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Mary Somerville, la reina de las matemáticas del S.XIX

 Biografías   Raíz de 5  

  • Nació en Escocia 1780 y fue una enamorada de la ciencia y las matemáticas
  • Fue una autodidacta en una época donde la docencia reglada no estaba bien vista para las mujeres
  • En Raíz de 5  repasamos la vida de Mary Somerville, matemática y científica escocesa

Por

Raíz de 5 - Vida y obra de Mary Somerville - 26/04/21
  • Raíz de 5, un programa dirigido y presentado por Santi García Cremades, matemático, divulgador y profesor de la UMH.
  • Lunes a las 18.08 h en Radio 5

Mary Fairfax Greig Somerville nació el 26 de diciembre de 1780 en la pequeña ciudad escocesa de Jedburgh. Su padre era miembro de la Armada británica con rango de vicealmirante y su madre hija de un abogado eminente. La pareja tuvo siete hijos, tres de los cuales murieron siendo niños y Mary nació en quinto lugar.

La familia era humilde pero podían permitirse tener un cocinero, una criada y un jardinero. Mary tuvo una infancia despreocupada, más bien solitaria. Amaba las aves silvestres y las alimentaba y le gustaba recoger conchas cuando se trasladaron a Edimburgo.

Sabía leer, pero no escribir

Mary Somerville aprendió a leer la Biblia con la ayuda de su madre, y a los siete años comenzó a ayudar con el ganado y en las labores agrícolas. Cuando tenía 10 años su padre regresó de un largo viaje y descubrió que Mary leía pero no sabía escribir, así que la enviaron a un internado para que aprendiera a escribir y siguiera con su educación en modales y valores para convertirse en una buena ama de casa.

A su regreso, un año después, por las tardes leía a Shakespeare y, después de algunas lecciones con una maestra local, quedó encandilada por la astronomía, observando el cielo nocturno y las luces del norte. A los 13 años Mary recibió lecciones formales en la escuela en Edimburgo: aprendió aritmética y cómo escribir correctamente.

Latín, greigo y álgebra

Mary Somerville

Mary Somerville, la reina de las matemáticas nació en Escocia 1780. Getty Images GETTY

  En realidad fue su tío, Thomas Somerville, quien la apoyó en sus estudios al ver su interés y comenzó a darle clases de latín todos los días antes del desayuno. Un día, un amigo de la familia le dio a Mary una revista de moda. En la última página vio un rompecabezas con números mezclados con letras: fue su primer encuentro con el álgebra. Intrigada, trató de averiguar más, pero nadie pudo ayudarla. En ese momento también estaba aprendiendo griego y sabía que los antiguos griegos eran brillantes en geometría, y que el mejor libro sobre el tema era ‘Elementos de Euclides’, así que pidió que le compraran algunos libros, entre ellos el de Euclides.

De día pasaba su tiempo aprendiendo las habilidades socialmente deseables de pintar, bailar, aprender a tocar el piano, coser y cocinar, y por la noche estudiaba matemáticas a la luz de las velas, algo que se terminó pronto, cuando su familia temió que se volviese loca. Entonces, a oscuras, repetía lo aprendido hasta saberse de memoria los libros.

Siempre constante y autodidacta

A los 23 años, en 1804, Mary Somerville se casó con su primo Samuel Greig, que era el cónsul ruso para Gran Bretaña y tuvieron dos hijos. La familia se mudó a Londres y allí continuó estudiando matemáticas de forma independiente y perfeccionando su francés, aunque Greig nunca entendió ni aprobó la dedicación de su mujer hacia el estudio. Su esposo falleció tres años después y ella regresó a Escocia con sus hijos.

Mary Somerville, matemática y científica escocesa

Mary Somerville, matemática y científica escocesa. GETTY

En 1812, a los 31 años, Mary se casó con uno de sus primos, el doctor William Somerville, un médico inspector de la Junta Médica del Ejército, que apoyó a su mujer en todo momento en sus inquietudes científicas. El matrimonio tuvo otros cuatro hijos y se trasladaron a vivir a Chelsea, donde Mary Somerville continuó con sus matemáticas y, al estilo de Newton, Euler, Lagrange y Laplace, las aplicó a la ciencia física.

Su segundo marido, William Somerville, estaba tan orgulloso de ella que le ayudó en todo lo que pudo, llegando a inscribirse en la Royal Society para copiar a mano los artículos de la biblioteca que su mujer necesitaba para sus estudios.

Su primera publicación

El 2 de febrero de 1826, la Royal Society de Londres, la Academia Nacional de Ciencias del Reino Unido, leyó uno de los trabajos de física experimental de Somerville y se convirtió en el primer artículo de una autora en ser publicado en la prestigiosa ‘Philosophical transactions’, la publicación científica más antigua del mundo, que todavía se publica en la actualidad. Mary tenía 45 años y el artículo era ‘Las propiedades magnéticas de los rayos violetas del espectro solar’.

Última obra de Mary Somerville

Última obra publicada por Mary Somerville. GETTY

En 1831, a los 50 años, Mary publicó su glorioso ‘El mecanismo de los cielos’. Esta fue su traducción de los dos primeros volúmenes de ‘Mécanique céleste’, de Pierre Laplace. Mary mejoró, explicó y agregó al trabajo original de Laplace. Su traducción se convirtió en el libro de texto recomendado por la Universidad de Cambridge sobre mecánica celeste y Mary fue calificada como “una de las únicas seis personas en Inglaterra que entendía a Laplace”.

Defensora de los derechos de las mujeres

En 1842, Mary se encontró con la situación inusual de que la Royal Society no la aceptaría como miembro, porque era una mujer, pero la honró colocando un busto de mármol en su gran salón. En el siglo XIX las mujeres británicas no tenían derecho al voto y Mary también realizó una gran contribución a la lucha por los derechos de las mujeres y por la igualdad. De hecho, cuando años más tarde, en 1866, el eminente filósofo John Stuart Mill organizó una petición al Parlamento solicitando derecho de voto para las mujeres Mary Somerville fue la primera mujer en firmar la petición, pero las 1.521 firmas conseguidas no tuvieron éxito.

Siguió estudiando hasta su muerte a los 91 años

En su último año de vida, Mary Somerville escribió: “Todavía puedo conducir por varias horas. Soy extremadamente sorda, y mi memoria de los acontecimientos ordinarios, y especialmente de los nombres de las personas, está fallando, pero no por temas matemáticos o científicos. Todavía puedo leer libros sobre álgebra superior durante cuatro o cinco horas por la mañana, e incluso para resolver los problemas”.

Mary Somerville murió mientras dormía, a los 91 años, el 29 de noviembre de 1872 en Nápoles. Fue enterrada en el cementerio inglés de la ciudad. A la mañana siguiente de su fallecimiento, se pudo leer la frase: “Whatever difficulty we might experience in the middle of the nineteenth century in choosing a king of science, there could be no question whatever as to the queen of science” ("Cualquiera que sea la dificultad que podamos experimentar a mediados del siglo XIX para elegir a un rey de la ciencia, no podría haber ninguna duda sobre la reina de la ciencia")