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Día Mundial del Turismo

Conciencia social o elitismo: ¿por qué no compartir en redes sociales la localización de tus lugares favoritos?

  • El llamado "gatekeeping" ocurre especialmente con entornos naturales, más susceptibles a la presión turística
  • Tanto viajar a determinados destinos como el misterio que los rodea se usan como códigos de estatus social
Conciencia social o elitismo: ¿por qué no compartir en redes sociales la localización de tus lugares favoritos?
Turistas se fotografían con la hierba rosa 'Muhlenbergia capillaris' en Nanning, China, a 12 de septiembre de 2026 Teng Zhong/VCG via Getty Images

Algo está cambiando en la forma en que compartimos en redes sociales nuestras vacaciones y tiempo libre: "Lo siento por la gente que quiere saberlo todo. Si pongo la ubicación, ya no es un lugar secreto". O quizás suene más familiar con la voz de Bad Bunny: Sorry por la gente que quiere saberlo to’ // Si pongo el location, ya no e' un secret spot…

La canción "Me fui de vacaciones" resumió, ya en 2022, el impulso creciente de guardarnos el detalle de los sitios que visitamos, en un intento de preservarlos de la saturación turística que, no cabe duda, tiene mucho que ver con el uso de internet.

La tendencia en inglés se llama gatekeeping porque actuamos de "porteros" o "guardianes" de la información, y en ella se mezcla la toma de conciencia del impacto del turismo en nuestro entorno con los nuevos códigos para expresar el estatus social. Lo analizamos con motivo del Día Mundial del Turismo, que se celebra este domingo.

Sensibilizados por los efectos del turismo…

David llevó este verano a unos amigos a pasar el día junto a un río de la Serranía de Cuenca. La orilla escogida quedaba algo apartada de la "playa" municipal, más popular entre los vecinos, por lo que allí el agua era más clara y el baño, casi idílico. "No compartáis la ubicación, por favor", advirtió al grupo cuando volvían en coche. El rincón no aparecerá hoy entre los destinos turísticos más populares de España, pero a él sí le preocupaba la posibilidad de perder su Arcadia.

"Estamos más sensibilizados con preservar los sitios especiales, locales y con ese punto genuino, porque somos un país muy impactado por el turismo", sostiene la experta en tendencias y cultura de internet, Janira Planes, consciente a la vez de los efectos "muy potentes" y positivos del sector turístico en la economía nacional.

La sensibilización se agudiza con los enclaves naturales, porque con un establecimiento puede pesar más la intención de dar un empujón al negocio si este no está ya abarrotado o encarecido.

Y en la búsqueda del equilibrio, aparecen las contradicciones: el comportamiento más generalizado sigue siendo difundir con detalle nuestras vacaciones y seguir las recomendaciones de otros que probablemente hayamos encontrado en internet, según apunta el profesor de Geografía del Turismo de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), Paco Femenia Serra.

"Tenemos una postura un poco hipócrita: criticamos mucho el turismo, pero lo practicamos de manera activa. Al final es rara la persona que no viaja o que lo hace de manera realmente sostenible, que es muy complicado", afirma, sobre una inercia que tiene mucho que ver con el poder y el músculo publicitario de la industria turística.

El lema

El lema "Tourists, go home" ("Turistas, váyanse a casa") aparece pintado en un velero varado frente a la costa de Son Servera en Mallorca. Clara Margais/picture alliance vía Getty Images

…pero fascinados por el estatus

Este investigador ha analizado durante tres años las publicaciones de los influencers de viajes más importantes del mundo y ha concluido que los lugares que se erigen como "instagrameables" suelen ser entornos naturales como playas, islas o acantilados, "muy espectaculares visualmente" y con patrones compartidos de relieve y color, como las noruegas islas Lofoten y las danesas islas Feroe o los diferentes rincones del sudeste asiático.

