"Declarar la guerra al hambre": Manos Unidas advierte sobre el uso de las hambrunas como estrategia en los conflictos
- 645 millones de personas padecieron hambre el pasado año; 35 millones de niños y niñas sufrieron desnutrición
- En 2025, se confirmaron dos hambrunas: en Gaza y en Sudán
Existe una violencia que no dispara, que no hace ruido y que no tiene el mismo impacto que un dron o un bombardeo, pero que todos los años arrasa a millones de personas.
En 2025, 645 millones de personas padecieron hambre, lo que supone un 7,8% de la población mundial. Aunque este porcentaje lleva tres años seguidos en bajada, el pasado año no fue precisamente alentador: por primera vez en los últimos diez años, se registraron dos hambrunas en todo el mundo, en Gaza y en Sudán. Ambos territorios, amenazados por conflictos bélicos que repercuten directamente en la seguridad alimentaria de la población.
La organización Manos Unidas, de la Iglesia católica, ha llevado a cabo su anual Mesa del Hambre para abordar y tratar esta problemática, y esclarecer las claves de un binomio, guerra y hambre, correlacionados. "Aunque pueda parecer que siempre es la guerra la que lleva a la hambruna, muchas veces es el hambre lo que causa un levantamiento", explica Fidèle Podga, coordinador de departamentos de Estudios y Documentación de Manos Unidas. "Incluso, el hambre no es una consecuencia, sino un arma y una estrategia política".
El hambre como instrumento en el conflicto
Actualmente, el Informe Mundial sobre las Crisis Alimentarias (GRFC) identifica riesgo de hambruna en tres territorios diferentes: Sudán, que desde hace tres años ha vivido una guerra entre el Ejército de Sudán y los paramilitares de las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR) que ha provocado que 34 millones de personas necesiten ayuda humanitaria; Gaza, invadida por Israel; y Somalia, donde permanece activo desde hace 15 años un conflicto entre grupos armados y el Gobierno Federal. En todos ellos, el hambre ha jugado un papel fundamental tan importante como el material armamentístico.
"El hambre también es un arma de guerra y casi siempre la sufren quienes menos tienen que ver con ella”, ha afirmado en su intervención el ex reportero gráfico de RTVE Miguel Ángel Fuentes, cuya cámara ha captado rostros en los Balcanes, Irán, Siria o Palestina: "'Se me ha resquebrajado el objetivo con el que trabajaba'. Es una frase que decía la periodista Rebecca West. A mí me pasa igual. No por los bombardeos, sino por el hambre y los ojos que se repiten en tantos lugares que lo han perdido todo".
Una guerra no solo destruye edificios, sino que devasta cosechas, redes de transporte, ganado o mercados. Esperanza Santos, gestora de emergencias de Médicos sin Fronteras, asegura que no ha presenciado un uso más macabro del hambre que en Gaza: "Allí se bloquea el acceso a la comida, y cuando aparecen los camiones de la Formación Humanitaria de Gaza, se tienen que pegar y matar por conseguirla".
Según Jordi Calvo, coordinador del Centre Delàs y doctor en Paz, Conflictos y Desarrollo, Israel ha optado por utilizar la guerra como un negocio desde su creación: "Su manera de prosperar es a través de las armas. Desde 1948, han invertido un billón de dólares en gasto militar. Comparado con Jordania, ha gastado diez veces más. Por supuesto, tiene ayudas. Recibe 3.800 millones de dólares de Estados Unidos todos los años".
Las contradicciones de la ayuda humanitaria
Durante el transcurso de la mesa, varios de los interventores, como De la Fuente, han hecho mención a una de las mayores contradicciones que existen en esta dualidad de hambre y guerra: los mismos países que portan las armas, son los que financian la ayuda humanitaria para las víctimas. "Los que hacen el negocio de la guerra son luego los que llevan los camiones". Esta paradoja, afirma el reportero, cuestiona la verdadera neutralidad de este tipo de ayuda.
"El poder moderno dirige la vida de las personas vulnerables cuando reciben ayuda humanitaria", asegura Calvo. "Son clasificadas y controladas, es una estrategia que perpetúa las colonias". Para el doctor, las guerras generan mucha riqueza, y es importante conocer e identificar a quienes obtienen ganancias con ella. Como ejemplo, The Guardian publicó que durante el primer mes de la guerra en Irán, que se inició en marzo, las 100 principales compañías petroleras ingresaron 30 millones de dólares por hora.
Otro sector que se ve beneficiado en los conflictos, apunta Calvo, es el de la banca: "Su financiación a las compañías fabricantes ayuda a crear tres de cada cuatro armas".
