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Mikalai Statkévich es un opositor bielorruso que ha denunciado durante años los desmanes del presidente de su país, Lukashenko, que decidió deportarlo a Lituania. Pero él se plantó en la frontera y no quiso abandonar Bielorrusia.

Lo último que se sabe de él es que lo detuvieron. Expertos de la ONU han denunciado su desaparición forzosa. Un equipo de TVE ha hablado con su esposa allí, en Bielorrusia.

Foto: TATYANA ZENKOVICH/EFE

El líder bielorruso, Alexander Lukashenko, ha sido reelegido para un histórico séptimo mandato en unas elecciones presidenciales marcadas por acusaciones de fraude y falta de transparencia. La oposición, que se encuentra en su mayoría en el exilio o encarcelada, ha denunciado irregularidades en el proceso electoral, mientras que la Unión Europea ha declarado que los comicios carecen de legitimidad. La vicepresidenta de Reporteros Sin Fronteras, Edith Rodríguez, ha explicado que Bielorrusia se ha convertido en "una de las mayores cárceles de periodistas del mundo", con profesionales encarcelados y un periodismo independiente prácticamente aniquilado. Rodríguez ha destacado que la denuncia presentada por RSF busca responsabilizar a Alexander Lukashenko y su régimen por la persecución masiva de periodistas, incluyendo detenciones arbitrarias, confesiones forzadas y desplazamientos forzosos. La situación en Bielorrusia es descrita por RSF como un "agujero negro informativo", con una libertad de prensa prácticamente inexistente. A pesar de ello, algunos valientes continúan informando desde la clandestinidad, arriesgando sus vidas para mantener viva la verdad.

El presidente de Bielorrusia, Alexandr Lukashenko, ha sido reelegido este domingo para un séptimo mandato al frente de la antigua república soviética con el 86,82% de los votos, según los resultados oficiales preliminares.

Lukashenko es el mandatario europeo que lleva más años en el poder, desde 1994, y seguirá en el cargo hasta 2030, igual que su principal aliado, el ruso Vladímir Putin, que fue reelegido en marzo de 2024 con un resultado similar.

FOTO: EP

En Bielorrusia, el presidente, Alexandr Lukashenko, seguirá otros cinco años al frente del país. Lleva tres décadas en la Presidencia. Ha conseguido más del 87% de los votos en las elecciones, según sondeos a pie de urna. La oposición está exiliada o en la cárcel.

Foto: El presidente de Bielorrusia, Alexander Lukashenko (PRESIDENCIA DE BIELORRUSIA)

La oposición bielorrusa acusa a Aleksandr Lukashenko de dirigir un estado policial. Él niega que haya presos políticos en Bielorrusia, para él son simplemente ciudadanos que han incumplido las leyes y como en cualquier Estado, dice, deben rendir cuentas.

También ha tratado de quitarle importancia a que tanto Estados Unidos como la Unión Europea no reconozcan estas elecciones ni a él como presidente legítimo. "Me importa cero", sostiene, "lo importante es que estos comicios los reconozcan los propios bielorrusos".

Saber si eso es así es casi imposible. En las cárceles hay unos 1.200 presos políticos, según las organizaciones de derechos humanos. Muchas personas se han ido del país y otros muchas no quieren hablar por miedo a represalias. El presidente bielorruso sí tiene el apoyo de una parte de la sociedad: los que están más preocupados por la estabilidad y el orden que por las libertades individuales.

Foto: EFE/ Ignacio Ortega

El esposo de Marina, Nikolai Statkiévich, es un conocido disidente bielorruso que cumple una condena de 14 años. Cuenta que le detuvieron, como a otros miles, en las protestas masivas contra Lukashenko de 2020, el año de las anteriores presidenciales. Según el recuento oficial, el que lleva siendo presidente desde 1994 ganó con más del 80%, todo un fraude según la oposición y Occidente. Desde el 9 de febrero de 2023 no tiene ninguna noticia de su marido se lamenta Marina. Son casi dos años sin visitas, ni llamadas ni siquiera cartas. Tampoco le entregan los paquetes que le manda con objetos básicos, como dentífrico o ropa interior a los que por ley todo preso tiene derecho. En los últimos meses Lukashenko ha indultado a unos 250 presos bajo condición de asumir la culpa y pedir expresamente el perdón presidencial. Un precio, cree Marina, que Nikolai, por sus fuertes convicciones, no está dispuesto a pagar.