos.

No deis nada por perdido.

¿Reclamáis sosiego cuando la obra de la mejor reina

que ha tenido Castilla se desmorona?

Don Felipe y los grandes pretenden desterrar al rey de Aragón.

Don Fernando procura hacerse fuerte donde le es posible.

¡Erráis! ¡Solo busca su provecho!

¡Pensad que se ha logrado la paz en Italia!

¡Pero a qué precio, señor mío! ¡Pensad vos en lo que arruina!

¿Vamos a dar la espalda a la Corona, como tantos otros,

cuando más nos necesita?

¡A la Corona, jamás!

¡A don Fernando!

Acudió a vos invocando la memoria de la reina.

¡Y acaba de traicionarla!

No, eminencia reverendísima,

¡no contéis conmigo!

Señor.

Ruego me deis licencia para abandonar la corte.

No es ese mi deseo,

os lo aseguro.

Tampoco el mío, señor.

Entonces, quedaos junto a mí.

No, majestad,

pues no nací mudo y la edad no me ha embotado el seso.

Por ello prefiero no ser testigo de cómo vulneráis

la voluntad de mi señora,

vuestra esposa.

Vuestra señora es el pasado.

Mi esposa, doña Germana,

asegurará el futuro de mi reino, si Dios quiere.

Pues hoy Castilla me es tan hostil como vos ahora.

Bien habéis demostrado vuestra lealtad durante décadas.

En ello se cimenta vuestro prestigio.

Y ahora me rogáis que os deje ir.

¿Quién me asegura que no os pondréis al servicio

de quienes obran contra mí?

Majestad.

Si en esta sala hay un traidor,

tened por seguro que no soy yo.

Marchad.

Música

Vuestro padre se ha casado por poderes en Dueñas.

Sí, señora mía.

Aragón tiene una nueva reina

y no sois vos.

Pensad por un momento en las consecuencias de esa unión:

si da lugar a un nuevo heredero,

privará a nuestro hijo Carlos de la corona aragonesa.

No son nuevas de mi agrado,

os lo aseguro.

Pero es potestad del rey de Aragón garantizar la paz en sus territorios,

por los medios que considere oportunos.

(GRITA) ¿Así defendéis los derechos de nuestro hijo?

Si pretendéis que me enfrente a mi padre por esto,

erráis de nuevo.

Por grande que sea mi descontento.

Majestad...

Soy vuestro marido, Germana.

Las formalidades están de más.

Mi tío, el rey Luis, me ha ordenado que cuide de su aliado más valioso.

Pues como rival ya tuvo que cuidarse él de vos.

(RÍE)

Ahora vuestro tío y yo tenemos un enemigo común,

más temible que la suma de nuestros contrarios.

El tiempo,

un adversario implacable.

Entonces podré cumplir su mandato...

Pues contra él, majestad,

no hallaréis mejor aliado que yo.

Sin embargo,

jamás

podré llenar el hueco dejado por la reina Isabel.

Necia sería, si lo pretendiera.

Música

Aplausos

Murmullos

¿Acaso padece su eminencia alguna enfermedad?

Dios no lo quiera.

¿Es comedido por naturaleza?

No hallaréis en Castilla asceta más virtuoso.

Desconfío

de quienes rechazan los placeres

que Dios ha puesto a nuestra disposición.

¿Por qué motivo?

Tarde o temprano,

otros sufren

por esos apetitos no satisfechos.

Murmullos

Quien gobierna estos reinos

revive hoy sus mejores años.

Brindemos a su salud.

¡Y en memoria de nuestra soberana,

la reina Isabel!

Murmullos

Entiendo el pesar de doña Beatriz.

Señor, os pido que la disculpéis.

Tendrá que disculparme ella a mí,

pues aún he de pedirle un servicio esta noche.

Deseo que se una a las damas de mi esposa

y ayude a prepararla para el trance que se avecina.