El coordinador Marco Gordillo, el profesor Rafael Grasa, la integrante de AECID Emma Orejudo y María González, de Enraíza Derechos, en la mesa de Manos Unidas MANOS UNIDAS MANOS UNIDAS
Los más vulnerables
Hace diez años, el número de personas que padecían hambre era de 577 millones. El número ha aumentado a casi 100 millones más en la última década. Rafael Grasa, investigador asociado del CIDOB y profesor emérito de Relaciones Internacionales en la Universidad Autónoma de Barcelona, ha hecho énfasis en esta cifra y en cómo "hemos empeorado desde 2015": "Basta ya de autoengañarnos y jugar al buenismo. Si no cambiamos las reglas del conflicto internacional, seguirá habiendo injusticias".
En este aumento de la hambruna, los grupos más vulnerables se ven especialmente afectados: 35,5 millones de niños y niñas sufrieron desnutrición aguda en 2025. Casi 10 millones padecieron desnutrición aguda grave. Esperanza Santos ha hecho referencia a su experiencia en la guerra en Sudán: "Tres años y medio después. Hay muchos niños que desde que nacieron viven en una situación permanente de guerra y malnutrición. ¿Qué pintan esos niños en todo esto?".
De la Fuente ha incluido en esta lista de damnificados a las mujeres, que suelen cargar con el peso y la responsabilidad de las familias; y los ancianos, que en repetidas ocasiones se quedan atrás en los desplazamientos: "Cuando evacuan una ciudad, hay un coche por familia donde no hay sitios para todos. Suelen ser los abuelos y abuelas los que no se montan".
Un 86% de las personas desplazadas a la fuerza, según el GRFC de 2026, vivían en países o territorios con crisis alimentarias.
¿Qué hacer? ¿Cómo podemos construir la paz? La esperanza
La llegada al poder del presidente estadounidense Donald Trump en 2025 supuso un duro golpe para la ayuda humanitaria: a su proclamación le acompañó el cierre de la histórica Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid), que suponía el fin del 42% de la financiación de la ayuda mundial.
Para 2030, el número de personas padeciendo hambre rondaría los 520 millones, una cifra más baja que la actual pero lejos de los Objetivos de Desarrollo Sostenible estipulados. Los invitados por Manos Unidas han debatido sobre cómo hacer frente en los próximos años y qué acciones tomar por parte de las naciones como las instituciones internacionales.
Los participantes del evento han recordado que, después de una guerra, es el momento de algo que muchas veces olvidamos, la reconstrucción de la región: "Es mucho más fácil destruir que construir", afirma Santos. "La destrucción hace más ruido, pero la reconstrucción lleva mucho tiempo, mucho dinero y mucha paciencia". Esta fase es muchas veces olvidada por los medios de comunicación, lamenta De la Fuente ya que, "cuando acaba una guerra, las cámaras empiezan a grabar otra que acaba de empezar".
Sin embargo, la acción internacional para cumplir el derecho alimenticio de todas las personas pasaría por remodelar el derecho internacional, donde "no existe un poder Ejecutivo ni Judicial", asegura Grasa: "Estamos en un mundo no sometido a reglas. La CPI puede tomar decisiones, pero no hay decisiones vinculantes que se puedan obligar a cumplir. No habrá derecho a la alimentación si no cambiamos la libertad internacional. Hay que luchar sobre eso".
Para él, construir la paz no es solo "que no haya guerras", sino "hacer muy improbable que los conflictos sociales se puedan resolver con violencia directa".
María González, de la organización Enraíza Derechos, apunta que existen políticas de alimentación complementaria que se han llevado a cabo y que podrían implementarse en otros lugares del mundo. Es el caso de Bolivia y Brasil, países de una región, América Latina, que se vio gravemente afectada por la pandemia del covid-19 y sufrió un retroceso de diez años: "Allí, las organizaciones campesinas venden de forma organizada sus productos para que los niños y niñas tengan una comida diaria. Entre las alcaldías y los proveedores campesinos, elaboran un menú. Es una política muy complicada, que afecta a los intereses de proveedores anteriores. Pero es un ejemplo de cómo una política pública tiene un impacto en la alimentación".
La labor de organizaciones como Wolrd Central Kitchen (WCK), del chef José Andrés Puerta, ha sido abaladas durante la tertulia. Fue fundada en 2010 para responder a la escasez de alimentos en Haití tras el terremoto que devastó la isla. Actúan colaborando con los chefs locales movilizándolos para dar una solución efectiva al problema del hambre. De la Fuente los presenció en Ucrania: "Cada vez que nos movíamos aparecían sus camiones, que repartían pizza y sopas para los necesitados. No combatían la hambruna de forma estructural, pero sí la emergencia".
El futuro se presenta como una incógnita donde la continuidad del hambre en el mundo parece indiscutible. Sin embargo, personas como Santos "mantienen la esperanza": "He visto a muchas sociedades con capacidad de resurgir desde las cenizas, pero tenemos que hacer un esfuerzo de que no se nos olvide, siempre hace falta ayuda para reconstruir. Cuando el conflicto se ha terminado, empieza un camino muy largo".