"Son exclusivos, lejanos o exóticos. No suele ser el destino de sol y playa barato de mi país", señala, y recuerda que al visitar un lugar así estamos incrementando nuestro "estatus". "Forma parte de acumular lo que nosotros llamamos capital cultural y de posicionarte en el segmento de viajeros con acceso a esos lugares", explica.

Femenia saca así a colación el carácter "elitista" de por qué compartimos a menudo determinadas fotografías de viajes en redes sociales, un rasgo que también está presente en la vuelta de tuerca del gatekeeping.

"La gente está un poco saturada de compartir todo desde el mismo punto de vista y, a veces, quiere ser un poquito original, lo que no deja de ser también construcción de estatus: si no hago lo que hacen todos, soy diferente. Aunque, al final, inevitablemente seas un turista más", continúa.

La especialista en cultura de internet Janira Planes sigue tirando de ese hilo y expone que no incluir la localización al publicarlo en Instagram o TikTok es un mensaje en sí mismo cuando se trata de establecimientos o sitios exclusivos. "Los símbolos de estatus pasan muchas veces por ese if you know, you know [el que sabe, sabe]", dice, y pone el ejemplo de un chiringuito de lujo en Ibiza.

"La gente no lo etiqueta cuando va, pero si ves una foto de unos macarrones con caviar, que es el plato estrella, puedes saber que es donde van Dua Lipa y otras celebrities cuando pasan por la isla. Si no has estado allí ni te interesa, pensarás que es un chiringuito más", describe Planes, que compara esa aparente indiferencia con la tendencia del "lujo silencioso" en el mundo de la moda.

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La experta cree que cuanto más tiempo se pasa en internet, más "capas de complejidad" se añaden a los códigos compartidos. Por eso, no es lo mismo cómo publica sus vacaciones un usuario de la generación Z (veinteañeros) que no ha conocido un mundo sin redes que un boomer (desde los 55 años) con ganas de comunicarse con sus conocidos a través de estos canales.

Quién es el guardián o 'gatekeeper'

Llevamos más de una década usando redes sociales, por lo que sus códigos y nuestra conciencia sobre sus efectos han tenido tiempo de evolucionar.

En 2017, la investigadora en cultura mediática Sophia Drakopoulou destacaba en un artículo que las plataformas sociales incentivan que compartamos nuestra ubicación, a la vez que ocultan su interés "lucrativo", puesto que son datos que luego sirven para presentarnos publicidad personalizada, se venden a otras empresas, etc.

Pero Drakopoulou también decía: "La representación de la ubicación en las redes sociales está vinculada a la memoria, los recuerdos, la nostalgia y, por lo tanto, a la temporalidad, y no genera acciones en lugares físicos ni altera ni enriquece los significados de los lugares".

Casi diez años después, sabemos que los espacios sí se alteran por su difusión en redes, aunque quizás no de la manera en la que esperaban los desarrolladores.

Los destinos más popularizados a través de redes sociales, según la investigación de Paco Femenia, "suelen ser lugares muy frágiles desde el punto de vista medioambiental" y con "una capacidad de carga limitada, que estamos sobrepasando". Sufren mucho la visita turística porque genera problemas de erosión, contaminación y degradación del medio", nos cuenta.

El profesor de la UCM recuerda que a menudo son los gobiernos quienes han promovido el fenómeno, pagando a influencers para hacer publicidad y generar contenido allí, mientras que los negocios locales se han lucrado con los efectos.

"Cuando pasas un determinado umbral, que no sabemos muy bien cuál es, el perjuicio ya empieza a ser mayor que el beneficio. Hoy en día pasas de ser un lugar desconocido a ser un lugar extremadamente popular en cuatro días", advierte Femenia.

Por ello, el experto anima a las administraciones a "poner límites e instaurar medidas de gestión de acceso" antes de sufrir un colapso, y así poder mantener la actividad económica sin destruir el entorno ni la vida de los ciudadanos.

El gatekeeping, que significa literalmente "control de acceso", corresponde, por lo tanto, a los gobiernos y no a los ciudadanos a través de sus redes sociales.