Así lo hará.

Os lo ruego:

anteponed la lealtad que debemos a la Corona

al recuerdo de vuestra amistad.

Cumpliré

la petición del rey...

Y de buen grado.

Mas no lo haré por él,

sino por haber sido injusta con doña Germana, que ninguna culpa tiene.

Sé que para vos es un trago amargo.

Pero temo que nos aguarden muchos más en los próximos tiempos.

Haceos a la idea.

Música

Seré vuestra esta noche.

Pero haré cuanto pueda para que vos seáis mío

hasta el fin de nuestros días.

Música

No hay alma libre de mancha. Ni la más virtuosa.

Muchos años he vivido,

y la naturaleza del hombre todavía me causa asombro.

Ya conocéis,

cuán escaso era el afecto que unía a vuestros padres en aquellos días.

Y sin embargo,

algún entendimiento hubo entre ellos antes de zarpar hacia Castilla,

pues vuestra madre quedó preñada de vuestra hermana Catalina.

Belmonte y vuestro padre acordaron poner rumbo a La Coruña,

y no hacia Laredo, como estaba previsto.

Arribando a La Coruña no solo pretende burlaros,

También ganar tiempo

porque aún no ha logrado todos los apoyos que desea.

En primer lugar, el de su esposa.

Vuestra hija reclama encontrarse con vos,

y el archiduque no hace sino impedirlo.

¿Qué ordenáis al respecto?

Enviaré al señor de Veyré con instrucciones para mi yerno.

Saldré a su encuentro. Dejadnos solos.

Vos iréis por delante. Os reuniréis con Felipe.

Cercioraos de las intenciones de mi yerno.

Si entendéis que en nada va a ceder, que nada mejor puede hacerse,

salvaguardad mi dignidad.

Procuradme una compensación que lo debilite y me haga más fuerte.

No hemos de dar nada por perdido.

Música

Pensad un momento en mi suegro.

Un viejo en tierra hostil.

Aislado,

endeble,

y a pesar de todo ello, no renuncia a la gobernanza

¿Por qué habría de hacerlo yo?

Soy joven,

el derecho me asiste,

dispongo de hombres armados, y como veis,

cuento con el respaldo de la nobleza castellana.

También reconocieron las Cortes los derechos de don Fernando.

¡Que los reclame!

(RÍEN)

Yo puedo lograr que ceda.

Por el bien de Castilla.

Una corona partida abre la puerta al desgobierno.

Ninguno de los aquí presentes

deseamos tamaño desastre para estos reinos.

Pero quien crea que el rey de Aragón dará un paso atrás a cambio de nada,

o no lo conoce,

o razona como el más pueril de los novicios.

Negociemos pues.

Viajaréis conmigo,

tiempo habrá para hablar.

Quisiera partir con vos.

Aquí estaréis mejor.

Y en compañía más grata.

No diréis eso en serio. (RÍE)

Por desgracia, sí.

No temáis.

Volveré.

Tenéis que concebir un heredero para mí.

Quizá lo haya hecho ya.

Podrán echarme de Castilla,

pero Aragón quedará en mis manos...

Y en las de nuestros hijos.

Música

Mi querido hijo.

Me alegra veros tan bien acompañado.

¡Señor conde!

¡Cómo os habéis puesto de gordo!

¿También vos, condestable?

Todos sufrimos del mismo mal.

¿Acaso os extraña, señor mío?

¿Y la reina?

Majestad,

tratad ahora con don Felipe.

Ya habrá ocasión de ver a vuestra hija.

Recibisteis, sin duda, la propuesta que negocié con su alteza.

En verdad muy generosa...

De no ser por las contrapartidas.

Lo tenéis todo perdido, señor mío.

Dad gracias a su eminencia y aceptad.

Conservaréis los maestrazgos de Santiago, Calatrava y Alcántara.

