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GRAFITI

Diego As, autor del mejor grafiti del mundo: "Lo bonito del arte urbano es que tiene accesibilidad para todos"

  • Diego As es el autor del mejor grafiti del mundo: el Julio César que vigila Lugo
  • “El arte urbano lo encuentras sin querer y te llevas la obra a casa con una simple fotografía”

Por
cropper

Parece que su sombra, impregnada en una fachada de veinte metros de altura, lleva toda la vida vigilando la ciudad de Lugo. Un titánico Julio César al que solo puedes mirar de tú a tú desde la muralla que contempla. Como si estuviera orgulloso de la obra de su propio imperio. Quizás comparta un sentimiento similar el autor de este mural, el artista lucense Diego Anido, también conocido como Diego As. Especialmente después de ser nombrado el mejor grafiti del mundo en agosto por la comunidad de Street Art Cities, la plataforma de arte urbano más grande a nivel internacional.

"Destacaba bastante por eso, por tener las libretas y los libros pintados y parece que todo viene de ahí…". Así nos explica Diego As, campeón nacional del concurso Graffitis Battle Spain, que sus inquietudes artísticas le vienen de serie, y cómo encontró en el grafiti una manera de liberar esa creatividad incipiente: "Cuando empecé era un acto de salir a la calle y querer pintar tu nombre. Nos hacía gracia dejar nuestra huella y que nadie nos conociera". 

Una faceta que ni él ni sus padres percibían en su día como algo que pudiese tener salida laboral y que Diego espera que acabe incluido, como el muralismo, en las escuelas de arte. "En ningún momento pensé que podría llegar a ser mi trabajo. Fue una cosa que fue evolucionando… y no se lo tomaban bien porque relacionaban el bote del spray con el vandalismo.”

"La gente pretendía que pintara por cuatro duros, o solo me daban unos botes de pintura"

Diego As nos explica que el grafiti, debido a sus orígenes como arte callejera, lleva el vandalismo en parte de su esencia. En las ansias de dejar tu huella y tu firma sobre la puerta de un garaje o en el vagón de un tren... de manera clandestina. "Pero esto fue evolucionando y a día de hoy puedes desarrollar un mural con permiso. La cosa es que sigue existiendo esa parte vandálica y que nunca va a dejar de existir".

Él dio ese salto, del grafiti más ilegal y de la firma en la calle, a un muralismo más artístico, consentido y trabajado durante días. Sin dejar de lado las raíces urbanas que todavía son palpables en su obra, que la convierten en un mix transgresor y que le diferencian de otros muralistas actuales que van directamente de la escuela a la pared. “Tú cuando explicabas que ibas a hacer un grafiti, la gente te miraba como: ‘¿Qué me va a hacer este?’ Y cuando le hablabas de muralismo, era como una palabra más acorde y con la que entrabas mejor en los ayuntamientos o al particular. A día de hoy, eso está cambiando.”

Un cambio que se coció a fuego lento, de manera autodidacta y con estudios de serigrafía y grabado a sus espaldas, "a base de trabajo, interés, conocer y juntarte con grafiteros que tienen más trayectoria". Al principio, compaginando su faceta de muralista con otros trabajos a jornada parcial o completa para sobrevivir, mientras aceptaba todo tipo de encargos. Incluso aquellos que no le llenaban: “Tiraba de técnica, de saber pintar y tirar para adelante”. Diego nos cuenta lo que marcó sus difíciles inicios, “porque la gente pretendía que pintara por cuatro duros, o solo me daban unos botes para que pintara".

"Las emociones no las busco para el resto, las busco para mí"

Ahora la situación ha mejorado, con unos precios establecidos "más o menos estándar"; y poco a poco, Diego ha podido permitirse elegir sus trabajos y llevárselos a su terreno, que baila entre el realismo o la mueca cómica. "He hecho encargos de todo tipo, la verdad. Mucha representación de paisajes y de ciudad, ilustraciones de autores gallegos...".

A través de su obra, Diego As persigue con ambición dos objetivos: alegría e impacto. "Las emociones no las busco para el resto, las busco para mí. Que te deje pensando y en shock, que digas... ‘Se me echa encima’". La técnica de cualquier muralista es difícil de explicar, el cómo la distancia convierte borrones y manchas en auténticas obras de arte. "No vale de nada que yo lo vea bien pegado a la pared (...) Es una cosa que te sale de dentro... Cuando lo estás haciendo, lo haces inconscientemente y pensando que se tiene que ver de lejos.”

Muchos de estos murales le llevan entre uno o dos días, gracias a que la técnica con spray es muy rápida y funciona a gran escala. Aunque en el caso del realista Julio César de Lugo, inspirado en una estatua del museo del Louvre, fueron ocho días de ocho horas de trabajo. En parte, por la magnitud del mural: "Al final la grúa tiene sus movimientos y no puedes ir más rápido". En otras ocasiones, pueden plantearse muchos más obstáculos, como el propio clima: "Si sopla mucho el viento, al ser un aerosol te cuesta mucho pintar para ciertos matices, como un difuminado".

Y como dice Diego, "no todo es pintar, tienes que preparar la pared. No es como un lienzo en blanco que lo tienes ahí y para adelante. Aquí tienes que hacer una preparación en la pared… incluso te puede pasar que tengas que limpiar la fachada con una pistola a presión para quitar la suciedad.”

Más allá de estas complicaciones, a veces el simple hecho de conseguir el muro puede suponer todo un desafío: “Nos pasa en muchas fachadas que son muy bonitas, pero si la comunidad de vecinos no quiere… la gente mayor que no entiende el por qué, o piensa que hay letra pequeña y les vamos a cobrar”.

La financiación también puede convertirse en un problema, sobre todo hace años, cuando no había ningún ejemplo a seguir y las instituciones todavía no depositaban su confianza en este tipo de arte. Ahora, Diego As ha conseguido el apoyo del Ayuntamiento de Lugo para el festival Urban Cores, que desarrolla con el colectivo Concepto Circo y que dio lugar al mural de Julio César.

“A muchas zonas decadentes le das otra soltura, otro colorido… cambias el espacio”

Un proyecto que acerca el arte urbano a la ciudadanía a través de varios murales anuales, y que ofrece talleres a jóvenes en peligro de exclusión social para enseñarles la técnica del muralismo: "Cuando tienes 15 años y estás en un entorno complicado igual te apetece pintar en la calle, pero que sepan que hay muros legales en los que pueden currarse obras y de ahí… sacar algo más".

Este tipo de asociaciones y festivales no solo facilitan la elaboración de grandes proyectos artísticos en ciudades, o el intercambio de opiniones e información; también acaban con el ego del artista, que para Diego debería dejar hueco a una mayor unión en el sector. Fomentan una actitud que, al final, responde a la misma esencia del arte urbanosu innegable accesibilidad.

"Un artista de estudio tiene sus obras encerradas en un museo o en una galería. Lo bonito del arte urbano es que tiene accesibilidad para todos. Lo encuentras sin querer y te llevas la obra a casa con una simple fotografía”, explica Diego As, que utiliza la cámara fotográfica para no olvidar la gran importancia del arte urbano. “A muchas zonas decadentes que están hechas polvo… les das otra soltura, otro colorido… cambias el espacio".

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