Así como una renta de diez millones de maravedíes al año,

más la mitad de los ingresos procedentes de las Indias.

¡Poco es para lo que se me exige!

Discutidlo a solas.

Os he conseguido un buen trato.

Os lo advierto, no lo haré más.

Su eminencia ha sido hueso duro de roer.

Nadie hubiera obtenido de mí semejante acuerdo.

No seáis terco

y seguid su consejo.

¿He de abandonar Castilla como un apestado?

No.

Solo pido que regreséis a vuestros reinos,

una vez hayáis firmado este otro documento

que declara a Juana incapaz de gobernar.

¿Tan fuerte os sentís que pretendéis libraros de mí

y de la reina en la misma jugada?

Ahorradme el escándalo, señor mío,

que ya la señalasteis como loca en Toro.

Ahora, al menos,

os sale a cuenta.

Renunciaré al gobierno de Castilla

por no perder el favor de su eminencia,

que tan notables servicios me ha prestado.

Pero no sancionaré la incapacidad de la reina legítima de Castilla

sin haberla visto.

Conformaos con alejarme de vos.

El arzobispo vendrá conmigo a Valladolid.

Lo necesito en las Cortes.

Vos partiréis de inmediato hacia Aragón.

¿Sin ver a Juana?

¡Me habéis ocultado el encuentro con mi padre

porque nunca habría permitido que lo ultrajarais!

Gracias a mi generosidad no marcha de aquí humillado,

¡sino mucho más rico!

¡Mi padre no es como uno de estos infames,

que venderían su alma por media bolsa de oro!

¡Soy la reina de Castilla!

¡Vuestra reina!

¡Ordeno que me llevéis ante mi padre, el rey!

(GRITA) ¡Malditos seáis todos!

¡Malditos seáis todos!

¡Quiero ver a mi padre!

¡Llevadme ante él!!

¡Quiero ver a mi padre! ¡Quiero ver a mi padre!

¡Quiero ver a mi padre! ¡Quiero ver a mi padre!

(GRITA) ¡Quiero ver a mi padre!

La misiva que nos leísteis nos indujo a error.

Por desgracia, la realidad es otra.

Doña Juana está enajenada, señores.

Su comportamiento no es propio de una reina.

Debéis poner a vuestra esposa

en lugar donde esté servida y acompañada

como su estado y persona requieren.

Esa, y no otra, ha sido mi intención

cuando la he mantenido apartada del mundo.

(GRITA) ¡Quiero que me llevéis ante mi padre!

¡Llevadme ante él!

¡Os lo ordeno!

¡Llevadme ante mi padre!

¡Quiero ver a mi padre! ¡Quiero ver a mi padre!

¡Quiero ver a mi padre!

¡Os lo ordeno!

¡Llevadme ante mi padre!

¿Ha de reinar en Castilla una enferma?

Cuando su marido está bien cuerdo

y es capaz de gobernar estos reinos?

¿Qué sugerís? Lo que muchos pensamos.

que solo don Felipe ha de ser jurado rey.

Doña Juana es la reina propietaria.

Y hasta hoy, no está incapacitada.

Las Cortes lo resolverán. No.

No será posible sin la aprobación del rey de Aragón.

Emprenderé camino a Valladolid sin mi esposa.

Alteza, si eso significa que acudiréis a las Cortes sin ella...

¿Por qué no habría de hacerlo?

¿Tan ciego estáis que no veis el mal que sufre doña Juana?

Lo he visto, señor mío.

He visto a una hija que desea encontrarse con su padre

pero su marido se lo impide.

¡Mi suegro solo procura volverla contra mí!

¿Acaso he de consentirlo?

¡No refrendaré una medida de tal gravedad sin antes hablar con ella!

¡Hacedlo, pues!

¡Departid con mi esposa cuanto consideréis oportuno!

¡Vuestro testimonio avalará la más sensata de las decisiones!

(GRITA) ¡Padre!

¡Llevadme ante mi padre! ¡Quiero ver a mi padre!

¡Quiero verle!

¡Soy la reina de Castilla!

¡No podéis hacerme esto! ¡No podéis hacerme esto!

(LLORA)

¡Quiero ver a mi padre!

¡Solo quiero ver a mi padre!

(GRITA) ¿Por qué?

¡Padre!

¿Por qué no puedo ver a mi padre?

(GRITA) ¡Padre!

¡Padre!

¡Traidores!

¡Miserables!

¡Traidor!

¡Padre!

¡Padre! ¿Por qué no puedo ver a mi padre?

¿Vos habéis visto a mi padre?

Así es, alteza.

¿Ha envejecido?

Con otros

el tiempo se ha ensañado más.

La ausencia de vuestra madre lo cargó de años.

Pronto ha puesto remedio, como sabréis.

Así haría mi esposo,

pues ambos comparten la misma naturaleza.

Tenéis una larga vida por delante.

Castilla no ha de verse privada de vos cuando más os necesita.

¿Qué podría yo hacer por mis reinos?

En los últimos días me lo he preguntado a menudo.

Siempre hallo la misma respuesta.

Dios puso a prueba a mi madre,

despojándola de sus herederos, a quienes tanto amó.

Con qué crueldad despreciaría yo su sacrificio,

si diera la espalda a mi destino.

¿Deseáis, por tanto, ser jurada reina ante las Cortes?

Como lo fue mi madre.

Hablamos con ella durante horas, señor mío,

y nunca respondió cosa que fuera desconcertada.

¡No solo sería un error no llevarla a Valladolid,

sino que separarla de vos un dedo todavía lo sería mayor!

Teneos, condestable.

Nada se hará al margen de la justicia.

Retiraos.

He de ver a mi suegro cuanto antes.

Os lo repito una vez más:

no sancionaré la incapacidad de mi hija sin hablar con ella.

Repetidlo cuanto os parezca.

¡No la veréis!

Sois flamenco,

pero tenéis la mollera más dura que una piedra del Cáucaso.

Os recuerdo que estáis solo

y que habéis obtenido más de lo que nunca pudisteis prever.

Mi querido hijo,

Si vuestros partidarios os apoyaran como un solo hombre,

habríais dejado que siguiera mi camino sin requerir este encuentro.

Conformaos con lo pactado. Yo lo hago.

Y ya que habéis hecho circular entre los castellanos

el motivo de la indisposición de vuestra esposa,

permitidme un consejo.

Soportad sus celos igual que yo sobrellevé los de la mía,

que bien se ve que son madre e hija.

En nada se parecen.

Hacedlo.

Hacedlo y Juana volverá a su ser, igual que su madre.

¡Y será una gran reina!

Mal presagio.

¡No me he de conformar!

¡Mis leales firmarán lo que este granuja rehúsa!

Os lo ruego, señor, no insistáis por esa vía.

Corréis el riesgo de dividir a quienes os dan apoyo.

No os lo podéis permitir.

Ahora menos que nunca con las Cortes en ciernes.

Sed paciente.

En Valladolid lograréis todo aquello por lo que tanto habéis porfiado.

Aplausos

Música

Ese, que lo rasguen.

Solo yo soy la heredera.

Soldado.

Nobles señores de Castilla.

¿Me reconocéis y aceptáis

como heredera legítima de mi madre,

la reina Isabel, nuestra señora?

Vos sois quien decís ser:

la reina verdadera

y legítima sucesora y señora natural de estos reinos y señoríos.

Así lo confirman las Cortes.

Entonces habréis de obedecer mi voluntad.

Marchad a Toledo.

Allí habréis de jurarme como reina propietaria.

Alteza,

con el respeto que os debemos,

¿hemos de demorar más el asunto?

Mi señora,

hay algo que deseo preguntaros ante las Cortes aquí reunidas.

Vuestro padre ha regresado a Aragón.

Renuncia pues a administrar y gobernar estos dominios.

¿Mi padre no estará junto a mí?

No, señora,

pues prefiere ocuparse de sus propias obligaciones.

Y vos,

¿estáis dispuesta a gobernar vuestros reinos?

De ser así,

¿aceptáis que vuestro esposo gobierne con vos?

En verdad, no me parece honesto ni conveniente

que los reinos de Castilla estén gobernados por manos flamencas.

Murmullos

Pero tampoco es costumbre que la mujer de un flamenco gobierne.

Hubiese deseado que mi padre continuase en Castilla

hasta que mi hijo Carlos fuese mayor de edad

como dispuso mi madre en su testamento.

Pero no ha querido, señora mía.

Si vos rehusáis,

bien habrá de hacerlo vuestro marido.

Aceptaré con una sola condición:

que las Cortes me reconozcan rey propietario de estos reinos,

y a nuestro hijo Carlos,

como sucesor legítimo.

Música

Así lo quiere la reina.

De ser así,

si os place,

las Cortes procederán al juramento.

Lo habéis logrado.

Vos me lo habéis concedido.

Vos y vuestro padre. Su renuncia, más bien.

Cara le ha salido a Castilla, a decir verdad.

Poco importa ya.

Os habéis desembarazado de él.

Y a mí ya no me necesitáis.

¿Qué destino me aguarda?

¿El mismo que en Flandes?

Sois mi esposa.

¿Cómo no habría de necesitar a la madre de mis hijos?

Descansad estos días.

Pronto partiremos hacia Segovia.

Música

¡Parad!

No entraré.

Señora,

¡Señora! ¿Qué tenéis?

¡No entraré!

¡No entraré ahí!

Música

Anochece, alteza.

Hemos de continuar. ¡No, no, no!

Diríase que vuestra esposa os lee el pensamiento.

Poco le va a rentar.

Música

No descabalgará en toda la noche.

La reina no hace sino facilitaros argumentos

para que sus temores se hagan realidad.

Solo cabe encerrarla.

Todos acabarán compadeciéndose de mí.

No lo dudéis.

Sobre todo ahora,

que mi suegro se ha desentendido de su hija

en cuanto ha visto un destello de oro en el horizonte.

Los marqueses de Moya

han decidido entregarme el alcázar sin resistencia.

¡Excelente!

Volvamos a la corte mañana mismo.

Pensaba sugeriros...

¿Qué os parece llegar hasta Burgos

y celebrar mi nombramiento como merece?

¿Estamos hablando de justas?

¿Banquetes?

Caza y juegos de sol a sol.

¿A qué esperáis? ¡Haced los preparativos!

Música

¡Alteza!

¡Señora! ¡Vuestro esposo!

¿Qué le ocurre?

¡Está muy enfermo!

¿Ya tenía calentura al despertar?

Parece que ayer

jugó muy reciamente a la pelota dos o tres horas en lugar frío.

No se preocupó de secarse el sudor.

Al contrario,

bebió de manera destemplada para apaciguar la sed.

Confiemos en el galeno De la Parra.

No hay otro más docto en todo el reino.

(GIME)

La campanilla está tan inflamada que apenas puede tragar saliva.

¿Es capaz de hablar?

Solo si remite la calentura.

Antes se ha quejado de un dolor muy fuerte en un costado.

Y ha escupido sangre.

Sed franco,

¿qué podéis hacer por él?

Nada,

salvo abreviarle la vida.

Hacéis bien en rezar, eminencia,

y no solo por la salvación de don Felipe.

¿Qué será de estos reinos si su alteza fallece?

El príncipe Carlos es aún muy niño.

¿Ha de quedar Castilla

en manos de una loca?

Doña Juana sigue siendo la reina propietaria.

En cuanto a su locura...

Dudo que la muerte de su esposo la remedie, señor mío.

La regencia,

sería la única solución.

No me sorprendería

que el emperador la reclamara en nombre de su nieto.

¿Maximiliano?

¿Qué conoce él de estas tierras?

Menos que su hijo, estoy seguro.

Y no sería el más dócil de los soberanos.

En justicia,

solo hay un candidato posible:

el rey de Aragón.

Querido condestable,

más de treinta años ha gobernado estos reinos don Fernando.

Conviene dejarlo descansar, ¿no os parece?

El copero de su alteza también ha caído enfermo.

¿Con idénticos síntomas?

¿Pensáis que les han dado yerbas?

Si lo negara, mentiría.

De la Parra asegura que no ve señales de ponzoña.

Los otros físicos tampoco albergan sospecha alguna.

Pero existe.

Y eso empeora las cosas.

De morir don Felipe, Castilla se encaminará hacia un desastre.

Es preciso impedir el desgobierno por encima de todo.

Urge que se haga cargo la persona idónea.

Y estoy en disposición de señalarla.

Pues a vos, eminencia,

os sobra prestigio y autoridad para administrar los reinos.

Vuestra lealtad a Castilla está por encima de todo,

bien lo habéis demostrado.

¡Nadie mejor que vos para regirla!

Por esa lealtad que me atribuís, aceptaré si llega el caso,

Dios no lo quiera.

Música

Majestad,

si la Providencia no lo impide,

a su alteza don Felipe le resta apenas un hálito de vida.

Os ruego que olvidéis las pasiones de los grandes

y vengáis a gobernar los reinos de Castilla a la mayor brevedad,

porque otro que vos, después de Dios,

no será capaz de poner remedio a tan grandísima desventura.

Entretanto,

yo os allanaré estos reinos y los pondré a vuestro servicio

como otrora, en tiempos más prósperos,

los tuvisteis.

Música

El rey...

Ha muerto.

Llorad,

mas sin aspavientos.

Los doctores de la Iglesia

han revelado que el alma tarda en separarse del cuerpo

más de lo que pensamos.

El espíritu de mi esposo aún está con nosotros.

Conviene que escuche cosas de su agrado.

Música

Llevad su corazón a Flandes.

Que repose junto a su madre.

(REZAN)

Su alteza dispuso ser sepultado en Granada.

Así habrá de ser,

Campanadas

Vuestro yerno ya no es un impedimento.

¿Atenderéis ahora el ruego de Cisneros?

No.

Me esperan en Nápoles.

Escribiré a su eminencia

asegurándole que volveré en cuanto me sea posible.

Mientras tanto,

él habrá de velar por Castilla.

Pocos son los que hoy me añoran en esos reinos.

El tiempo los tornará legión.

Eminencia, no convocaré Cortes, no insistáis.

No lo haré.

Discrepo de quienes las reclaman.

Sin embargo,

¿cómo podré gobernar Castilla si una y otra vez

os negáis vez a firmar mi nombramiento?

Que lo haga mi padre cuando regrese.

Y mientras tanto, ¿quién gobierna?

¿Quién decide? ¿Quién administra?

Señora,

os soy tan leal como lo fui a vuestra madre.

¡Pero me tenéis atado de pies y manos!

Firmaré.

Firmaré una cédula. Una sola.

Mas prestará gran servicio a estos reinos.

Y también a vos.

Ordeno que las mercedes concedidas por mi esposo,

sin mi sabiduría ni mandamiento,

sean restadas y quitadas de mis libros como inválidas,

revocadas y consumidas.

Ordeno también

el cese de los miembros del Consejo Real por él nombrados.

No ha de quedar ninguno.

Todos ellos serán sustituidos

por aquellos que lo fueron en tiempo del rey y de la reina.

Alteza,

celebro vuestra decisión.

No obstante, temo que una medida de tal envergadura

sea fuente de conflictos.

Convendría anticiparse y... Lo demás, cuando vuelva mi padre.

¿Alteza?

Os he convocado porque requiero que vos

y vuestro marido me acompañéis esta noche.

Estamos a vuestro servicio, alteza.

¿Puedo saber adónde, para ordenar los preparativos?

He de ver a mi esposo.

Música

Abrid el ataúd.

Música

¿Dais fe de que este es mi esposo, vuestro rey?

Sí, señora.

No es otro que don Felipe.

Música

Cerrad el féretro y dadme la llave.

Partiremos hacia Granada de inmediato.

Disponedlo todo.

(REZAN)

Música

Nada, salvo las exequias de su esposo,

ocupó la mente de la reina durante meses.

El 14 de enero nació la infanta Catalina en Torquemada.

Pero vuestra madre siguió ajena a todo.

A ella...

A vos.

Música

A fuerza de ser sincero,

creo que doña Juana

se refugió en el culto al cadáver de vuestro padre con un solo fin.

Librarse del apremio de todos para que tomara decisiones.

Música

Una vez perdido el sol del esposo

no es decoroso para las viudas viajar a la luz solar.

Por eso he decidido viajar de noche.

Os agradezco vuestro sacrificio.

Habremos de buscar un lugar donde residir.

Tórtoles no puede albergar dos cortes.

Lo dejo en vuestras manos,

pues los hijos deben obedecer constantemente a sus padres.

Solo os ruego que me sea posible

celebrar las exequias cotidianas por mi esposo.

Estoy al tanto de vuestro dolor.

He sabido que mandáis abrir el féretro cada noche.

El rey es el padre de mis hijos, majestad:

velando su despojo velo también por ellos.

Son mis nietos.

Nada permitiré que se haga contra ellos.

Su eminencia me ha comentado que tenéis intención de viajar a Burgos.

Cierto.

Belmonte se niega a entregar el castillo.

No me pidáis que os acompañe.

Allí Dios me arrebató a mi amado. Jamás volveré a pisar esas calles.

Y ahora perdonad.

Debo acudir junto a mi esposo.

Me obedecerá. Pero no confía en mí.

Teme que prive a su hijo de su herencia.

La pasión podrá alterar su ánimo,

pero nunca la ha privado de entendimiento.

Vuestro padre y vuestro abuelo compartieron el mismo problema:

necesitaban la figura de vuestra madre para gobernar,

y al tiempo era un estorbo.

Cuando se hubo impuesto en Castilla la Vieja,

el rey de Aragón se vio en la necesidad

de tomar una decisión definitiva.

Y lo hizo.

Música

Los aposentadores de la Corona

ya tienen presto el palacio real de Tordesillas.

Allí encontraréis la morada que merece vuestra condición.

¿Y mi esposo?

Os acompañará.

No os inquietéis.

Música

Lo hago por vuestro bien.

Para que el día de mañana, vuestros hijos tan queridos,

puedan ser tan buenos reyes como lo fueron sus abuelos.

Para ser un buen rey,

no es necesario ser un mal padre.

Partamos.

Música

Adelante.

Música

Su propio padre...

¡Sí, lo hizo!

Pero con ello se asentó en Nápoles,

dominó a los grandes,

arrebató Navarra al francés y la incorporó a Castilla.

¡No es poco para un rey que se asoma a la vejez!

Más hubiera logrado de no haber sido por la enfermedad.

Por la obsesión en procrear, querréis decir.

Y por las malas artes de esa francesa.

Reverencia.

Su majestad.

Reverencia.

Vos gobernaréis en Castilla

hasta que mi nieto Carlos llegue.

Siempre acabáis imponiendo vuestra voluntad.

Música

Perdonadme,

pues quise romper la promesa que os hice.

Dios, con buen juicio,

no lo ha permitido.

Esposo mío,

descansad.

Ahora sí.

Siempre juntos.

Música

(LLORA)

Música

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